| La
Jornada de México - 16 de Octubre de 2004
La nueva
misión crucial del Pentágono
Michael
T. Klare/I *
Vista en
retrospectiva desde el futuro, la guerra de Irak de 2003 -junto con otras
jugadas militares estadunidenses recientes por todo el mundo- aparece como
expresión natural de la Doctrina Carter, el único edicto
presidencial del periodo de la guerra fría que continúa
plenamente vigente. Es más, intento demostrar que la Doctrina Carter,
con 25 años de antigüedad, está adquiriendo mayor relevancia
como bosquejo de la expansión del poderío militar estadunidense
a otras regiones productoras de crudo del mundo. De la misma manera en
que su estrategia actual apela al uso de la fuerza militar para proteger
el flujo de energéticos procedentes del golfo Pérsico, extender
la Doctrina Carter justifica ahora acciones semejantes en la región
del Mar Caspio, en América Latina y en la costa occidental de Africa.
Lenta pero seguramente, los militares estadunidenses se convierten en un
servicio de protección del petróleo global.
Enunciada por el entonces presidente
Jimmy Carter, en enero de 1980, en un momento en que el posicionamiento
militar estadunidense estaba amenazado por la invasión soviética
de Afganistán y por la revolución islamita en Irán,
la doctrina en cuestión define el crudo del golfo Pérsico
como de "interés vital" para Estados Unidos, que debe ser defendido
"por cualquier medio necesario, incluida la fuerza militar". Tiempo después,
el presidente Ronald Reagan invocó este principio para justificar
la intervención estadunidense en la guerra entre Irak e Irán
de 1980-1988 (para garantizar la derrota de Irán). De nuevo, el
presidente George Bush I lo invocó para autorizar las acciones militares
contra Irak en 1991, durante la Guerra del Golfo. Reticente a invadir Irak
en ese momento, Bush I inició la "contención" de Irak (Bill
Clinton la perpetuó), creando así un brutal sistema de sanciones.
Luego, al percatarse de que este abordaje no produjo un "cambio de régimen"
en Bagdad, Bush II ordenó la invasión de 2003. Se inventaron
muchas razones para emprender el asalto a Irak pero, desde una perspectiva
histórica, es la evidente culminación de los pasos tomados
por Carter, Reagan, Bush I y Clinton, con el fin de asegurar la dominación
estadunidense de golfo Pérsico.
Conocer esta historia ayuda a clarificar
el debate de si la guerra contra Irak de 2003 fue o no provocada por la
avidez de crudo. Aunque el gobierno alegue que fue motivada principalmente
por su preocupación ante la amenaza militar que entrañaba
Saddam Hussein y no por el deseo de apoderarse del petróleo de Irak,
lo supuestamente amenazado por Hussein era el control permanente de Estados
Unidos sobre el golfo Pérsico, y ese control, desde tiempos de Carter,
es visto como esencial para el flujo ininterrumpido de petróleo
procedente del Pérsico. Entonces, desde un punto de vista geopolítico,
el petróleo estuvo en el corazón de la perspectiva gubernamental.
El vicepresidente Dick Cheney lo admitió desde agosto de 2002, cuando
dijo ante la convención de veteranos de guerra que Saddam debía
ser retirado del cargo porque, una vez que Irak se equipara con armas de
destrucción masiva, era probable que "buscara la dominación
de todo Medio Oriente, controlara una enorme porción de las reservas
energéticas mundiales y amenazara directamente a los amigos de Estados
Unidos en toda la región".
Este episodio de la historia nos
dice algo más que es importante: pese a lo ilegal y precipitado
de la invasión de Irak en 2003, las acciones de Bush son fundamentalmente
consistentes con la perspectiva geopolítica profesada por los presidentes
que lo antecedieron, demócratas y republicanos por igual. Fue el
presidente Carter quien primero articuló las razones estratégicas
para la acción militar en el golfo Pérsico, y fue Clinton
quien ordenó un aumento militar paulatino en la región que
hizo posible la operación Iraqi Freedom. Así que el
uso de la fuerza para garantizar el acceso estadunidense al petróleo
del golfo Pérsico no es una política de Bush II, no es en
sí misma una política republicana: es una política
estadunidense compartida por ambos partidos. Aun en el caso de que John
Kerry resultara electo, es muy probable que los elementos clave de esta
política continúen vigentes.
El proceso de militarizar el petróleo,
como política estadunidense, comenzó en 1980 cuando, al buscar
la instrumentación de su famoso edicto, el presidente Carter estableció
una fuerza de tarea conjunta de despliegue rápido, la Rapid Deployment
Joint Task Force (conocida por sus siglas en inglés como RDJTF),
y una red de instalaciones estadunidenses en la más amplia región
del golfo. Este proceso se aceleró en 1983 cuando el presidente
Reagan transformó la RDJTF en el Comando Central estadunidense (Centcom),
y le otorgó estatus como importante fuerza de combate unificado,
a semejanza del Comando Europeo (Eurcom), el Comando del Pacífico
(Pacom), el Comando del Sur (Southcom), todos fuerzas militares estadunidenses.
Aunque se le asignaron variadas obligaciones, la misión primordial
del Centcom es proteger el flujo de crudo, del golfo Pérsico a Estados
Unidos, y a sus aliados por todo el mundo.
Esta misión adquiere su expresión
más tajante en el testimonio presentado anualmente por el comandante
en jefe del Centcom ante los miembros del Congreso: "Los intereses vitales
de Estados Unidos en la región del golfo son de larga duración",
declaró en 1997 el general J. H. Binford Peay. "Debido a que más
de 65 por ciento de las reservas petroleras se localizan en las naciones
de la región del golfo Pérsico -de las cuales Estados Unidos
importa cerca de 20 por ciento para sus requerimientos, Europa occidental
43 por ciento y Japón 68 por ciento- la comunidad internacional
debe contar con libre y asegurado acceso a los recursos de dicha región".
El general Peay y sus sucesores han hablado de la amenaza que entrañan
los grupos terroristas en la región y de la necesidad de frenar
la proliferación de armas nucleares, pero la protección del
crudo del Pérsico continúa siendo su responsabilidad fundamental.
En la actualidad, la prioridad del
Centcom en Irak es derrotar a la insurgencia antiestadunidense que crece
por el país. Pero, siendo consistente con su misión histórica,
el Centcom protege los oleoductos, las refinerías y las instalaciones
de exportación de crudo por todo Irak. Aunque este esfuerzo no recibe
tanta atención en los medios como la guerra urbana en Bagdad y Najaf,
no es menos importante: al ser el petróleo la única fuente
significativa de ingresos, asegurar la exportación ininterrumpida
de petróleo es esencial para la supervivencia económica del
gobierno interino iraquí instalado por Estados Unidos. (Tan sólo
en la primera mitad de 2004, los ataques guerrilleros a los oleoductos
que surcan Irak privaron al gobierno interino de 200 millones de dólares
de ganancias perdidas, según lo declaró en junio el primer
ministro interino, Iyad Allawi (The New York Times, 6 de julio de
2004).
Casi todo el esfuerzo estadunidense
por proteger el petróleo en Irak se dedica a la protección
de los oleoductos y refinerías, en tierra. Las unidades del ejército,
con armamento pesado, patrullan las vitales líneas de abastecimiento
de petróleo de Kirkuk, en el norte, a la frontera con Turquía,
y la igualmente crítica ruta de tuberías que conecta Kirkuk
con Basora, en el sur. Pero las fuerzas de la guardia costera y la marina
estadunidenses también protegen las plataformas de carga en el mar,
que sirven para exportar el crudo iraquí por barco cruzando el golfo
Pérsico. "En el gran esquema de las cosas, tal vez no haya otro
sitio donde el despliegue de nuestras fuerzas armadas juegue un papel de
mayor importancia", afirmó el capitán Kurt Tidd, de la Quinta
Flota de Estados Unidos, al comentar su misión naval (The New
York Times, 6 de julio de 2004).
Por más mundanas que parezcan,
estas operaciones protectoras pueden ser en extremo azarosas. El 24 de
abril, dos atacantes suicidas se aproximaron, en un bote repleto de explosivos,
a una de las mayores plataformas de carga en el golfo. Una pequeña
embarcación de la marina estadunidense los interceptó, la
lancha de los atacantes estalló y tres estadunidenses -dos de la
marina y uno de la guardia costera- murieron al instante. Simbólicamente,
esta fue la primera baja de la guardia costera, en combate, desde la guerra
de Vietnam.
Aun en el caso de que los combates
en Irak se fueran apagando, el Centcom mantendrá una significativa
presencia militar estadunidense en el Pérsico y empleará
la fuerza cuando sea necesario para remontar los riesgos que entraña
el flujo libre de petróleo. Con Hussein en cautiverio e Irak bajo
control de las fuerzas de ocupación, se piensa que la más
fuerte amenaza a la dominación de Estados Unidos emana de Irán,
regido ahora por clérigos islamitas militantes. Los estrategas estadunidenses
están particularmente preocupados por la amenaza iraní en
el estrecho de Hormuz, el angosto paso que conecta el golfo Pérsico
con el océano Indico y con el resto del mundo. Con el fin de garantizar
que Irán no intente cerrar el estrecho, disparando a cuanto buque
tanque cruce -los iraníes tienen instaladas baterías de misiles
a todo lo largo de la costa norte del golfo-, las naves y aviones del Centcom
patrullan las aguas, diario, y se mantienen en alerta ante un posible choque
inmediato con fuerzas iraníes.
Pese al fiasco de Irak, entonces,
la Doctrina Carter continúa dominando la política estadunidense
en el área del golfo Pérsico. Es probable que las fuerzas
estadunidenses mantengan su despliegue en el área -arriesgando su
vida a diario- hasta que la última gota de crudo se extraiga de
la región.
Pero ésta es apenas la mitad
de la historia. A partir del gobierno de Clinton, la Doctrina Carter se
extiende a otras regiones productoras de petróleo del mundo, y ahora
cubre gran parte del planeta. Además de proteger el crudo del golfo,
las fuerzas del Centcom han asumido la responsabilidad de proteger las
existencias energéticas en Asia central y en la región del
Caspio; al mismo tiempo, las fuerzas del Eurcom ayudan a proteger los oleoductos
en la república de Georgia y las aguas costeras, ricas en crudo,
de África; el Pacom vigila los corredores petroleros del Mar del
Sur de China, y las tropas del Southcom ayudan en la protección
de los oleoductos en Colombia.
Traducción: Ramón Vera
Herrera
* Michael T. Klare es profesor de
estudios de paz y seguridad mundial en el Hampshire College de Amherst,
Massachussetts. Es autor de Blood and Oil: The Dangers and Consequences
of America's Growing Petroleum Dependency, Metropolitan Books |