Andrés Rivarola Puntigliano - rodelu.net
7 de Setiembre de 2004
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El modelo sueco

Historia de una sociedad flexible

Andrés Rivarola Puntigliano *
Mucho se ha hablado del modelo sueco, que durante la guerra fría fue visto como una tercera vía a los polos dominantes. Al finalizar la guerra fría y con una profunda crisis a principios de los noventa, los críticos hablan de la suecoesclerosis refiriéndose al escaso crecimiento económico y al deterioro de beneficios sociales que se ha pronunciado desde fines de los ochenta. Estos ven a la sociedad sueca como ahogada por impuestos y carente de libertad individual.
 
Este argumento carece de perspectiva histórica y comparativa. Ignora que Suecia está logrando remontar la crisis manteniendo el liderazgo mundial en niveles de calidad de vida y distribución de ingreso. Incluso, desde la segunda mitad de los noventa, con liderazgo europeo en promedios de crecimiento. Pero mi hipótesis central es que lo más original en esta sociedad lo encontraremos en la perspectiva histórica, en los mecanismos de consenso social que le han permitido a los suecos resolver sus crisis estructurales.

Hasta el siglo XVI, Suecia estaba en la periferia europea, cuyos centros de expansión miraban primero hacia el Mediterráneo y después hacia los océanos Atlántico y Pacífico. Con el embate globalizante de la cristianización, irrumpen nuevas formas de organización social junto con nuevos mecanismos comerciales. En este período los nobles y la Iglesia logran un gran dominio de la vida del territorio, quebrado en el siglo XVI con la unificación nacional bajo la dinastía de los Vasa. Se limita el poder de los nobles y se inyecta fuerza en el aparato estatal mediante dos componentes: un avanzado sistema de impuestos y una organización militar centralizada. Con el luteranismo se quiebra la independencia eclesiástica, confiscando sus recursos e incorporándola al Estado. La Iglesia es igualmente influyente, pero como un organismo del Estado encargado del disciplinamiento espiritual y responsable del registro de personas y bienes, en beneficio de una mayor extracción de recursos y un inventario sistematizado de reclutas para el ejército nacional. Este sistema de control fue complementado y racionalizado con el establecimiento del Instituto Nacional de Estadística Poblacional (uno de los primeros en el mundo). Debemos asimismo mencionar derechos otorgados a organizaciones de campesinos y burgueses. Si bien los nobles vieron con recelo el poder de la Corona, se beneficiaron con la fuerte expansión territorial y económica del estado sueco. Así se transforma Suecia en uno de los primeros estados nacionales, con capacidad organizativa para transformarse en potencia del Báltico, disputándole territorios a rusos, alemanes, daneses y polacos. Finalmente, la consolidación nacional en Europa, junto con el peso de la geografía, hicieron que Suecia hacia fines del siglo XVIII, perdiera gran parte de sus territorios (y mercados) lo cual provoca una crisis estructural.

LA SOCIALDEMOCRACIA 

El siglo XIX comienza con grandes cambios institucionales donde surge un nuevo acuerdo social que disminuye aún más el poder de la aristocracia. La burguesía nacional gana mayor influencia a expensas de los nobles, que dejan de lado ambiciones bélicas y de expansionismo territorial. Hay entonces una consolidación hacia adentro, bajo la cual se impulsa la industria en una economía todavía dependiente de exportaciones de productos primarios (fundamentalmente) hacia Inglaterra. Se promueven políticas de organización y educación popular con una combinación de esfuerzos entre Estado, Iglesia y asociaciones no gubernamentales. Por ejemplo, la poderosa Liga Antialcohólica, con fuertes ribetes religiosos y disciplinadores de la clase trabajadora. Por otro lado, el Estado dirige recursos hacia el sector industrial, disminuyendo la influencia de aristócratas, militares y latifundistas gracias a medidas de liberalismo comercial y crediticio. Aumenta entonces la influencia de grupos financieros ligados a empresas industriales, junto con un auge de creatividad empresarial, siendo ejemplos: Alfredo Nobel y su dinamita a L.M. Ericsson y los teléfonos, el termómetro de Anders Celsius, el separador de leche de Alfa Laval, el primus, el fósforo o el cierre metálico. Pero esta expansión tiembla ante las crisis del capitalismo a fines del siglo XIX provocando una nueva crisis estructural, cuyo punto neurálgico se da en 1917. Bajo la influencia de la Revolución Rusa, el ya expandido movimiento obrero sueco impone una situación pre-revolucionaria. La (todavía influyente) aristocracia queda aquí aislada ante un entendimiento entre el PSD (Partido Social Demócrata, fuerza dominante en el movimiento sindical) y las elites del sector industrial y financiero. Surge aquí un nuevo balance que gradualmente fue llevando a la marginación política de la monarquía, sectores agrarios y militares. Esto determina una democratización del país que en 1921 introduce el sufragio universal (incluidas las mujeres). En 1934 el primer socialdemócrata asume como Primer Ministro, puesto que ese partido mantendrá ininterrumpidamente durante 40 años. Con el dominio del Estado, el gobierno socialdemócrata y el movimiento sindical concluyen un nuevo pacto con el capital privado en 1938, que sienta las bases para la construcción de la sociedad del bienestar. El Estado garantiza el derecho a la propiedad privada, dándole a la gran industria un rol privilegiado como locomotora de crecimiento. Los sindicatos y el sector privado se comprometen a mantener la estabilidad laboral mediante convenios salariales a largo plazo, considerando la competitividad del sector y metas inflacionarias. Por su lado, el gran capital no bloquea las reformas sociales y participativas (llegando a las propias empresas) que se le otorgan a los trabajadores. Esta estabilidad, junto con permanecer por fuera de las dos guerras mundiales, le dan a Suecia una posición de preferencia en Europa y el mundo.

LA CRISIS DE LOS OCHENTA 

El modelo logra sobrevivir las dos crisis del petróleo pero finalmente es tocado seriamente por el nuevo contexto que impone el proceso de globalización en los ochenta. Las grandes empresas, enfrentadas a una fuerte competencia internacional, sufren pérdidas importantes, lo que determina un expansivo proceso de internacionalización, trasladando masivamente inversiones y sectores de producción. En consecuencia, disminuyen los ingresos del Estado, aumenta la desocupación y crece el déficit fiscal con lo que peligran los generosos beneficios sociales. Esta situación condiciona el fin del gobierno socialdemócrata en 1991 y la alternancia con una coalición de derecha. La gran interrogante para esta sociedad era (y es) cómo adaptarse al nuevo contexto de la economía mundial, manteniendo un sistema social solidario, al mismo tiempo que se atraen inversiones y genera crecimiento. El nuevo gobierno intenta cambiar la situación disminuyendo impuestos, privatizando y manteniendo un tipo de cambio fijo. El resultado fue un fuerte aumento de la desocupación, endeudamiento externo y déficit fiscal, con tasas de interés llegando a 500%. En 1994, bajo una acuciante situación social y económica regresa la socialdemocracia al poder, con una línea pragmática para enfrentar los nuevos desafíos. Bajo el lema de nadie con deudas es libre , con el apoyo de la central sindical, pone dos metas fundamentales: saneamiento fiscal para mejorar el grado crediticio internacional y disminuir la dependencia de los flujos de capitales, y baja de los índices de desocupación por medio de políticas activas y estimulando el crecimiento. Se promueve la asociación a la Unión Europea, un tipo de cambio flotante, limitaciones en la seguridad social y eliminar monopolios. Con miras al crecimiento, el Estado da un gran impulso a la investigación creando nuevos lazos entre empresas, universidades y sector público. Al mismo tiempo, se lleva a cabo un gran programa nacional de educación en nuevas ramas relacionadas a nuevas tecnologías y se crean estructuras para incentivar exportaciones. Parte de esto se financia con las restricciones en el sistema de seguridad social, algo limitado a acuerdos con sindicatos y grupos de presión. Otra parte se financia con nuevos recursos generados por el crecimiento y la baja de intereses a la deuda, así como con recursos desde la defensa. Pero un componente central de financiación viene del aumento de los (ya altos) impuestos, lo cual no ha generado mayor malestar en la población (el PSD fue reelecto con esto como propuesta electoral) ni ha frenado el crecimiento económico (pesadilla de Milton Friedman).

Podríamos decir que se salvó la sociedad del bienestar, en el marco de profundos cambios estructurales. Todo esto, manteniendo formas de diálogo que permiten estabilidad social y económica. Mi argumento es que es en la búsqueda de consenso social que Suecia tiene una importante continuidad histórica y una importante base de su éxito económico. No se han visto guerras civiles, ni hay héroes militares, las estatuas y plazas llevan nombres de académicos, inventores o personalidades de la cultura. En esta sociedad el respeto por el mercado está marcado por un sentimiento de estabilidad social, dos componentes manejados con flexibilidad por un Estado cuya eficiencia (y no necesariamente tamaño) es uno de los temas centrales en el debate público. Pero, los cambios radicales en el modelo étnico-cultural y un constante aumento en la movilidad de personas y empresas, siguen poniendo a prueba los mecanismos de consenso social.

LAS ENSEÑANZAS PARA URUGUAY 

Partiendo de la base de que cada modelo tiene particularidades únicas, ¿qué enseñanza puede rescatar Uruguay de la experiencia sueca? En primer lugar, que ni el Estado, ni medidas avanzadas de distribución social son en sí un freno para el desarrollo. Segundo, que es importante crear constantemente espacios de diálogo entre distintos grupos a modo de establecer consensos que mantengan estabilidad a largo plazo. Digo constantemente ya que los cambios sistémicos, cada vez más frecuentes e intensos a nivel regional y global, generan nuevos escenarios frente a los cuales hay que adaptarse. Algo válido especialmente para países pequeños. Tercero, es necesario que el aparato estatal, por un lado, tome distancia de grupos individuales e intereses a corto plazo, por medio de la profesionalización de funciones y funcionarios, y por otro, es importante que sus lineamientos a largo plazo reflejen las ideas establecidas en los consensos sociales. En otras palabras, que haya políticas de Estado en temas claves.

Finalmente, que el Estado se transforme en un espacio en el cual el consenso dominante pueda ser cuestionado y que se institucionalicen mecanismos por medio de los cuales se puedan generar cambios. Este último punto es de suma importancia para el carácter democratizador de los anteriores, así como para obtener la flexibilidad necesaria, de modo de adaptarse a los requerimientos de un mundo globalizado. En este punto, diría que clave, y en condiciones sumamente difíciles, Uruguay supo ser un país innovador a principios de siglo. ¿Qué le impide volver a serlo?

Andrés Rivarola Puntigliano
rivaro_a@lai.su.se

* Andrés Rivarola Puntigliano es investigador en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Estocolmo

Publicado en Crónicas de Uruguay el 6 de Setiembre de 2004

 
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