En
sociedades como la nuestra, la democracia -aún entendida en su
dimensión más escuálida y formal- se ve fuertemente
restringida por la falta de transparencia. Veamos algunos ejemplos.
Todo lo que tiene que ver con lo
financiero está recubierto por el secreto. De las estafas de los
financistas, banqueros y especuladores nos enteramos siempre mucho tiempo
después de que se han producido y raramente el Estado logra luego
recuperar una parte mínima de lo robado.
1- En estos días, con la comunicación
librada por las autoridades del Banco Central a la Asociación que
defiende a los afectados por intereses de usura, AFINDU, se ha conocido
una nueva actitud de deslinde de responsabilidad por parte del Estado.
En respuesta a una nota donde se
denunciaba la acción de una decena de falsas cooperativas de ahorro
y crédito que incurren en el delito del cobro de intereses ilegales
-estamos hablando de intereses que superan el 75% de la tasa media cobrada
por los bancos-, la Superintendencia de Instituciones de Intermediación
Financiera del Banco Central afirma que las diez "cooperativas" denunciadas
no se encuentran dentro del elenco de instituciones sujetas al control
de este organismo."
Dicho de otro modo, vía libre
para empresas financieras que tienen, entre otras, la facultad de retener
jubilaciones y pensiones otorgadas por el Banco de Previsión Social.
A partir de esta retención,
la falsa cooperativa, que actúa también sin mínimos
contralores internos, como podrían ser asambleas democráticas
de sus afiliados, brinda créditos a jubilados y pensionistas. Sobre
estos préstamos no hay formas de contralor que permitan estimar
el monto de lo retenido a cada jubilado o pensionista por el BPS, ni el
número de cuotas que se retendrán ni la relación de
estas cuotas e intereses con el monto del préstamo inicial.
Se trata, una vez más, de
operaciones contra los sectores de menores ingresos y con menos información
de nuestra sociedad.
Aunque las denuncias por el cobro
de intereses usurarios ante Área de Defensa del Consumidor del Ministerio
de Economía han sido centenares, no ha habido una sola medida de
protección a los perjudicados ni se han puesto trabas para detener
los abusos de que son víctimas los consumidores.
Por el contrario, las actuaciones
de estos mecanismos de contralor del Ministerio de Economía han
dado muestras de una cómplice negligencia en el freno de estos abusos.
Parecería que algunos funcionarios están no para defender
al ciudadano que es víctima de la usura sino para cuidar de los
intereses de los usureros.
Aproximadamente cien mil jubilados
y pensionistas reciben sus asignaciones por intermedio de diez de estas
falsas cooperativas, alguna de las cuales, además, está notoriamente
vinculada a actividades de tipo político electoral expresamente
prohibidas por la ley.
Como ocurrió en el año
2002 con la escandalosa falta de contralor por parte del BCU de las acciones
delictivas de los banqueros privados, las autoridades dejan actuar libremente
a los que lucran con las necesidades, el apremio y la ignorancia de sus
derechos que padecen los más desposeídos.
2- Días pasados el presidente
de UTE explicaba ante la prensa las causas del apagón que afectó
recientemente a Montevideo.
Al pasar, Scaglia hizo referencia
a la existencia de una población, Tres Ombúes, situada en
la periferia de Montevideo, en una zona sumamente expuesta al peligro de
una violenta descarga eléctrica, como efectivamente ocurrió
accidentalmente días pasados provocando quemaduras graves a un niño.
En las inmediaciones de las torres
de alta tensión, que trasmiten una fuerte carga de energía
eléctrica, cientos de personas habitan casas de lata construidas
sobre terrenos rellenados de basura. En tal situación, los habitantes
de ese asentamiento corren gravísimos riesgos. "La existencia de
esa población no es un problema de UTE", sostuvo su presidente.
En un sistema como el nuestro, la
existencia de los pobres no es un problema para el gobierno. Aunque los
que viven en condiciones de necesidad extrema, como ocurre ahora entre
nosotros, sean cientos de miles. No son un problema sobre todo si son mansos
y si viven lejos de las torres de alta tensión. Y cuando los excluidos
no son mansos, los problemas sociales se transforman en una "cuestión
de policía". Que es también una forma engañosa e inconducente
de abordar la realidad de la gente a la que el régimen empuja a
la marginalidad.
Lo que no se ha logrado ni se logrará
con gobiernos como los de Lacalle, Sanguinetti y Batlle es que la cuestión
social adquiera un estatuto propio y determinante en el momento de decidir
las políticas económicas. Esas políticas ya dieron
toda su (mala) leche.
'Y son cada vez menos los que esperan
algo que atenúe los flagelos sociales de la desocupación,
del hambre y la miseria. De ahí el incontenible ascenso de los que
creen que hay que buscar otros caminos y dar un golpe de timón a
favor de los más necesitados.
3- Finalmente hay un aspecto que
tiene que ver con la acción política y de los medios de comunicación
de masas, especialmente de la televisión abierta.
El proceso por el cual, en los últimos
años, una parte considerable de la población urbana se ha
visto expulsada de la ciudad y sus posibilidades, se desarrolla en secreto.
Más de 150 mil uruguayos han sido arrojados a asentamientos marginales,
en muchos de los cuales los niveles de pobreza alcanzan su mayor y más
dramática expresión. Asentamientos que, sin interrupción,
en un proceso lento y silencioso, crecen a un ritmo del 10% al año.
No es fácil hacer números
con esto pero hay que pensar en cientos de personas por mes. Así
lo indican las dependencias estatales que miden esos desplazamientos de
población.
Exilios silenciosos, estas expulsiones
son, en la vida familiar de los pobres y de los trabajadores, una verdadera
tragedia, que no obstante no logra "ser iluminada desde la dimensión
universal y solar de la esfera pública". No son noticia, ni centro
del debate político. Suceden, como sucede que se erosionan los campos,
como un hecho "natural".
Junto con el empleo, o un poco después,
el trabajador perdió la vivienda y el barrio, el liceo y la escuela,
se alejaron la policlínica y las posibilidades de empleo aunque
sea en changas.
Tragedia sin público. Los
pobres no intervienen en la decisión sobre qué cosas son
un problema grave y cuáles son las soluciones. Por eso su confinamiento
en los campos de la miseria es opaco.
Una cuidadosa articulación
del poder político con el poder de los medios de comunicación
(y de algunos académicos) ha logrado sacar del debate la problemática
de la explotación y la marginalización social. Drama social
que se vive en privado.
En la sociedad política suelen
discutirse las declaraciones más extravagantes de algunos dirigentes.
Salvo para la izquierda, que se ha
comprometido con un plan para atender la emergencia social, en el país
oficial, en los discursos de Larrañaga y de Stirling, lo que nunca
aflora es ese cuadro de destrucción social que padece Uruguay y
menos aun la explicitación de las soluciones a que se apelará
para resolverlo.