Eva
Usi especial para La Jornada
Berlin. Es la secretaria de Hitler
quien plantea la interrogante que ningún cineasta alemán
se había atrevido a hacer antes: ¿cómo una persona
tan atenta puede ser a la vez tan brutal?, pregunta Traudl Junge a Eva
Braun, recién casada con Hitler. Eva, quien venera ciegamente al
dictador, responde: ¿Quiere usted decir, cuando es el Führer?
En este breve diálogo se encierra
el enigma que aborda la película Der Untergang (El hundimiento),
que relata los últimos 12 días de la vida de Hitler en su
búnker berlinés y el cruento fin del nacionalsocialismo.
Hitler, interpretado por el actor suizo Bruno Ganz, es un hombre encantador
con las mujeres, que acaricia a su perro y besa en la boca a su compañera,
Eva Braun. Tiene temores y preocupaciones como cualquier ser humano. Al
mismo tiempo se ve al antisemita y asesino desalmado que no tiene remordimientos
por haber llevado a su pueblo y a media humanidad a la guerra más
devastadora nunca conocida.
La cinta representará a Alemania
en la carrera por el Oscar, anunció este jueves en Munich la organización
oficial German Films.
Pocas películas en la historia
del cine alemán han dado tanto de que hablar y de que escribir,
incluso antes de su estreno. Después de casi 60 años desde
la caída del Tercer Reich, es la primera producción alemana
reciente que intenta descifrar el fenómeno Adolfo Hitler, presentando
al dictador lo más cercano posible a la realidad con estricto apego
a datos históricos. La única referencia anterior data de
1955 con Der Letzte Akt (El último acto), de Georg
Wilhelm Pabst, en la cual se ve a un Hitler -Albin Skoda- que responde
al típico cliché de la encarnación del mal.
Bajo la dirección de Oliver
Hirschbiegel (El experimento, 2001), y con Bernd Eichinger (El
nombre de la rosa y La casa de los espíritus) como productor
y autor del guión, la cinta se basa en el libro Der Untergang,
del historiador alemán Joachim Fest, y en las memorias de la secretaria
particular de Hitler, Traudl Junge, cuyo testimonio es el hilo conductor
de la historia.
Un hombre paternal
El espectador observa a Hitler con
los ojos inocentes de su secretaria, joven muniquesa que es contratada
pese a sus innumerables errores de mecanografía. "Tantos errores
como yo he cometido no le podrían ocurrir a usted con la máquina
de escribir", le dice el Führer con actitud paternal. Con excepción
de esa escena, con la que comienza la cinta, la película transcurre
en su totalidad en el búnker del dictador, a 10 metros de profundidad
bajo la cancillería. Ahí se ve de nuevo a su secretaria,
Traudl Junge, dos años y medio después, cuando prepara, con
Eva Braun, un pastel para celebrar el 56 aniversario del dictador. Es el
20 de abril de 1945.
De hecho, en esa fortaleza de varios
metros de espesor que el dictador mandó construir vivió éste
los últimos meses de su vida, saliendo esporádicamente a
la superficie. Lo que ahí ocurre es sintomático de la fase
final de un imperio que se desmorona con estrépito.
Hitler fantasea con ejércitos
que ya no existen, mientras algunos de sus generales empiezan a dejar de
creer en él. El tirano intuye la derrota aunque se aferra desesperado
a cualquier esperanza de triunfo, por endeble que sea. Es ya una sombra
de lo que fue.
Afectado por el mal de Parkinson,
tiene un permanente temblor en la mano izquierda y su postura se encorva
cada vez más. Se encuentra física y mentalmente acabado y
a veces, cuando estalla en cólera, se convierte en una caricatura.
En medio de este colapso, los fundamentos de su poder se sostienen. Hitler
sigue en condiciones de dar órdenes de liquidar a algún traidor,
como el oportunista Hermann Fegelein, cuñado de Eva Braun, sin que
nadie se atreva a desobedecer.
Desconfía de sus más
íntimos colaboradores. Destituye al temible Himmler por intentar
negociar la rendición con los aliados occidentales. Si acaso, confía
todavía en el siniestro Goebbels, su ministro de Propaganda, quien
grita a un subalterno que no siente lástima alguna cuando éste
le avisa que los soldados carecen de armas y de seguir en combate estarán
condenados a una muerte inútil.
Afuera en las calles estallan bombas
y se aproxima la caída de Berlín. Entre las ruinas un niño,
como muchos otros, se convierte en carne de cañón en una
guerra infame que se acerca a su fin. La ciudad está rodeada y las
tropas soviéticas avanzan con rapidez hacia el búnker.
Abajo Hitler delibera con su arquitecto
predilecto, Albert Speer, mientras observan juntos la maqueta de la futura
capital del Tercer Reich, Germania. Hitler minimiza los bombardeos aliados
sobre las ciudades diciendo que facilitarían la reconstrucción.
Speer, uno de los observadores más inteligentes del dictador, contaría
después que nunca entendió quién era en realidad aquel
hombre, impresión compartida por otros. Días después,
antes de que Hitler se quite la vida, Speer le confiesa no haber seguido
sus órdenes de poner en marcha la política de tierra quemada
-destruir toda infraestructura para detener el avance aliado- por consideración
a la población. Hitler llora.
Realismo escalofriante
Según el historiador Joachim
Fest, Bruno Ganz ha sido el único actor que ha logrado llevar a
la pantalla la personalidad de Hitler, y el resultado es de un realismo
escalofriante. También el historiador británico Ian Kershaw,
biógrafo de Hitler, afirma que Ganz domina la voz del dictador y
que la cinta logra transmitir la atmósfera de manicomio que se apodera
del búnker aquellos últimos días. Bruno Ganz estudió
minuciosamente la mímica del dictador y su manera de hablar, no
a partir de esos discursos incendiarios conocidos por alguna vieja grabación,
sino echando mano de un registro realizado a escondidas por un técnico,
en el que se escucha una conversación de siete minutos entre el
Führer y un diplomático finlandés. Hitler, de
timbre barítono, habla pausadamente con ligero acento austriaco.
Al pronunciar ciertas palabras por las que muestra predilección
hace una pausa, como en "¡rrücksichtslos!" (sin consideración).
Ganz se preparó durante meses leyendo sobre su personaje, lo cual,
según el actor, fue la mejor prevención para no perderse
en la personalidad del dictador, ya muy enfermo. "Sin embargo en ciertos
momentos sentí lástima por él, me parecía un
pobre diablo y en todo caso si sólo hubiera sentido odio no hubiera
podido representarlo", dice
Hacia el final de la cinta, de dos
horas y media de duración, la derrota es casi un hecho consumado,
y pese a ello todavía se ven muestras exaltadas del fanatismo que
Hitler llegó a despertar en muchos, entre ellos Magda Goebbels,
quien vive con su familia esos últimos días en el búnker
y no quiere que sus hijos crezcan en un mundo sin nacionalsocialismo.
Después de matar a su perro,
y de casarse con Eva Braun, Adolfo Hitler ingiere cianuro y se da un tiro.
Los cadáveres de ambos son incinerados con 200 litros de gasolina.
Goebbels y su mujer Magda envenenan a sus seis hijos y se suicidan de un
tiro. Berlín se convierte en una fosa común. La secretaria
de Hitler, Traudl Junge, logra escapar colándose entre las tropas
rusas de la mano de un niño soldado.
La cinta, con un costo de 13.5 millones
de euros, ha atraído al público en masa a los cines desde
el día de su estreno y no se trata sólo de fanáticos
militantes neonazis, como algunos preveían: entre la audiencia hay
mucha gente joven. La figura del hombre que prometió a los alemanes
un imperio de mil años y acabó llevándolos a la destrucción
ha sido una sensación mediática que ha levantado el tiraje
de diarios y revistas, y el
rating en programas televisivos.
El diario Tageszeitung hablaba
de una hitleritis que se ha expandido a lo largo y ancho del país
como un virus gripal, mientras el Sueddeutsche Zeitung aconsejaba
cómo protegerse del fenómeno leyendo obras de Thomas Mann
y Elías Canetti, o de los historiadores Joachim Fest y Sebastian
Haffner. El diario sensacionalista
Bild señalaba a sus 11
millones de lectores que la cinta es un thriller histórico
que muestra al eterno fantasma alemán como una figura paternalista
y diabólica, monstruosa y humana.