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22 de Octubre de 2004
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Brecha de Uruguay - 22 de Octubre de 2004

Volodia Teitelboim y sus dos utopías

El agua de la memoria (I)
 

Amigo de Pablo Neruda y de Salvador Allende, biógrafo de los grandes poetas de su patria, activista de la izquierda chilena desde la adolescencia, Volodia Teitelboim -con motivo del centenario de Neruda- estuvo en Montevideo.
María Esther Gilio
-Ay, Volodia, su voz es tan, tan baja que…

-Sí, yo debía haber traído, al nacer, un micrófono orgánico incorporado.

-Aunque no sé. Porque la gente que grita…

-Ay, no, yo no grito nunca.

-¿Y cuando se enoja?

-Nunca me enojo.

-¿Con Pinochet no está enojado?

-¿Enojado? Pinochet es harina de otro costal. Se trata de un monstruo disfrazado de hombre. Se constituyó en autoridad suprema... y, como tal, dijo que en Chile no se movía una hoja sin que él lo supiera.

-Sin embargo…

-Cuando le preguntaron por la "caravana de la muerte" declaró que él sólo estaba dedicado a cosas grandes como los diferendos con la Argentina. Él no se ocupaba de cosas chicas. Cosas chicas eran los muertos.

-¿Quién podía si no él haber ordenado a la caravana a hacer lo que hizo?

-Claro, salió el helicóptero al mando del Puma y así fue llegando a pueblos y ciudades donde ordenaba matar a los presos políticos. La caravana llevaba, incluso, una orden de apresurar los procesos, escrita por Pinochet.

-Apresurar significaba matar.

-Sí, él quería que se acabara ya con determinada gente. Después del golpe se constituyeron los tribunales militares que detuvieron, por alta traición, a políticos y, en general, gente connotada. Las sentencias eran relativamente benévolas. Los jueces militares venían del período anterior.

-¿De Allende?

-Sí, no es que fueran allendistas, pero eran militares profesionales que además sabían que esa gente a la que se debía condenar no había cometido delitos. Llegó entonces la caravana, y resolvieron rápido el problema: los mataron a todos.

-¿Cómo se sintió usted cuando retuvieron en Londres a Pinochet?

-Ese fue para mí un período de gran felicidad. En ese momento no había, en Chile, ninguna posibilidad de que lo juzgaran. Fue el mundo que lo juzgó.

-Él no esperaba que los ingleses lo retuvieran. Había sido su aliado durante la guerra de las Malvinas.

-Sí. Los aviones ingleses aterrizaban en tierras chilenas, en Magallanes.

-Y ahora tenemos un nuevo golpe a Pinochet con el descubrimiento de su cuantiosa fortuna.

-Tiene muchos millones de dólares en operaciones ocultas. Se está investigando. Antes de morir quiso dejar arreglados a su mujer y a sus hijos.

-A pesar de todo, muchos todavía lo apoyan en Chile.

-Sí, es así. Pero, también muchos quieren que siga viviendo para que vaya recibiendo en vida el castigo que merece.

-Usted ha escrito unas cuantas biografías, siempre de poetas. ¿Será porque la poesía es más reveladora del carácter del escritor que la novela o el cuento?

-Yo, cuando joven, empecé escribiendo poesía. Incluso con otro muchacho, Eduardo Anguita, que tenía 18 años, publicamos en 1935 una antología de poesía chilena, que hoy se sigue vendiendo.

-¿Después de 70 años?

-Era una antología iconoclasta que se proponía derribar a todos los consagrados del momento para así dar nacimiento a una nueva época. Eran los tiempos de la vanguardia europea. Muchos debían quedar afuera, Gabriela Mistral por ejemplo.

-No eran tímidos.

-Éramos unos insolentes que decidíamos la suerte de los poetas chilenos. Este libro generó la más palabreada polémica literaria del siglo XX en Chile. En ella participaron Neruda, que estaba en Europa, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha. Gente que luchaba por la corona mundial de la poesía. En fin, una cosa provinciana del último país del mapa. A esta pasión nuestra por levantar a los renovadores se unía la pasión por la revolución política. La utopía era completa.

-¿Qué decía Neruda?

-Él contestó, desde España, con un poema muy subido de tono que se llamaba "Aquí estoy". Él no solía atacar, pero cuando era atacado respondía con mucha violencia.

-¿Ustedes lo habían atacado?

-No, él había sido incluido. Yo le había escrito diciéndole que una antología de la poesía chilena sin él sería un fraude. Quienes lo habían atacado en esa discusión que se armó eran Huidobro y Rokha. Rokha llegó a escribir un libro de 400 páginas que se llamó Neruda y yo. Era dramático.

-Gabriela Mistral lo había conocido en Temuco, donde ella vivía. Cuéntenos de ese encuentro.

-Ella era directora del liceo de niñas. Había llegado de Magallanes. Neruda todavía no era Neruda sino Neftalí Reyes, un muchachito esmirriado, de piel oscura, de provincia sureña, llovida y abandonada. Ella se había ya revelado como poeta en un concurso, en 1914, donde triunfó con sus Sonetos de la muerte, una gran poesía. Neruda llegó a su casa y quien lo atendió le dijo que Gabriela no podía recibirlo, pues estaba enferma. Fue tal la expresión de desconsuelo en el joven que quien lo atendió le pidió que le dijera qué deseaba. Él respondió que traía unos versos. Ella entonces le dijo que si se los dejaba tal vez ella podría verlos. Que volviera en unas horas. Cuando Neruda volvió Gabriela en persona lo atendió: "Me he mejorado -le dijo- al leer sus versos, porque tengo la seguridad de que aquí hay un poeta de verdad". Y luego: "Una afirmación de esta naturaleza no la he hecho nunca antes".

-Neruda tenía…

-Neruda era un niño de 15 años.

-¿Cómo la había conocido Neruda?

-Gabriela era muy conocida en todo Chile por sus poesías para niños.

-Acá -por lo menos los niños de mi generación- todos conocíamos a Gabriela. Me sorprendió tremendamente, entonces, descubrir la Gabriela real en el libro que usted le dedica. Su encierro, su desconfianza del mundo que la rodea, y sobre todo su manera de amar. Sus amores imposibles, su rechazo a la relación sexual unido a enamoramientos sin límites. "Te besaré hasta fatigarte la boca." Creo que sólo puede compararse a los místicos Santa Teresa, San Juan de la Cruz, que amaban a Jesús de manera tan carnal como imposible de realización. Descubrir a esa Gabriela, en su libro, me llevó a aquellas frescas poesías de Gabriela que conocemos de la escuela. Cuánta contradicción, dos mundos.

-Sí, dos mundos. Dos partes de su ser. Seguramente sinceras, pero muy contradictorias. Gabriela es una persona contradictoria, enigmática. Creo que todavía no ha sido realmente descubierta. El libro yo lo escribí un poco para pagar la penitencia, por arrepentimiento de haberla excluido durante tantos años. Pero también para enfrentar y poner en discusión la imagen que existía sobre ella. Madre de todos los niños, matrona dulce.

-Resulta difícil de aceptar su desconfianza de quienes la rodean.

-Ella tuvo muchas dificultades en su existencia. Nació en una última aldea, en una familia definitivamente pobre. Su padre los abandonó cuando ella tenía 4 o 5 años. Aprendió de una hermanastra que tenía y mucho de su madre, analfabeta, pero con gran sabiduría campesina. Si vemos las circunstancias de su vida es fácil ver que estaba condenada a no salir de allí. Pero ella leía, leía, leía y soñaba que la lectura podría llevarla a otra parte. Era una rebelde, tenía ideas en defensa de la mujer de aquel tiempo -principio del siglo XX-, las incitaba a conquistar sus derechos. Quiso entrar a la escuela normal pero la rechazaron. No podía ser profesora porque no tenía ideas congruentes con el medio.

-Tal vez sí en lo religioso. Era muy católica.

-Sí, pero decía que no necesitaba a los curas porque tenía comunicación directa con Dios.

-Bueno, esas palabras también la acercan a los místicos. Permiten entender mejor su conducta en la relación de amor.

-Sí, así es. Ella es una mujer con una vida muy dramática. Empecemos por la infancia, donde vivió una experiencia tremendamente traumática, una violación que sin duda la marcó muy profundamente.

-Tal vez nunca más se relacionó sexualmente con nadie. Lo pienso porque siempre tuvo amores imposibles.

-Amores en que la imposibilidad la marcaba ella. Siempre.

-En su libro aparece -en una frase- lo que ella piensa del sexo, "Rechazo las infernales alianzas de la carne".

-En algún momento dice que tiene imágenes de Cristo y que de pronto ese Cristo se transforma en el hombre amado.

-Buena manera de confirmar la imposibilidad de la relación carnal. ¿Qué piensa del hijo que ella dice haber adoptado mientras está en Europa? Muchos biógrafos consideran que es realmente su hijo.

-No, yo no lo creo. No creo que ella haya tenido nunca relaciones sexuales después de aquel episodio de la infancia. En fin, es un personaje dramático que pagó con tragedia. Y cuando la gente empezó a murmurar sobre ella, nunca olvidó y nunca perdonó. Se exilió de Chile en 1921.

A esta altura de la entrevista, Oscar Bonilla, el fotógrafo, a veces tábano obsesivo, se puso de pie y sin mirarme, porque sabía que le pediría calma por un rato más, empezó a girar en torno al entrevistado a quien miraba a través de los lentes de su máquina. Se hizo silencio. Volodia Teitelboim un manso, sonriente silencio. Yo, un silencio fastidiado pero respetuoso. La imagen había barrido sin piedad a la palabra.

Finalmente Bonilla volvió a su asiento. "¿Tenés que irte ya?", le pregunté . "No, quise terminar el trabajo para escucharlo tranquilo", dijo con la más inocente y satisfecha de las sonrisas. Y luego:

-Volodia, usted, según creo, estuvo en la primera asunción del Frente al gobierno municipal.

-Sí, estuve. Vino una delegación de parlamentarios chilenos. Yo era senador en ese tiempo. Eso me permitió escuchar a vuestro futuro intendente en su discurso de asunción. Ese discurso no se me olvida. Fue notabilísimo. Serio, claro, y tan representativo de las esperanzas de un pueblo. Hoy, con las noticias que llegan de Uruguay, estamos muy entusiasmados en Chile.

-¿No se quedará hasta el 31?

-No puedo. Ese mismo día tenemos elecciones municipales, que se realizan con un régimen electoral oprobioso, perverso. El sector que tiene un tercio más uno, o sea el 34 por ciento, elige el mismo número de representantes que el sector que tiene dos tercios menos uno, o sea el 65 por ciento. Este triunfo de los enemigos de Pitágoras obliga a aceptar que 34 es igual a 65. Los pinochetistas han mantenido el poder. En tales elecciones el pueblo queda excluido. En este momento, por primera vez, se está discutiendo esto y otras cosas, por primera vez en 17 años. Esta modificación permitirá remover a los comandantes en jefe y también terminar con los senadores designados de por vida. El problema es que el sistema electoral no ha sido tocado porque la derecha jamás acepta que lo toquen. Y para modificarlo se necesitan unos quórums, puestos por ellos, que son inalcanzables.

-¿Pinochet tiene aún poder?

-Pinochet está hecho una piltrafa, pero el pinochetismo es muy fuerte todavía. Incluso aspira a la presidencia de la República.

-¿Es posible que, como dijo un diputado, los marginados alcancen en Chile a un tercio de la población, es decir a 5 millones?

-Depende del concepto de marginación, pero yo creo que el pueblo de verdad está marginado. Es como una especie de muerte civil, mientras la herencia de Pinochet está intacta. Pueden elegirse diputados, senadores, incluso gente de la antigua izquierda que estuvo al lado de Salvador Allende. Pero hay cosas que no pueden ser tocadas. El sistema económico -de un neoliberalismo total- es sagrado. En cuanto a los medios de comunicación, no hay ninguno que sea de izquierda, ni siquiera progresista de centro. Son grandes cadenas, en manos de la derecha, que conforman la opinión pública a través de muchos años. El país está en una especie de transición perpetua. No se ha recuperado. Nada se ha recuperado. No hablo del tiempo de Allende sino de lo que tuvimos antes de Allende.

-Hay algo, sin embargo, que muchos destacan, que traen como ejemplo de neoliberalismo exitoso: su productividad. Sin embargo si pensamos en el número de marginados…

-Chile está en las listas que se publican en Wall Street entre los países productivos. Pero Chile es un país muy desigual. Y cada día el abismo entre ricos y pobres se profundiza más.

 
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