| LA
REPUBLICA de Uruguay - 11 de Setiembre de 2004
Beslan:
terrorismo
y manipulación mediática
Lisandro
Otero *
El primer
choque repulsivo causado por la masacre de Beslan es la brutalidad y torpeza
de las tropas rusas. Debiéramos estar acostumbrados. El rescate
del teatro de Moscú, el famoso incidente del Nord-Ost en 2002, costó
130 vidas de los setecientos rehenes, más los 41 del comando raptor.
El rescate del hospital de Budyonnovsk, en 1995, costó otro centenar.
Ahora han sobrepasado sus propias marcas: casi 500 muertos, la mitad de
ellos, niños.
La opinión mundial observa
consternada la enorme torpeza represiva: un coronel Putin testarudo que
rehúsa dialogar; una autoridad confusa que desorienta a los ciudadanos
con informes contradictorios y embusteros; unas tropas sanguinarias que
se comportan bestialmente; una evidente manipulación mediática
para infundir odio a la causa chechena.
Las autoridades primero afirmaron
que los raptados eran de 200 a 400, luego se supo que eran 1.200. Se dijo
que las bajas no excedían de 200, luego se supo que casi llegaban
a 500 y posiblemente excedan esa cifra cuando vayan falleciendo algunos
de los heridos más graves. El inicio del encuentro sigue envuelto
en el secreto más absoluto. Los poderes del Estado afirman que todo
comenzó al estallar accidentalmente una de las bombas plantadas
por los secuestradores. ¿Cómo sabremos si ello es cierto?
¿No es posible que, dada su tradicional ferocidad, el coronel Putin
haya dado la orden de ataque preocupado más por mantener el principio
de autoridad que por las vidas amenazadas?
En ningún periódico
o estación de televisión se ha mencionado que las tropas
rusas han asesinado a 42 mil niños chechenos. Casi nadie ha sugerido
que la guerra en Chechenia se origina por el petróleo del Cáucaso
y el control de los oleductos de la región. Todos ponen énfasis
en la crueldad de los chechenos en el tratamiento de los niños rusos.
Desde luego, los niños iraquíes que Bush ha asesinado en
Nayaf no cuentan.
Ningún periódico menciona
las continuas masacres de civiles indefensos en las ciudades de Irak en
la atroz campaña de colonización por el petróleo que
llevan a cabo las tropas estadounidenses. Nadie recuerda a los niños
afganos que perecieron por la acometida de los marines, esos están
fuera de la atención mediática. Hasta ahora la guerra en
Chechenia ha arrojado un cruento saldo de 40 mil muertos y 300 mil refugiados.
Tampoco se ha hablado de la deportación
de 850 mil chechenos a Siberia, realizada por Stalin como represalia por
su colaboración con la ocupación alemana, ni se alude al
medio millón que murió en las duras condiciones de ese exilio.
Nadie recuerda el siglo y medio de guerras independentistas de los chechenos
que duran desde el tiempo de los zares.
Dicho esto debemos analizar la situación
interna de Rusia.
La popularidad del coronel Putin
está bajando espectacularmente y la masacre de Beslan la ha hecho
descender aún más.
Putin está gobernando con
una camarilla policiaca de ex miembros de la KGB que se encuentran infiltrados
en todos los niveles de la administración pública, incluso
en el aparato económico. Similar a la oprichnina de Iván
el Terrible, estos pretorianos de nuevo cuño son conocidos como
los siloviki.
Algunos se preguntan si estos desmanes
de gendarmería desbocada se deben a las órdenes de Putin
o si más bien Putin obedece a la presión ruda de sus violentos
siloviki. ¿Quién manda a quién?
El gobierno de Bush que aparenta
estar tan preocupado por los derechos humanos le imparte su beneplácito
a la carnicería. Otra aprobación benevolente al tosco degolladero
proviene de la Unión Europea que también se muestra preocupada
por las elecciones en Cuba y Venezuela, pero expresa su asentimiento con
aplausos a los atropellos cometidos por las tropas rusas contra los chechenos.
Dicho esto, hay que censurar el acto
cometido por los chechenos elevando a indefensos niños rusos a la
categoría beligerante. El terrorismo es censurable, cualquiera que
sea el pretexto que lo promueve. Ninguna causa tiene el derecho de escudarse
en la inocencia para alcanzar sus fines, por muy justos que éstos
puedan ser. El tratamiento inhumano dado a los rehenes por sus raptores
tampoco tiene justificación. Esta acción de Beslan poco hará
para suscitar apoyo y afinidad con la causa de Chechenia, por el contrario
hará retroceder el sostén de opinión pública.
La masacre de Beslan quedará como una mancha infamante para quienes
la perpetraron y aún más para quienes actuaron como supuestos
redentores. *
* Periodista cubano radicado en
México. |