| La
Jornada de México - 29 de Setiembre de 2004
El tercer
ojo y el Dalai Lama
José
Steinsleger
¿Alguna
vez existió poder celestial que haya sobrevivido sin ayuda del poder
terrenal? A veces la religiones debieron establecer alianzas políticas
con sus opuestos (ex Unión Soviética), y a veces consiguieron
tomar el poder (Irán). Hidra de mil cabezas, la explosiva combinación
permite luchar contra el invasor (India, Irak, Palestina), degradar la
sociedad (Estados Unidos, Israel) o servir a potencias mayores del mapamundi
que buscan doblegar potencias menores, como en los casos del Vaticano en
Europa Oriental y las sectas budistas del Tíbet en China.
En la historia de la humanidad fe
y razón nunca se han llevado bien. Digamos que a partir de aquel
precursor del neoliberalismo llamado Pitágoras, el pensamiento crítico
ha luchado contra el florido arsenal de creencias dogmáticas y singulares.
¿Creer o reventar? Saliendo del Metro (donde siempre me asaltan
las cosas difíciles) topé con la imagen de un señor
que me miraba con ojos dulces y manos apacibles cruzadas por un rosario.
¡El Dalai Lama!
Instintivamente llevé el índice
y el pulgar al entrecejo, evocando los años en que mi prima hippie
me explicaba dónde está situado el "tercer ojo". "Aquí,
¿ves? Si te concentras, todos tus rayos se activan y desarrollas
una clarividencia positiva. La conciencia y la inconciencia se fusionan
y la persona se ve como la unión de dos Yo, el Yo Soy. ¿Entiendes?"
Y yo me tocaba el chakra, u "ojo
de mando", "ojo de Shiva" o "de la sabiduría", que permite controlar
el pensamiento intuitivo, energetizar la glándula pituitaria y encaminarse
hacia la plenitud y el mejoramiento del dharma, que nunca supe bien
qué es. Después leí un libro de gran circulación:
El tercer ojo, de Lobsang Rampa (así se llamaba el autor),
plomero inglés (o irlandés) que hacíase pasar por
lama rencarnado y, a diferencia de Richard Gere y Brad Pitt, nunca estuvo
en el Tíbet. No lo juzgo. Aún guardo la esperanza de escribir
algo espiritual que dé millones para hacer nada en un jardín
de ésos, entregado a los ejercicios del tantrismo con alguna chava
ponedora.
Libertad en el exilio (1990),
autobiografía del Dalai Lama, es muy interesante. Publicada luego
que casualmente le dieran el premio Nobel de la Paz en el emblemático
año de 1989 (¡fin de la historia!, ¡fin del comunismo!),
el autor admite que durante los años 60 fue agente de la CIA a cambio
de la módica suma de 1.7 millones de dólares anuales y 186
mil de salario personal para armar, entrenar y pagar a los "guerreros de
la libertad" enfrentados a la China de Mao.
El 1º octubre de 1998, el Dalai
admitió al New York Times lo que anhelábamos saber:
"no fui un agente corrupto", dijo. Visto y considerando como está
el mundo, la aclaración fue un alivio. Cuenta, asimismo, que el
subsecretario de Estado, Eugene V. Rostow, le dijo a su hermano que no
se preocupara, que "Estados Unidos no se va a poner de acuerdo con los
comunistas chinos a expensas del Tíbet". Pero el presidente Richard
Nixon empezó a jugar ping pong con Mao y las operaciones tibetanas
de la CIA se terminaron. ¡Traidores!
"La CIA acordó la ayuda no
porque les importara la independencia del Tíbet, sino como parte
de sus esfuerzos mundiales para desestabilizar gobiernos comunistas", dijo
con aflicción el jefe de la secta gelugpa, a la que pertenece el
Dalai Lama, dentro de la escuela budista mahayana. Las operaciones de inteligencia
eran supervisadas en Washington por los muchachos del Comité 303,
organismo secreto de la Casa Negra que en 1959 aprobó dos causas
poco espirituales: las operaciones de la CIA en Tíbet y la invasión
a Playa Girón en Cuba.
El programa de la CIA incluía
apoyo a la guerrilla de Nepal, sede clandestina de entrenamiento militar
en Colorado, casas del Tíbet en Nueva York, Ginebra y otras ciudades
de Occidente, educación para los operadores tibetanos en la Cornell
University y provisiones para equipos de reconocimiento. Los lamas estaban
felices. ¡Por fin podían hacer la guerra!
Un memo escrito por la CIA y el Congreso
explica que el propósito del programa es "...salvaguardar el concepto
de un Tibet autónomo vivo dentro del Tíbet y entre las naciones
extranjeras, principalmente la India, y construir una capacidad de resistencia
contra posibles episodios políticos dentro de China comunista".
Los tiempos han cambiado y hoy se
trata de dar "el gran salto hacia atrás": dominación feudal,
monjes y teocracia, campanas, rosarios, molino de oraciones, confesionarios
y agua bendita. Y todo en consonancia con el proyecto geopolítico
del "cristiano renacido" que habita la Casa Negra.
El sublime propósito de Tenzin
Gyatso, 14 Dalai Lama y rencarnación del tercer Dalai Lama Bsod-nams-rgya-mthso,
consiste en partirle la madre al quinto Dalai Lama rencarnado: Blo-bzang
chos-kyi-rgyal-mtshan (1570-1660), de la otra rama del budismo tibetano,
apoyado por China. ¿No es chido? |