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al Margen
Perú:
La danza de la usurpación
Carlos
Angulo Rivas
Se ha dado
en decir que el mejor sistema de gobierno es la democracia, pero casi nunca
se dice que la democracia se sustenta en la voluntad popular. Tampoco se
insiste en decir que la democracia es una delegación del poder soberano
de los ciudadanos en los elegidos, quienes están sujetos a un contrato
social de cláusulas y convenios redactados en la Constitución
del Estado. El Perú vive fuera del Estado de Derecho desde el cinco
de abril de 1992 sin que a nadie le importe, por supuesto menos al conjunto
de politicastros inmorales, tránsfugas y desertores que conforman
el Congreso de la República y el poder Ejecutivo de la corrupción
presidido por Alejandro Toledo. Sin la transición democrática
prometida en las elecciones del año 2001, luego de la arrebatada
fuga del ciudadano japonés Alberto Fujimori y del gobierno provisorio
de Valentín Panigua , el país no puede ir a ningún
lado. Pasados tres años de incompetencia conjunta y compartida,
entre los partidos políticos tradicionales, es justo preguntarse
¿a dónde se quiere llegar, no sólo con la descomposición
de la “clase política” sino con la entrega total del país
a las empresas transnacionales, bajo el cuento del “chorreo” que ni siquiera
a goteo llega?
Para la inmensa mayoría nacional
es muy clara la determinación de los que conociendo su situación
de hombres fuera de la ley y del Estado de Derecho, aún pretenden
seguir con el engaño, el artificio y la astucia de ser los gobernantes
legítimos. ¿Qué clase de complicidad los lleva a actuar
de esta manera, cuando saben que vienen usurpando el poder soberano del
pueblo? La respuesta meridiana, a tamaña mala voluntad para con
el país, es de una simpleza asombrosa: sigamos siendo socios en
la inmoralidad y la corrupción mientras el pueblo nos aguante. El
miedo a la cercanía de un buen ejemplo, como el del presidente Hugo
Chávez en Venezuela, los ha unido más. Y no podía
ser de otra manera porque en el país hermano esa “clase política”
degenerada ha sido barrida del escenario a través de la democracia
real: la consulta popular permanente.
A la luz de la experiencia venezolana,
el referendo revocatorio, derecho popular de revocar mandatos enjuiciando
la competencia, honestidad y transparencia de los cargos elegidos: presidentes
y legisladores, será una necesidad para consolidar la democracia
en América Latina.
El baile de los usurpadores
Llamar usurpadores a quienes lo son,
a conciencia plena, no es una exageración. La distorsión
de la política nacional tiene que ver con el presente y con el futuro
de nuestros hijos y a ello hay que ponerle freno. Sin recuperar el Estado
de Derecho como hasta ahora, seguimos apostando a una mayor inestabilidad
en curso. En el ambiente político actual se tratan todos los temas,
muchos sin mayor importancia o de importancia relativa, excepto el fundamental:
el cómo regresar al Estado de Derecho. En la lógica de los
corruptos todo va muy bien, hasta se habla, con mucho interés, de
una recuperación de la aceptación a Alejandro Toledo, la
máscara de todo el tinglado inmoral. En esa misma lógica
como si todo caminara a las mil maravillas se producen ya los cálculos
electorales para reemplazarlo el 2006, mediante el reciclaje de los usurpadores
del pod er de hoy. Los calificamos de usurpadores, no por puro gusto, sino
porque la única constitución válida, la de 1979, los
ha puesto fuera de la ley, pero ellos no se dan por enterados y no sólo
no se dan por enterados sino que quieren seguir con el baile de imponer
la ley de Fujimori contra viento y marea, en un nuevo intento de sorprender
a la ciudadanía, entre gallos y medianoche, mediante la “reforma”
de la ilegalidad en que viven.
De manera acelerada la Comisión
de Constitución del Congreso, presidida por el aprista Aurelio Pastor,
y el foro del Acuerdo Nacional, ese grotesca academia de sanguijuelas en
pos de la “gobernabilidad,” han puesto en circulación el fracaso
del año pasado del ex presidente del Congreso, Henry Pease: la reforma
del fraude fujimorista o estatuto dictatorial de 1993. En otras palabras,
los usurpadores pretenden iniciar el baile de nuevo y no sólo como
estafadores de la peor calaña, sino en su calidad de politicastros
corruptos, tránsfugas y desertores. ¿Pueden estos sujetos
desvergonzados darnos un Estado de Derecho digno? Por amor a la providencia,
tan estúpidos no somos los peruanos. Todos necesitamos volver a
encontrarnos con el ordenamiento jurídico en el país, necesitamos
restituir el Estado de Dere cho. Y sólo hay dos formas de hacerlo:
comenzar a cumplir la única Constitución vigente, la de 1979,
si se quiere mediante referendo ya; o convocar a una Asamblea Constituyente
para modificarla.
La violación constitucional
de nuestros “demócratas” continúa radiante por quienes aprovechan
de la ilegalidad incumpliendo el mandato popular conferido para recuperar
el Estado de Derecho. A raíz del artículo 307 de la única
Constitución vigente y válida, la usurpación del poder
no es una acusación gratuita: “Esta Constitución no pierde
su vigencia ni deja de observarse por acto de fuerza o cuando fuere derogada
por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone. En estas
eventualidades todo ciudadano investido o no de autoridad tiene el deber
de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia. Son juzgados,
según esta misma Constitución y las leyes expedidas en conformidad
con ella, los que aparecen responsables de l os hechos señalados
en la primera parte del párrafo anterior. Asimismo, los principales
funcionarios de los gobiernos que se organicen subsecuentemente si no han
contribuido a restablecer el imperio de esta Constitución.” En consecuencia,
a la fecha no existe ningún Estado de Derecho, pero sí se
habla de él con la prosapia y el linaje del más alto honor
político, cuando tanto los funcionarios como los gobernantes vienen
usurpando el poder del Estado en beneficio propio y están incursos
en el delito de despojo de la autoridad conferida por el pueblo. La misma
Constitución aludida señala en su artículo 82: “Nadie
debe obediencia a un Gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o
empleos públicos en violación de los procedimientos que la
Constitución y las leyes establecen. Son nulos los actos de toda
autoridad usurpada. El pueblo tiene el derecho de insurgencia en defensa
del orden constitucional.”
Parafernalia esquizofrénica
La “clase política” peruana
vive los estertores de su propia decadencia. Busca como salida a la absoluta
falta de credibilidad, por parte de la mayoría nacional, un candidato
potable para la estafa renovada, donde converjan todos en la misma falsificación.
Se preocupa del hombre, del líder capaz de resolverle el problema,
del fantoche aglutinante de una casta de corruptos que quiere, a toda costa,
seguir haciendo y deshaciendo del país como si fuera su propia granja.
¿Programas de gobierno, para qué? ¿Aspectos doctrinarios
por favor, acaso no pasaron de moda? ¿Planes de corto, mediano,
largo plazo; no se han dado cuenta que para ello está la “mecedora”
del Acuerdo Nacional?
Alejandro Toledo, a la par de la
mafia Fujimori – Montesinos, sin chance alguno en la perspectiva de su
partido, trata por todos los medios en destruir el avance de la Procuraduría
anticorrupción a razón de no verse comprometido en actos
dolosos del todo conocidos; el fracasado Alan García Pérez,
en lo económico y político, además de en lo moral
y en la no prescripta violación de los derechos humanos y genocidio,
busca desesperado votos en cualquier parte y de cualquier fuente; Valentín
Paniagua, el timorato e ineficaz presidente provisorio, pasa piola por
la cortedad de su mandato, sosteniendo que una Asamblea Constituyente no
es recomendable; Lourdes Flores en competencia con Ántero Flores
Araoz, quieren reconstruir la ultra derecha con las normas de Fujimori
para continuar la línea de Tol edo; Alberto Fujimori, con auspicio
periodístico, no pierde la esperanza de burlarse de la ley y de
los peruanos de nuevo; la izquierda no se define por la candidatura propia
y sus líderes quieren subirse al coche de cualquiera de los anteriores
como furgón de cola, en virtud de una “gobernabilidad” que ni ellos
mismos entienden.
Y por último, de tan buena
gente, el periodismo nacional, esa raza de escuderos de personajes trasnochados,
sabandijas de las arcas llenas, se juega por cualquiera de los candidatos
decadentes pensando en el ganador. ¿Puede haber debate nacional
serio en tan lamentables circunstancias? ¿No es ya el momento de
parar el desenfreno de la “clase política” iniciando la transición
a la democracia por la que luchó el pueblo hasta hacer huir al ignominioso
Alberto Fujimori? ¿No es hora de actuar al margen de los usurpadores
del gobierno y del Congreso, en aras de un porvenir distinto al que ellos
prometen? No olvidemos que el pueblo, inclusive en unidad cívico-militar
de respaldo mayoritario, tiene derecho a la insurgencia, en salvaguarda
de la nación y sus propios hijos. Venezuela es un ejemplo.
12 de septiembre de 2004
Enviado por Cecilia
Tello |