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10 de Setiembre de 2004
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Brecha de Uruguay - 10 de Setiembre de 2004

Seguridad y partidos políticos

En Argentina:
Blumberg encuentra sus límites

La Cruzada Axel ya está dejando en claro que detrás de los reclamos lícitos de justicia empiezan a moverse medios de comunicación vinculados a la derecha. El discurso de Juan Carlos Blumberg empezó a caer agresivo a otros familiares de víctimas de la violencia, que junto a los organismos de derechos humanos se distanciaron de sus reclamos.

Fabián Kovacic - Desde Buenos Aires
"No somos de izquierda o derecha, no tenemos color político o partidario, porque somos la mayoría silenciosa de los argentinos (...). No queremos desestabilizar, no queremos colapsar, alterar ni quebrantar el orden ni las instituciones (...). No queremos venganza, ni racismo o proscripción, no queremos torturas ni pena de muerte." Pese a todas estas negaciones enumeradas en el Manifiesto de la Cruzada Axel 2004, Juan Carlos Blumberg, padre del joven Axel, secuestrado el 18 de marzo pasado y ejecutado de un disparo en la nuca cinco días después cuando se pagaba el rescate por su liberación, parece -consciente o inconscientemente- alinearse con colores políticos de la derecha vernácula. Así lo demuestra el apoyo que recibe de los medios de comunicación otrora simpatizantes del menemismo y abanderados de la "mano dura", algunos grupos económicos y la franja del peronismo nucleada en torno de la figura del ex gobernador bonaerense Carlos Ruckauf y su ministro de Justicia y Seguridad Jorge Osvaldo Casanovas, abanderados de la frase "una bala para cada delincuente". El espectro de víctimas de la violencia en el país se completa con quienes reclaman la reinstauración de la pena de muerte, como Susana Garnil, madre de un adolescente secuestrado en la puerta de su casa en San Isidro y recuperado hace un mes, y Ariel Strajman, un joven secuestrado hace un año a quien sus captores amputaron un dedo. Alejados de Blumberg y su cruzada se ubican los organismos defensores de los derechos humanos y el grupo Madres del Dolor, cuyos hijos también fueron asesinados.

Cortocircuito

Blumberg ha convocado a un promedio de cien mil personas en las tres concentraciones que organizó. A esta altura es lícito al menos preguntarse si esa masa disconforme repite el fenómeno de las cacerolas porteñas de diciembre de 2001, cuando el "que se vayan todos" era más un grito de guerra que un reclamo racional. ¿Los que siguen a Blumberg reclaman mano dura, mayores penas, bajar la edad de imputabilidad en los delitos o apenas encuentran en medio del miedo una forma de reclamar atención al gobierno?

Susana Garnil, madre de Nicolás, un adolescente secuestrado y recuperado con vida, preguntó al presidente Néstor Kirchner dónde construir el museo a la memoria para las víctimas de estos secuestros, en agresiva alusión al Museo de la Memoria que se emplazaría en la ESMA para recordar a las víctimas de la dictadura militar. "En estos casos hay un sentido de pertenencia ligado a la clase social", expresó con más vehemencia que sentido político el jefe de gabinete Alberto Fernández. "Esta gente es de la que se da cuenta del dolor cuando les toca padecerlo a ellos", agregó, generando revuelo en los ámbitos que la derecha ideológica presenta como "apolíticos y desideologizados", esos ámbitos en que suele abrevar la clase media argentina. No en vano hace dos semanas la revista Gente, históricamente aliada de los golpes militares de antaño y del fervor financiero durante el menemato, juntó a Blumberg y Garnil en su tapa mostrándolos como paladines de la lucha por más seguridad. Las velas encendidas la noche del 26 de agosto fueron proporcionadas por Gente y meses antes los hipermercados Jumbo, de origen chileno, aportaron desinteresadamente dinero para acelerar la recolección de firmas por el petitorio de la Cruzada Axel 2004.

Madres con dolor

A la última convocatoria de Blumberg no concurrieron las denominadas Madres del Dolor, víctimas como él del accionar de la delincuencia. Este grupo informal de mujeres tiene en común la pérdida de un hijo o hija a manos de ladrones o secuestradores, el gatillo fácil de la policía o bien la prepotencia de otros ciudadanos. Los primeros grupos nacieron en Santiago del Estero en 1999 y apenas unos meses más tarde en La Rioja, reclamando contra la prepotencia del poder. Más tarde la proliferación de casos, en particular en el Gran Buenos Aires, generó lazos de solidaridad entre mujeres, en principio basados en el dolor. Casi una cuestión de género. "Nos sentimos cerca por la pérdida de un hijo y solamente queremos acompañarnos y desde ahí hacer algo para que esta realidad no vuelva a pasarle a ningún chico en el país", asegura Isabel Yaconis, madre de una adolescente violada y asesinada en el barrio de Belgrano de Buenos Aires. Casi todas ellas decidieron abocarse a reclamar justicia y encarar alguna tarea social de educación, organización de ollas populares o apadrinamiento de instituciones educativas de niños carenciados. Está clara la división y las fricciones que separan en el dolor a los familiares que padecieron la violencia sobre uno de sus miembros. La idea que quedó flotando tras la ruptura entre las Madres del Dolor y Blumberg es que "cuando la inseguridad llega a los ricos los medios les dan bolilla, pero cuando es con los pobres todo es más difícil", según expresó la madre de Ezequiel Demonti, un adolescente que un policía obligó a tirarse al Riachuelo en setiembre de 2002 y cuyo juicio se ventila en estos días.

 
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