| el
Periódico de Catalunya - 27 de Setiembre de 2004
Una pesadilla
digna de Orwell
• Bush ha
convencido a muchos de que la peor debacle de EEUU desde Vietnam es un
éxito
Jesse
Jackson *
A George Orwell le horrorizaría.
El autor de 1984 escribió acerca de la capacidad de los poderes
totalitarios para controlar las mentes mediante la propaganda: podrían
afirmar que la guerra es paz y repetirlo tanto que la gente llegara a creérselo.
Orwell nunca hubiera imaginado que las mismas técnicas de
propaganda pudieran tener tanto éxito en una democracia con una
prensa libre. Pero George Bush está demostrando precisamente
que sí es posible.
Bush ha convertido su gestión
de la guerra contra el terrorismo en el eje de su campaña. Una campaña
que sólo contiene dos mensajes: describe a Bush como inquebrantable
en la guerra contra el terror y ataca a John Kerry con un bombardeo
interminable de tergiversaciones, mentiras y difamaciones. Hasta el momento,
el éxito de esta estrategia mantiene a Bush en la contienda.
Sin embargo, para que funcione,
la campaña de Bush tiene que suplantar la realidad por ficción.
La realidad que no puede ignorarse es que las decisiones de Bush
y los suyos han hecho que EEUU esté más aislado, sea un país
menos admirado y --lo que es más importante-- más inseguro.
Antes del 11-S, el equipo del presidente
desdeñó las advertencias sobre Al Qaeda y Bin Laden.
Estaban obsesionados con la defensa de misiles y con Irak. Después
del 11-S, las ilusiones se vinieron abajo, o así debería
haber sido. Con el apoyo de republicanos y demócratas, el presidente
trató de dar caza a Bin Laden en Afganistán. Pero
desde el primer momento sus asesores presionaron para que se atacara a
Irak. El máximo responsable antiterrorista, Richard Clarke,
estaba horrorizado. Irak, él lo sabía, ni tenía nada
que ver con el 11-S ni mantenía vínculos con Bin Laden.
Y una guerra en Irak representaría una distracción de la
guerra contra el terror.
PERO LOS
halcones de la guerra no podían
esperar. Exageraron y ayudaron a inventar la "amenaza creciente" de las
armas de destrucción masiva de Husein, que no existían.
Vendieron la información falsa difundida por Chalabi, un
sinvergüenza iraquí en nómina de EEUU. Rumsfeld
formó su propio equipo de propaganda para desafiar a los escépticos
de la CIA y del Departamento de Estado.
Todo lo que el presidente dijo sobre
la guerra resultó ser falso. Y ahora, como temía Clarke,
en Irak nos hallamos metidos en un atolladero sangriento, a un coste que
ya sobrepasa las 1.000 vidas estadounidenses y va camino de los 200.000
millones de dólares. Pero el coste real es muchísimo mayor.
En la preparación de la guerra, el Pentágono desvió
tropas y expertos de los servicios de inteligencia de Afganistán,
dando tiempo a Bin Laden y a los talibanes para reagruparse. Ahora,
Al Qaeda sigue siendo una amenaza tan importante como antes para EEUU.
Peor todavía, la ocupación
estadounidense de Irak ha suscitado furor en todo el mundo islámico,
desde Argelia hasta Indonesia. La admiración por EEUU ha caído
en picado; el odio se ha intensificado. La popularidad de Bin Laden
ha ido en aumento. Y como informa el International Institute for Security
Studies, la guerra de Irak es un filón de reclutamiento para Al
Qaeda.
Nuestro Ejército está
sometido a una exigencia excesiva y carece de efectivos. Las tropas fueron
enviadas a una ocupación para la que no habían sido adiestradas
ni motivadas y, en demasiados casos, sin siquiera un equipamiento adecuado.
Órdenes ilegales sobre tortura
e interrogatorio --justificadas por los abogados del presidente y adoptadas
por el secretario de Defensa Rumsfeld--, combinadas con guardias
de prisiones abrumados y sin formación, generaron los horrores de
Abú Graib. Los más indignados por estos crímenes son
los mandos militares, pues pretenden que sus tropas tengan un tratamiento
decente cuando sean capturadas.
LA LOCURA
del presidente ha desperdiciado
la buena voluntad global con que contaba EEUU después del 11-S.
En lugar de cohesionar al mundo para aislar a los terroristas y darles
caza, ha aislado a EEUU, incluso de nuestros aliados tradicionales. Estamos
ante la peor debacle en política exterior desde Vietnam, como han
confirmado docenas de exfuncionarios de las administraciones de Reagan
y Bush padre. Aunque gracias al poder de la imagen y las mentiras,
esta desastrosa y fracasada política se haya convertido en el eje
de la tentativa de Bush de conseguir otro mandato.
Con una prensa atemorizada y una
población amilanada y confundida, Bush explota los miedos
y convierte la locura en triunfo. El Gran Hermano de Orwell no lo
hubiera hecho mejor. Pero convendría que los estadounidenses reflexionaran,
porque este país no puede permitirse cuatro años más
lo que el propio Bush denomina una "victoria catastrófica".
© Tribune Media Services.
Traducción de Xavier Nerín.
* Pastor baptista y exaspirante
demócrata a la presidencia de EEUU |