Lo más obvio
puede perderse de vista: la verdadera elección en la que desembocan,
ahora, décadas de historia no está planteada entre colorados
y tupamaros, como a fines de los años sesenta, sino entre las candidaturas
a la Presidencia de la República de Tabaré Vázquez
y Jorge Larrañaga. Esta opción señala con claridad
dónde se ubica el centro de gravedad político a comienzos
de este siglo.
ANACRONISMO. Jorge Pacheco Areco
murió políticamente en 1980 y físicamente en 1998.
A Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle, sobrevivientes colorados
de la segunda mitad del siglo pasado, ya les tocó poner el pecho
contra el sostenido crecimiento de la izquierda. Ambos lograron, en 1994
y 1999, que el gobierno quedara en manos de quienes siempre lo han ejercido,
pero no frenaron las tendencias de largo plazo. Sanguinetti ganó
con poco más del tercio de los votantes. Batlle, tras lograr menos
apoyo que Vázquez en primera vuelta, lo derrotó en balotaje,
como candidato de los dos partidos tradicionales.
En el proceso electoral que ahora
se aproxima a su desenlace, los colorados y sus veteranos líderes
fueron dejados de lado por la ciudadanía. Sanguinetti ni siquiera
tuvo espacio para postularse a la candidatura presidencial, y el desempeño
de Batlle como presidente se ha transformado en el símbolo de todo
lo que la gente quiere dejar atrás para siempre. Parece que entre
los dos, y con el anodino escribano Guillermo Stirling como mascarón
de proa, no logran sumar el respaldo de uno de cada diez votantes.
Luis Alberto Lacalle es el único
político sin antecedentes destacados antes del golpe de Estado que
llegó a presidente tras la dictadura, sobre la misma ola que otros
gobernantes llamados neoliberales (y dejando una similar estela de dudas
sobre su honestidad). Este año también le tocó quedar
por el camino, cuando los votantes en las internas de su partido decidieron,
mediante una contundente mayoría de dos a uno, apostar por una figura
y unas propuestas mucho más cercanas al "progresismo".
Todo esto, tan evidente, viene a
cuento porque en el último tramo de la campaña se ha intentado
recrear una polaridad ya superada. Los colorados no son, mal que les pese,
alternativa, y del otro lado tampoco están "los guerrilleros". La
popularidad y la intención de voto acumuladas por el senador José
Mujica son muy notables, pero la lista del dirigente tupamaro tiene tras
de sí menos de un tercio de los apoyos reunidos por Tabaré
Vázquez. Y Vázquez representa algo muy distinto a Mujica,
como Larrañaga representa algo muy distinto a Sanguinetti. Será
por eso que Batlle dijo el martes 19, en Porto Alegre, que la campaña
es "light".*
En varias páginas de esta
edición se analiza y comenta la ofensiva propagandística
del Foro Batllista, con carpa y deudos. Aquí queda dicho, apenas,
que se trata de un protagonismo putativo, no sólo a contramano de
la historia, sino realmente al margen de la disyuntiva que ocupa hoy a
la enorme mayoría de los uruguayos.**
AMBIVALENCIA. ¿Y Larrañaga?
"Fuentes nacionalistas dijeron a El Observador que existe cierto desconcierto
en filas blancas acerca de qué hacer para sacar de sus casillas
al líder izquierdista, Tabaré Vázquez", informó
ese diario el lunes 18. Es muy verosímil que así fuera, y
versiones de otras fuentes coinciden en que hubo discusiones y muchas dudas
en el entorno del ex senador sobre el rumbo que se debía imprimir
a los últimos días de su campaña. La resultante de
esos debates al cierre de esta edición parece ser un híbrido
que combina varias posibilidades sin que ninguna de ellas predomine con
claridad.
Por un lado se mantienen lineamientos
previos, por otro se hace hincapié en un par de propuestas económicas
(rebaja a 18 por ciento del IVA, presumiblemente con aumento a ese nivel
de algunas tasas inferiores que se aplican hoy; y devolución del
mismo impuesto a las familias con menores ingresos, mediante un mecanismo
de difícil viabilidad porque implicaría que éstas
se abastecieran en transacciones con boleta) y al mismo tiempo se intenta,
como era bastante previsible, aprovechar las asperezas entre foristas y
tupamaros para presentar al Partido Nacional como una opción intermedia
y moderada, única capaz de articular concordias.*** Pero también
se participa en el fuego a granel contra la izquierda, mediante editoriales
como el publicado el miércoles 20 por El País, con el título
"O blancos o tupamaros"; travesuras como la del diputado Jaime Trobo, que
intentó sin éxito tratar en la Comisión Permanente
del Poder Legislativo la cuestión de los presos políticos
en Cuba; y una serie de avisos por televisión en los que dirigentes
intermedios blancos, relativamente jóvenes y relativamente desconocidos,
afirman que el Frente, para ganar las elecciones, cambia pero sólo
en apariencia y no dice lo que piensa.
La persona encargada de definir el
principal título de tapa de El País para ese miércoles,
tal vez desconcertada por la coexistencia de tantas líneas de acción
simultáneas, optó por jerarquizar la noticia de "Alarma ante
el número de conductores alcoholizados".
Merece destacarse que el mencionado
editorial comienza con afirmaciones inesperadas, por venir desde un partido
que se vanagloria de su capacidad de propuesta y su avance imparable hacia
el balotaje: "Abandonamos la idea de comentar la campaña electoral
por la sencilla razón de que no ha dejado nada que valga la pena
(…). No creemos, francamente, que en su desarrollo ninguno de los partidos
y coaliciones participantes haya ganado o perdido, al menos significativamente,
el caudal de intenciones de voto del día antes de su comienzo. Aquí
no ha pasado nada nuevo, y al contrario, el resultado ha sido decepcionante
en la medida que nadie aportó una propuesta diferente".
ANSIEDAD. En este marco, a muchos
votantes tradicionales del Frente les cuesta esperar confiados la victoria.
El nerviosismo ha cundido especialmente desde que los sanguinettistas lanzaron
su última ofensiva, y se reforzó con la percepción
de que las respuestas desde la izquierda perdieron en cierta medida la
línea de conducta que se había observado durante varias semanas
con gran disciplina y excelentes resultados.
Es difícil discernir qué
aportó a la campaña de Vázquez el aviso en que se
aludía a Sanguinetti como "sanguijuela". Hay quienes alegan que
el Frente necesitaba mostrar a sus propios seguidores que "no se deja pegar",
para aventar el pánico asociado con los primeros días de
la campaña del balotaje de 1999, cuando se sucedieron los golpes
colorados en relación con la propuesta de impuesto a la renta sin
que hubiera réplicas claras desde la izquierda. Pero en todo caso
es claro que el contraataque pudo haberse realizado con varios otros estilos,
desde la total seriedad hasta la broma, y que muchos de ellos pudieron
ser más eficaces. Las apariciones en medios de comunicación
de Mujica estuvieron por debajo de la eficacia con que suele desempeñarse,
y varias voces alertaron sobre la importancia de "no entrar en provocaciones".
Según varias versiones, eso acordaron el miércoles 20 los
principales dirigentes de la izquierda, aunque en la misma reunión
el senador tupamaro dejó constancia de que no va a permanecer callado
si los sanguinettistas insisten en arremeter contra su organización.
Una de las expresiones más
frecuentes de ansiedad es la observación obsesiva de cuanta encuesta
aparece, probablemente porque está muy extendida la idea -errónea-
de que las mediciones de opinión pública pueden ser exactas
e informar, día a día, sobre el efecto de cada movimiento
político en las probabilidades de desenlace electoral.
Ese es uno de los motivos de que
esté bajo la lupa la diferencia entre los registros de intención
de voto de las principales empresas del ramo (véase el recuadro).
Otro de los motivos es que la competencia entre esas firmas se ha agudizado
en los últimos tiempos, especialmente porque unos cuantos vislumbran
la posibilidad de desplazar a Luis Eduardo González (Cifra) del
lugar de privilegio que ha ocupado durante años.
El propio González contribuyó
a que eso ocurra cuando afirmó el domingo 17, a partir de variaciones
del orden de un punto porcentual en relación con su anterior medición,
o sea holgadamente dentro del margen de error de cualquier encuesta, que
"los blancos recuperan su tendencia creciente y los colorados comienzan
a recuperarse".
De todos modos, luce exagerado lo
que los politólogos Adolfo Garcé y Daniel Chasquetti, asesores
de Radar, escribieron en un artículo publicado el viernes 15 por
el semanario Crónicas, con el título "¿Empate o avalancha?
Dos visiones muy diferentes del 31 de octubre": "Si el EP-FA no alcanza
la mayoría, o gana 'por un pelito', Cifra, Equipos-Mori e Interconsult
estarán demostrando que miden con precisión el estado de
la opinión pública", pero "si el resultado del 31 de octubre
arroja un triunfo con luz del EP-FA, quedará demostrado que las
mediciones de Grupo Radar y el análisis que de ellas surge han estado
en lo correcto".
No hay una sola manera de hacer las
cosas bien. Todas las encuestadoras emplean procedimientos que implican
riesgos de error (unas porque trabajan por teléfono, otras porque
tienen tercerizada la realización de entrevistas, etcétera),
y todas ajustan sus números, en forma legítima, con la intención
de evitar que se aparten de lo más probable. En esos procedimientos,
cualquiera de ellas puede equivocarse, y todas se han equivocado en algún
momento, sin que eso indique necesariamente incompetencia o mala fe.
Por lo tanto, se avisa a los navegantes
que resulta inevitable convivir con cierto margen de incertidumbre. Pero
conviene recordar que la enorme mayoría de las decisiones de voto
están firmes desde hace meses.
* Y es quizá para evitar
esa liviandad que la alicaída lista 15 del presidente lanzó
un aviso en televisión singularmente pesado y antitelevisivo, con
voz en off redundante para leer el mismo texto que se va mostrando en pantalla,
como si estuviera en un rollo de papel de los que usan las murgas en sus
ensayos. La exhortación final "Despertemos" sugiere que el autor
de la pieza previó su potencial efecto soporífero.
** A propósito de la campaña
del partido gobernante, cabe señalar que, según versiones
llegadas a BRECHA, el colorado secretario del Senado, Mario Farachio, hizo
saber a los correligionarios bajo sus órdenes en el Palacio Legislativo
que el miércoles 20 podían faltar para asistir al acto realizado
con motivo del 75 aniversario de la muerte de José Batlle y Ordóñez.
En esa ceremonia, el vicepresidente Luis Hierro López se ufanó
de que su partido no cede "la derecha a nadie en materia de ética".
Lo de la derecha está más claro que lo de la ética.
*** El martes 19, en el Cerro, Larrañaga
sostuvo que "hay escenarios de polarización y enfrentamiento, y
hoy más que nunca" el Partido Nacional "significa, como siempre,
la mejor expresión de la unidad nacional", en contraste con el "enfrentamiento
artificial entre integrantes del sistema político". Al día
siguiente, en adm, abogó por una "tregua" de nada menos que treinta
meses para el próximo gobierno. Es probable que Vázquez recuerde
a menudo esa idea en los próximos años.