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al Margen
Un “lustrabotas”
en la ONU
Carlos
Angulo Rivas
Alejandro
Toledo viajó a Washington en medio de una crisis política
social no resuelta, en cuyo tinglado desde el 28 de julio último,
discurso de fiestas patrias, se da la mano con los partidos tradicionales
de la oposición en defensa cerrada a la corrupción y al sostenimiento
de un gobierno deslegitimado a falta de apoyo popular e ilegal al regirse
por el estatuto dictatorial de Alberto Fujimori. A diferencia del presidente
de Brasil, Luis Ignácio Lula da Silva, señalando al hambre
como la más feroz “arma de destrucción masiva” o del presidente
francés Jacques Chirac pidiendo que parte de la enorme riqueza procreada
por la globalización se ponga al servicio de los pobres, Toledo
no tenía nada que decir.
La propuesta casi conjunta de Chirac
y Lula, también suscrita por los presidentes de Chile, Ricardo lagos
y del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero,
con apoyo decidido de Argentina y Venezuela, exige la creación de
un impuesto mundial al comercio, a las utilidades de las empresas transnacionales,
a los flujos financieros y a los combustibles o fuentes de energía
de uso internacional. Pudo observarse que esta proposición de eliminación
de la pobreza, está pensada en función del Estado de Derecho,
la estabilidad democrática, el equilibrio y el desarrollo; y vista
así la globalización, por estos líderes en la ONU,
un impuesto mundial de esta naturaleza es fundamental porque constituiría
una forma concreta de compartir las ganancias de las tan famosas “privatizaciones”
e “inversiones” en los países subdesarrollados, económicamente
menos f avorecidos, cuya población alcanza la significativa cifra
de los cuatro mil millones de personas. A no dudarlo, una discusión
de este tipo debe incluir también la necesidad de reestructurar
la deuda externa a cargo de los organismos internacionales, el FMI y la
banca mundial.
Y lo señalamos a diferencia
de Alejandro Toledo, porque el ilegítimo presidente peruano sigue
siendo el escudero de la Casa Blanca en la región y el mejor tesorero
de los intereses transnacionales, a través de su neoliberalismo
trasnochado del crecimiento económico macro, por el cual infla el
pecho para los aplausos en Washington, mientras su pueblo se muere de hambre
en más de un cincuenta por ciento debido a la falta de empleo y
los bajos salarios. Con el descaro que lo caracteriza, Toledo insistió
en la ONU en la defensa de su programa económico expoliador de nuestros
recursos naturales, energéticos y de servicios a favor de la globalización;
lo hizo, insensible a la situación en que vive su pueblo y bajo
el engañoso resguardo del “rostro humano” y el “chorreo” que ni
siquiera a goteo llega para saciar el hambre de los más pobres.
Demás está decir que desde el inicio de su gobierno, hace
tres años, el llamado a hacer los cambios de rumbo respecto a la
política depredadora de Alberto Fujimori, reforzó la devastadora
maquinación de los empresarios, apoderados y agentes del capital
foráneo en una plaza libre de control, favorable a los contratos
leoninos antinacionales; y para continuar en ello, nada mejor fue la restitución
del hombre de confianza de Wall Street y el FMI, Pedro Pablo Kuczynski
en el ministerio de Economía y Finanzas, el mismo agente de nacionalidad
norteamericana que fuera defenestrado junto al premier Danigno, el abogado
de las transnacionales en Washington, luego del levantamiento de la ciudad
de Arequipa contra las “privatizaciones.”Suceso ocurrido a escasos meses
de iniciado el gobierno de Toledo encargado de la transición democrática,
que a la fecha no ocurre ni ocurrirá.
La fiesta de los caraduras
No le demos tantas vueltas al asunto
que las cantaletas aburren. La transición democrática les
vale un comino a los usurpadores del poder, constituidos en “clase política”
impúdica y libertina. Reparemos con claridad como en tanto Toledo
alternaba en Washington, utilizando su origen indígena y de hombre
pobre sobresalido a la cima del poder, la descomposición de su gobierno
(Ejecutivo y Legislativo) siguió el curso de la degeneración
total, de la pérdida absoluta de credibilidad, de la corrupción
y la inmoralidad. En esa semana de ausencia por su visita a la sede de
la ONU, la crisis en el partido de gobierno se ahondó por la renuncia
irrevocable de Luis Solari, fundador de Perú Posible, ex ministro
de salud, ex primer ministro, ex secretario general y congresista que perdió
la elección a presidente del Congreso, gracias a los tránsfugas,
desert ores y oportunistas que componen ese Poder del Estado. Se produjo
asimismo la renuncia del director general de gobierno del Ministerio del
Interior, Pedro Carrasco, otro amigo íntimo del presidente como
su abogado preso César Almeida, acusado de recibir dinero de los
narcotraficantes. Además, los confabulados, Carlos Ferrero, primer
ministro, y Jorge Mufarech, congresista palaciego, ex furibundos fujimoristas,
continuaron los ataques auspiciados por Toledo contra los procuradores
anticorrupción a fin de no renovarles el contrato. Campaña
iniciada contra este equipo de fiscalizadores independientes, por el solo
hecho de haber decidido investigar la corrupción del gobierno actual
a la par de la ya comprobada en el gobierno de Fujimori. Los casos que
comprometen al presidente y su entorno hablan por sí solos: la coima
de Bavaria, las firmas falsas, las asesorías del mafioso Borobio
y los negocios de la familia Toledo que no son pocos.
Por su parte, el presidente del Congreso,
Antero Flores Aráoz, sostenido precariamente por su alianza antinatura
con el APRA, los tránsfugas, desertores y oportunistas, lanzó
una agenda prioritaria que sólo puede causar risas. Su primer punto,
sancionar el transfuguismo (el mismo que le dio la presidencia del legislativo)
con una especie de reforma del código electoral. Luego continuar
con las reformas al ilegal estatuto de 1993 de Alberto Fujimori que rige
a todos estos usurpadores del poder como ente jurídico de insospechados
intereses; por último anunció una serie modificaciones a
las leyes orgánicas y a la creación de otras, que sin sustento
constitucional no pueden ser debatidas tales como la ley de participación
y control ciudadano (¿?) sistema de pensiones, ley orgánica
del Poder Ejecutivo, ley del Fondo de Defensa Nacional, ley del Emple o
Público, la descentralización fiscal, la ley universitaria,
desarrollo sostenible, etc.
Así debatiéndose, ajeno
a la falta de sustento popular, jurídico y legal, el gobierno de
Alejandro Toledo en su conjunto se asemeja al de la gran crisis político
social de fines de 1968, cuando el partido de gobierno de Fernando Belaúnde,
Acción Popular, dividido con Edgardo Seoane, vicepresidente de la
República, a la cabeza de los más honestos, separando la
paja del trigo, permitió la forzosa e inevitable incursión
de la Fuerza Armada mediante el manifiesto revolucionario del general Juan
Velasco Alvarado. En conclusión, la línea demarcatoria entre
la corrupción y los incautos creyentes en Perú Posible, que
alguna vez quiso ser partido, con Alejandro Toledo al lado de los “partidos
tradicionales” de la inmoralidad protegida por todos ellos, está
apunto de traerse el edificio abajo.
Fujimori en la ONU
Todavía fresca está
la lucha por las libertades públicas, los derechos ciudadanos y
la democracia, con la que el pueblo peruano se trajo abajo la dictadura
del delincuente prófugo Alberto Fujimori. La lucha está fresca
en la memoria de las grandes jornadas del lavado de la bandera y las movilizaciones
de rescate democrático, pero las esperanzas reposan muertas en las
manos de los tránsfugas, desertores, oportunistas y mediocres elementos
de los partidos tradicionales, que componen el Congreso Nacional y en las
manos de hombres que como Alejandro Toledo y su gente traicionaron a los
ciudadanos honestos que lo llevaron al poder como el “Pachacutec” de las
reivindicaciones. Y en ese afán de revivir, desde la sepultura de
su incompetencia y perfidia traicionera, a Alejandro Toledo no se le ocurrió
mejor idea que solicitar apoyo en la ONU para la ext radición del
delincuente prófugo Alberto Fujimori.
La nueva trampa, ideada por Toledo
y su equipo de ex fujimoristas encumbrados, como el premier Carlos Ferrero
y el congresista Jorge Mufarech, a más de otros funcionarios y políticos
mafiosos, buscó el efecto internacional de ser reconocido él
como líder de una lucha anticorrupción aún vigente
en el Perú, cuando es el propio gobierno el que quiere tumbarse
a los procuradores por estar incurso en delitos semejantes a los del delincuente
prófugo Fujimori. Cualquier “felipillo” y Toledo lo es, tiene éxito
asegurado en Washington a raíz de la obediencia debida a la Casa
Blanca, pero esos aplausos no son suficientes para salvar la cara en el
país; por supuesto sí, el tema Fujimori, llevado a la Asamblea
de la ONU, que gracias al cielo en el país tuvo el significado de
una maniobra de distracción y nada más. Un querer aprovechar
el foro mundial para l as necesidades políticas de imagen, que el
propio presidente llama de “reenganche.”
Veamos el asunto de fondo. El delincuente
prófugo Alberto Fujimori se protege en la nacionalidad japonesa
par evitar la extradición y lo seguirá haciendo. Los delitos
cometidos son evidentes y van desde el enriquecimiento ilícito,
el tráfico de influencias, millonarias coimas en la compra de armamento
y su reparto entre los generales corruptos de la Fuerza Armada, el tráfico
de armas a la FARC en compañía de Montesinos, la organización
de una camarilla inmoral de poder militar y civil, etc. hasta la violación
de los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad. Sin embargo,
el fugitivo, en su defensa alega ser víctima de una persecución
política. Y lo más grave de todo este tinglado, es que los
elegidos para realizar la transición hacia la democracia, no acusan
ni acusarán a Fujimori del delito mayor de todos, el que dio origen
a los otros actos de ofensa, fraude, falsificación, malversación
y estafa. Ningún fiscal, ningún procurador, ningún
jurista, ningún magistrado, ninguna comisión del Congreso,
acusa a Alberto Fujimori de su más grande delito, de prueba plena
como se dice jurídicamente: la violación de la Constitución
del Estado el cinco de abril de 1992, que lo convirtió en usurpador
del poder y en delincuente capaz de cometer todos los delitos de los que
hoy tenemos evidencia.
El asunto en este sentido se traduce
en la complicidad, también de prueba plena, del presidente Toledo
y los legisladores que por ningún medio desean restablecer el Estado
de Derecho que, única y exclusivamente, se puede dar con la restitución
de la Constitución de 1979 para su posterior modificación
y modernización. De allí la situación de cómplices
y colaboradores que los convierte en usurpadores del poder legítimo
y soberano del pueblo.
Haber sido un lustrabotas en la infancia,
en virtud al sustento individual o familiar, es un galardón digno
de exhibirse en cualquier circunstancia de la vida, es un gran mérito
en los hombres que superando esa etapa de su existencia se convierten en
profesionales de éxito; continuar de lustrabotas en los lujosos
aposentos de los poderosos del mundo, sacrificando a su país a la
miseria y a la destrucción de las vidas del mañana, sólo
tiene un nombre: miserable, en la destacada connotación de Víctor
Hugo.
29 de septiembre de 2004
Enviado por Cecilia
Tello |