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13 de Setiembre de 2004
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Coletillas al Margen

Perú: La danza de la usurpación

Carlos Angulo Rivas
Se ha dado en decir que el mejor sistema de gobierno es la democracia, pero casi nunca se dice que la democracia se sustenta en la voluntad popular. Tampoco se insiste en decir que la democracia es una delegación del poder soberano de los ciudadanos en los elegidos, quienes están sujetos a un contrato social de cláusulas y convenios redactados en la Constitución del Estado. El Perú vive fuera del Estado de Derecho desde el cinco de abril de 1992 sin que a nadie le importe, por supuesto menos al conjunto de politicastros inmorales, tránsfugas y desertores que conforman el Congreso de la República y el poder Ejecutivo de la corrupción presidido por Alejandro Toledo. Sin la transición democrática prometida en las elecciones del año 2001, luego de la arrebatada fuga del ciudadano japonés Alberto Fujimori y del gobierno provisorio de Valentín Panigua , el país no puede ir a ningún lado. Pasados tres años de incompetencia conjunta y compartida, entre los partidos políticos tradicionales, es justo preguntarse ¿a dónde se quiere llegar, no sólo con la descomposición de la “clase política” sino con la entrega total del país a las empresas transnacionales, bajo el cuento del “chorreo” que ni siquiera a goteo llega? 

Para la inmensa mayoría nacional es muy clara la determinación de los que conociendo su situación de hombres fuera de la ley y del Estado de Derecho, aún pretenden seguir con el engaño, el artificio y la astucia de ser los gobernantes legítimos. ¿Qué clase de complicidad los lleva a actuar de esta manera, cuando saben que vienen usurpando el poder soberano del pueblo? La respuesta meridiana, a tamaña mala voluntad para con el país, es de una simpleza asombrosa: sigamos siendo socios en la inmoralidad y la corrupción mientras el pueblo nos aguante. El miedo a la cercanía de un buen ejemplo, como el del presidente Hugo Chávez en Venezuela, los ha unido más. Y no podía ser de otra manera porque en el país hermano esa “clase política” degenerada ha sido barrida del escenario a través de la democracia real: la consulta popular permanente. 

A la luz de la experiencia venezolana, el referendo revocatorio, derecho popular de revocar mandatos enjuiciando la competencia, honestidad y transparencia de los cargos elegidos: presidentes y legisladores, será una necesidad para consolidar la democracia en América Latina. 

El baile de los usurpadores

Llamar usurpadores a quienes lo son, a conciencia plena, no es una exageración. La distorsión de la política nacional tiene que ver con el presente y con el futuro de nuestros hijos y a ello hay que ponerle freno. Sin recuperar el Estado de Derecho como hasta ahora, seguimos apostando a una mayor inestabilidad en curso. En el ambiente político actual se tratan todos los temas, muchos sin mayor importancia o de importancia relativa, excepto el fundamental: el cómo regresar al Estado de Derecho. En la lógica de los corruptos todo va muy bien, hasta se habla, con mucho interés, de una recuperación de la aceptación a Alejandro Toledo, la máscara de todo el tinglado inmoral. En esa misma lógica como si todo caminara a las mil maravillas se producen ya los cálculos electorales para reemplazarlo el 2006, mediante el reciclaje de los usurpadores del pod er de hoy. Los calificamos de usurpadores, no por puro gusto, sino porque la única constitución válida, la de 1979, los ha puesto fuera de la ley, pero ellos no se dan por enterados y no sólo no se dan por enterados sino que quieren seguir con el baile de imponer la ley de Fujimori contra viento y marea, en un nuevo intento de sorprender a la ciudadanía, entre gallos y medianoche, mediante la “reforma” de la ilegalidad en que viven. 

De manera acelerada la Comisión de Constitución del Congreso, presidida por el aprista Aurelio Pastor, y el foro del Acuerdo Nacional, ese grotesca academia de sanguijuelas en pos de la “gobernabilidad,” han puesto en circulación el fracaso del año pasado del ex presidente del Congreso, Henry Pease: la reforma del fraude fujimorista o estatuto dictatorial de 1993. En otras palabras, los usurpadores pretenden iniciar el baile de nuevo y no sólo como estafadores de la peor calaña, sino en su calidad de politicastros corruptos, tránsfugas y desertores. ¿Pueden estos sujetos desvergonzados darnos un Estado de Derecho digno?  Por amor a la providencia, tan estúpidos no somos los peruanos. Todos necesitamos volver a encontrarnos con el ordenamiento jurídico en el país, necesitamos restituir el Estado de Dere cho. Y sólo hay dos formas de hacerlo: comenzar a cumplir la única Constitución vigente, la de 1979, si se quiere mediante referendo ya; o convocar a una Asamblea Constituyente para modificarla.

La violación constitucional de nuestros “demócratas” continúa radiante por quienes aprovechan de la ilegalidad incumpliendo el mandato popular conferido para recuperar el Estado de Derecho. A raíz del artículo 307 de la única Constitución vigente y válida, la usurpación del poder no es una acusación gratuita: “Esta Constitución no pierde su vigencia ni deja de observarse por acto de fuerza o cuando fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone. En estas eventualidades todo ciudadano investido o no de autoridad tiene el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia. Son juzgados, según esta misma Constitución y las leyes expedidas en conformidad con ella, los que aparecen responsables de l os hechos señalados en la primera parte del párrafo anterior. Asimismo, los principales funcionarios de los gobiernos que se organicen subsecuentemente si no han contribuido a restablecer el imperio de esta Constitución.” En consecuencia, a la fecha no existe ningún Estado de Derecho, pero sí se habla de él con la prosapia y el linaje del más alto honor político, cuando tanto los funcionarios como los gobernantes vienen usurpando el poder del Estado en beneficio propio y están incursos en el delito de despojo de la autoridad conferida por el pueblo. La misma Constitución aludida señala en su artículo 82: “­Nadie debe obediencia a un Gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos en violación de los procedimientos que la Constitución y las leyes establecen. Son nulos los actos de toda autoridad usurpada. El pueblo tiene el derecho de insurgencia en defensa del orden constitucional.” 

Parafernalia esquizofrénica

La “clase política” peruana vive los estertores de su propia decadencia. Busca como salida a la absoluta falta de credibilidad, por parte de la mayoría nacional, un candidato potable para la estafa renovada, donde converjan todos en la misma falsificación. Se preocupa del hombre, del líder capaz de resolverle el problema, del fantoche aglutinante de una casta de corruptos que quiere, a toda costa, seguir haciendo y deshaciendo del país como si fuera su propia granja. ¿Programas de gobierno, para qué? ¿Aspectos doctrinarios por favor, acaso no pasaron de moda? ¿Planes de corto, mediano, largo plazo; no se han dado cuenta que para ello está la “mecedora” del Acuerdo Nacional?

Alejandro Toledo, a la par de la mafia Fujimori – Montesinos, sin chance alguno en la perspectiva de su partido, trata por todos los medios en destruir el avance de la Procuraduría anticorrupción a razón de no verse comprometido en actos dolosos del todo conocidos; el fracasado Alan García Pérez, en lo económico y político, además de en lo moral y en la no prescripta violación de los derechos humanos y genocidio, busca desesperado votos en cualquier parte y de cualquier fuente; Valentín Paniagua, el timorato e ineficaz presidente provisorio, pasa piola por la cortedad de su mandato, sosteniendo que una Asamblea Constituyente no es recomendable; Lourdes Flores en competencia con Ántero Flores Araoz, quieren reconstruir la ultra derecha con las normas de Fujimori para continuar la línea de Tol edo; Alberto Fujimori, con auspicio periodístico, no pierde la esperanza de burlarse de la ley y de los peruanos de nuevo; la izquierda no se define por la candidatura propia y sus líderes quieren subirse al coche de cualquiera de los anteriores como furgón de cola, en virtud de una “gobernabilidad” que ni ellos mismos entienden. 

Y por último, de tan buena gente, el periodismo nacional, esa raza de escuderos de personajes trasnochados, sabandijas de las arcas llenas, se juega por cualquiera de los candidatos decadentes pensando en el ganador. ¿Puede haber debate nacional serio en tan lamentables circunstancias? ¿No es ya el momento de parar el desenfreno de la “clase política” iniciando la transición a la democracia por la que luchó el pueblo hasta hacer huir al ignominioso Alberto Fujimori? ¿No es hora de actuar al margen de los usurpadores del gobierno y del Congreso, en aras de un porvenir distinto al que ellos prometen? No olvidemos que el pueblo, inclusive en unidad cívico-militar de respaldo mayoritario, tiene derecho a la insurgencia, en salvaguarda de la nación y sus propios hijos. Venezuela es un ejemplo.

12 de septiembre de 2004

Enviado por Cecilia Tello

 
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