Hay dos maneras
de medir el resultado de la ofensiva desatada por el ex presidente Sanguinetti
contra el Frente Amplio y en especial contra los tupamaros: una se refiere
al nivel de radicalismo y confrontación que pueda adquirir la campaña
electoral en estos últimos diez días, otra se refiere a un
rescate sustancial de votantes expresado en los sondeos de intención
de voto.
La forma ostensible en que tanto
el candidato blanco Jorge Larrañaga como el candidato colorado Guillermo
Stirling han marcado distancia de la estrategia de agresión del
Foro, revela que en cualquiera de los dos planos Sanguinetti no ha encontrado
los resultados esperados en su ataque a los tupamaros y, por elevación,
al candidato del EP-FA, Tabaré Vázquez.
En ocasión de un almuerzo
organizado por ADM, el miércoles 20, Larrañaga expresó
que "nuestra sociedad está cansada de escuchar del pasado, de acusaciones
cruzadas, de buscar culpables, porque en definitiva esto no contribuye
a resolver los problemas, sino que agrega más problemas". Por su
parte, al finalizar un acto de conmemoración de los 75 años
del fallecimiento de José Batlle y Ordóñez en el Cementerio
Central, Stirling se manifestó inclinado a suprimir los actos por
los caídos en defensa de las instituciones porque "nos hacen recordar
un pasado penoso en la vida del país. Por todos lados tendremos
que zurcir esa trama dolorosa del pasado de nuestro país", dijo
aludiendo también a conmemoraciones como la de la toma de Pando.
Respecto de la propaganda electoral del Foro, explicó que "es responsabilidad
de cada sector".
En esta toma de distancia que deja
en solitario al Foro en la línea del enfrentamiento quizás
haya influido la respuesta que el senador José Mujica dio a las
primeras acusaciones sobre el carácter de "asesinos" de los tupamaros.
El líder emepepista identificó la postura de Sanguinetti
con una conducta mafiosa y trajo a colación el protagonismo del
ex presidente y de su hijo, el diputado Julio Luis Sanguinetti, en episodios
referidos a la gestión para la concesión de una planta procesadora
de pescado en Rocha, que motivó acusaciones en la justicia estadounidense.
Mujica reveló que aquel escándalo conocido como "Cangrejo
Rojo" tuvo un reciente epílogo mafioso cuando, dijo, una persona
vinculada al caso fue agredida por una patota que en plena vía pública
le destrozó la pierna a martillazos.
Instalada la reiterada acusación
de mafia que pende sobre algunas personalidades del Foro, el andamiaje
de agresión contra los tupamaros comenzó a vacilar, y aunque
la estrategia -que se inauguró con el intento de difundir pasajes
editados de un documental alemán, se alimentó en el correr
de la semana con un spot publicitario sobre el peón Pascasio Báez,
muerto por los tupamaros en 1972, y el anuncio de otros referidos a la
toma de Pando, en 1968- seguía en pie al cierre de esta edición,
todo indicaba que no llenaría las expectativas iniciales.
Cuando aún faltan nueve días
para las elecciones, el protagonismo de Sanguinetti se diluyó tan
rápidamente como emergió. Resultó significativo que
la estrategia propagandística del Foro en su vehemencia antitupamara
olvidara incluso mencionar a Stirling en las placas publicitarias. En sus
abundantes apariciones televisivas Sanguinetti también lo relegó
a un segundo plano, obsedido primero por demostrar que si gana el Frente
habrá un gobierno de asesinos, y después por justificar su
papel en el escándalo del Cangrejo Rojo.
Su amnesia fue su talón de
Aquiles: calificando la acusación de Mujica de "una repugnante difamación",
Sanguinetti redujo su responsabilidad en el Cangrejo Rojo a una reunión
con empresarios de la pesca similar a la de muchas reuniones por el estilo;
y la responsabilidad de su hijo Julio Luis, a una tarea de redacción
de un contrato inicial. Sanguinetti no sabe nada de nada, y olvida que
en el expediente judicial estadounidense está consignado que los
empresarios de la pesca habían contratado a su hijo para obtener
el favor presidencial en la concesión de la planta Astra. La coima
de tal negocio fue estipulada en dos millones de dólares, "uno y
uno", según el registro de una grabación de una conversación
entre Julio Luis Sanguinetti y su entonces amigo Ricardo Moll. Al explicar
el incidente el ex presidente Sanguinetti habla de una "presunta grabación"
que fue descartada cuando la justicia archivó el caso. Lo que no
menciona Sanguinetti es que el archivo fue dictado después de que
su hijo se negara a ofrecer un registro de su voz para compararla con la
de la grabación.
La misma particular explicación
de los hechos reitera Sanguinetti cuando dice que ni él ni su hijo
tienen nada que ver con la agresión de una persona a la que no conocen
y cuya pierna fue quebrada en varios pedazos hace unos 30 días.
En realidad, Mujica no estableció la responsabilidad de los Sanguinetti
en el episodio; sólo dijo que se trataba de una práctica
mafiosa contra un personaje involucrado en el caso Cangrejo Rojo. Lo insólito
es que Sanguinetti diga desconocer a la víctima, que no es otro
que Ricardo Moll, el antiguo compinche de su hijo, quien después
lo denunció ante la justicia.
Las ambiguas explicaciones del ex
presidente y la inmediata atmósfera de sospechas en que se vio envuelto
no bien articuló su ataque contra los tupamaros, diluyeron el efecto
de la maniobra electoral. Desde el Frente y desde el comando electoral
de Vázquez se emitieron inequívocas señales: por un
lado se reafirmó la estrategia electoral de eludir las polémicas
que propone el Foro, centrándola en las cinco propuestas para superar
la crisis; y por otro se adoptaron medidas concretas para evitar caer en
cualquier tipo de provocación. Sin embargo, se acotó que
cuando las agresiones y acusaciones sean particularmente ofensivas se darán
las respuestas adecuadas. Al respecto, Mariano Arana afirmó: "Es
lamentable que hayamos entrado en ciertas mezquindades que creíamos
superadas, sobre todo por parte de algunas personalidades que no parecen
figurar entre las primeras opciones entre nuestra población".
Vázquez, por su parte, denunció
que hay "quienes miran el pasado para usar el miedo, pero los uruguayos
ya vencimos otros miedos". Sin mencionar a Sanguinetti dijo que ciertos
políticos "pierden su calidad de tolerante, o su calidad de estadista,
o su calidad de intelectualoide y se hunden en una parafernalia de adjetivos
para atacar a esta fuerza política". Agregó que "si alguno
de estos desvelados y trasnochados piensa que se va a poder esconder en
fueros parlamentarios, que están buscando, se equivocó la
paloma... se equivocaba… van a estar los votos de la mayoría, de
nuestros legisladores para levantar los fueros y dejar que la justicia
actúe con libertad".
Desflecado en su ofensiva, Sanguinetti
respondió a estas alusiones diciendo que no se sentía aludido.
Y agregó: "Busquen todo lo que quieran que no van a encontrar nada",
aunque no se sabe si es porque no hay nada para encontrar o porque todo
está bien escondido. En cualquier caso, el Foro insistirá
en la campaña de desprestigiar al mpp como forma de asustar a una
porción del electorado para forzar una segunda vuelta. La estrategia
no necesariamente tiene que favorecer al Foro, y al respecto las últimas
mediciones dicen que es más amplia aun la brecha que separa en votos
a Sanguinetti de Mujica. ¿Cómo se compagina el hecho de que
aquellos que son acusados de asesinos (y también de secuestradores
y de torturadores, como anuncian las pintadas del diputado Daniel García
Pintos) reciban cada vez más adhesión popular en lugar de
rechazo?
Aparentemente Sanguinetti no se condiciona
por tales parámetros. La reiteración de una campaña
de ataques al Frente basada en el pasado tupamaro intentará hasta
último momento provocar algún tipo de confrontación
que altere el carácter light de la campaña, según
la definición del presidente Jorge Batlle. La izquierda adopta mecanismos
de prevención para no incurrir en provocaciones "de elementos incrustados
en los partidos tradicionales". A pesar de los augurios -y los deseos-
que en tal sentido manifiestan los títulos de El País, es
posible que una atenta vigilancia de los aparatos de seguridad del EP-FA
impida tales sucesos. De esa manera se diluye la posibilidad, que siguen
sondeando los operadores colorados, de que ante algún suceso de
conmoción las Fuerzas Armadas formulen alguna declaración
que en la inminencia de la votación aporte a los intereses del Foro
y profundice, a último momento, el clima de miedo que pretende modificar
la intención de voto para forzar un balotaje. Las afirmaciones del
contraalmirante Hugo Viglietti, jefe del Estado Mayor de la Armada, contenidas
en la revista del arma, en el sentido de que los tupamaros "han reencauzado
su accionar en pacífica convivencia democrática", dan una
pauta de que quienes pretenden algún pronunciamiento militar encontrarán
serias resistencias y de que, en ese plano, la estrategia de Sanguinetti
también cosecharía un fracaso.