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2 de Octubre de 2004
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Coletillas al Margen

Un “lustrabotas” en la ONU

Carlos Angulo Rivas
Alejandro Toledo viajó a Washington en medio de una crisis política social no resuelta, en cuyo tinglado desde el 28 de julio último, discurso de fiestas patrias, se da la mano con los partidos tradicionales de la oposición en defensa cerrada a la corrupción y al sostenimiento de un gobierno deslegitimado a falta de apoyo popular e ilegal al regirse por el estatuto dictatorial de Alberto Fujimori. A diferencia del presidente de Brasil, Luis Ignácio Lula da Silva, señalando al hambre como la más feroz “arma de destrucción masiva” o del presidente francés Jacques Chirac pidiendo que parte de la enorme riqueza procreada por la globalización se ponga al servicio de los pobres, Toledo no tenía nada que decir. 

La propuesta casi conjunta de Chirac y Lula, también suscrita por los presidentes de Chile, Ricardo lagos y del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, con apoyo decidido de Argentina y Venezuela, exige la creación de un impuesto mundial al comercio, a las utilidades de las empresas transnacionales, a los flujos financieros y a los combustibles o fuentes de energía de uso internacional. Pudo observarse que esta proposición de eliminación de la pobreza, está pensada en función del Estado de Derecho, la estabilidad democrática, el equilibrio y el desarrollo; y vista así la globalización, por estos líderes en la ONU, un impuesto mundial de esta naturaleza es fundamental porque constituiría una forma concreta de compartir las ganancias de las tan famosas “privatizaciones” e “inversiones” en los países subdesarrollados, económicamente menos f avorecidos, cuya población alcanza la significativa cifra de los cuatro mil millones de personas. A no dudarlo, una discusión de este tipo debe incluir también la necesidad de reestructurar la deuda externa a cargo de los organismos internacionales, el FMI y la banca mundial.

Y lo señalamos a diferencia de Alejandro Toledo, porque el ilegítimo presidente peruano sigue siendo el escudero de la Casa Blanca en la región y el mejor tesorero de los intereses transnacionales, a través de su neoliberalismo trasnochado del crecimiento económico macro, por el cual infla el pecho para los aplausos en Washington, mientras su pueblo se muere de hambre en más de un cincuenta por ciento debido a la falta de empleo y los bajos salarios. Con el descaro que lo caracteriza, Toledo insistió en la ONU en la defensa de su programa económico expoliador de nuestros recursos naturales, energéticos y de servicios a favor de la globalización; lo hizo, insensible a la situación en que vive su pueblo y bajo el engañoso resguardo del “rostro humano” y el “chorreo” que ni siquiera a goteo llega para saciar el hambre de los más pobres. Demás está decir que desde el inicio de su gobierno, hace tres años, el llamado a hacer los cambios de rumbo respecto a la política depredadora de Alberto Fujimori, reforzó la devastadora maquinación de los empresarios, apoderados y agentes del capital foráneo en una plaza libre de control, favorable a los contratos leoninos antinacionales; y para continuar en ello, nada mejor fue la restitución del hombre de confianza de Wall Street y el FMI, Pedro Pablo Kuczynski en el ministerio de Economía y Finanzas, el mismo agente de nacionalidad norteamericana que fuera defenestrado junto al premier Danigno, el abogado de las transnacionales en Washington, luego del levantamiento de la ciudad de Arequipa contra las “privatizaciones.”Suceso ocurrido a escasos meses de iniciado el gobierno de Toledo encargado de la transición democrática, que a la fecha no ocurre ni ocurrirá. 

La fiesta de los caraduras 

No le demos tantas vueltas al asunto que las cantaletas aburren. La transición democrática les vale un comino a los usurpadores del poder, constituidos en “clase política” impúdica y libertina. Reparemos con claridad como en tanto Toledo alternaba en Washington, utilizando su origen indígena y de hombre pobre sobresalido a la cima del poder, la descomposición de su gobierno (Ejecutivo y Legislativo) siguió el curso de la degeneración total, de la pérdida absoluta de credibilidad, de la corrupción y la inmoralidad. En esa semana de ausencia por su visita a la sede de la ONU, la crisis en el partido de gobierno se ahondó por la renuncia irrevocable de Luis Solari, fundador de Perú Posible, ex ministro de salud, ex primer ministro, ex secretario general y congresista que perdió la elección a presidente del Congreso, gracias a los tránsfugas, desert ores y oportunistas que componen ese Poder del Estado. Se produjo asimismo la renuncia del director general de gobierno del Ministerio del Interior, Pedro Carrasco, otro amigo íntimo del presidente como su abogado preso César Almeida, acusado de recibir dinero de los narcotraficantes. Además, los confabulados, Carlos Ferrero, primer ministro, y Jorge Mufarech, congresista palaciego, ex furibundos fujimoristas, continuaron los ataques auspiciados por Toledo contra los procuradores anticorrupción a fin de no renovarles el contrato. Campaña iniciada contra este equipo de fiscalizadores independientes, por el solo hecho de haber decidido investigar la corrupción del gobierno actual a la par de la ya comprobada en el gobierno de Fujimori. Los casos que comprometen al presidente y su entorno hablan por sí solos: la coima de Bavaria, las firmas falsas, las asesorías del mafioso Borobio y los negocios de la familia Toledo que no son pocos.

Por su parte, el presidente del Congreso, Antero Flores Aráoz, sostenido precariamente por su alianza antinatura con el APRA, los tránsfugas, desertores y oportunistas, lanzó una agenda prioritaria que sólo puede causar risas. Su primer punto, sancionar el transfuguismo (el mismo que le dio la presidencia del legislativo) con una especie de reforma del código electoral. Luego continuar con las reformas al ilegal estatuto de 1993 de Alberto Fujimori que rige a todos estos usurpadores del poder como ente jurídico de insospechados intereses; por último anunció una serie modificaciones a las leyes orgánicas y a la creación de otras, que sin sustento constitucional no pueden ser debatidas tales como la ley de participación y control ciudadano (¿?) sistema de pensiones, ley orgánica del Poder Ejecutivo, ley del Fondo de Defensa Nacional, ley del Emple o Público, la descentralización fiscal, la ley universitaria, desarrollo sostenible, etc.     

Así debatiéndose, ajeno a la falta de sustento popular, jurídico y legal, el gobierno de Alejandro Toledo en su conjunto se asemeja al de la gran crisis político social de fines de 1968, cuando el partido de gobierno de Fernando Belaúnde, Acción Popular, dividido con Edgardo Seoane, vicepresidente de la República, a la cabeza de los más honestos, separando la paja del trigo, permitió la forzosa e inevitable incursión de la Fuerza Armada mediante el manifiesto revolucionario del general Juan Velasco Alvarado. En conclusión, la línea demarcatoria entre la corrupción y los incautos creyentes en Perú Posible, que alguna vez quiso ser partido, con Alejandro Toledo al lado de los “partidos tradicionales” de la inmoralidad protegida por todos ellos, está apunto de traerse el edificio abajo. 

Fujimori en la ONU 

Todavía fresca está la lucha por las libertades públicas, los derechos ciudadanos y la democracia, con la que el pueblo peruano se trajo abajo la dictadura del delincuente prófugo Alberto Fujimori. La lucha está fresca en la memoria de las grandes jornadas del lavado de la bandera y las movilizaciones de rescate democrático, pero las esperanzas reposan muertas en las manos de los tránsfugas, desertores, oportunistas y mediocres elementos de los partidos tradicionales, que componen el Congreso Nacional y en las manos de hombres que como Alejandro Toledo y su gente traicionaron a los ciudadanos honestos que lo llevaron al poder como el “Pachacutec” de las reivindicaciones. Y en ese afán de revivir, desde la sepultura de su incompetencia y perfidia traicionera, a Alejandro Toledo no se le ocurrió mejor idea que solicitar apoyo en la ONU para la ext radición del delincuente prófugo Alberto Fujimori. 

La nueva trampa, ideada por Toledo y su equipo de ex fujimoristas encumbrados, como el premier Carlos Ferrero y el congresista Jorge Mufarech, a más de otros funcionarios y políticos mafiosos, buscó el efecto internacional de ser reconocido él como líder de una lucha anticorrupción aún vigente en el Perú, cuando es el propio gobierno el que quiere tumbarse a los procuradores por estar incurso en delitos semejantes a los del delincuente prófugo Fujimori. Cualquier “felipillo” y Toledo lo es, tiene éxito asegurado en Washington a raíz de la obediencia debida a la Casa Blanca, pero esos aplausos no son suficientes para salvar la cara en el país; por supuesto sí, el tema Fujimori, llevado a la Asamblea de la ONU, que gracias al cielo en el país tuvo el significado de una maniobra de distracción y nada más. Un querer aprovechar el foro mundial para l as necesidades políticas de imagen, que el propio presidente llama de “reenganche.” 

Veamos el asunto de fondo. El delincuente prófugo Alberto Fujimori se protege en la nacionalidad japonesa par evitar la extradición y lo seguirá haciendo. Los delitos cometidos son evidentes y van desde el enriquecimiento ilícito, el tráfico de influencias, millonarias coimas en la compra de armamento y su reparto entre los generales corruptos de la Fuerza Armada, el tráfico de armas a la FARC en compañía de Montesinos, la organización de una camarilla inmoral de poder militar y civil, etc. hasta la violación de los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, el fugitivo, en su defensa alega ser víctima de una persecución política. Y lo más grave de todo este tinglado, es que los elegidos para realizar la transición hacia la democracia, no acusan ni acusarán a Fujimori del delito mayor de todos, el que dio origen a los otros actos de ofensa, fraude, falsificación, malversación y estafa. Ningún fiscal, ningún procurador, ningún jurista, ningún magistrado, ninguna comisión del Congreso, acusa a Alberto Fujimori de su más grande delito, de prueba plena como se dice jurídicamente: la violación de la Constitución del Estado el cinco de abril de 1992, que lo convirtió en usurpador del poder y en delincuente capaz de cometer todos los delitos de los que hoy tenemos evidencia. 

El asunto en este sentido se traduce en la complicidad, también de prueba plena, del presidente Toledo y los legisladores que por ningún medio desean restablecer el Estado de Derecho que, única y exclusivamente, se puede dar con la restitución de la Constitución de 1979 para su posterior modificación y modernización. De allí la situación de cómplices y colaboradores que los convierte en usurpadores del poder legítimo y soberano del pueblo. 

Haber sido un lustrabotas en la infancia, en virtud al sustento individual o familiar, es un galardón digno de exhibirse en cualquier circunstancia de la vida, es un gran mérito en los hombres que superando esa etapa de su existencia se convierten en profesionales de éxito; continuar de lustrabotas en los lujosos aposentos de los poderosos del mundo, sacrificando a su país a la miseria y a la destrucción de las vidas del mañana, sólo tiene un nombre: miserable, en la destacada connotación de Víctor Hugo.

29 de septiembre de 2004

Enviado por Cecilia Tello

 
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