| Brecha
de Uruguay - 15 de Octubre de 2004
Con Danilo Astori
Los cambios
y sus límites
Los objetivos centrales de la
política económica de un gobierno progresista, las condiciones
para la gobernabilidad, y las futuras relaciones de la izquierda con trabajadores
y empresarios, fueron algunos de los puntos que el ministro de Economía
de un eventual gobierno del EP-FA abordó en esta entrevista.
Nelson
Cesin/Gabriel Papa
-¿El eslogan publicitario de
Asamblea Uruguay, "El cambio responsable", es una noción de gobierno
que sólo comprende a su sector o se supone que abarca a todo el
EP-FA? En todo caso, ¿cuál es la sustancia de ese mensaje?
-Cada sector tiene su consigna; nosotros
elegimos ésta, que por supuesto quisiéramos que fuera la
de todo el Frente. "Cambio responsable" quiere decir conocer la realidad
sobre la que opera ese cambio, sus dificultades, las secuencias y los tiempos
para no frustrar los cambios, porque las experiencias de izquierda están
llenas de ejemplos de cambios que se iniciaron y que se frustraron. La
palabra responsable no es sinónimo de blandura ni de resignación,
no es darse por perdedor por anticipado como alguna vez escribió
Gabriel Papa en el suplemento económico de BRECHA, sino que es estar
seguros de los cambios que se van a hacer.
-Usted ha hablado de graduar los
tiempos y, sobre todo, reconocer los límites de los cambios. ¿En
qué límites piensa concretamente?
-Me refiero a las enormes dificultades
que tiene este país y voy a poner un solo ejemplo: la deuda pública.
La deuda pública que nos condiciona, que nos exige una conducta
muy prolija con los organismos financieros, porque si no vamos a tener
serios problemas con el crédito y Uruguay no puede proponerse una
actitud de cambio fuera del mercado. Entonces hay que hacer equilibrios,
hablar con los organismos, procurar mejores condiciones para el país.
-El diputado Raúl Sendic,
del 26 de Marzo, que se opuso a la designación suya como eventual
ministro de Economía, dijo la semana anterior a BRECHA que "muchos
compañeros" del EP-FA lo habían querido tranquilizar diciendo
que su nominación era por tres meses...
-Yo respeto mucho todas las opiniones.
Ahora, habría que preguntarle a él por qué tiene esa
opinión; yo no la comparto.
-Sendic hizo referencia a "muchos
compañeros"...
-Por eso habría que preguntarle
a él cuáles son los muchos compañeros, de dónde
salen, de dónde vienen. ¿De todas partes llegan o sólo
de algunas? No sé, no me corresponde a mí responder.
-¿Los comentarios de ese tipo
no lo inquietan?
-En absoluto, estoy mucho más
intranquilo por lo difícil de la tarea que por comentarios de ese
tipo. En realidad tampoco estoy intranquilo por lo que hay que hacer, pero
no, yo a esos comentarios los respeto mucho pero no son un factor de intranquilidad,
ni mucho menos de desestabilización.
-Si el EP-FA triunfa en la primera
vuelta, como todo parece indicar, la unidad interna de la izquierda pasa
a ser un factor determinante para el mantenimiento de la gobernabilidad.
¿Cómo apuntalar esa unidad, habida cuenta de los desencuentros
en temas relevantes que se registraron en los últimos tres años?
-Con mucho diálogo. Siempre
he creído que en el gobierno los problemas de unidad y de acción
coherente son más fáciles de alcanzar que en la oposición.
Espero que la realidad demuestre que estoy en lo cierto; si no lo estoy
habré de reconocerlo. Hemos tenido visiones diferentes sobre cómo
ejercer la oposición, que se han traducido en posiciones divergentes
sobre temas importantes. Pero en el gobierno es otro cantar: en el gobierno,
primero, hay un programa único que hemos apoyado por unanimidad,
salvo la abstención de la Corriente de Izquierda...
-Sobre la ley de ANCAP hubo notorios
desencuentros, pese a que había un programa común de la izquierda.
-Ahora voy a eso. En un gobierno
creo que el tema es tomar decisiones a diario, y si eso se hace a la luz
del programa único, punto central de referencia para todos, cuyos
tiempos habrá que ir viendo y administrando, me parece que las diferencias
van a pasar a un segundo plano. Respecto a lo de ANCAP, las discrepancias
no fueron sobre el concepto de asociación de las empresas públicas
sino sobre la ley en sí misma. Pero bueno, el soberano ya falló
y habrá que seguir buscando con mucha paciencia nuevos caminos para
alcanzar este objetivo, porque es un objetivo del Frente Amplio resuelto
en un congreso que se hizo hace más de cuatro años; ahí
se habla de asociaciones de empresas públicas e incluso dice textualmente
"con capitales privados", ni siquiera menciona a los capitales públicos,
por distracción, por supuesto, porque están incluidos también.
Tendremos que seguir trabajando en esa dirección, con acuerdos a
nivel político y social, porque el referéndum eliminó
la ley pero no el problema, que va a ser cada vez peor.
-Trajimos a colación la ley
de ANCAP a vía de ejemplo de cómo un concepto que está
plasmado en el programa común puede ser interpretado de manera distinta.
Esto equivale a suponer que el apego a un programa de gobierno no es la
única garantía para la unidad de acción.
-Yo creo que en la discusión
de la ley pesó algo que dije hace unos minutos, y es que teníamos
visiones diferentes sobre cómo hacer oposición. Si esta misma
ley se hubiera discutido en otras condiciones políticas, probablemente
el resultado hubiera sido diferente, pero no quiero hacer hipótesis
porque ahora se trata de una ley rechazada por el 62 por ciento del pueblo
uruguayo.
-Respecto a ANCAP, ¿se está
pensando en una asociación con empresas públicas de la región
o en alianzas estratégicas?
-No descarto ni una forma ni la otra.
Si en alguna circunstancia, y por razones de diversa índole, es
más conveniente para el país una alianza estratégica,
estudiaremos esa posibilidad. Tampoco me pongo límites en cuanto
a si las asociaciones deben ser con empresas públicas o privadas.
Aunque creo, obviamente, que las asociaciones o alianzas eventuales de
ANCAP deben ser con empresas de origen público, no privado, dada
la conformación de la región. Pero no tengo una posición
de principio sobre eso; el tema es cómo defendemos mejor a nuestra
empresa, no cómo es el socio, cosa que por supuesto también
importa.
-¿Cómo sostener y cultivar
desde un gobierno progresista la alianza histórica en pos de objetivos
comunes que la izquierda anudó, desde la oposición, con el
movimiento social y sindical? Porque en esas circunstancias los roles serán
muy distintos.
-Bueno, el proyecto frenteamplista
es un proyecto nacional, para todos los uruguayos; nosotros no vamos a
construir un proyecto para los frenteamplistas ni para ciertas áreas
de la sociedad. Vamos a construir un país para todos los uruguayos
y para toda la sociedad. Obviamente hemos tenido un diálogo particularmente
cercano y coincidente programáticamente con organizaciones de trabajadores
y organizaciones sociales que han estado asociadas a aspectos relevantes
de las condiciones de vida de la gente. Esa relación va a tener
que seguir, sólo que no nos vamos a ajustar a eso, porque el Frente
tiene que tener diálogo de gobierno con todos los estratos sociales.
Entonces hay que tener en cuenta que no hay relaciones exclusivas, ni mucho
menos, con una parte de la sociedad.
-¿No hay un grado de afinidad
mayor con esos aliados? ¿No hay, incluso, hasta vínculos
afectivos que refuerzan y diferencian la relación con esos actores?
-Sí, sí, hay hasta
actores comunes, actores sociales que son candidatos a diputado, ni que
hablar. Es parte de la historia. Pero en un gobierno progresista no sólo
no debe haber una exclusividad de relación, sino que mucho menos
debe haber una asociación de algunos en contra de otros, porque
si no me parecería que estaríamos perdiendo de vista la verdadera
responsabilidad que tenemos en caso de llegar al gobierno.
-¿El notorio esfuerzo que
la dirigencia del EP-FA ha realizado en los últimos tiempos por
recrear las relaciones con el universo empresarial indica que ha quedado
superada aquella histórica relación de distancia, y a veces
enfrentamiento, entre la izquierda y el empresariado?
-En primer lugar, hay una gran porción
del empresariado absolutamente descontenta, porque objetivamente los últimos
gobiernos han sido muy negativos para estos actores. Ha habido una serie
de graves errores de política económica que terminaron perjudicando
también, entre otros, al sector empresarial. Segundo, la izquierda
ha comprendido que la distancia que objetivamente existía en el
pasado con los empresarios es absurda, absolutamente absurda. Porque el
papel protagónico fundamental del punto de partida de un gobierno
de izquierda es el crecimiento de la inversión, y lo va a tener
que hacer con el empresariado privado, no con las empresas públicas,
que entre otras cosas tendrán una dotación limitada de recursos.
Entonces el protagonista fundamental es el empresario privado, nacional
o del exterior, y con él hay que tener una relación muy fluida
porque en caso contrario no vamos a tener ni inversión ni crecimiento,
y si no tenemos ni inversión ni crecimiento no hay programa social.
Eso lo ha comprendido la aplastante mayoría de los dirigentes del
Frente y sobre todo su candidato presidencial, quien ha mantenido normalmente
reuniones con empresarios del exterior que observan una relación
con mucho más coincidencias que diferencias. A mí me parece
notable esto que está pasando, porque éste es uno de los
requisitos imprescindibles para que la izquierda llegue y dure en el gobierno,
único modo de hacer los cambios a que se ha comprometido ante la
sociedad.
-¿La izquierda se avino a
las ideas e intereses del universo empresarial o fue a la inversa?
-Hubo movimientos en los dos sentidos.
Ahora, la izquierda se compromete con los empresarios a no cometer los
errores de gobiernos anteriores, como el manejo irresponsable de las cuentas
públicas, la deuda para financiar el déficit y el tipo de
cambio fijo: eso es un compromiso que asumimos para con los empresarios
y para con el país en su conjunto, porque se dañó
tanto a las empresas como a los trabajadores, al hacerles perder fuentes
de trabajo.
-Usted ha planteado su acuerdo con
las líneas de política monetaria y cambiaria que ahora aplica
el gobierno...
-No, he planteado mi acuerdo con
los regímenes...
-...Porque en los hechos se empieza
a configurar una situación caracterizada por una contracción
en política monetaria, altas tasas de interés y apreciación
cambiaria. ¿Cómo enfrentar esta situación?
-Diferenciemos dos conceptos: una
cosa son los regímenes o sistemas, que podemos llamar de las dos
maneras, y otra es la política cambiaria y monetaria. Yo creo que
después de una larga búsqueda, no exenta de mucho trauma
y dolor, Uruguay encontró el camino aceptable de sistema de administración
de ambas herramientas, con un agregado positivo: coincide por primera vez
desde que se firmó el Tratado de Asunción con el que utilizan
otros países del Mercosur, y esto es muy importante. En segundo
lugar, tengo discrepancias con el manejo de algunos instrumentos como,
por ejemplo, la colocación excesiva de valores en moneda nacional
para restringir la cantidad de dinero en circulación pagando tasas
altas, lo que genera el doble efecto de presionar al alza la tasa de interés
y el tipo de cambio nominal.
No creo que haya atraso cambiario
en este momento; sí hay inflación en dólares, pero
son cosas totalmente diferentes. El atraso cambiario, sea cual sea el método
con el que se mida el tipo real de cambio, es inexistente. Si, por ejemplo,
comparamos los índices de precios de los bienes que se comercian
con los bienes que no se comercian, no encontramos atraso cambiario. Sí
hay inflación en dólares, que es igual o menor que la de
otros mercados. Quiere decir que Uruguay no ha perdido competitividad,
todavía, pero es un llamado de atención. Hay que estar muy
atentos, porque empieza a haber inflación en dólares, y podemos
terminar en atraso cambiario. Nosotros vamos a manejar las herramientas
de otra manera, y con un equilibrio de objetivos bastante más marcado,
porque estas operaciones del Banco Central se realizan con un objetivo,
el de la estabilización de precios, al cual se subordinan todos
los demás.
-O sea que la política de
"metas de inflación" que guía el Banco Central debería
ser compatibilizada con otros objetivos.
-Con otros objetivos y otros instrumentos.
Ni éste es el único instrumento ni el objetivo de estabilización
de precios debe ser el único. En política económica
los objetivos son múltiples y hay que analizarlos en conjunto. Los
errores se cometen por creer que hay un solo objetivo, un solo instrumento,
y que los demás no importan. Es muy difícil en política
económica establecer fronteras infranqueables entre objetivos e
instrumentos. Muchas veces se pone en práctica un instrumento dirigido
a un objetivo que genera efectos no deseados sobre otros.
-¿Es partidario de una reformulación
institucional que tienda a aumentar la independencia técnica del
Banco Central?
-De eso soy partidario en el Banco
Central y en todo el sector de empresa pública. Hay que despartidizar
las direcciones. Cuando se discutió la reforma de la carta orgánica
del Banco Central, por 1993, si no recuerdo mal, yo trabajé muchísimo
en ella, precisamente en el sentido de su independencia técnica
y su despartidización, pero nadie me llevó el apunte porque
cada uno estaba pensando en la cuota política. Soy un ferviente
defensor de tener a los mejores, sean del color que sean, en las diversas
direcciones. El propio Tabaré ha anunciado en uno de sus últimos
discursos que utilizará este criterio, y yo lo apoyo con todo fervor.
Quiero, de todos modos, hacer un
par de puntualizaciones respecto al Banco Central: primero, su independencia
no es para hacer cualquier cosa, ni para usar cualquier instrumento al
servicio de cualquier objetivo; segundo, efectivamente quiero hacer cambios
institucionales en el Central, pero para sacarle funciones. El Banco Central
hoy es autoridad monetaria, superintendencia de bancos, liquidador de bancos
quebrados, etcétera. Así no rinde. No estoy diciendo que
eliminemos todo esto a rajatabla, pero quiero que examinemos el tema y
acotemos sus funciones.
-Usted comentó recientemente
que un equipo de técnicos del EP-FA ya se encontraba elaborando
las orientaciones principales del presupuesto quinquenal que deberá
aprobarse el año próximo...
-Digamos criterios-¿En qué
dirección?-Bueno, en primer lugar estamos tomando nota de información
básica, realizando incluso ensayos con números, que pueden
ser diferentes. En segundo lugar, trabajamos en la resignación del
gasto público. Hay que ir hacia una reformulación tanto en
materia de gasto como de ingresos. Eso supone que si las cosas siguieran
bien en materia de recaudación, tendremos que hacer un esfuerzo
por tener un superávit importante, de modo que si viene la mala
después contar con mayor margen de maniobra. Es decir, hacer al
revés de lo que han hecho estos gobiernos recientes, que cuando
tuvieron un buen año gastaron más de la cuenta y cuando vinieron
las malas pusieron en práctica medidas que profundizaron la crisis.
-El ministro de Economía,
Isacc Alfie, acaba de anunciar que estuvo negociando con los organismos
internacionales un acuerdo para diferir los vencimientos de deuda en 2005
y 2006. ¿Alfie hizo contactos con la izquierda para encarar una
negociación de ese tipo?
-Se haya hecho la gestión
que se haya hecho, si nosotros somos gobierno las conversaciones las vamos
a tener nosotros, y puedo adelantar que su comienzo será inmediato.
Ya lo acordamos en nuestra visita de julio al FMI y, más recientemente,
en la reunión que mantuvimos con su director, Rodrigo Rato. Las
conversaciones deben empezar cuanto antes para hallar mejores condiciones
para el país, lo que hoy pasa por aliviar los vencimientos de 2005
y 2006. Tenemos la firme convicción de que no sólo el FMI
va a colaborar, sino que también lo harán el Banco Mundial
y el BID.
-Se dice que el FMI ya no impone
recetas, que es flexible y sólo analiza los programas que los países
diseñan. Pero, por ejemplo, su política respecto de Argentina
revela un comportamiento similar al tradicional. En función de estos
y otros antecedentes, ¿qué lo hace pensar que un gobierno
de izquierda contará con la colaboración del FMI?
-Creo firmemente que nos van a ayudar,
entre otras cosas porque el Fondo valora mucho lo que hizo Uruguay. En
realidad van a ayudar a Uruguay, gobierne quien gobierne, empezando por
aceptar una flexibilización de estos vencimientos de 2005 y 2006.
Segundo, tengo una visión diferente de las relaciones del Fondo
con Argentina. Creo que el problema de Argentina en relación con
el futuro va a estar en cómo procese el canje de deuda, pero el
Fondo ha señalado que le conviene esperar que Argentina negocie
y luego se conversará. Dicho sea de paso, Argentina ha cumplido
todas las obligaciones con el Fondo, y ahora tiene que disipar el tema
del canje. En tercer lugar, veremos cómo le va a Argentina, porque
puede disipar el canje de su deuda en default pero después quedar
fuera del mercado de crédito. Quizás Argentina puede hacerlo
porque es un país poderoso, pero Uruguay no puede darse ese lujo.
Ese es el gran desafío argentino y la gran duda. Dios quiera les
vaya bien, les salga el canje y no queden fuera del mercado de crédito.
Uruguay tiene que ser mucho más cuidadoso por su fragilidad. Yo
tengo una actitud fundadamente optimista porque hemos tenido conversaciones
muy claras con gente importante en el Fondo, que probablemente tengan ideas
políticas muy diferentes a las nuestras, pero lo que importa es
cómo Uruguay puede lidiar con esta dificultad que -nos guste o no,
y la verdad es que no nos gusta- es una parte fundamental de la realidad.
-Usted ha planteado la aspiración
de aumentar la incidencia en la recaudación de los impuestos directos,
y en particular, el EP-FA tiene en la aplicación del impuesto a
la renta de las personas físicas una de sus señales de identidad.
¿Cómo se encarará el tránsito hacia este objetivo?
-Estamos hablando de un equilibrio
diferente entre impuestos directos e indirectos; estos últimos representan
la aplastante mayoría de la recaudación tributaria. El impuesto
directo por excelencia para mí es el impuesto a la renta de las
personas físicas, que tiene que aumentar su participación
en el total; incluso creo que hay que aliviar la presencia del impuesto
al patrimonio, que tiene que mantenerse hasta por una razón de control.
Estoy visualizando muy pocos tributos nacionales, no más de cinco
o seis, aplicando sistemas de controles internos mucho más rigurosos.
Por supuesto que esto requerirá toda una preparación de la
administración tributaria, hoy no capacitada para eso: tendremos
que capacitar recursos humanos, incorporar tecnología y, sobre todo,
aplicar una coordinación institucional muy fuerte entre la DGI,
Aduanas y el Banco de Previsión Social.
Entonces estoy visualizando un proceso
gradual, con un IVA más generalizado y tasas menores; un impuesto
específico interno menos gravoso sobre bienes como los combustibles;
un impuesto a la renta más importante; un impuesto al patrimonio
que opere como una herramienta más de control, al igual que el impuesto
sobre las herencias.
-¿El proyecto de especialización
productiva al que apunta el EP-FA está vinculado a la selección
de sectores ganadores o perdedores?
-No, pienso en la ventaja competitiva
que el país tiene que instalar con políticas públicas,
como hacen todos los países que tienen éxito. Políticas
públicas de cierta duración, de permanencia, convenidas al
punto tal de conformar una gran parte de la identidad del país;
que se diga Uruguay y se piense en tal cosa. Acá habrá oportunidades
para invertir y un gobierno que estará comprometido con esto, porque
impulsará, por ejemplo, el desarrollo de la industria alimentaria,
el desarrollo de ciertos servicios que dada la ubicación del país
son fundamentales para generar empleo: turismo y actividades conexas, transporte,
comunicaciones, servicios portuarios, tecnología de la información.
Estoy pensando en eso, y no en la definición de ganadores y perdedores.
-Pero sí se piensa en términos
de prioridades...
-Claro que sí, y por eso hablo
de una estrategia de especialización con altos niveles de calidad.
-Y el uso de las herramientas tributarias
y de crédito al servicio de esa estrategia.
-Correcto. El país ya tiene
un régimen de ley de inversiones que, más que decir "esto
no sirve", va a haber que hacerlo funcionar, porque el principal problema
de la ley de inversiones en vigencia no es la ley, sino cómo se
ejecuta en la práctica. No funciona, no está bien administrado
en la práctica y eso lo dice cualquier empresario.
-¿La campaña va viento
en popa para la izquierda?
-Vamos bien, muy bien. Al Frente
lo veo haciendo la mejor campaña de su historia: seguro de sus fuerzas,
muy concentradito en lo suyo.
-¿Los adversarios ayudan?
-Perdónenme, no voy a hablar
de ellos. Parte de esa mejor campaña es no contestar a esa pregunta.
Producción periodística:
Victoria Molnar. |