Los medios propagandísticos
más utilizados contra el Frente Amplio (FA) en 1971 fueron la pólvora,
las armas y la guerra psicológica. Poco antes de las diez de la
noche del domingo 7 de noviembre de ese año, el sicario Alejandro
Blasco ingresó al hall del Teatro 25 de Mayo en Rocha e intentó
apuñalar a Liber Seregni con una sevillana. Aunque los reflejos
del agredido y del dirigente Ruben Sasano impidieron que el crimen se consumara,
durante toda la campaña quedó flotando una sensación
de inseguridad y de hostilidad hacia el candidato.
Lo de la ciudad de Rocha no fue un
hecho aislado. En Castillos murió un niño de 11 años
que estaba en su vivienda al borde de la carretera mientras la caravana
del FA era atacada con piedras y balas; un disparo perforó la ventanilla
del ómnibus a pocos centímetros de la cabeza del candidato
a la Vicepresidencia, el médico Juan José Crottogini.
Aunque en 1971 la izquierda no tuvo
reales posibilidades de ganar, salvo en Montevideo, en la campaña
electoral de ese año el juego sucio alcanzó niveles altísimos.
Los dirigentes, los militantes y los locales del FA fueron objetivos preferidos,
especialmente mediante la generosa colocación de bombas.
El 11 de noviembre la Juventud Uruguaya
de Pie (JUP), una organización paramilitar que había sido
fundada en Salto el año anterior, atacó a balazos la seccional
del Partido Comunista ubicada en Rivera y Pastoriza, después de
realizar un acto en la cercana plazoleta Viera. "Comunistas balearon a
manifestación de la JUP en Pocitos" y "Frentistas atacan a asambleístas
de la JUP", fueron los títulos de El País y La Mañana
al día siguiente. Una de las actividades preferidas de la JUP fue
el asalto a liceos, entre ellos el de Colón, el Francisco Bauzá
y el de Las Piedras. También atacaron a gente desarmada en Sauce,
Cerro Chato y otras localidades. En el caso de Las Piedras, los atacantes
terminaron procesados por la justicia. "Nos hacen mandar los muchachos
y después los detienen", se quejó uno de los dirigentes jupistas,
aludiendo a que en general contaban con el respaldo logístico de
la Policía (El Popular, 12-XI-71). Santiago de Brum Carvajal, anterior
ministro del Interior, luego sustituido por el brigadier Danilo Sena, había
dicho en mayo que la JUP era "un magnífico ejemplo de valor cívico
y de conciencia que deben tener en este momento todos los habitantes".
Aunque en noviembre Jorge Zabalza
fue detenido en Paysandú, y José Mujica en un casa de Carrasco,
los tupamaros habían declarado una tregua hasta después de
las elecciones. Pese a que otros grupos armados, como la OPR 33 y el FARO,
realizaban acciones de tipo propagandístico, eran las organizaciones
de ultraderecha las que estaban en plena actividad, apoyadas activamente
por especialistas brasileños y estadounidenses. "Pacheco fracasó,
la guerra civil es inevitable", sentenciaba el semanario Azul y Blanco
diez días antes de las elecciones.
MIEDO VITALICIO. Al mismo tiempo
que los bombazos mantenían en tensión a los uruguayos, una
campaña emparentada transcurría en los medios. La mayoría
de las piezas propagandísticas fueron anónimas, aunque algunas
llevaron la firma de la fracasada campaña reeleccionista de Jorge
Pacheco Areco y del candidato herrerista Alberto Gallinal Heber. Una de
ellas parecía coincidir bastante burdamente con el clima creado:
"¿Usted antes tenía miedo? ¿Ahora tiene miedo? ¿Desde
cuándo tiene miedo? Piénselo antes de votar. Porque si no
tendrá miedo toda la vida".
Otro aviso que se publicó
en El País, El Día, La Mañana y Acción, el
diario de la 15, que entonces integraba el joven y brillante diputado Julio
María Sanguinetti, mostraba unas manos esposadas sobre un texto
que advertía: "Ellos votan para que usted no pueda votar nunca más".
Las imágenes del Kremlin,
el muro de Berlín, los tanques y el infaltable oso ruso formaron
parte de la escenografía. El Partido Demócrata Cristiano,
cofundador del FA, fue definido en esa campaña como Peón
Del Comunismo. En coincidencia, al obispo de Maldonado Antonio Corso los
canales 4, 10 y 12 le dieron cadena nacional para advertir a los fieles
que no cayeran en la tentación de votar a la izquierda.
El folclorista argentino Jorge Cafrune
tuvo que cantar en una feria del FA, en el parque Rodó, rodeado
de fuerzas de choque de la Guardia Metropolitana y un barco de guerra a
pocos metros de la costa.
El peligro de que la izquierda ganara
en la capital llevó a los creativos del miedo a la frase: "Quieren
apoderarse del municipio de Montevideo para aterrorizar la ciudad". Horas
antes de las elecciones apareció una doble página con fotos
donde se veían locales universitarios pintados con consignas revolucionarias
y un gran caos. "En esto convirtieron nuestros centros docentes. ¿También
les vamos a entregar la Intendencia de Montevideo?"
Aunque finalmente el intendente electo
fue el pachequista Óscar Rachetti, en un aviso de la 15 podía
leerse una frase que pretendía alentar a votar al candidato de Batlle
y Sanguinetti a la comuna: "Sólo Pintos Risso puede ganarle al comunismo
en Montevideo". El sábado previo a las elecciones, por primera vez,
blancos y colorados recorrieron juntos la ciudad en lo que se denominó
"caravana por la democracia y la libertad".
MONTEVIDEO TU FANTASMA. Aunque volvieron
los atentados a locales políticos, después del trauma que
significó la dictadura la campaña electoral de 1984 fue casi
de guante blanco.
En 1989, en cambio, el miedo formó
parte de los ritos antes de ir a las urnas en el referendo que pretendió
derogar la ley de caducidad. Un aviso con la imagen de Sara Méndez
fue prohibido. Los "cucos" formaron parte también de las elecciones
que ese año ganó Luis Alberto Lacalle. Éstos, sin
embargo, no fueron agitados especialmente por los blancos sino nuevamente
por el pachequismo, ya en decadencia, y el sector liderado por Sanguinetti.
Mientras el llamado socialismo real
se caía a pedazos, los montevideanos colocaron por primera vez a
un socialista en el gobierno de la ciudad y la 1001 se convirtió
en la primera lista del FA. El comunismo siguió compitiendo con
los tupamaros en el ranking del miedo, aunque estos últimos todavía
no eran vistos como el peligro electoral en que se convirtieron gracias
al "fenómeno Mujica".
"La participación de los tupamaros
haría inviable la Intendencia de Montevideo", fue una de las "noticias"
que publicaba El País, junto a otra que informaba que en caso de
ganar el FA los comités de base actuarían como órganos
del municipio.
La propaganda sin firma esta vez
estuvo dirigida a ganar votos de izquierda para que se arrepintieran por
los pecados cometidos por Lenin y Stalin. "Compañero, anímese
a reconocer los hechos", decía uno de los avisos.
El profesor paradójico, eje
de la campaña de la 1001 personificado por el publicitario Horacio
Buscaglia, tuvo incluso una réplica sin firma que salió sólo
en Canal 12 y en El País.
El 22 de noviembre, a menos de una
semana de las elecciones, Pablo Millor lanzó en un acto de la candidatura
de Pacheco el dato de que Tabaré Vázquez había estado
entre los que saludaron a Gregorio Álvarez en agosto de 1981 cuando
éste se convirtió en dictador. Aunque efectivamente un tal
doctor Tabaré Vázquez figura entre los que enviaron saludos
a Álvarez (El País, 30-VIII-81), e incluso el actual presidente
del EP-FA fue entrevistado en el suplemento dominical del diario exclusivamente
sobre cuestiones de su profesión previo a un viaje a Japón,
el entonces candidato a la Intendencia Tabaré Vázquez desmintió
tajantemente la acusación. Luego se comprobó que el "doctor
Vázquez" mencionado en el diario era un odontólogo. "Pablito,
te va a crecer la nariz", contestó en la época el profesor
paradójico a través de uno de sus spots.
Cierto terrorismo verbal contra el
candidato de la izquierda fue empleado por el ingeniero Carlos Cat, que
le disputaba a Vázquez la Intendencia. Tanto durante el debate en
el programa Prioridad de Canal 10 como en entrevistas radiales, Cat utilizó
un editorial del quincenario Tupamaros que llamaba a "parar el malón
de los poderosos" mediante "pueblo en la calle para hacer realidad el programa
municipal". El candidato herrerista interpretó interesadamente que
el MLN quería poner "a la Intendencia en pie de guerra contra el
gobierno nacional" y de esa forma atacar, como en el pasado, "las bases
de la concordia y la tolerancia".
En las elecciones de 1994 y 1999
la amenaza marxista, ahora en forma genérica, tampoco faltó
a la cita. Ésta fue utilizada por Sanguinetti -se dice que con éxito-
en su debate televisivo con Vázquez, durante el último tramo
de la campaña que llevó al líder del Foro Batllista
por segunda vez a la Presidencia.
Batlle también apeló
a los fantasmas durante su carrera a la Presidencia en 1999. En un acto
en Estación Peñarol, cuando todavía no se hablaba
de revolución del centro, dijo que "el 31 de octubre se juega mucho
más que la victoria de un partido, se juega el camino de la libertad,
esa libertad que le garantizamos a nuestros adversarios como ellos nos
la quisieron quitar a nosotros. Si nos amenazan con la revolución,
con la violencia, yo les aseguro que de nosotros no tendrán revolución,
sino la paz que les ha permitido a ellos vivir en libertad". Más
tarde, hablando ante un reducido auditorio en la localidad canaria de San
Antonio, Batlle dijo derecho viejo que la cuestión es entre "un
país a la uruguaya o un país a la cubana". Aunque parezca
extraño, el veterano político apeló a los mismos argumentos
de 1971 cuando se decía: si los vota a "ellos" puede ser la última
vez.