| Brecha
de Uruguay - 15 de Octubre de 2004
Propaganda, provocación,
conspiración
Manual
para rescatar unos miles de votos
No hay que buscar explicaciones
muy complejas para entender el porqué de la estrategia electoral
colorada: hacia el terrorismo por la desesperación.
Samuel
Blixen
Según un promedio de las cifras
de las distintas encuestadoras, de un estimado de 2.114.000 votantes el
EP-FA obtendrá el 31 de octubre, 1.099.000 votos (52 por ciento).
El Espacio 609 que lidera José Mujica monopolizará 406 mil
(37 por ciento de la interna), lo que representa más del doble de
los 190 mil (9 por ciento) que obtendrá todo el Partido Colorado
en su conjunto; el Foro Batllista, que lidera Julio María Sanguinetti,
obtendrá 85 mil (45 por ciento de la interna). Es realmente desesperante
que la izquierda saque cinco veces más votos que la derecha disfrazada
de centro, y que el tupamaro Mujica saque cinco veces más votos
que el ex presidente Sanguinetti.
En esta ecuación hay un millón
de uruguayos desagradecidos, cortos de entendedera. "¡Atenti al lupo!
, advierte el diputado Washington Abdala: "Donde se nos pegue un viaje
el doctor Vázquez y Nin pase un fin de semana en Buenos Aires, tenemos
al senador Mujica presidente de la República", agregó (En
perspectiva, de CX 14, martes 12). Como esos predicadores de tevé,
Abdala modula la voz: suave y aterciopelada cuando habla de dios ("Por
favor, vuelvan; acá está el viejo partido liberal de la sensatez,
de la racionalidad, parado en la cancha") y la transforma en truenos y
fuego cuando habla del diablo ("A muchos que puedan haber simpatizado con
sectores moderados del Frente les estamos diciendo: Cuidado, porque una
cosa es el FA moderado, ese pequeño sector moderado, y otra es la
aventura, porque la mayoría del ep va a ser -lo digo con firmeza-
¡tupamara!, ¿eh?").
Después de las imágenes
sobre piqueteros y las mohosas referencias al marxismo, el concepto "tupamaro"
se instaló con fuerza en el intento de generar un miedo electoral
capaz de reconquistar un 5 por ciento del electorado, unos 105 mil votos,
necesarios para impedir el triunfo de Tabaré Vázquez el domingo
31 y asegurar una segunda vuelta en noviembre. Para lograr tal hazaña
la estrategia colorada -a la que se suman algunos dirigentes blancos- incorpora
tres planos: el plano del terrorismo verbal, el plano de la provocación
y el plano de la conspiración.
En el plano de la propaganda, el
"partido de la tolerancia" reitera hasta la saciedad algunas palabras:
muerte, asesinato, secuestros. El "soldado" Abdala acusa al MPP de "matar
la libertad de comunicación" a propósito de un collage del
Foro sobre el documental alemán Tupamaros. El ministro de Industrias
José Villar le contesta a Mujica, a quien califica de "nazi": "Mientras
yo estudiaba y trabajaba, vos planificabas matar y secuestrar gente". El
candidato colorado Guillermo Stirling habla de los muertos y de la sangre
que producen los movimientos piqueteros, un fenómeno que se instalaría
en nuestro país si gana Vázquez, y se dispone a conducir
el país con "firmeza y actuación". El asesor presidencial
Carlos Ramela escribe sobre el peligro de que los uruguayos perdamos "nuestro
estilo de vida"; y el dirigente blanco Juan Andrés Ramírez
confiesa que "si gana Vázquez, que es un marxista, temo por las
libertades, porque las libertades no se usurpan sólo con un golpe
de sable". En el mismo sentido, Sanguinetti interpreta que si el FA no
logra la mayoría parlamentaria disolvería el Parlamento;
para ello da por válida la improbable ecuación de que Vázquez
sea presidente y los blancos y colorados controlen las cámaras.
La amnesia gana a los articuladores
del terror: Villar selecciona muertos y olvida los cientos de asesinados
y desaparecidos por la dictadura; Sanguinetti olvida cómo patrocinó
al escuadrón de la muerte siendo ministro de Bordaberry; Ramírez
olvida que el candidato a vice de su partido, Sergio Abreu, permitió
un golpe de Estado técnico cuando el presidente Luis Alberto Lacalle
"dobló el pescuezo" ante el general Juan Modesto Rebollo, en 1993.
A 16 días de las elecciones no hay espacio para la sutileza. Se
corta grueso y se apuesta a difundir el miedo, un trabajo en el que Sanguinetti
viene descollando en las dos últimas décadas.
LA PROVOCACIÓN. El acto de
machacar con la imagen de la sangre que gotea de los colmillos de los tupamaros
no parece que fuera a dar los resultados esperados -y menos revertir los
320 mil votos que separan a Sanguinetti de Mujica-. El miedo debe sustentarse
en hechos. Los balazos que se incrustaron en las paredes de dos locales
socialistas, en Villa Dolores y en Piedras Blancas, son reales. Las cachiporras
que esgrimían los patoteros del diputado forista Acosta y Lara en
Durazno, cuando arremetieron contra una brigada de pegatineros del 26 de
Marzo, eran reales. El médico forense de la dictadura que blandía
una cachiporra contra un pegatinero caído en el suelo no es una
entelequia. Algunos de los patoteros salieron trasquilados porque uno de
los pegatineros, defendiéndose, pegó un brochazo que hizo
saltar dientes. Entonces intervino Sanguinetti, providencialmente de visita
en Durazno: hizo por lo menos tres llamadas telefónicas al juez
departamental que terminó procesando, con prisión, al pegatinero
frenteamplista y en lugar de investigar la denuncia de agresión
de la patota, pidió una licencia de 30 días.
El riesgo de perder el privilegio
del poder incita a repetir algunas maniobras: la balacera policial que
se desencadenó en 1994 contra los manifestantes que se congregaban
en las inmediaciones del Filtro se originó en una orden impartida
desde Mesa Central de Jefatura, y de la que nadie se hizo responsable.
Casualmente en otras vísperas electorales, el viernes 8, Mesa Central
de Jefatura recibió una denuncia de que en las inmediaciones del
Palacio Legislativo había una refriega entre brigadas blancas y
socialistas; la denuncia afirmaba que los socialistas estaban armados con
pistolas 9 milímetros y revólveres 357. Por lo menos ocho
patrulleros y varias motocicletas de Granaderos cortaron el tránsito
en Avenida Agraciada y Avenida de las Leyes y, arma en mano, se abalanzaron
sobre un grupo de socialistas que custodiaban la pegatina de una de las
paredes del lugar. Un agente de policía, chofer de uno de los patrulleros,
visiblemente nervioso incrustó su revólver en el pecho de
uno de los jóvenes, mientras otros policías cacheaban a todos
los socialistas. Unos 20 pegatineros presuntamente blancos observaban el
procedimiento. La maniobra se frustró por las terminantes órdenes
de los responsables de la Departamental Socialista de no entrar en ninguna
provocación, provocación montada por un elegante señor
que había llegado a la zona en una cuatro por cuatro y había
dado indicaciones a los ocupantes de dos camionetas ubicadas en el estacionamiento
del anexo del Legislativo. Hasta ahora se desconoce quién formuló
la denuncia en Mesa Central sobre una refriega con armas con la que se
intentó provocar a efectos de que la Policía reprimiera.
LA CONSPIRACIÓN. Hay una lógica
de causa-efecto entre la propaganda que atribuye una violencia genética
a la izquierda y los actos violentos reales donde la izquierda pueda quedar
involucrada. El senador tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro había
alertado semanas atrás que "será derramado en este último
mes y medio un voluminoso montón de basura en forma rápida
y sucesiva como para no dar tiempo a responder". El ministro del Interior
Daniel Borrelli, preocupado por la escalada de incidentes en la campaña
electoral, deberá extremar medidas en otra dirección, porque
en el episodio del Palacio Legislativo quienes esgrimían armas y
estuvieron a punto de usarlas (hubo una sensata intervención de
un oficial) fueron policías nerviosos. Hasta donde se sabe, ni la
Policía ni las Fuerzas Armadas, institucionalmente, están
involucradas en una maniobra para generar hechos violentos. Pero sí
se sabe que instigados por operadores colorados, hay oficiales de la Policía
y generales en retiro que están sondeando sobre la posibilidad de
un pronunciamiento de los mandos para el caso de que se produzca una explosión
de violencia.
A mediados de setiembre el senador
Mujica había denunciado la realización de una reunión
"larga, de dos o tres días, en el este del país, de algunos
personajes de extrema derecha. Me consta que algún organismo de
seguridad tiene que saber". Los informes de inteligencia se refieren a
los contactos que han mantenido algunos de esos representantes de la "mano
de obra desocupada" en Buenos Aires con elementos que conspiran contra
el presidente Kirchner, información que la inteligencia policial
uruguaya habría recibido directamente de la central de inteligencia
argentina.
En el esquema, la provocación
corre a cargo de esos "profesionales" de la extrema derecha, bien infiltrándose
en algún acto, bien azuzando para un choque entre participantes
de distintas concentraciones. Pero se requiere, a efectos de consolidar
la atmósfera de terror, algún tipo de alerta institucional
de las Fuerzas Armadas, tal como pretenden los sondeos de los operadores
políticos.
Pero la maniobra no prospera: a pesar
de la influencia forista entre los altos mandos, los militares rechazan
de plano involucrarse en tal aventura. |