| Servicio
Informativo "alai-amlatina" - 8 de Octubre de 2004
Elecciones
en Brasil
Theotonio
dos Santos
Las elecciones municipales que acaban
de realizarse en Brasil revelan un avance poco espectacular del Partido
de los Trabajadores de Lula. Esto se explica por la ausencia de una línea
política coherente con la percepción popular de su programa
y de su comportamiento político. Brasil desperdicia así una
oportunidad excepcional para avanzar hacia un nuevo modelo político
en América Latina.
Las elecciones
municipales no reflejan necesariamente las tendencias nacionales. Pero
cuando un partido de origen popular asume el gobierno, las elecciones locales
tienden a reflejar la tendencia al cambio manifestada en esta oportunidad.
En el Chile de Allende, por ejemplo, las elecciones municipales de 1971,
elevaron del 33% al 51% la votación de la Unidad Popular. El pueblo
chileno expresaba así su voluntad de cambio.
En el caso de Brasil postelectoral
de Lula podríamos esperar un avance similar si el gobierno Lula
demostrara la misma coherencia que Allende. Su política económica
y la adopción de principios neoliberales en su plan social dieron
señales negativas a la población, contrastando solamente
con su política internacional, de carácter claramente progresista.
Al mismo tiempo, el comportamiento
político del gobierno, al buscar alianzas demasiado amplias con
fuerzas conservadoras reconocidas como corruptas, enajenaron importantes
sectores del Partido de los Trabajadores y provocaron confusión
en su base política de izquierda y de centro. De cualquier forma,
provocó una enorme frustración en amplios sectores que apoyaron
su propuesta de cambio social.
De esta forma, las elecciones municipales
en curso están muy por detrás de lo que esperaba la dirección
nacional del PT que llegó a anunciar la victoria del Partido en
cerca de 800 a 1000 municipios del país que cuenta con cerca de
5700 municipios dispersos en 8,5 millones de kilómetros cuadrados.
Para alcanzar este objetivo, el PT creó directorios locales o direcciones
provisionales en casi todos los municipios del país. Sin embargo,
según los datos de las elecciones realizadas el domingo 3 de octubre
e inmediatamente computadas por sistema electrónico, el PT difícilmente
alcanzará la victoria en 500 municipios en todo el país.
Esto representa un gran avance en relación a cerca de 200 municipios
que detentaba hasta antes de esta elección. Pero muy poco en relación
a las aspiraciones del PT de convertirse en el mayor partido nacional.
Es necesario señalar, sin
embargo, que los resultados de la primera vuelta realizada el 3 de octubre
dan al PT cerca de 10 millones de votos, lo que le da la condición
de partido más bien votado en el país. Empero su principal
rival, el PSDB del derrotado Fernando Henrique Cardoso tiene cerca de 9
millones de votos y el PMDB obtuvo cerca de 8 millones de votos. El PT
no tiene, por lo tanto, una mayoría suficiente para gobernar solo.
No puede renunciar a la alianza con varios partidos para formar una mayoría
parlamentaria razonable.
Asimismo, no queda claro para el
pueblo brasileño el contenido de estas alianzas en la medida en
que las fuerzas de apoyo al gobierno se presentaron divididas y hasta opuestas
en las elecciones municipales causando una gran confusión sobre
los objetivos programáticos que unen los varios partidos que componen
el gobierno y la oposición.
En realidad, el PT ganó pocas
elecciones en los centros metropolitanos principales del país. Él
ha vencido en la primera vuelta en 6 capitales de estados brasileños,
que no están entre las mayores (excepto Belo Horizonte y Recife,
dos capitales muy significativas). Pero sobretodo ha tenido un mal resultado
en São Paulo, donde no ha logrado el primer lugar en el intento
de reelección de su alcalde actual, que además de pertenecer
al PT fue claramente apoyada por el presidente Lula.
Todo indica que Marta Suplicy, del
PT, perderá en la segunda vuelta ante José Serra, candidato
derrotado del PSDB a la presidencia de la república en contra de
Lula. El PT perderá la elección en la capital de su estado
de origen, así como salió derrotado en la cuna misma del
partido, la ciudad de San Bernardo.
Es grave también constatar
la derrota del candidato del Ministro de la Hacienda en su ciudad de origen
que no alcanzó ni el segundo lugar para poder pasar a la segunda
vuelta. Y esto cuando el gobierno insiste en considerar a su ministro de
Hacienda como una verdadera opción electoral.
Es necesario considerar también
situaciones como la ciudad de Río de Janeiro donde Lula obtuvo cerca
de 80% de los votos en la segunda vuelta de 2002. En la presente elección,
el candidato del PT que intentó presentarse como el candidato de
Lula solo alcanzó cerca del 6% de los votos de la ciudad, quedando
en el quinto lugar. Esta fue una clara respuesta de la población
de la ciudad a las restricciones de Lula en apoyar el gobierno del Estado
de Río por ser gobernado por la mujer de un posible candidato presidencial
importante en 2006, Anthony Garotinho.
Es verdad que varios partidos de
izquierda están obteniendo importantes victorias en varias partes
del país, pero muchos de estos partidos han roto con el gobierno
del Partido de los Trabajadores y otros se muestran muy reticentes. No
existen condiciones, por lo tanto, para que haya un significativo avance
político como consecuencia de la presente elección.
El país entra en un período
de agua tibia y su pueblo sufre una amarga decepción en gran parte
paralizante. El pueblo brasileño desea avanzar en la dirección
del crecimiento económico y de la distribución de la renta.
Pero el cálculo político de los dirigentes principales del
Partido los conduce a caminos extremamente conservadores para evitar la
confrontación. El sueño de un poder partidista imbatible
choca contra la política económica que entrega los recursos
externos generados por el superávit cambiario a los bancos internacionales,
y los recursos internos captados por un aumento increíble de los
impuestos a los bancos nacionales bajo la forma del pago de altísimos
intereses por la deuda pública, en detrimento de las grandes mayorías
de la población que se enfrentan a un colosal recorte de los gastos
públicos para pagar estos intereses mientras la recesión,
el desempleo y la recesión aumentan drásticamente dentro
de esta política dirigida por los burócratas del FMI y del
Banco Mundial.
* Theotonio dos Santos es profesor
titular de la UFF. Coordinador de la Cátedra y Red de la UNESCO
y la UNU sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible
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