| Página/12
de Argentina - 13 de Octubre de 2004
Marie-Monique Robin
habla de escuadrones de la muerte:
la escuela francesa
“Los
métodos de Argel se aplicaron aquí”
La periodista
e investigadora explica en su film de qué manera los militares franceses
influyeron en los argentinos.
Ana
Bianco
El documental Escuadrones de la muerte:
la escuela francesa, realizado por la periodista e historiadora francesa
Marie-Monique Robin, que se estrena mañana en el cine Cosmos (con
el auspicio del CELS), describe la participación y colaboración
de los militares franceses con las dictaduras sudamericanas en las décadas
del ’70 y del ’80, y particularmente con la junta militar argentina. En
charla con Página/12, Robin hace memoria: “El Estado Mayor argentino
propuso en 1959 un acuerdo para que expertos franceses en la llamada ‘guerra
antisubversiva’ dictaran cursos y fueran asesores pagados por el Ejército
Argentino. La misión militar francesa permanente en Buenos Aires,
compuesta por veteranos de la guerra colonial en Argel (1954-1962), se
mantuvo hasta 1981, con el apoyo de los gobiernos de la Argentina y Francia.
Los métodos de la denominada batalla de Argel fueron exportados
a la Escuela de Guerra de Buenos Aires, importando la concepción
del enemigo interno, que era la base de la doctrina francesa, por su experiencia
en la lucha contra un enemigo en un medio urbano: un enemigo interior.
Hasta la llegada de los franceses, para los militares argentinos el enemigo
provenía del exterior, Chile o Paraguay, pero con esta nueva concepción
el enemigo podía ser un vecino, un maestro, un peronista o un militante
de izquierda que ponía en peligro los valores occidentales. Y para
derrotar a ese enemigo escondido, entremezclado en la población,
que no tiene uniforme, se necesitaba recabar información en la doctrina
o escuela francesa. La inteligencia es fundamental: quien dice inteligencia
dice interrogatorio, y entonces tortura (para sacar información)
y luego, para deshacerse de los torturados, los hace desaparecer”.
Escuadrones de la muerte: la escuela
francesa parte de las propias voces de algunos ex combatientes franceses
en Indochina y en Argelia, y en ese recorrido prestan testimonio algunos
alumnos ejemplares como el ex ministro del Interior de la dictadura Albano
Harguindeguy, el ex presidente de facto Reynaldo Bignone, y Manuel Contreras,
jefe de la DINA, la policía secreta chilena, entre otros. Se suman
a este registro testimonial e histórico los relatos de dos ex cadetes
de la Marina encarcelados y dados de baja por denunciar el uso de la tortura,
más las historias de algunos sobrevivientes y de Horacio Méndez
Carrera, abogado de los desaparecidos franceses en la Argentina, y de María
del Rosario Cerruti, una madre de Plaza de Mayo.
–¿En que consistió
la participación de los militares franceses durante la última
dictadura en la Argentina?
–En 1957 llegaron a París
los primeros oficiales argentinos para recibir cursos durante dos años
en la Escuela de Guerra; entre otros, Alcides López Aufranc. Por
entonces, Fidel Castro no estaba en el poder en Cuba, la guerrilla argentina
no existía como tal y el Partido Comunista no tenía un peso
importante. En ese año, López Aufranc estudió en París,
época de la Guerra Fría, cuando no había un enemigo,
pero ellos estaban convencidos de que se venía la Tercera Guerra
Mundial. En la película, el general Balza lo explica con claridad
cuando se refiere a que los militares argentinos de fines de los ’50 se
preparaban para una guerra virtual, ficticia. En la práctica, la
llegada de los franceses a la Argentina multiplicó los servicios
de inteligencia y la tortura como arma principal de la guerra antisubversiva
dentro del concepto de guerra moderna. Como la población civil es
sospechosa, aconsejaron cuadricular el territorio. Es decir que cada general
tenía una zona y otras subzonas a cargo de un capitán o un
teniente.
–¿Cuáles son las diferencias
en el uso de la técnica militar en Argelia y en la Argentina?
–Bignone lo expresa muy bien en
la película cuando dice textualmente: “La orden de batalla de marzo
de 1976 es una copia de la batalla de Argel”. Los decretos firmados durante
el gobierno de Isabel Perón para aniquilar a la guerrilla del ’75
y los decretos militares que instauraron la dictadura se realizaron con
base en los textos franceses. La famosa batalla de Argel se caracterizó
por el hecho de que los poderes de la policía fueron delegados al
Ejército, y especialmente a los paracaidistas. La policía
estaba bajo el control del Ejército, los militares mismos hacían
los interrogatorios, la desaparición forzada de personas se implementó
en Argelia y dejó un saldo de 3 mil desaparecidos.
–Su película sostiene que
los militares argentinos fueron los mejores alumnos de la escuela francesa.
¿Por qué?
–La Argentina es el único
país donde hubo una misión militar permanente durante 20
años. En los Estados Unidos, los militares franceses se quedaron
dos o tres años. En Brasil dieron cursos puntuales en Manaos. La
presencia en la Argentina se mantuvo durante 20 años sin parar,
esto no responde a una casualidad. Existieron lazos entre la extrema derecha
francesa y la Argentina desde los años ’30. El integrismo católico
francés tuvo un papel muy importante para la exportación
de la doctrina francesa, le dio una base ideológica, especialmente
a través de la llamada “Ciudad católica”. La Cité
catholique fue creada por Jean Ousset, un ex secretario de Charles Maurass,
quien fue uno de los líderes de extrema derecha de Francia. La Cité
editaba una revista, Le Verbe, que influyó mucho a los militares
durante la guerra de Argel para justificar el uso de la tortura. Al final
de los ’50, la Cité catholique se instala en la Argentina, con el
mismo nombre y con la misma revista, El Verbo, organiza células
dentro del Ejército y alcanza un desarrollo importante durante el
gobierno del general Onganía. El hombre clave era el padre Georges
Grasset, quien fue confesor personal de Videla y sigue viviendo en la Argentina.
Guía espiritual de la OAS (la organización del ejército
secreto, que con sus Comandos Delta, escuadrones de la muerte), intentó
impedir con las armas la independencia de Argelia. En el Ejército
Argentino existió una corriente ultracatólica integrista
que explica por qué la influencia de los franceses fue tan importante.
Cuando está en Buenos Aires –Grasset vive en Tucumán 1561
4º 37–, tiene lazos con la congregación de Lefebvre, un obispo
integrista francés que fue excomulgado por el Vaticano. La congregación
lefrebvista tiene cuatro monasterios en la Argentina, el principal en La
Reja. Cuando estuve en La Reja hablé con un cura francés
que me dijo: “Para salvarle el alma a un cura comunista, hay que matarlo”.
Me encontré ahí con Luis Roldán, ex subsecretario
de Culto de Menem, quien me fue presentado por Dominique Lagneau, el cura
director del monasterio, como el “señor Ciudad católica de
la Argentina”. La influencia francesa fue teórica, técnica
e ideológica. Bruno Genta y Juan Carlos Goyeneche representan esta
ideología compartida por los oficiales que iban a tomar el poder
en la Argentina 20 años después. El golpe militar del ’76
fue una preparación lenta que empezó en los años ’50.
–¿Debió usar cámara
oculta para algunas secuencias?
–La usé para la entrevista
con Bignone. El me recibió con motivo del libro –que editará
Sudamericana el próximo año, con el mismo título que
el documental– donde me presenté como una historiadora de extrema
derecha. No tuve ningún problema ético, estaba frente a un
victimario, un violador de los derechos humanos. La prueba está
en lo que han hecho y quieren ocultar. El general Ramón Díaz
Bessone debe de estar furioso por lo que grabé, pero luego de dos
horas, cuando cree que he dejado de grabar y cambia completamente, se transforma
y, relajado, muestra ese otro personaje y dice lo que realmente piensa:
“¿Cómo sacás información, si no torturás,
si no apretás?”. |