El
caso de Augusto Pinochet es un paradigma. Su apellido resume muchos tiempos
malos y muchas sensaciones desagradables. Militar, golpista, asesino, dictador,
hombre de dinero, padre de un traficante de automóviles, político
latinoamericano, amigo de la dama de hierro, protegido del Vaticano
y, finalmente, viejo, y quizás portador de "demencia moderada".
Su vida expone también muchas
de las caras actuales de la humanidad y de las desventuras de nuestro tiempo:
nada puede la justicia. Pinochet morirá víctima de la edad,
y quizás fingiendo ser presa de demencia senil. Pinochet morirá
sin haber asumido ninguna responsabilidad por las 20 mil víctimas
enterradas durante su régimen.
El ex dictador es uno de los paradigmas
más impresionantes de nuestros tiempos. Es uno de los ejemplos vivos
cuya participación en la caravana de la muerte es innegable.
Es uno de los ejemplos vivos cuyo destino, a pesar de que todos saben que
fue y es asesino -nunca se deja de ser asesino- goza de la inmunidad que
le regala el gobierno y de la protección que le brindan sus neuronas
muertas. Como caso médico también es paradigmático.
La opinión contradictoria de dos doctores sobre la función
cerebral del ex dictador ilustra los juegos que hacen los sistemas de justicia.
Para los neurólogos asignados
por la justicia chilena, el daño cerebral que padece el ex dictador
le impide enfrentarse a un juicio, pues su enfermedad tiene carácter
irreversible. Agregan que la conducta de Pinochet "apunta a que no simuló
respuestas equivocadas" y que "es totalmente dependiente para vestirse
y realizar su aseo personal".
En cambio, el galeno nombrado por
los querellantes concluyó que las alteraciones detectadas, así
como el resultado de la tomografía del cerebro "no constituyen un
cuadro demencial" por lo que, a su juicio, Pinochet "es competente para
comprender, discriminar, decidir, informar y defenderse de posibles cargos".
Por lo tanto, tiene la capacidad para afrontar un juicio.
A Pinochet se le han realizado tomografías
desde 1995. Nueve años han transcurrido desde entonces. Según
los doctores gobiernistas, las tomografías muestran un "significativo
aumento de la atrofia", lo que implica que su condición mental no
le permite responder adecuadamente. Lo cierto es que si se practican esos
estudios a octogenarios, la mayoría presenta ese tipo de deterioro
radiológico. Ese daño, hay que subrayarlo, no necesariamente
se concatena con las funciones intelectuales. No dudo que muchos de nuestros
políticos, incluso 30 años menores que don Augusto, tengan
atrofia cerebral sin evidencias radiológicas y sigan laborando como
presidentes o, al menos, como ministros.
Las opiniones del neurólogo
y de los abogados querellantes difieren de las de los galenos gobiernistas.
Ellos aseveran que Pinochet "continúa con una vida donde los
elementos de adaptación, autogestión, participación
y funcionamiento no presentan cambio notable, salvo, a veces, el de movilidad".
Así las cosas, el caso Pinochet
es también un ejemplo -un paradigma- de lo que puede suceder con
las opiniones médicas cuando dependen de "las voces" de la autoridad
o, por el contrario, cuando son libres: demencia senil versus vejez
funcional. Qué distantes los tiempos de la caravana de la muerte.
Cuán lejana la fuerza del ex dictador. Qué paradigmática
la justicia encargada de valorar a Pinochet.
Platón, si pudiese opinar
sobre el significado del paradigma Pinochet, diría, quizás,
que las gentes perversas -Pinochet y quienes lo encubren- siguen un modelo
que es la perversidad: avalar los asesinatos, impedir la justicia. Para
Platón, el término paradigma tenía muchas acepciones.
Consideraba que el ejemplo no es un "mero ejemplo", sino algo "ejemplar"
que sirve de modelo. De no enjuiciarse al militar, sus acciones se convertirán
en una conducta ejemplar y, por ende, siguiendo a Platón, en un
modelo. Es decir, la realidad corrupta vence a la realidad humana, y la
realidad y el poder que aún ostenta el militar derrotan a la justicia
chilena. Pinochet, entonces, se convierte en escuela a seguir: ¿cómo
decir a los nuevos genocidas que la justicia, la moral y los castigos existen?
Es muy probable que don Augusto muera
víctima de la edad. Es muy improbable que la justicia, como ha hecho
desde 2001 cuando regresó cobijado por la Iglesia y la benevolencia
británica, haga justicia. La "demencia moderada" de Pinochet, entrecomillada
y cuestionada por los médicos independientes, avalada y auspiciada
por la justicia chilena, le impedirá declarar. Cuando fallezca Pinochet,
alejado de los tribunales y de los deudos que claman justicia, la muerte,
la muerte por causa naturales, será para él, y para sus allegados,
un gran triunfo.