| La
República de Uruguay - 16 de Octubre de 2004
La biodiversidad:
una clave para alcanzar la seguridad
alimentaria mundial
826 millones
de personas padecen hambre
Hoy
se celebra el Día Mundial de la Alimentación. El director
general de la FAO, Jacques Diouf, afirmó que "la diversidad encierra
una de las claves para terminar con el hambre". El uso de los plaguicidas
es otro tema que preocupa a la FAO, al Pnuma, a la OMS y también
a la Unión de Trabajadores de la Alimentación y Afines.
Ayer en Roma se realizó el
evento anual que conmemoró este día que coincide con la fecha
de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en 1945. En este evento
anual la FAO, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(Pnuma) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidieron que
el eje de esta celebración versara sobre la consigna "la biodiversidad
al servicio de la seguridad alimentaria". El director general de la FAO,
doctor Jacques Diouf, señaló que "nuestro planeta abunda
en vida y es esta gran diversidad la que encierra una de las claves para
terminar con el hambre". Sin embargo añadió: "También
estamos dando un toque de alarma, porque aproximadamente tres cuartas partes
de la diversidad genética de los cultivos agrícolas se han
perdido a lo largo del siglo pasado. Tan sólo 12 cultivos y 14 especies
animales proporcionan ahora casi todos los alimentos del mundo".
Alimentación en Uruguay
LA REPUBLICA consultó a la
Regional Latinoamericana de la Unión Internacional de Trabajadores
de la Alimentación y Afines (REL-Uita), en particular a Leonardo
de León, director del departamento de Agroecología, quien
indicó tres ejes prioritarios a considerar en cuanto a la alimentación:
la calidad (sanidad de los mismos), la seguridad (principio que pretende
que toda la población goce del acceso a los alimentos) y la soberanía
(el derecho de cada pueblo a definir sus estrategias de producción,
distribución y consumo).
El director manifestó que
en Uruguay la soberanía alimentaria es casi inexistente, "dado que
recibimos inversiones de empresas multinacionales que deciden el uso de
la tierra, determinando qué plantar. Por ejemplo lo vemos en las
empresas forestales, en los transgénicos, etc. Además, en
el mundo existen 6.500 millones de habitantes, de los cuales 826 millones
de personas no tienen suficientes alimentos, y de ellos el 96% viven en
países en vías de desarrollo".
Asimismo, De León remarcó:
"No hay acceso a los alimentos porque los ingresos y los recursos productivos
no están equitativamente distribuidos". Por otra parte, consultado
ante la calidad alimentaria explicó que "en Uruguay no hay ningún
tipo de control en la residualidad de productos químicos en alimentos,
a pesar de que existen algunos mecanismos establecidos".
Por otra parte, se refirió
a un trabajo recientemente publicado por el Centro de Estudios Uruguayos
de Tecnologías Apropiadas (Ceuta), que señala que entre los
11 y 12 productos químicos de categoría 1, que son los considerados
altamente tóxicos, y que están prohibidos en otras partes
del mundo, en Uruguay se siguen utilizando. A su vez, enfatizó sobre
la necesidad de capacitación y control a la población y a
los directamente involucrados como los trabajadores rurales y pequeños
empresarios.
Uso de plaguicidas
Otro tema al que los organimos internacionales
han dedicado especial interés es a la incrementación de la
protección y conciencia respecto a la intoxicación en la
alimentación.
Según un informe conjunto
denominado "Intoxicación infantil por plaguicidas: información
para la promoción y la acción", los niños son quienes
corren mayores peligros frente a los plaguicidas porque el comportamiento
de los niños, el juego y el desconocimiento de los peligros incrementan
las posibilidades de entrar en contacto con las sustancias químicas.
La malnutrición y la deshidratación aumentan la sensibilidad
de los mismos a los plaguicidas. Actualmente, alrededor de 200 millones
de niños sufren de malnutrición.
Todos los años se registran
entre un millón y cinco millones de casos de intoxicación
por plaguicidas, con varios miles de muertes, niños incluidos. "Casi
todos los casos de intoxicación se presentan en las zonas rurales
de los países en desarrollo, donde la protección suele ser
inadecuada o inexistente. Aunque estos países utilizan el 25% de
la producción mundial de plaguicidas, en ellos se da el 99% de las
muertes por intoxicación con estas sustancias", añade el
informe.
Vías de contacto
La intoxicación por plaguicidas
puede darse por inhalación, consumo de alimentos o de líquidos,
o a través de la piel o de las mucosas. Los síntomas de intoxicación
aguda oscilan desde la fatiga, mareos, náusea y vómitos,
hasta efectos respiratorios y neurológicos que pueden poner en peligro
la vida. El contacto crónico e incluso de bajo nivel con los plaguicidas
se ha asociado al cáncer, a defectos de nacimiento y daños
del sistema nervioso y del endocrino.
La producción de alimentos
en suelos contaminados o cerca de éstos, utilizar agua contaminada
en los cultivos o para lavarse exponen en particular a las personas y a
los niños al peligro de intoxicación.
También cuando una mujer embarazada
entra en contacto con algún plaguicida, expone a su bebé
que está por nacer. Los niños pequeños pueden entrar
en contacto con plaguicidas persistentes y bioacumulativos a través
de la lactancia. Por lo tanto, es crucial proteger a las mujeres encinta
y lactantes contra el contacto con contaminantes químicos.
La pobreza, una causa
La pobreza puede exponer a los niños
a situaciones de gran peligro. En los hogares pobres, los niños
a menudo trabajan en la parcela de la familia, donde se utilizan plaguicidas.
Los usuarios de los plaguicidas, comprendidos los adolescentes, a veces
no tienen equipo de protección, como guantes y máscaras,
y no reciben capacitación. En consecuencia, a menudo aplican los
plaguicidas trabajadores jóvenes que lo hacen sin cuidado y sin
protección.
En muchos países en desarrollo,
la comercialización y la venta de plaguicidas no suele estar reglamentada
o es ilegal. Fórmulas con etiquetas que no consignan el contenido
real o sin etiqueta, incluso soluciones caseras y envasadas en botellas
de refrescos, se venden en puestos al aire libre. Los bajos precios de
venta al menudeo promueven la utilización de plaguicidas, pero la
falta de una legislación adecuada y de mecanismos para imponer su
cumplimiento no contribuye a combatir los peligros que representan estas
sustancias. |