Un joven
de 15 años mató a tres compañeros e hirió a
otros cinco en el aula donde cada día concurrían a clase.
Es el primer hecho de estas características en la historia argentina.
Los casos más resonantes fueron hasta ahora patrimonio de las escuelas
en Estados Unidos.
Fabián
Kovacic Desde
Buenos Aires
Argentina ingresó
en la tristemente célebre lista de países con hechos de violencia
armada en una escuela. Un adolescente de 15 años ingresó
como todos los días a la escuela secundaria Islas Malvinas de la
ciudad de Carmen de Patagones, en el extremo sur de la provincia de Buenos
Aires y a 800 quilómetros de la capital. Después de formar
e ingresar al curso, se paró frente al pizarrón, miró
a sus compañeros y comenzó a dispararles hasta matar a tres
de ellos y herir de gravedad a otros cinco. "Hoy va a ser un gran día",
los sobrevivientes aseguran que dijo antes de iniciar la masacre a quemarropa.
CASO TESTIGO
Para alumnos
y docentes el joven Rafael era un estudiante con buenos promedios, callado,
introvertido y con dificultades para integrarse al resto de sus compañeros,
quienes se burlaban de él por considerarlo "un traga", es decir
sumamente aplicado. Con estos antecedentes, ninguna alarma se encendió
entre docentes y directivos de la escuela. Desde hace más de 12
años los colegios públicos no tienen la obligación
de contar en sus planteles con psicólogos y psicopedagogos, por
falta de presupuesto educativo. Únicamente en la ciudad de Buenos
Aires se implementó un Equipo de Orientación Escolar (EOE),
donde interdisciplinariamente trabajan educadores, psicólogos y
psicopedagogos junto a hospitales públicos en la detección,
derivación y tratamiento de alumnos con problemas tanto en cuestiones
de aprendizaje como en conductas sociales. En el resto de las 23 provincias
la autonomía lleva a que cada una implemente normas según
criterios propios.
En la provincia
de Buenos Aires, donde ocurrió la masacre, desde 1996, cuando se
implementó la ley federal de educación, las escuelas de nivel
primario albergan a niños de entre 6 y 14 años, y el secundario
va de los 15 a los 18 años. Las primeras acciones violentas tuvieron
lugar en el nivel primario y en zonas marginales, con 39 casos reportados
de agresiones de niños mayores hacia los menores y docentes, entre
1997 y el primer trimestre de este año. En el secundario o polimodal,
la violencia fue de alumnos a docentes con 18 casos registrados desde 1998.
Según coinciden los especialistas, el efecto espejo puede repetirse
en otros establecimientos escolares.
"Desde la ley
federal de educación, la escuela pasó a ser un gran contenedor
de conflictos, que se agudizó con una realidad familiar donde el
desempleo ya tiene a una generación de hijos que no saben qué
significa el trabajo para sus padres", indica la psicóloga Marta
Berochio, especialista en familia y conflictos.
REFLEXIÓN
TRÁGICA
"Quienes no
se queden en la fascinación del espanto de lo que ocurrió
este martes, deben repensar el rol de la escuela en la sociedad actual,
donde la globalización, la justicia y la violencia van de la mano",
asegura Liliana Rodríguez Alcántara, psicopedagoga especialista
en violencia escolar. "Esa responsabilidad les cabe a los docentes, directivos
y a las autoridades nacionales en educación que decidieron prescindir
de equipos de psicólogos y profesionales de la educación
por cuestiones de financiamiento. Derivar al hospital público, que
está totalmente sobrepasado por situaciones similares que se dan
en la calle, en los hogares y en otras instituciones, no ayuda si no hay
mayor compromiso y voluntad política con el problema", asegura a
BRECHA. "Tampoco hay que olvidar que en los años noventa la Argentina
terminó de desbarrancarse hacia la desintegración social,
gracias a la cultura del individualismo y un hedonismo exacerbado que venía
desde los más altos niveles de conducción del país",
afirma.
Los casos de
violencia infantojuvenil aumentaron en el país desde 1995 en un
32 por ciento, según datos del Ministerio de Justicia basados en
los registros de los juzgados de menores. Sin embargo hasta el martes 28
nunca la violencia había ensangrentado las aulas.