El
otro día mientras rastreaba en internet los resultados de las últimas
encuestas para las elecciones presidenciales del 31 octubre en Uruguay,
de pronto, y al ver las cifras que ubican a la izquierda uruguaya unificada
en el Frente Amplio, con una intención de voto de entre el 48 y
51 por ciento, comenzaron a surgir los recuerdos.
Es difícil recordar cuando
a uno le invade la emoción de la historia, y las caras de tantos
y tantas que quedaron por el camino. ¿Cómo lograr que la
memoria no se tiña de gris? ¿Cómo hacer que esa alegría
de los números de las encuestas electorales no se diluya en la mirada
hacia el pasado? ¿Cómo olvidar el pasado? ¿Cómo
proyectar el futuro? Sin embargo, y a medida que transcurrían los
minutos me fui dando cuenta que era imposible separarlos, que las imágenes
de un triunfo de la izquierda en octubre serán parte de las otras
y las otras de estas, y estas y las otras de la que vendrán.
Alguien dijo por ahí que para
estar alegre es menester haber estado herido, no sé pero sí
sé que para llegar a esta realidad de hoy la izquierda uruguaya
sufrió la persecución, la muerte, el exilio, la cárcel.
Los militares y sus amigos civiles, que asaltaron el poder en 1973, creyeron
que la muerte podría desaparecer a la izquierda uruguaya, y lo que
es peor que el miedo podría sacarla del pensamiento de la juventud
que iba naciendo a la vida política. Ni una ni otra. También
pensaron que la tortura sistemática a los nueve rehenes que tuvieron
sepultados en vida durante once años, podrían destruir sus
decires y pensares. Se equivocaron.
Cuando Raúl Sendic, uno de
los rehenes, salió de la cárcel, su pensamiento apostó
a la conformación de un Frente Grande que fuera más allá
del Frente Amplio e incluyera a todos los progresistas del país.
"Frente Grande una respuesta del pueblo": las paredes de Montevideo tapizadas
con esa frase no me dejan mentir.
Hay tres personajes que marcaron
la historia del siglo XX uruguayo: José Batlle y Ordoñez
porque supo ver la necesidad de reforzar el Estado para lograr políticas
y leyes sociales, industrializar el país para levantarlo y decirle
a la Iglesia que se dedique a salvar almas si es que podía hacerlo;
Aparicio Saravia, porque dio el toque de atención sobre el olvido
en que quedaba el campo con el proyecto batllista y Raúl Sendic
por rescatar ese Uruguay de los cañeros, los arroceros, los otros,
y mostrar la decadencia de la "Suiza de América".
Sepultado en vida durante sus años
de prisión supo escribir en hojillas de cigarrillos ensayos sobre
economía que pocas personas lo podían haber hecho en esas
condiciones. Al salir de la cárcel se dedicó a investigar
y escribir sobre temas económicos que hoy están en la discusión
de los economistas. Las cartas a sus hijos eran verdaderos tratados de
historia y sociología. Y vale recurrir a sus artículos escritos
hace veinte años para ver como se adelantó a las crisis bancarias
que luego se produjeron en diversos países, como puso en el centro
del debate el problema de la deuda externa en sus escritos ya desde la
cárcel, como analizó antes la explosión migratoria
que se daría años después, como miraba a la América
Latina. Sumado a eso, su claridad política y, dentro de esa claridad,
su ética, lo hacen uno de los grandes personajes de la América
en el siglo XX
‘’La Patria nos llama, orientales
al Frente’’, fue la consigna que presidió el primer acto del Frente
Amplio, allá por marzo de 1971. Había estado de sitio, confrontación
social y el accionar tupamaro cuestionaba el poder tradicional con su corrupción
y fraudes constantes. La represión de los sectores de derecha, las
fuerzas militares y paramilitares iba en aumento y el país transitaba
hacia una dictadura que se consolidaría en 1973.
Treinta y tres (parece que el treinta
y tres se ha transformado en un número simbólico para Uruguay,
porque también fueron 33 los orientales que cruzaron desde Argentina
para declarar la independencia del país) años después
de su fundación, el Frente Amplio está a punto de lograr
la presidencia en la primera vuelta electoral, lo que le llevaría
además a tener mayoría parlamentaria. Y dentro del Frente,
la fuerza política más importante, que puede alcanzar un
35 por ciento de los votos frentistas, es liderada por los tupamaros.
Derrotados militarmente en 1972,
a partir del retorno a la institucionalidad de 1985 los tupamaros generaron
un espacio político actualmente mayoritario, el Movimiento de Participación
Popular (MPP). El referente de esa nueva mayoría es José
Mujica Cordano, ex jefe guerrillero y hoy senador de la República,
quien junto al presidente del Frente Amplio, Tabaré Vázquez,
es el político más popular del Uruguay actual. Nació
en 1934 en un hogar de modestos chacareros de la zona periférica
de Montevideo. Comenzó su militancia de adolescente, en el movimiento
estudiantil de izquierda. Aunque prefiere no hablar de su pasado es conocido
que fue herido de seis balazos, apresado cuatro veces y que se fugó
en dos oportunidades de la cárcel de Punta Carretas. En total Mujica
pasó casi 15 años de su vida en prisión. Su último
período de detención duró nada menos que trece años,
entre 1972 y 1985, y fue particularmente duro. El hoy senador fue uno de
los dirigentes tupamaros que la dictadura cívico militar que se
instaló en Uruguay en junio de 1973 tomó como "rehenes":
serían ejecutados en caso de que su organización retomara
las acciones armadas. En esa condición, pautada por un aislamiento
absoluto y condiciones de detención infrahumanas, permaneció
durante once años.
Mujica predica con el ejemplo y vive
modestamente. Se traslada al Palacio Legislativo en motoneta y hasta no
hace mucho cultivaba flores en su chacra que luego vendía en una
feria vecinal de Montevideo. Viste con humildad y su lenguaje liso y llano
está cargado de metáforas camperas: "Soy un terrón
de tierra con patas", dice. Sobre la relación entre el antiguo Movimiento
de Liberación Nacional - Tupamaros (MLN-T) y este actual, Mujica
considera que si esa organización sigue existiendo se debe a que
ha mantenido su dignidad y sus principios, y a que ha sabido ser flexible,
entre otras cosas porque nunca fue un partido sino un movimiento. "Para
nosotros la flexibilidad, la apertura, siempre fueron un presupuesto".
Luego agrega: "No erramos sustantivamente en cuestiones de línea,
y esto hace nuestra interpretación de lo que significa la liberación
nacional. Éste es un tema en que la izquierda ha caído en
distintas confusiones, por ejemplo pensar que liberación nacional
es lo mismo que socialismo". Y ejemplifica: "Seguramente Suecia es un país
que ha hecho su liberación nacional, lo cual no quiere decir que
vaya hacia el socialismo".
Para Mujica, alcanzar esta meta intermedia
habilita a "hacer alianzas honradas con vastísimos sectores y tener
un discurso abierto, pero manteniendo los principios. Alianzas y discursos
que de alguna manera son socializantes pero sufren las contradicciones
de un proceso de liberación nacional. Hay que negociar acuerdos,
muchos acuerdos".
De todas maneras, admite el senador,
la liberación nacional representa sólo una etapa. "No quiere
decir que ahí quede concluida la historia, pero para nosotros siempre
fue un requisito determinante y previo. Estoy más cerca de Marx
que de Lenin, porque no creo que una sociedad pobre, intelectualmente sometida
y sin una alta capacitación pueda plantearse la construcción
de una sociedad superior. De pretenderlo, se puede construir un monstruito,
como ya ha pasado".
Integrado por varias fuerzas políticas
de izquierda y social demócratas el Frente Amplio ganó en
1989 la Alcaldía de Montevideo y la mantiene hasta hoy, aumentando
a cada elección su electorado. Ahora está cerca de llegar
al gobierno con mayoría parlamentaria. Pero Raúl Sendic no
pudo ver su obra terminada. Hace quince años, antes incluso de que
la izquierda ganara la alcaldía montevideana, la enfermedad de Charcot,
provocada por los 13 años de tortura sistemática pasando
días en aljibes con el agua hasta la cintura, no lo permitió.
Sin embargo, el posible triunfo del Frente nos recuerda que su pensamiento
sigue ahí. Su hablar bajito y sus silencios, ya son parte de la
gráfica del pueblo uruguayo que saldrá a festejar en octubre.
* Escritor y periodista uruguayo
radicado en Ecuador. Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí
1990. Pluma de la Dignidad 2004 de la Unión Nacional de Periodistas
del Ecuador. Es corresponsal de la Agencia de Noticias Inter Press Service
(IPS) y Director Editorial del Quincenario Tintají de Quito.
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