Niko Schvarz - rodelu.net
12 de Octubre de 2004
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Luchador de toda la vida por la libertad de Haití

Murió Gérard-Pierre Charles

Niko Schvarz
Ayer nos apretó el corazón la tristísima noticia de la muerte de Gérard-Pierre Charles. Nos la comunicó Lucía Sala, que la acababa de recibir de sus colegas universitarios de México. Gérard falleció en Cuba el domingo, afectado por una bronconeumonia. Presumiblemente a estas horas sus restos hayan sido trasladados a su Haití natal, hoy en una situación de agudizada tensión política y de huracanes devastadores.

Gérard-Pierre Charles fue, junto a su esposa Suzy Castor (una eminente historiadora, especialista en el Caribe y directora de la revista El Caribe Contemporáneo editada por la UNAM), un luchador de toda la vida por la libertad y la dignidad del pueblo haitiano, protagonista hace 200 años de la primera revolución independentista triunfante en nuestra América, que alumbró la primera república negra en el mundo. 

A la vez es un académico de fuste en diversas universidades del continente, y recientemente por dos veces candidato al Premio Nobel de la Paz, con amplio apoyo entre organizaciones y personalidades americanas. Lo conocimos además en su actividad permanente, en representación de Haití, en el Foro de São Paulo, y participamos junto a él y su esposa en el último encuentro, el número XI, en la ciudad de Antigua, Guatemala.

Haití sufrió el siglo pasado la ocupación norteamericana de 1915 a 1934, más tarde las dictaduras sanguinarias de los Duvalier padre e hijo y sus tontons-macoutes. 

Integrante de la dirección del Partido Unificado de los Comunistas Haitianos (PUCH), cuyas direcciones sucesivas fueron pasadas a degüello, Gérard participó en todas las instancias de la lucha liberadora de su pueblo. Está junto a Jean-Bertrand Aristide en el amplio movimiento Lavalas generado en 1990 que llevó a la presidencia al sacerdote salesiano, portavoz de un programa democrático que generó grandes esperanzas. 

Su gobierno duró apenas siete meses, hasta el golpe del general Raoul Cédras. EEUU desembarcó 20 mil marines en Haití en 1994 y reinstaló en el gobierno a Aristide. El ejército fue disuelto pero reemplazado por fuerzas policiales militarizadas que pasaron a constituir un poder personal del presidente. 

Este logró hacerse reelegir en 2001 en unas elecciones signadas por un fraude escandaloso y una corrupción desenfrenada. Ya se había transformado en su reverso. Desde entonces la oposición civil comenzó a reclamar que abandonara el cargo y se abriera paso a un gobierno de transición. Contra la oposición Aristide desató una represión feroz, signada por el asesinato de dirigentes políticos y de periodistas, por la irrupción en la Universidad destruyéndolo todo y quebrándole las rodillas al rector, por el incendio de locales políticos y de domicilios de dirigentes políticos. Entre ellos, el del propio Gérard (cuya vida corrió serio riesgo, al igual que la de su esposa e hijos), en represalia por participar activamente como coordinador del partido Organización del Pueblo en Lucha (OPL) y miembro del directorio de la alianza opositora Convergencia Democrática, que realizó manifestaciones de más de cien mil personas y siguió reclamando la democratización del país, antes y después que los marines norteamericanos secuestraran a Aristide, lo sacaran fuera del país y pusieran en el gobierno a un servidor incondicional del imperio que fueron a buscar a Miami. 

En esta coyuntura, Gérard siguió en la brecha hasta sus últimos días. 

Nos legó un trabajo de alto valor sobre la lucha de la oposición y la necesidad de la unión de todas sus vertientes por la democratización del país y la recuperación de su soberanía. 

Luego, una institución académica que dirige junto a su esposa organizó un seminario sobre estos temas, que contó con la participación de figuras de primer plano del PT brasileño, como Marco Aurelio García. 

Por parte del PT se proyectaba, en retribución, invitar a Gérard a un seminario sobre Haití en Brasil antes de fin de año, al punto que habíamos iniciado contactos para pedirle que se allegara a Montevideo. Ya no podrá ser.

Este digno hijo del pueblo haitiano, que hasta por sus nombres recuerda a la esclavitud, lega un ejemplo de lucidez y de consecuencia en la lucha política y social, llevada a cabo con una tremenda fuerza de voluntad por una discapacidad física que lo atenazaba desde hace décadas y que sobrellevó con entereza, sin perder su sonrisa plena de ser humano bueno y sensible, reflexivo y cordial. 

Que llegue a Suzy Castor, en este Haití convulsionado y martirizado, el afecto y el abrazo apretado de cada uno de sus muchos amigos y amigas del Uruguay.

Publicado en La República el 12 de Octubre de 2004

Niko Schvarz
nikomar@adinet.com.uy

* Publicista uruguayo, miembro de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio.

 
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