| LA
REPUBLICA de Uruguay - 27 de Agosto
de 2004
Mientras Chile juzgará
a Pinochet y Argentina declara imprescriptibles los crímenes de
lesa humanidad
Uruguay
cierra los ojos
a la
existencia del Plan Cóndor
Múltiples
pruebas evidencian la participación de militares y policías
uruguayos en la coordinción represiva de las dictaduras, pero
el Estado evita la extradición de los responsables, traba
los juicios en proceso e impide el ingreso a unidades militares para
hallar evidencias sobre enterramientos.
Roger
Rodríguez
El Tribunal de Apelaciones de Chile
confirmó el desafuero del general Augusto Pinochet para su enjuiciamiento
y la Corte Suprema de Argentina calificó como imprescriptibles los
crímenes de lesa humanidad, pero el Estado uruguayo continúa
evitando aún el esclarecimiento de lo ocurrido en la dictadura militar
de 1973 a 1985.
Las noticias procedentes de Santiago
de Chile y Buenos Aires señalan sendos avances contra la impunidad
de las violaciones a los derechos humanos cometidas por los regímenes
instaurados en los años setenta, cuando se constituyó una
coordinación represiva denominada "Operación Cóndor"
o "Plan Cóndor".
Ante el fallo del Tribunal de Apelaciones,
el juez chileno Juan Guzmán, quien investiga desde 1998 la desaparición
de cientos de trasandinos arrestados en los países vecinos, podrá
juzgar a Pinochet, de 88 años, por los homicidios de la llamada
"caravana de la muerte".
El pronunciamiento judicial en Buenos
Aires determina que los crímenes de lesa humanidad (genocidios,
ejecuciones, torturas o desapariciones) son imprescriptibles y sus responsables
podrán ser juzgados, más allá de las leyes de Punto
Final y Obediencia Debida, cuya inconstitucionalidad la Corte Suprema está
por resolver.
En Uruguay, pese al informe final
de la gubernamental Comisión para la Paz, continúa sin esclarecerse
el destino de los detenidos desaparecidos o la existencia de un segundo
vuelo que trasladó a uruguayos secuestrados en Orletti, y se impide
el ingreso de técnicos que puedan confirmar los enterramientos en
unidades militares.
En la Justicia uruguaya se aguarda
la resolución del homicidio de la maestra Elena Quinteros en la
que está implicado el ex canciller Juan Carlos Blanco, no se resuelve
la inconstitucionalidad de la Ley de Caducidad en la causa de la nuera
de Juan Gelman, ni el caso por los asesinatos de Zelmar Michelini y Héctor
Gutiérrez Ruiz.
Uruguay sigue siendo el único
país de la región en la que no se ha podido instruir un caso
judicial sobre el Plan Cóndor, como los que procesan los jueces
Rodolfo Canicoba Corral en Argentina, Juan Guzmán en Chile o Baltasar
Garzón en España, quienes han implicado a uruguayos y tramitado
sus extradiciones.
El Estado uruguayo --que según
su ministro de Defensa, Yamandú Fau, actúa en el marco de
la ley-- coloca todas las trabas posibles y dilaciones imaginables para
negar esos pedidos de extradición que pesan sobre militares uruguayos
que operaron en el Plan Cóndor durante la dictadura y aun luego
de ella, como en el caso Berríos.
Por la moción del coronel
Fonts
En noviembre de 1975, el Acta de
Clausura de la Primera Reunión Interamericana de Inteligencia celebrada
en Santiago de Chile se constituyó en la carta fundacional de la
"Operación Cóndor", una coordinación represiva de
las dictaduras del Cono Sur que debe su nombre al coronel del Ejército
uruguayo José A. Fonts.
Fonts participó de la reunión
a la que entonces asistieron delegaciones de cinco países, encabezadas
por el coronel Manuel Contreras de Chile, el capitán de navío
Jorge Casas de Argentina, el mayor Carlos Mena de Bolivia y el coronel
Benito Guanes Serrano de Paraguay.
"El presente organismo se denominará
Cóndor, aprobado por unanimidad, conforme a la moción presentada
por la delegación de Uruguay en homenaje al país sede", rezaba
el acta a través de la cual se institucionalizaba un sistema represivo
que permitiría el asesinato de cientos de opositores a los regímenes
militares.
La coordinación implicaba
el intercambio de información y la creación de una base de
datos para la cual la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense
aportó computadoras, una segunda etapa de operaciones conjuntas
para intercambio e interrogatorio de prisioneros y una fase final de "operaciones
internacionales".
La "Operación Cóndor"
se confirmó en 1992 cuando en Asunción del Paraguay se descubrieron
los "Archivos del Terror": cuatro toneladas de documentos con informes
de la represión coordinada en los que el periodista Samuel Blixen
encontró los casos de los uruguayos Gustavo Insaurralde y Nelson
Santana, desaparecidos en 1976.
El material obtenido en Paraguay
confirmó la participación del coronel uruguayo Carlos Calcagno
en el traslado de Insaurralde y Santana hacia Buenos Aires, donde desaparecieron.
El propio Calcagno habría participado del traslado a Chile de los
niños Anatole y Victoria Julien tras el secuestro de sus padres
en Argentina.
El coronel Fonts era prácticamente
un desconocido hasta que el Departamento de Estado del gobierno estadounidense
comenzó a desclasificar documentos que confirmaron la existencia
del Plan Cóndor y evidenciaron la participación de los militares
uruguayos en operaciones internacionales.
Una investigación del periodista
norteamericano John Dinges señala que Fonts y el entonces mayor
José Nino Gavazzo llegaron a participar en 1977 de un frustrado
plan para asesinar al congresista demócrata Edward Koch, quien había
impulsado una enmienda por la que se suspendió la ayuda militar
a la dictadura uruguaya.
El propio Koch informó al
entonces director de la CIA, George Bush (padre), que había un "contrato"
para matarlo, en el que estaban implicados los dos militares uruguayos
designados para desempeñarse como agregado en la embajada en Washington
y como representante en la Junta Interamericana de Defensa: Fonts y Gavazzo.
Diversas investigaciones señalan
la existencia de operativos similares antes del propio Plan Cóndor,
como en los asesinatos del general chileno Carlos Prats en setiembre de
1974 en Buenos Aires, el coronel uruguayo Ramón Trabal en diciembre
de 1974 en París o el democristiano Bernardo Leighton en octubre
de 1975 en Roma.
Ante los ojos norteamericanos
Bajo las alas del Cóndor fueron
muertos el ex canciller Orlando Letelier de Chile, el general Juan José
Torres de Bolivia y los uruguayos Manuel Liberoff, Zelmar Michelini, Héctor
Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw, entre otros
de una larga lista de la que logró escapar el líder blanco
Wilson Ferreira Aldunate.
También fueron víctimas
del Cóndor miles de militantes políticos de Argentina, Brasil,
Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, países en los que se instalaron
centros de tortura clandestinos en los que murieron cientos de personas,
cuyos cuerpos fueron luego desaparecidos para no dejar pruebas de los crímenes
cometidos.
Una serie de documentos desclasificados
por Estados Unidos en 2001 confirmaron los crímenes que efectivos
uruguayos del llamado Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas
(OCOA) realizaron en los "pozos" argentinos de Orletti, Banfield y Quilmes,
de los que desaparecieron cientos de uruguayos.
Los nombres de José Nino Gavazzo,
Manuel Cordero, Rodríguez Buratti, Ricardo Arab, Ricardo Conejo
Medina, Jorge Pajarito Silveira fueron señalados por sus propias
víctimas, varias de los cuales lograron sobrevivir a "Automotores
Orletti" y llegaron a testificar en Argentina para que los mandos militares
fueran encarcelados.
Las investigaciones del uruguayo
Carlos Osorio, encargado de Argentina, Uruguay y Paraguay en el Archivo
Nacional de Seguridad de la Universidad George Washington, han permitido
confirmar la coordinación de la inteligencia rioplatense, incluso
antes del surgimiento del Plan Cóndor.
Uno de los documentos revela que
el comisario Hugo Campos Hermida fue entrenado por la Oficina de Seguridad
Pública de Estados Unidos, departamento vinculado a la CIA, cuyo
director en Uruguay era el agente Dan Mitrione, quien en 1970 sería
secuestrado y muerto por el MLN-Tupamaros.
El 10 de diciembre de 1975 (semanas
después de la creación del Plan Cóndor en Chile) el
inspector Víctor Castiglioni de la Inteligencia policial uruguaya
participaba en Argentina de una reunión regional en la que, según
la versión taquigráfica difundida por el diario argentino
"El Auténtico", acordaba un idéntico sistema de coordinación.
Los documentos desclasificados en
Estados Unidos --aunque mantienen tachaduras y párrafos censurados--
incluyen una serie de intercambios entre los embajadores norteamericanos
en la región bajo el asunto de "Operación Cóndor"
en los que llegan a elogiar el sistema de coordinación implementado
por los militares.
En más de un documento el
propio secretario de Estado, Henry Kissinger, instruye a sus agentes locales
para realizar contactos con los "oficiales de rango apropiados" y evitar
los mandos políticos, particularmente los presidentes de turno.
En agosto de 1976 el contacto en Uruguay era el general Julio César
Vadora.
La nota pedía "un acercamiento
con el general Vadora más que con el presidente actuante o el presidente
designado, que aparentemente no sabe nada acerca de la Operación
Cóndor y que ante cualquier situación probablemente tendría
poca influencia". Vadora y el general Luis V. Queirolo se reunirían
días después con el embajador norteamericano Ernest Siracusa.
La mayoría de los efectivos
militares y policiales que participaron en la "Operación Cóndor"
habían sido entrenados en la base norteamericana del Canal de Panamá,
donde funcionaba la llamada Escuela de las Américas, desde la que
se planificó todo tipo de acciones contrainsurgentes en el hemisferio
durante la llamada "guerra fría". |