-Ay, Volodia,
su voz es tan, tan baja que…
-Sí, yo debía haber
traído, al nacer, un micrófono orgánico incorporado.
-Aunque no sé. Porque la gente
que grita…
-Ay, no, yo no grito nunca.
-¿Y cuando se enoja?
-Nunca me enojo.
-¿Con Pinochet no está
enojado?
-¿Enojado? Pinochet es harina
de otro costal. Se trata de un monstruo disfrazado de hombre. Se constituyó
en autoridad suprema... y, como tal, dijo que en Chile no se movía
una hoja sin que él lo supiera.
-Sin embargo…
-Cuando le preguntaron por la "caravana
de la muerte" declaró que él sólo estaba dedicado
a cosas grandes como los diferendos con la Argentina. Él no se ocupaba
de cosas chicas. Cosas chicas eran los muertos.
-¿Quién podía
si no él haber ordenado a la caravana a hacer lo que hizo?
-Claro, salió el helicóptero
al mando del Puma y así fue llegando a pueblos y ciudades donde
ordenaba matar a los presos políticos. La caravana llevaba, incluso,
una orden de apresurar los procesos, escrita por Pinochet.
-Apresurar significaba matar.
-Sí, él quería
que se acabara ya con determinada gente. Después del golpe se constituyeron
los tribunales militares que detuvieron, por alta traición, a políticos
y, en general, gente connotada. Las sentencias eran relativamente benévolas.
Los jueces militares venían del período anterior.
-¿De Allende?
-Sí, no es que fueran allendistas,
pero eran militares profesionales que además sabían que esa
gente a la que se debía condenar no había cometido delitos.
Llegó entonces la caravana, y resolvieron rápido el problema:
los mataron a todos.
-¿Cómo se sintió
usted cuando retuvieron en Londres a Pinochet?
-Ese fue para mí un período
de gran felicidad. En ese momento no había, en Chile, ninguna posibilidad
de que lo juzgaran. Fue el mundo que lo juzgó.
-Él no esperaba que los ingleses
lo retuvieran. Había sido su aliado durante la guerra de las Malvinas.
-Sí. Los aviones ingleses
aterrizaban en tierras chilenas, en Magallanes.
-Y ahora tenemos un nuevo golpe a
Pinochet con el descubrimiento de su cuantiosa fortuna.
-Tiene muchos millones de dólares
en operaciones ocultas. Se está investigando. Antes de morir quiso
dejar arreglados a su mujer y a sus hijos.
-A pesar de todo, muchos todavía
lo apoyan en Chile.
-Sí, es así. Pero,
también muchos quieren que siga viviendo para que vaya recibiendo
en vida el castigo que merece.
-Usted ha escrito unas cuantas biografías,
siempre de poetas. ¿Será porque la poesía es más
reveladora del carácter del escritor que la novela o el cuento?
-Yo, cuando joven, empecé
escribiendo poesía. Incluso con otro muchacho, Eduardo Anguita,
que tenía 18 años, publicamos en 1935 una antología
de poesía chilena, que hoy se sigue vendiendo.
-¿Después de 70 años?
-Era una antología iconoclasta
que se proponía derribar a todos los consagrados del momento para
así dar nacimiento a una nueva época. Eran los tiempos de
la vanguardia europea. Muchos debían quedar afuera, Gabriela Mistral
por ejemplo.
-No eran tímidos.
-Éramos unos insolentes que
decidíamos la suerte de los poetas chilenos. Este libro generó
la más palabreada polémica literaria del siglo XX en Chile.
En ella participaron Neruda, que estaba en Europa, Vicente Huidobro, Pablo
de Rokha. Gente que luchaba por la corona mundial de la poesía.
En fin, una cosa provinciana del último país del mapa. A
esta pasión nuestra por levantar a los renovadores se unía
la pasión por la revolución política. La utopía
era completa.
-¿Qué decía
Neruda?
-Él contestó, desde
España, con un poema muy subido de tono que se llamaba "Aquí
estoy". Él no solía atacar, pero cuando era atacado respondía
con mucha violencia.
-¿Ustedes lo habían
atacado?
-No, él había sido
incluido. Yo le había escrito diciéndole que una antología
de la poesía chilena sin él sería un fraude. Quienes
lo habían atacado en esa discusión que se armó eran
Huidobro y Rokha. Rokha llegó a escribir un libro de 400 páginas
que se llamó Neruda y yo. Era dramático.
-Gabriela Mistral lo había
conocido en Temuco, donde ella vivía. Cuéntenos de ese encuentro.
-Ella era directora del liceo de
niñas. Había llegado de Magallanes. Neruda todavía
no era Neruda sino Neftalí Reyes, un muchachito esmirriado, de piel
oscura, de provincia sureña, llovida y abandonada. Ella se había
ya revelado como poeta en un concurso, en 1914, donde triunfó con
sus Sonetos de la muerte, una gran poesía. Neruda llegó a
su casa y quien lo atendió le dijo que Gabriela no podía
recibirlo, pues estaba enferma. Fue tal la expresión de desconsuelo
en el joven que quien lo atendió le pidió que le dijera qué
deseaba. Él respondió que traía unos versos. Ella
entonces le dijo que si se los dejaba tal vez ella podría verlos.
Que volviera en unas horas. Cuando Neruda volvió Gabriela en persona
lo atendió: "Me he mejorado -le dijo- al leer sus versos, porque
tengo la seguridad de que aquí hay un poeta de verdad". Y luego:
"Una afirmación de esta naturaleza no la he hecho nunca antes".
-Neruda tenía…
-Neruda era un niño de 15
años.
-¿Cómo la había
conocido Neruda?
-Gabriela era muy conocida en todo
Chile por sus poesías para niños.
-Acá -por lo menos los niños
de mi generación- todos conocíamos a Gabriela. Me sorprendió
tremendamente, entonces, descubrir la Gabriela real en el libro que usted
le dedica. Su encierro, su desconfianza del mundo que la rodea, y sobre
todo su manera de amar. Sus amores imposibles, su rechazo a la relación
sexual unido a enamoramientos sin límites. "Te besaré hasta
fatigarte la boca." Creo que sólo puede compararse a los místicos
Santa Teresa, San Juan de la Cruz, que amaban a Jesús de manera
tan carnal como imposible de realización. Descubrir a esa Gabriela,
en su libro, me llevó a aquellas frescas poesías de Gabriela
que conocemos de la escuela. Cuánta contradicción, dos mundos.
-Sí, dos mundos. Dos partes
de su ser. Seguramente sinceras, pero muy contradictorias. Gabriela es
una persona contradictoria, enigmática. Creo que todavía
no ha sido realmente descubierta. El libro yo lo escribí un poco
para pagar la penitencia, por arrepentimiento de haberla excluido durante
tantos años. Pero también para enfrentar y poner en discusión
la imagen que existía sobre ella. Madre de todos los niños,
matrona dulce.
-Resulta difícil de aceptar
su desconfianza de quienes la rodean.
-Ella tuvo muchas dificultades en
su existencia. Nació en una última aldea, en una familia
definitivamente pobre. Su padre los abandonó cuando ella tenía
4 o 5 años. Aprendió de una hermanastra que tenía
y mucho de su madre, analfabeta, pero con gran sabiduría campesina.
Si vemos las circunstancias de su vida es fácil ver que estaba condenada
a no salir de allí. Pero ella leía, leía, leía
y soñaba que la lectura podría llevarla a otra parte. Era
una rebelde, tenía ideas en defensa de la mujer de aquel tiempo
-principio del siglo XX-, las incitaba a conquistar sus derechos. Quiso
entrar a la escuela normal pero la rechazaron. No podía ser profesora
porque no tenía ideas congruentes con el medio.
-Tal vez sí en lo religioso.
Era muy católica.
-Sí, pero decía que
no necesitaba a los curas porque tenía comunicación directa
con Dios.
-Bueno, esas palabras también
la acercan a los místicos. Permiten entender mejor su conducta en
la relación de amor.
-Sí, así es. Ella es
una mujer con una vida muy dramática. Empecemos por la infancia,
donde vivió una experiencia tremendamente traumática, una
violación que sin duda la marcó muy profundamente.
-Tal vez nunca más se relacionó
sexualmente con nadie. Lo pienso porque siempre tuvo amores imposibles.
-Amores en que la imposibilidad la
marcaba ella. Siempre.
-En su libro aparece -en una frase-
lo que ella piensa del sexo, "Rechazo las infernales alianzas de la carne".
-En algún momento dice que
tiene imágenes de Cristo y que de pronto ese Cristo se transforma
en el hombre amado.
-Buena manera de confirmar la imposibilidad
de la relación carnal. ¿Qué piensa del hijo que ella
dice haber adoptado mientras está en Europa? Muchos biógrafos
consideran que es realmente su hijo.
-No, yo no lo creo. No creo que ella
haya tenido nunca relaciones sexuales después de aquel episodio
de la infancia. En fin, es un personaje dramático que pagó
con tragedia. Y cuando la gente empezó a murmurar sobre ella, nunca
olvidó y nunca perdonó. Se exilió de Chile en 1921.
A esta altura de la entrevista, Oscar
Bonilla, el fotógrafo, a veces tábano obsesivo, se puso de
pie y sin mirarme, porque sabía que le pediría calma por
un rato más, empezó a girar en torno al entrevistado a quien
miraba a través de los lentes de su máquina. Se hizo silencio.
Volodia Teitelboim un manso, sonriente silencio. Yo, un silencio fastidiado
pero respetuoso. La imagen había barrido sin piedad a la palabra.
Finalmente Bonilla volvió
a su asiento. "¿Tenés que irte ya?", le pregunté .
"No, quise terminar el trabajo para escucharlo tranquilo", dijo con la
más inocente y satisfecha de las sonrisas. Y luego:
-Volodia, usted, según creo,
estuvo en la primera asunción del Frente al gobierno municipal.
-Sí, estuve. Vino una delegación
de parlamentarios chilenos. Yo era senador en ese tiempo. Eso me permitió
escuchar a vuestro futuro intendente en su discurso de asunción.
Ese discurso no se me olvida. Fue notabilísimo. Serio, claro, y
tan representativo de las esperanzas de un pueblo. Hoy, con las noticias
que llegan de Uruguay, estamos muy entusiasmados en Chile.
-¿No se quedará hasta
el 31?
-No puedo. Ese mismo día tenemos
elecciones municipales, que se realizan con un régimen electoral
oprobioso, perverso. El sector que tiene un tercio más uno, o sea
el 34 por ciento, elige el mismo número de representantes que el
sector que tiene dos tercios menos uno, o sea el 65 por ciento. Este triunfo
de los enemigos de Pitágoras obliga a aceptar que 34 es igual a
65. Los pinochetistas han mantenido el poder. En tales elecciones el pueblo
queda excluido. En este momento, por primera vez, se está discutiendo
esto y otras cosas, por primera vez en 17 años. Esta modificación
permitirá remover a los comandantes en jefe y también terminar
con los senadores designados de por vida. El problema es que el sistema
electoral no ha sido tocado porque la derecha jamás acepta que lo
toquen. Y para modificarlo se necesitan unos quórums, puestos por
ellos, que son inalcanzables.
-¿Pinochet tiene aún
poder?
-Pinochet está hecho una piltrafa,
pero el pinochetismo es muy fuerte todavía. Incluso aspira a la
presidencia de la República.
-¿Es posible que, como dijo
un diputado, los marginados alcancen en Chile a un tercio de la población,
es decir a 5 millones?
-Depende del concepto de marginación,
pero yo creo que el pueblo de verdad está marginado. Es como una
especie de muerte civil, mientras la herencia de Pinochet está intacta.
Pueden elegirse diputados, senadores, incluso gente de la antigua izquierda
que estuvo al lado de Salvador Allende. Pero hay cosas que no pueden ser
tocadas. El sistema económico -de un neoliberalismo total- es sagrado.
En cuanto a los medios de comunicación, no hay ninguno que sea de
izquierda, ni siquiera progresista de centro. Son grandes cadenas, en manos
de la derecha, que conforman la opinión pública a través
de muchos años. El país está en una especie de transición
perpetua. No se ha recuperado. Nada se ha recuperado. No hablo del tiempo
de Allende sino de lo que tuvimos antes de Allende.
-Hay algo, sin embargo, que muchos
destacan, que traen como ejemplo de neoliberalismo exitoso: su productividad.
Sin embargo si pensamos en el número de marginados…
-Chile está en las listas
que se publican en Wall Street entre los países productivos. Pero
Chile es un país muy desigual. Y cada día el abismo entre
ricos y pobres se profundiza más.