| Estrella
Digital de España - 6 de Setiembre de 2004
La ley
del velo era un pretexto
Lorenzo
Contreras
Es evidente
que Francia no se ha librado de la vesania islamista, como ya ha comentado
y subrayado la primera autoridad civil iraquí. La captura de los
dos periodistas franceses y el juego de idas y venidas que con sus personas
se han traído los grupos que se reparten la resistencia contra la
ocupación acreditan hasta qué punto el razonamiento no es
el principal factor a la hora de administrar el trato que se reserva a
Occidente en el mundo de Alá. Francia ha sido tradicionalmente un
país de acogida, si bien su historia colonial está plagada
de durezas y crueldades, como atestigua la guerra de independencia de Argelia.
Ahora bien, el Magreb y Francia constituyen también la historia
de una colonización cultural, cuya liquidación acabó
siendo en buena parte un trasvase demográfico. Pese a todo ello
el odio no terminó, los recuerdos hirientes no se extinguieron y
la realidad de Francia como país de acogida no ha servido para restañar
esa memoria. Desde un punto de vista religioso conviene recordar que el
principal revolucionario islámico de los tiempos modernos, el ayatolá
Jomeini, vivió refugiado y protegido en Francia durante bastantes
años, sin que la policía de Sha de Irán pudiese llegar
a afectar su seguridad. El chiismo iraní no podría tener
queja, pero el chiismo no es todo el islam, como bien se sabe. Irán
no es Iraq, del mismo modo que Marruecos no es Argelia. De todos modos,
son los intereses los factores que atraviesan y matizan las relaciones
entre Francia, el Magreb y, por supuesto, el mundo árabe y, en general,
el mundo musulmán. Francia tiene una buena ración de tarta
que apropiarse en el Sahara, gracias a Marruecos y, por supuesto, a costa
del prestigio de España. Y esa circunstancia privilegia la relación
de París con Rabat, aunque perjudique la relación con Argel.
Los dos periodistas franceses no
han corrido una suerte que se expliquie sólo por la ley del velo.
Es el odio a Occidente lo que determina el famoso secuestro de los dos
periodistas galos. Los musulmanes residentes y radicados en Francia no
se han integrado en el sentido poblacional de la palabra. La cuestión
del velo es un pretexto que intensifica la importancia de lo que Huntington
ha llamado “el choque de civilizaciones”. Y desde el primer momento fue
patente que el chantaje a la ley del velo, reclamando su revocación
o su no entrada en vigor a cambio de la vida de los periodista, no iba
a funcionar.
Francia ha estado desde el primer
momento contra la invasión de Iraq. Ahora han empeorado las relaciones
de París con Bagdad, pero eso es un accidente menor que no condiciona
el destino de los dos reporteros galos. La suerte de éstos depende
del espíritu del Mahdi y del grado de “lección” que la resistencia
iraquí, articulada con el resto del mundo islámico radical,
quiera darle a uno de los países más representativos de lo
que ellos llaman mundo judeo-cristiano. La numerosa colonia musulmana en
Francia no contrarresta el peso del otro factor, sobre todo del factor
judaico.
Si es verdad que los islámicos
iraquíes se remiten al verdicto arbitral de Osama ben Laden a la
hora de decidir sobre la suerte de los periodistas, el horizonte de esta
historia se vuelve más enigmático que nunca. Y si todo tiene
que depender de una orientación interpretativa de la “sharia” o
ley musulmana, el cálculo se hace todavía más problemático. |