Su
relación con la Dina y su ex jefe Manuel Contreras, el conocimiento
que tuvo de la reunión realizada en Santiago en 1975 entre las policías
secretas del Cono Sur en la que se gestó la Operación Cóndor,
además del caso de los 19 chilenos desaparecidos a causa de esa
coordinación fueron parte de la media docena de preguntas que Augusto
Pinochet respondió ayer al juez Juan Guzmán en su casa de
La Dehesa.
Vestido con
un traje café y congestionado por un cuadro gripal, Pinochet recibió
en el living de su casa al magistrado y sus dos actuarias, quienes llegaron
a la residencia de calle Los Flamencos 3796, siete minutos antes de las
11 de la mañana, hora que Guzmán había fijado el día
anterior.
Fue la segunda
vez en que ambos se encontraban cara a cara en el mismo lugar, pues en
enero del 2001 el general (R) respondió allí el cuestionario
por el caso Caravana de la Muerte al magistrado. Días después
del trámite, Pinochet fue procesado por el delito de secuestro calificado.
Durante la
mañana, visitó al general (R) su hija Jacqueline, pero ni
ella ni su madre, Lucía Hiriart, aparecieron durante la diligencia
ni tampoco se cruzaron con el magistrado. En el interrogatorio sólo
estuvieron presentes Guzmán y sus actuarias, pero en una sala contigua
al living de la casa de La Dehesa aguardaban el abogado del ex senador
vitalicio, Gustavo Collao Mira, y el médico coordinador del equipo
que atiende al general (R) en el Hospital Militar, el coronel de Sanidad
Fernando Coz.
Juez resumió
el cuestionario
Aunque el juez
permaneció una hora dentro de la residencia, el interrogatorio sólo
duró 25 minutos. El magistrado tenía preparadas 14 preguntas,
pero finalmente optó por resumir el cuestionario y por consultarle
seis debido al estado de salud del ex senador vitalicio. Las interrogantes
fueron de carácter general y Pinochet las respondió todas,
pero en forma escueta.
Las seis preguntas
fueron relativas al conocimiento que el general (R) tuvo de la Operación
Cóndor -una coordinación entre países del Cono Sur
en la década de los '70 destinada a eliminar adversarios políticos-
y su relación con Manuel Contreras, quien ha declarado que como
jefe de la Dina todos los días rendía cuentas al ex comandante
en jefe del Ejército.
Algunas versiones
indicaban ayer que Pinochet se declaró inocente de tener responsabilidades
en el caso, pero esto fue desmentido en el círculo del militar,
donde se afirma que sólo se limitó a responder las preguntas
del juez.
Tras terminar
el interrogatorio, el abogado Collao ingresó a living y leyó
a Pinochet en voz alta la declaración que acababa de entregar al
juez Guzmán. Después de eso, el general (R) estampó
su firma y selló su destino, pues el interrogatorio es el paso previo
para un eventual procesamiento. Acto seguido, Pinochet fue atendido por
su médico, porque se encontraba cansado. El facultativo le señaló
a Guzmán que consideraba conveniente realizar cuanto antes los exámenes
de salud, diligencia que el juez anunció para la próxima
semana.
"Estoy bastante
conforme. Lo noté bastante cansado, con la cara bastante congestionada
en relación a la vez pasada. Diría que fue un encuentro de
caballeros", dijo Guzmán al terminar la diligencia y cuando ya había
llegado a su oficina en la Corte de Apelaciones para anexar el interrogatorio
a la causa.
Gustavo Collao,
quien defiende a Pinochet desde 1999 ante el juez, señaló
que el general (R) respondió a las preguntas "con toda la dignidad
de soldado, de hombre, de ex Presidente", y añadió que "la
defensa una vez más ha coadyuvado al tribunal en la realización
de esta diligencia". El profesional indicó que el interrogatorio
se realizó en "armonía" y tanto el militar como el magistrado
fueron respetuosos.
Solitarios
manifestantes
Guzmán
salió de la residencia de Pinochet minutos antes del mediodía
y abrió la ventanilla del auto dejándose ver por los numerosos
fotógrafos y periodistas nacionales y extranjeros que cubrían
la diligencia a más de cien metros de distancia, ya que la calle
había sido cercada y la casa era custodiada por una docena de carabineros
de la 53 Comisaría de Lo Barnechea. Al lugar llegaron cuatro solitarios
manifestantes con banderas a gritar consignas en favor del general (R)
.
La batalla
por los exámenes
La
defensa del general Pinochet no logró paralizar este último
interrogatorio, pues el juez Juan Guzmán lo fijó en la tarde
del viernes 24, dejando sin margen de maniobra a los abogados del ex comandante
en jefe, que querían que antes de cualquier diligencia se realizaran
exámenes médicos para probar que el ex senador no está
en condiciones de salud para enfrentar un proceso. Esa fue, incluso, su
vía para evitar la declaración indagatoria que habían
postergado en dos ocasiones.
Ahora, los
exámenes siquiátricos quedaron fijados para esta semana.
El tema fue tocado ayer después del interrogatorio entre el juez
y el médico de Pinochet, coronel de Sanidad Fernando Coz, quien
le señaló a Guzmán que lo mejor era que se realizaran
lo antes posible.
Para esta semana
se vislumbra una nueva batalla entre la defensa y el tribunal. Esto, porque
mientras Guzmán quiere ordenar exámenes siquiátricos
con peritos de las universidades de Chile y Católica, los abogados
del general (R) tienen otra pretensión: que los chequeos sean sólo
neurológicos y que en ellos participe el Servicio Médico
Legal (SML).
La estrategia
de Collao y Pablo Rodríguez, quien dirige la defensa, es demostrar
que los problemas neurológicos del ex senador lo imposibilitan para
enfrentar un juicio. Esa misma línea siguieron en el caso Caravana
de la Muerte, sin embargo, en esa causa el sobreseimiento por demencia
sólo vino después de que Guzmán procesara a Pinochet.
Mañana
los abogados querellantes solicitarán al juez que decrete el procesamiento
del general (R).