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18 de Octubre de 2004
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Estrella Digital de España - 18 de Octubre de 2004

Cuba como excusa

Fernando González Urbaneja
Aznar hizo del aislamiento de Castro uno de los ejes de su política exterior, coherente con la política de acercamiento al Gobierno norteamericano, y a su estrategia de bloqueo, animada, entre otros, por el exilio cubano y su fuerza electoral en Florida. Pero tienen sentido las razones de quienes dicen que el bloqueo puede que beneficie más a Castro que a sus adversarios; que perjudica a los cubanos y da argumentos, falaces aunque argumentos, al castrismo. Los gobiernos socialistas españoles (Felipe González) y también la Unión Europea son críticos con el castrismo (González lo es con especial énfasis por conocimiento del personaje) pero proponen otra estrategia. Aznar no se recató frente a Castro hasta construir una profunda antipatía y ahora promueve denuncias decididas contra ese régimen. Está en su derecho de hacerlo, especialmente desde su plataforma actual, sobre todo porque el castrismo es despreciable.

Pero caben muchos matices en política exterior. La posición de España en Cuba es relevante desde hace décadas y colocar al Estado en una confrontación diplomática permanente puede que no sea ni eficaz, ni inteligente. La posición frente a Castro tiene efectos secundarios en el resto de la política exterior latinoamericana, que en estos momentos debe ser preferente para el Gobierno español por los intereses que comporta.

El Gobierno Zapatero está rectificando la estrategia exterior del Gobierno anterior también en el caso cubano. Algunos dirán que tiende al apaciguamiento y otros al realismo y al pragmatismo. Los populares han decidido poner cerco a ese giro, con un apoyo cerrado a los disidentes y con gestos activos de desafío a Castro. El viaje de Moragas iba en ese sentido y ha tenido éxito. Los cubanos le han otorgado todo el protagonismo con la negativa a entrar y con una detención durante unas horas en el aeropuerto de La Habana para luego devolverle al avión a la fuerza. Y el Gobierno Zapatero no puede pasar página, tiene que protestar y enfriar su estrategia de relación con La Habana.

Puede que sea inevitable utilizar la política exterior como arma de confrontación para hacer política interior, pero puede que no sea el mejor camino. Los dos últimos lances del PP con respecto a las actitudes del embajador norteamericano en Madrid y con el viaje de Moragas reciben aplauso y jaleo de una parte de su parroquia, pero quizá no es la mejor tarjeta de visita para ensanchar la base electoral. Apoyando a Argyros, ese señor que tras más de tres años en Madrid como embajador de su país (uno de los primeros del mundo por comunidad hispánica) aún no chapurrea el español, no se gana posición interna. Y con respecto a Cuba, la posición oficial requiere una buena mezcla de habilidad y firmeza. Zapatero no ha tenido aún ocasión de confrontarse con Castro, tendrá que hacerlo, y lo que haga será analizado con detalle. Pero para el PP hacer del anticastrismo señal de identidad frente a los socialistas puede traer más inconvenientes que ventajas.

FG.urbaneja@terra.es

 
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