| Luchador de toda la vida por
la libertad de Haití
Murió
Gérard-Pierre Charles
Niko
Schvarz
Ayer nos
apretó el corazón la tristísima noticia de la muerte
de Gérard-Pierre Charles. Nos la comunicó Lucía Sala,
que la acababa de recibir de sus colegas universitarios de México.
Gérard falleció en Cuba el domingo, afectado por una bronconeumonia.
Presumiblemente a estas horas sus restos hayan sido trasladados a su Haití
natal, hoy en una situación de agudizada tensión política
y de huracanes devastadores.
Gérard-Pierre Charles fue,
junto a su esposa Suzy Castor (una eminente historiadora, especialista
en el Caribe y directora de la revista El Caribe Contemporáneo editada
por la UNAM), un luchador de toda la vida por la libertad y la dignidad
del pueblo haitiano, protagonista hace 200 años de la primera revolución
independentista triunfante en nuestra América, que alumbró
la primera república negra en el mundo.
A la vez es un académico de
fuste en diversas universidades del continente, y recientemente por dos
veces candidato al Premio Nobel de la Paz, con amplio apoyo entre organizaciones
y personalidades americanas. Lo conocimos además en su actividad
permanente, en representación de Haití, en el Foro de São
Paulo, y participamos junto a él y su esposa en el último
encuentro, el número XI, en la ciudad de Antigua, Guatemala.
Haití sufrió el siglo
pasado la ocupación norteamericana de 1915 a 1934, más tarde
las dictaduras sanguinarias de los Duvalier padre e hijo y sus tontons-macoutes.
Integrante de la dirección
del Partido Unificado de los Comunistas Haitianos (PUCH), cuyas direcciones
sucesivas fueron pasadas a degüello, Gérard participó
en todas las instancias de la lucha liberadora de su pueblo. Está
junto a Jean-Bertrand Aristide en el amplio movimiento Lavalas generado
en 1990 que llevó a la presidencia al sacerdote salesiano, portavoz
de un programa democrático que generó grandes esperanzas.
Su gobierno duró apenas siete
meses, hasta el golpe del general Raoul Cédras. EEUU desembarcó
20 mil marines en Haití en 1994 y reinstaló en el gobierno
a Aristide. El ejército fue disuelto pero reemplazado por fuerzas
policiales militarizadas que pasaron a constituir un poder personal del
presidente.
Este logró hacerse reelegir
en 2001 en unas elecciones signadas por un fraude escandaloso y una corrupción
desenfrenada. Ya se había transformado en su reverso. Desde entonces
la oposición civil comenzó a reclamar que abandonara el cargo
y se abriera paso a un gobierno de transición. Contra la oposición
Aristide desató una represión feroz, signada por el asesinato
de dirigentes políticos y de periodistas, por la irrupción
en la Universidad destruyéndolo todo y quebrándole las rodillas
al rector, por el incendio de locales políticos y de domicilios
de dirigentes políticos. Entre ellos, el del propio Gérard
(cuya vida corrió serio riesgo, al igual que la de su esposa e hijos),
en represalia por participar activamente como coordinador del partido Organización
del Pueblo en Lucha (OPL) y miembro del directorio de la alianza opositora
Convergencia Democrática, que realizó manifestaciones de
más de cien mil personas y siguió reclamando la democratización
del país, antes y después que los marines norteamericanos
secuestraran a Aristide, lo sacaran fuera del país y pusieran en
el gobierno a un servidor incondicional del imperio que fueron a buscar
a Miami.
En esta coyuntura, Gérard
siguió en la brecha hasta sus últimos días.
Nos legó un trabajo de alto
valor sobre la lucha de la oposición y la necesidad de la unión
de todas sus vertientes por la democratización del país y
la recuperación de su soberanía.
Luego, una institución académica
que dirige junto a su esposa organizó un seminario sobre estos temas,
que contó con la participación de figuras de primer plano
del PT brasileño, como Marco Aurelio García.
Por parte del PT se proyectaba, en
retribución, invitar a Gérard a un seminario sobre Haití
en Brasil antes de fin de año, al punto que habíamos iniciado
contactos para pedirle que se allegara a Montevideo. Ya no podrá
ser.
Este digno hijo del pueblo haitiano,
que hasta por sus nombres recuerda a la esclavitud, lega un ejemplo de
lucidez y de consecuencia en la lucha política y social, llevada
a cabo con una tremenda fuerza de voluntad por una discapacidad física
que lo atenazaba desde hace décadas y que sobrellevó con
entereza, sin perder su sonrisa plena de ser humano bueno y sensible, reflexivo
y cordial.
Que llegue a Suzy Castor, en este
Haití convulsionado y martirizado, el afecto y el abrazo apretado
de cada uno de sus muchos amigos y amigas del Uruguay.
Publicado en La República
el 12 de Octubre de 2004
Niko
Schvarz
nikomar@adinet.com.uy
* Publicista uruguayo, miembro
de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente
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