| Brecha
de Uruguay - 10 de Setiembre de 2004
Después de la masacre de
Beslán
El silencio
de Putin
El jefe
del régimen ultraliberal e imperialista ruso esconde demasiados
secretos sobre la tragedia de Beslán.
Gennaro
Carotenuto
Juega sucio, censura, deslegitima a
todo interlocutor, buscando más terror y más guerra, y sin
embargo emerge más débil.
En nuestra sociedad de las imágenes,
el video trasmitido el martes por la televisión rusa NTV nos lleva
al centro del horror y del abismo en el cual está cayendo la humanidad.
Son imágenes que sólo se pueden confrontar con el crimen
absoluto, con la Sho'ah, Auschwitz, Dachau, Treblinka. Sangre en el suelo,
cientos de niños con las manos en la cabeza completamente rodeados
por cargas explosivas, los terroristas que juegan con bombas amenazando
niños que nos miran aterrorizados y que hoy sabemos que están
muertos. Los testimonios de los sobrevivientes cuentan de niños
ejecutados delante de los padres, de padres asesinados delante de los niños,
de mujeres kamikaze que agarran bebés para que exploten junto a
ellas, de madres obligadas a elegir entre un hijo y otro a quien dar muerte,
de chicas violadas en los baños antes de ser asesinadas, de rehenes
en fuga acribillados por la espalda por los terroristas y en el pecho por
las fuerzas especiales rusas que tenían que salvarlos.
Es difícil contextualizar
tanto horror dentro de la tragedia caucásica. Es difícil
conectar la reacción de los verdugos de Beslán con la acción
de una década de asesinatos brutales, de bombardeos sin límites,
de violaciones y torturas, cometidos por el ejército ruso en Chechenia.
Sin embargo es necesario contextualizar. Si está claro que los terroristas
habían asumido plenamente la idea de asesinar a más de mil
personas -siguieron matando durante las más de 50 horas de la acción-
y que era objetivamente muy difícil no intervenir, esto no quiere
decir que no hubo, por parte del gobierno ruso, desprecio por la vida,
ineficiencia criminal y manipulaciones para sacar el máximo provecho
político de la masacre.
LEY Y ORDEN
Vladimir Putin es un clásico
líder de la derecha mundial. Y tiene ese poder por su perfecto manejo
del sistema represivo que antes fue soviético, ejército,
policía, servicios secretos. Con su dureza es el líder perfecto
para el poscomunismo ruso, un país traumado por haberse precipitado
desde el rango de superpotencia a una crisis sin fin, acosado por la pobreza
que ha hecho caer la esperanza de vida desde 68 años a 59. En este
contexto la brutalidad del terrorismo, el "choque de civilizaciones", el
enemigo interno que quiere despedazar el país son funcionales a
un diseño de poder en el cual el respeto de los derechos humanos
no tiene ningún papel.
El pacto con los caudillos locales
del imperio -corrupción e ineficiencia libres a cambio de tranquilidad
y consenso- vacila ahora sobre el horror. ¿Cómo introdujeron
tanto explosivo los hombres y las mujeres de Basayev? ¿Cómo
llegaron a la escuela? ¿Con qué complicidades? ¿Cómo
pudieron las mejores fuerzas especiales rusas quedar completamente sorprendidas
por los eventos? ¿Por qué el jueves fueron liberados unos
treinta privilegiados? ¿Por qué fue ocultado el verdadero
número de los rehenes?
No se puede hacer preguntas en la
Rusia de hoy. Hay una lista de al menos cien periodistas que escribieron
sobre Chechenia que han muerto en circunstancias misteriosas en la última
década. La cabeza del director de Izvestia, Raf Shakirov, cayó
por una foto que no le gustó al gobierno. Como la tevé venezolana
durante el golpe de Estado, la rusa durante el blitz no ha interrumpido
la película que estaba dando. No sólo eso. Putin ha declarado
que no habrá ninguna investigación independiente sobre los
hechos de Beslán. Y la Unión Europea, que ha osado pedir
explicaciones sobre la masacre, ha sido tratada casi de cómplice
de los terroristas.
¡NO AL DIÁLOGO!
El único miembro del comando
que sobrevivió, un joven checheno de 24 años, no necesitó
ser torturado siquiera un segundo para empezar a proporcionar cataratas
de información. Dudar de su confesión es lo mínimo
que se puede hacer. Otorga informaciones muy funcionales al rechazo a cualquier
tipo de diálogo. Involucrar a Aslan Mashkadov como inspirador de
lo ocurrido en Beslán equivale a cerrar todas las puertas a cualquier
tipo de diálogo; porque es la guerra infinita la que es funcional
al diseño de poder de Putin. Mashkadov, electo presidente en las
últimas elecciones libres en 1996, vive en la clandestinidad desde
hace cuatro años, quizá en Londres, quizá en el Cáucaso,
y a pesar de ser un líder guerrillero siempre ha condenado las acciones
contra civiles, incluso la del teatro Dubrovka y la de Beslán. Pero
para Vladimir Putin el silogismo de que todos los chechenos son terroristas
-y que lleva a la "solución final", con el silencio del mundo- es
imprescindible. Tanto como caracterizar una guerrilla que nace como nacionalista
e independentista, de islámica y conectada con Al Qaeda. Sólo
así los intereses inconciliables de los dos amigos, Vladimir Putin
y George Bush, se juntan.
TERRORISTAS ÁRABES DESAPARECIDOS
¿Dónde están
los cuerpos de los diez terroristas árabes que habrían participado
en la masacre de Beslán? ¿Por qué no se habla más
de ellos? Así como el Homo habilis es el eslabón entre el
Hombre de Neanderthal y el Homo sapiens, los tambores de la guerra infinita
presentaron esos diez cadáveres en Beslán como la prueba
final del inicio de la cuarta guerra mundial. Sin embargo desaparecieron.
Es sólo una de las evidencias de los muchos partidos que se jugaron
encima de los quizás 500 muertos de Beslán. Y es únicamente
una de las mil preguntas a las cuales Vladimir Putin nunca contestará. |