Mundo
11 de April de 2003
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Irak: la hora de los pueblos
Julio Yao *
La agresión cumplida contra Irak por EE.UU., Gran Bretaña, España, Australia, Kuwait, Arabia Saudita, Turquía y últimamente Israel (que está permitiendo el uso de sus aeropuertos por aeronaves de EE.UU. y las suyas propias), además de otros Estados con no menos responsabilidad, aunque no hayan enviado combatientes, está demostrando que el Consejo de Seguridad de la ONU es incapaz de cumplir con sus deberes, según la Carta.

La Carta de la Organizacín de las Naciones Unidas (ONU) y el derecho internacional contemplan un conjunto de medidas pacíficas aplicables a los Estados responsables de agresión, sin excluir la autorización para emplear la fuerza cuando las primeras fracasen.

Cuando Irak invadió a Kuwait la pasada década, de inmediato el Consejo de Seguridad adoptó resoluciones correctivas que, finalmente, culminaron con la autorización para que una fuerza multinacional, encabezada por EE.UU., emprendiera acciones contra el ejército invasor. Una vez desalojado el ejército invasor, se le impuso un bloqueo a Irak que prácticamente violó su derecho a la existencia nacional y que fue más allá de lo permitido por el derecho internacional.

En uno de los primeros ensayos críticos de la acción de la ONU, quien esto escribe analizó paso a paso las violaciones cometidas por el Consejo de Seguridad en la obra La Guerra del Golfo Pérsico: ¿Derecho o Agresión? (Panamá: Ediciones Raíces, 1991).

Al uso de la fuerza y el bloqueo se le sumó la declaratoria unilateral hecha por EE.UU. e Inglaterra conforme a la cual se decretaron ?zonas de exclusión aérea? en vastas áreas de territorio iraquí, al norte y al sur, y que sirvió de pretexto adicional para que las potencias citadas llevaran a cabo, durante 12 años, ataques diarios a instalaciones militares y civiles de Irak que nunca fueron autorizadas por el Consejo de Seguridad ni denunciados por éste.

Ahora que EE.UU. e Inglaterra encabezan la actual agresión a Irak, el Consejo de Seguridad se encuentra paralizado porque las citadas potencias no dan pie a una reunión cuyo propósito sea calificarlos como agresores; porque el resto de los miembros permanentes (Francia, Rusia, China) no lo han convocado previendo los vetos de los Estados agresores, y porque los Estados opuestos a la desigual contienda (incluida Alemania y los miembros no permanentes) no estiman que los agresores cesarán sus crímenes tan sólo porque se lo soliciten.

En vista de que el secretario general, Koffi Annan, no ha tenido el coraje ni la dignidad moral de imponer su autoridad y que la Asamblea General tampoco ha sido convocada para ejercer sus responsabilidades en materia de la paz y la seguridad internacionales -previstas por la propia Carta- los pueblos del mundo deben actuar firmemente y en coordinación para detener el avance de la agresión.

En tal sentido, la resistencia mundial debe examinar todas las opciones pacíficas disponibles (boicot, suspensión de relaciones, demandas ante foros internacionales, no cooperación, desobediencia civil, obstaculización de los esfuerzos bélicos de los Estados agresores, etc.)

De no hacerlo, el mundo estará a merced de la barbarie y la acumulación histórica de dos siglos de luchas por el progreso humano sencillamente desaparecerá.

Julio Yao
julioyao@pa.inter.net

* Columnista en el diario El Panamá-América, catedrático de Relaciones Internacionales y Derecho Internacional, ex embajador ante la Corte Internacional de Justicia, en NN.UU., y diversos países, miembro del Comité Panameño por la Paz y presidente del Servicio Paz y Justicia en Panamá (Serpaj-Panamá).

 
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