| Masiosare/La
Jornada de México - 26 de Setiembre de 2004
¿Dónde está
Luis Posada Carriles?
La huida
de un terrorista
Carlos
Fazio
Indultado por la ahora ex presidenta
panameña Mireya Moscoso, Posada Carriles –responsable, entre muchos
otros actos terroristas, del bombazo a un avión en el que murieron
73 pasajeros– se "esfumó" luego de aterrizar en Honduras
EL 26 DE
AGOSTO, tras ser indultado
por la presidenta saliente de Panamá, Mireya Moscoso, el terrorista
y mercenario de origen cubano Luis Faustino Posada Carriles se "esfumó"
en San Pedro Sula, 240 kilómetros al norte de Tegucigalpa, la capital
hondureña, adonde había llegado en un vuelo privado.
Los otros tres delincuentes perdonados,
Pedro Crispín Remón, Gaspar Jiménez y Guillermo Novo
Sampol, naturalizados estadunidenses y quienes, como Posada, han sido colaboradores
de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y especialistas en "operaciones
encubiertas" durante más de cuatro décadas, siguieron el
viaje a Estados Unidos, donde fueron recibidos como "héroes" por
la mafia anticastrista de Miami, que cuenta con la protección del
gobernador de Florida, Jeff Bush, hermano del actual inquilino de la Casa
Blanca.
Un día después de recibir
el indulto, el presidente de Honduras, Ricardo Maduro, admitió tener
"información de un vuelo que ingresó irregularmente al país
con cuatro personas, las cuales entraron con pasaportes y nombres falsos".
Luis Posada Carriles habría ingresado a Honduras con un documento
legal de Estados Unidos a nombre de otra persona, que, se dice, su dueño
"perdió" en Costa Rica. Todos se acreditaron como "hombres de negocios".
Inclusive, se maneja la hipótesis de que pudieron ser dos los aviones
que trasladaron a los reos perdonados, y que Posada habría encontrado
ya santuario en una isla del Caribe.
La clandestinidad y evaporación
de Posada Carriles en Honduras, a quien el presidente Maduro ordenó
"ubicar" para proceder a su "deportación", resulta un tanto inverosímil.
Según el director de Migración hondureño, Ramón
Romero, el ex agente de la CIA y criminal confeso –es responsable de una
larga cadena de atentados con explosivos, entre ellos el que se cometió
contra una nave de la compañía Cubana de Aviación,
que explotó en pleno vuelo poco después de despegar del aeropuerto
de Barbados, en 1976, ocasionando la muerte de 73 pasajeros, y contra varios
hoteles cubanos la década pasada–, habría sido auxiliado
por un empresario cubano-estadunidense "no identificado".
La impericia de Romero contrasta
con las investigaciones de medios de prensa hondureños, que informaron
que la mañana de ese jueves Posada fue identificado en un hotel
de San Pedro Sula cuando comía con el empresario Rafael H. Nodarse,
dueño del Canal 6 de la televisión local. Después
se le perdió el rastro; Posada desapareció de manera misteriosa.
El ministro hondureño de Seguridad,
Oscar Alvarez, quien envió una "unidad especial" de la policía
tras Posada, informó el 29 de agosto que habían localizado
"unas viviendas" donde estaría "refugiado" el hombre cuya extradición
había sido solicitada al gobierno de Panamá por sus homólogos
de Cuba y Venezuela. La noticia sonó a mero trámite para
ganar tiempo. Tres días después, el mismo Alvarez, citando
un "informante", sugirió que Posada había abandonado Honduras
y se encontraría en una isla del Caribe.
Ralph Nodarse y la CIA
en acción
Una sombra de complicidad se proyecta
sobre el presidente Maduro y el responsable de la seguridad interior de
Honduras. La preparación del indulto otorgado por la ex presidenta
Moscoso tuvo que estar combinada con el movimiento de los terroristas.
No es casual que el perdón fuera firmado en horas de la madrugada
y los reos hayan sido despertados a las cinco de la mañana con la
instrucción de que en 10 minutos debían salir para el aeropuerto.
Además, la operación "desaparición" contó con
la confección de pasaportes falsos y la contratación del
avión (o los dos aviones) para la evacuación. Pero para que
la fuga de Posada resultara exitosa, tuvo que tener el visto bueno de alguna
autoridad migratoria hondureña.
Por decir lo menos, el gobierno de
Honduras habría procedido en la coyuntura con una ineficacia inexplicable.
Con sólo interrogar a Ralph Nodarse el caso pudo haberse
cerrado. El emigrado de origen cubano Rafael Hernández Nodarse (alias
Ralph
Nodarse) es una figura pública y notoria en ese país
centroamericano. Naturalizado estadunidense, Hernández Nodarse está
casado con una hondureña, reside en San Pedro Sula en Quinta Avenida,
entre 25 y 26, y es uno de los hombres más ricos del país.
El y su hijo Joaquín, residente en Circunvalación 26, son
connotados traficantes de armas, aparte de sus actividades públicas
en la esfera de la televisión.
Además, el ministro de Seguridad
hondureño, Oscar Alvarez, debe saber –porque existe profusa documentación
que así lo acredita–, que Hernández Nodarse hizo parte de
su capital por medio del contrabando de mercancía entre Colombia
y Estados Unidos. Y en algún archivero de su ministerio debe constar,
que ya en 1985, Ralph Nodarse era el representante de la revista
Girón, órgano oficial de la Asociación de Combatientes
de Bahía de Cochinos en Honduras, y que ocupó ese cargo por
lo menos hasta 1994. Es decir, fue una de las piezas clave del entramado
de veteranos de operaciones de contrainsurgencia que dejó en ese
país, como "células durmientes", el ex embajador de Estados
Unidos en Honduras, John Dimitri Negroponte, actual procónsul en
el Irak ocupado.
Los antecedentes de Hernández
Nodarse se remontan a los años 60, cuando comenzaron las transmisiones
radiales con fines diversionistas en las frecuencias de ondas medias de
Estados Unidos contra Cuba. El habría sido uno de los operadores
de Radio Swan, emisora financiada en forma encubierta por Washington para
transmitir propaganda adversa a la revolución cubana desde la isla
del Gran Cisne, en una frecuencia de 1160 kHz. Durante la invasión
mercenaria por Playa Girón, Radio Swan transmitió mensajes
en clave e hizo llamamientos para levantamientos internos de la población
y de los miembros de las fuerzas armadas cubanas, al tiempo que impartía
instrucciones en el arte de efectuar sabotajes. La emisora –rebautizada
luego como Radio de las Américas–, operó bajo la cobertura
de Gibraltar Steamship Corp., nombre de fachada utilizado por la CIA.
En su libro autobiográfico
Los caminos del guerrero, Luis Posada Carriles señala que
Hernández Nodarse lo ayudó en 1990, cuando fue herido de
gravedad en un atentado en Guatemala. "La gente de Miami (se refiere a
la dirigencia de la Fundación Nacional Cubano-Americana) se comunica
con Rafael Nodarse para que me dé apoyo. Rafael me lleva al mejor
hotel de San Pedro Sula, el Copantl. Allí permanezco durante dos
meses. Rafael paga los gastos. Sus hijos Tadeo y Joaquín me protegerán
mientras dura mi lenta convalecencia. Rafael siempre estará cerca
de mi" (Los caminos del guerrero, 1994, página 376).
Posada Carriles y el Irán-contras
Otra punta de la madeja que arroja
indicios sobre la desaparición de Luis Posada Carriles en San Pedro
Sula son sus viejos nexos con militares hondureños, establecidos
desde la época en que junto con su ex compañero de la Brigada
2506, Félix Rodríguez (alias Max Gómez), formó
parte del equipo del teniente coronel Oliver North en la operación
encubierta contra la revolución sandinista, que derivó en
el escándalo Irán-contras. Destacado en el aeropuerto militar
de Ilopango, en El Salvador, Posada se movió a sus anchas por varios
países de la región bajo los alias de Ramón Medina
y Rivas López. Ya establecido en Honduras, donde en 1992
fue interrogado por agentes de la FBI en la embajada de Estados Unidos
en Tegucigalpa, acerca de sus actividades en Centroamérica durante
la administración de Ronald Reagan (indagatoria que fue clasificada
como "secreta" y archivada sin que se le fincaran cargos criminales), se
mantuvo cerca del embajador estadunidense Crescencio Arcos, ex consejero
de "relaciones públicas" de esa misión diplomática
en la época de John D. Negroponte.
El embajador Crihs Arcos gestionó
ante el gobierno de Honduras autorización para que terroristas cubanos
realizaran entrenamientos en campos ubicados en ese territorio. Y Posada
Carriles, que gozaba entonces de la protección del jefe de las Fuerzas
Armadas locales, general Luis Alonso Discua, fue el hombre contratado por
el Partido Unidad Nacional Democrática y su brazo militar Armas
del Pueblo (PUND-ADP), con sede en Miami, para entrenar a terroristas de
esa organización en el manejo de explosivos. Operaba en una casa
detrás del Instituto Agrario, en Tegucigalpa.
En enero de 1994, Posada Carriles
se instaló en el Edificio Moncada, apartamento 401, en la avenida
Juan Lido, colonia Ninites de Tegucigalpa. En sus planes estaba atentar
contra el presidente de Cuba, Fidel Castro, en caso de que éste
asistiera a la toma de posesión del mandatario electo de Honduras,
Carlos Roberto Reina. Un año después, según denunció
Ramón Custodio, presidente del Comité para la Defensa de
los Derechos Humanos de Honduras, Posada organizó una serie de atentados
terroristas contra comerciantes de Tegucigalpa y San Pedro Sula, que mantenían
relaciones con Cuba. Además, era miembro del proyecto Somos Uno,
para eliminar a Fidel Castro, y fundó y dirigió un grupo
paramilitar llamado Mosca (Movimiento de Solidaridad con Centroamérica).
En 1997, Posada Carriles trabajaba
en Propesa y se hacía llamar José Ramón Medina.
En octubre de ese año, el presidente de Honduras, Carlos Reina,
ordenó a la fiscalía local investigar una posible conspiración
de contrarrevolucionarios cubanos contra su persona. En esa fecha, dos
bombas estallaron cerca del mandatario, una de ellas en el garaje de su
casa. Entre los sospechosos estaban Luis Posada Carriles y el traficante
de armas, Mario Delamico. Ese año comienza la serie de atentados
contra hoteles y centros turísticos cubanos, perpetrados por una
red de terroristas centroamericanos organizada por Posada Carriles. Según
The Miami Herald, Posada fue el "cerebro gris" de esas acciones
terroristas, que según The New York Times fueron financiadas
por el presidente de la Fundación Nacional Cubano-Americana, Jorge
Mas Canosa, conocido como El Chairman (ya fallecido).
En 1998, la agencia española
EFE confirmó desde Miami que cinco años antes Posada Carriles
había planificado volar un barco cubano en Honduras y, además,
gestionó establecer una base secreta en ese país para lanzar
ataques contra Cuba con el apoyo de militares hondureños; se citó
a Guillermo Pinel Cálix, quien después sería inspector
general de las Fuerzas Armadas locales. El despacho consigna el ofrecimiento
de 100 mil dólares a jefes militares hondureños y la existencia
de 250 mil para "gastos operativos".
En diciembre de ese año, la
agencia estadunidense AP divulgó que desde 1985 se custodiaban en
Honduras pertrechos bélicos propiedad del contrabandista Mario Delamico,
según un acuerdo suscrito por el general Humberto Regalado con el
empresario panameño Enrique del Valle, representante de la firma
Longlac Enterprise. El acuerdo fue avalado por el presidente José
Azcona Hoyos y refrendado por sus sucesores. Las armas, que eran parte
del trasiego para los contras nicaragüenses operado por la
CIA desde su base en Ilopango (acción encubierta en la que participaba
Posada Carriles), fueron ubicadas en el Comando de Apoyo Logístico
de las Fuerzas Armadas de Honduras, situado en las afueras de San Pedro
Sula. En noviembre de 2000, el ministro de Defensa hondureño, Edgardo
Dumas, ordenó la destrucción de las armas, valoradas en 2.7
millones de dólares.
Doña Mireya y El Renacer
Luego de su detención, en
noviembre de 2000, junto con los otros tres indultados, acusados de conspirar
para asesinar al presidente Fidel Castro en el marco de la Cumbre Iberoamericana
celebrada en Panamá, la defensa de Posada Carriles y sus compinches
utilizó diversos ardides en su intento por liberarlos. El argumento
más socorrido fue el supuesto "delicado" estado de salud de Posada;
el mismo argumento utilizado en las casos de Augusto Pinochet en Chile
y Miguel Nazar Haro en México. En junio de 2002, Posada fue llevado
a una clínica privada para valorarlo. Su abogado, el ex recluso
común panameño Rogelio Cruz, destituido como procurador por
corrupto, señaló entonces que "los exámenes salieron
muy mal" (cable de Notimex del 28 de junio de 2002).
El 8 de mayo de 2003, la presidenta
Mireya Moscoso visitó la prisión El Renacer y se "sorprendió"
al observar la obra pictórica de uno de los reclusos. Se trataba
de Luis Posada Carriles, a quien, ¡por pura casualidad!, el Canal
4 de la televisión panameña presentaba en esos días
como "perseguido político del régimen castrista", un "hombre
anciano que padece varias enfermedades". Ya entonces, expresiones de la
señora Moscoso muy beligerantes contra Cuba, arrojaban indicios
de un posible arreglo de liberación. Está consignado en los
medios que durante su visita a El Renacer la ex mandataria panameña
saludó a los cuatro terroristas cubanos y que algo se habló
de un posible indulto.
La complicidad de Mireya Moscoso
en el desenlace resulta obvia. También existen indicios de que el
presidente de Honduras, Ricardo Maduro, fue parte de una transacción
que llevó a la "desaparición" de Posada Carriles en San Pedro
Sula. Pero es evidente que para que esto se diera hubo un tercer y poderoso
actor que desde las sombras movió los hilos de la trama: Estados
Unidos. No hay que olvidar que la CIA siempre protege a sus antiguos guerreros
sucios. |