| La
Vanguardia de España - 24 de Setiembre de 2004
La crisis
de los secuestros
Lluís
Foix
La terrible
secuencia de los secuestros en Iraq no conoce nacionalidades. Ni tampoco
distingue entre ciudadanos que pertenecen a países que participaron
en la guerra. Hoy han sido dos egipcios los que han desaparecido en las
calles de Bagdad, dos días después de que otros cuatro compatriotas
fueran secuestrados. Cualquiera puede ser víctima de la caótica
inseguridad que se vive en Iraq.
No se sabe exactamente quién
está detrás de esta macabra táctica de secuestrar
a extranjeros. Pueden ser nepalíes, italianos, norteamericanos,
turcos, británicos, franceses o egipcios. El secuestro se ha convertido
en un arma inesperada que añade más confusión a la
caótica situación iraquí.
No hay muchas alternativas para combatir
esta inhumana forma de combatir a los ejércitos ocupantes. Como
tampoco la hay para neutralizar a los suicidas que con tanta frecuencia
se entregan al absurdo sacrificio de la inmolación para matar indiscriminadamente.
El fenómeno del coche bomba suicida o el suicida a secas no es exclusivo
de Iraq. Se practica asiduamente entre los radicales palestinos y entre
los terroristas chechenos. Se trata de una corriente nihilista contra la
que es imposible luchar. Ni siquiera con ejércitos poderosos o con
decenas de miles de soldados desplegados en un país.
Los propios iraquíes sufren
los secuestros en mayores proporciones que los extranjeros. No son noticia
pero son víctimas de la inseguridad que existe en Iraq donde se
derribó a una despreciable dictadura pero no se sustituyó
por un sistema político y jurídico que garantizara la seguridad
de los iraquíes que no están protegidos por nadie.
El secuestro es el recurso de terroristas,
resistentes, guerrilla organizada y delincuentes comunes que asustan a
la débil clase media que huye, si puede, al extranjero. Nada bueno
se puede esperar en un futuro inmediato mientras cunda el desorden en todos
los ambientes. Aunque se celebren elecciones y los más de cien mil
soldados norteamericanos intenten construir un cierto orden sobre el desorden
que han desencadenado.
Los secuestros y los suicidas son
tan poderosos como los ejércitos desplegados en Iraq. El gobierno
británico, el francés o el italiano poco pueden hacer para
salvar la vida de los ciudadanos secuestrados. Las webs y las televisiones
árabes pasan las imágenes de la decapitación de personas
que ni siquiera estaban involucradas directamente en la guerra.
Lo cierto es que el mundo está
secuestrado en Iraq. Las tropas ocupantes no tienen un gran ejército
delante ni saben exactamente dónde está el adversario. Se
dedican a bombardear Falluja o a proteger el gran complejo diplomático
y militar alrededor de la embajada de Estados Unidos en Bagdad. Iraq estaba
gobernado por un tirano. Pero no había terrorismo ni tampoco una
amenaza directa a los países vecinos ni a Estados Unidos o Europa.
Se ha creado un problema allí
donde no lo había. El presidente Bush puede hacer campaña
como líder de la lucha contra el terror. Pero no había terror
en Iraq y ahora lo hay. ¿No tiene ninguna responsabilidad Estados
Unidos al declarar una guerra que, además, no está legitimada?
Las causas por las que se entró en combate han resultado ser falsas.
El argumento que justifica esta guerra
es que hay un dictador menos en el mundo y que este sólo hecho bien
merecía recurrir a causas inexistentes es muy peligroso. Gane quien
gane en las elecciones norteamericanas se ha creado un enorme problema
que afectará a la estabilidad en toda la región.
El secretario de Estado, Donald Rumsfeld,
acaba de admitir que seguramente no se podrán celebrar elecciones
en todo el territorio iraquí. Ha querido introducir una gracia diciendo
que es mejor que haya elecciones en alguna parte de Iraq que no haya elecciones
en ninguna parte. No tiene ninguna gracia.
Es angustiosa la situación
de los parientes de los que pueden ser decapitados por terroristas en Iraq.
No pueden aceptarse bajo ninguna circunstancia estos métodos. Pero
es difícil salvar las vidas. El problema es que la ocupación
de Iraq es parte del problema. Cuanto antes se vayan mejor. Pero lo más
dramático es que la alternativa de la retirada es más caos
y más sufrimiento. Cada día que pasa resulta más difícil
explicar al mundo por qué se invadió Iraq. |