En
plena campaña electoral, el poder presiona al pueblo, a quien está
llamado a decidir. Controla la información que se difunde y desbalancea
la contraposición de ideas. Los premios van para las voces y los
ecos del pensamiento único por más falsas o rutinarias que
sean. Otro tratamiento tienen aquellos que piensan en términos de
justicia e igualdad de los ciudadanos ante la ley.
Una forma de presión son las
microcampañas contra los dirigentes del FA que levantan unos centímetros
la cabeza por encima del parapeto constituido por las frases genéricas
y las invocaciones habituales.
Levantó cabeza: ¡fuego!
Al que desentona, patíbulo.
Si alguien (Cancela, Olesker, Carlos Viera) dice pío sobre el programa
del FA, ya sabemos que se prepara un pequeño linchamiento mediático.
Ni hablar si alguien sostiene,
por ejemplo, que es una vergüenza nacional la lentitud del trámite
que habilita la extradición de los militares acusados por la Justicia
chilena de haber participado en el asesinato de Eugenio Berríos
en el año 1993.
O de las responsabilidades de la
Compañía de Contrainformación del Ejército,
situada por entonces en la sede del ex CGIOR, en la ex calle Dante (todo
es ex por ahí, menos las conspiraciones antidemocráticas)
en los atentados realizados a principios de la década del 90, durante
el primer gobierno de Sanguinetti, "el conductor de la transición
en paz".
De lo que no se habla públicamente
En aquel momento se supo --y se supo
hasta en lugares tan alejados de las cuestiones de la seguridad pública
como el Ministerio del Interior ejercido por Juan Andrés Ramírez--,
eso lo sé yo 'de la boca del caballo', que los responsables de los
atentados a bomba y bala, en 1991 y 1992, contra algún diputado
frenteamplista cargoso, revistaban en aquella unidad militar. Y también
circularon los nombres de los involucrados en aquel atentado terrorista
de derecha.
La misma unidad y los mismos individuos
por los que, desde hace un tiempo, en forma insistente, se interesa la
justicia chilena. Y no precisamente para agradecerles su cooperación
con la ley o su denuedo humanitario, no. Y que ahora un juez uruguayo
accedió a extraditar y ya comenzaron descaradamente las presiones
para que ese acto de justicia se postergue indefinidamente.
Creo que los silencios son una
forma de complicidad y por eso vale la pena reiterar lo aprobado en el
último Congreso del FA en el sentido de que la "impunidad ha sido
un obstáculo para la democracia". Y que es necesario terminar con
el predominio de la Doctrina de la Seguridad Nacional que hoy prevalece
en los mandos del Ejército.
La democratización de los
medios masivos
En su discurso del día 10
en la Terminal Goes, Tabaré puso el acento en la necesidad de un
tratamiento ecuánime para todos los partidos por parte de los medios
de comunicación. Todos tendríamos que solidarizarnos con
esa demanda sencilla y justa. Y hacerlo sin temor a exponernos a la veda
informativa con que los dueños de los canales castigan a los militantes
políticos que los quieren democratizar.
Conquistar la opinión pública,
sobre todo si se pone el acento en desarrollar la conciencia crítica
del ciudadano, es una tarea ardua. Lleva tiempo y energía. Y no
se arregla sólo con prosa didáctica, aunque esta (que algunos
frenteamplistas la tienen y de excepcional calidad), es muy importante
en determinadas instancias y debates.
Las tareas cotidianas de organización
Junto con la acción pedagógica
marcha la acción política práctica, la que se realiza
con el conjunto de la ciudadanía. Lo que antes se llamaba una acción
política masiva, es decir la experiencia realizada en común
por la izquierda en el marco de una campaña cívica. ¿Cuánta
experiencia valiosa nos dejó el referéndum sobre Ancap? ¿Algo
similar no ocurre con la campaña en defensa del Agua y de la Vida?
Tabaré hablará con
los propietarios de los medios de comunicación. Tendrá junto
a él el apoyo de todo el pensamiento democrático, el ejemplo
de otros países de instituciones democráticas más
abiertas y maduras y el de todas las fuerzas progresistas.
Pero es probable que los amos de
los medios, ese núcleo conservador y cerrado, que tiene fuertes
lazos con el gobierno actual y con los centros del poder económico,
nieguen el derecho a una distribución equitativa entre los distintos
partidos del tiempo disponible para dirigirse al pueblo soberano.
¿A qué experiencia
recurriremos? A la nuestra, por supuesto. A la de las movilizaciones cívicas
ejemplares de 1992 contra las privatizaciones de Lacalle y la de Ancap.
Es imprescindible fortalecer las
redes de información alternativas, las que podemos contribuir a
desarrollar desde nuestra propia inserción social y política.
Y como soporte de esas redes, la vida política activa en todos los
ámbitos, empezando por la propia estructura de base de nuestro Frente
Amplio. Así se forjaron siempre nuestras victorias.
Lo que está en juego
Lo que está en juego el 31
de octubre, desde el punto de vista simbólico y desde la realidad
social, es más significativo, más dramático, más
desgarrador para ellos que para nosotros.
Si perdiéramos, sería
un revés doloroso pero seguiríamos organizados y en lucha.
Y nos volveríamos a presentar a los plebiscitos, elecciones, huelgas,
actos y movilizaciones a las que siempre ha recurrido el pueblo.
Para ellos el hecho de perder
es el temor a lo desconocido. El fin del privilegio. Es la muerte de los
ángeles protectores que desde el poder han velado siempre por el
bienestar y la seguridad de las familias de gran fortuna. Por el sueño
tranquilo de los ricos y poderosos.
Se acerca para ellos la hora en que
ya no habrá amigos-cómplices en la Corporación para
el Desarrollo, ni amigos que "dejan correr" en las oficinas de contralor
del Banco Central, ni amigos que hacen la vista gorda al contrabando, la
evasión o la usura.
En la nueva Oficina de Planeamiento
se va elaborar un presupuesto que no estará pensado para "carnear"
al patrimonio estatal y negociarlos con socios extranjeros. No elaborará
un presupuesto con el ojo puesto en la carrera de tal o cual pariente o
correligionario. Se hará pensando en el país. ¡Qué
pesadilla, cuántos quedarán huérfanos de padrino!
Todo me lleva a pensar que en la
sociedad de clases pelea más y más encarnizadamente el sector
que defiende sus privilegios. Sobre todo un privilegio que se detenta desde
hace tanto tiempo que se vive como un legítimo derecho, como algo
de "sentido común".
El alerta democrático
Perder unos privilegios "realmente
existentes", que vienen de los bisabuelos. O de más atrás.
Situaciones "normales", ¡vamos!, que papá y mamá cuidaron
y que con la ayuda de Batlle, Lacalle y Sanguinetti acrecentaron, no es
eso algo trivial, a lo que se acceda así por así, sólo
por un pronunciamiento democrático de las urnas, no.
Por eso se lucha, encarnizadamente.
Es bien posible que aun más encarnizadamente que cuando desde abajo
se reclama por un derecho que ha caído en desuso, que sólo
ha quedado en el papel, como el derecho al trabajo y a un salario digno,
a una salud pública abastecida y a una enseñanza ejemplar,
semillero de conciencias y de espíritu creativo, como hemos sabido
tener otrora por estos pagos.
Me temo que entre las "hipótesis
de conflicto" los progresistas tenemos que incluir la posibilidad que,
fracasados los somníferos, ahogado el buen sentido cultural y legalista
de aceptar la derrota, los sueños y los desvelos de los que sienten
amenazados sus privilegios, los lleven a recrear (o reactivar) los monstruos
y los cucos con los que intentan confundir al pueblo.
Hugo
Cores
cores567@adinet.com.uy