Los
votos requeridos
para
ganar en primera vuelta
Niko
Schvarz
EXISTE FUNDADA
ESPERANZA de que la coalición de izquierda gane en la primera vuelta
el próximo 31. Lo proclaman las encuestas pero, más que eso,
el clima que se vive en todas partes, entre la gente que "anda y arde en
la calle".
Antes que nada es un sentimiento
generalizado, que estalla en los grandes actos en cada capital o centro
poblado, pero más que eso en las conversaciones mano a mano. Cada
una a su escala, nos hablan de la nueva gente que se va arrimando.
Las experiencias individuales se
multiplican para conformar un curso caudaloso.
Existe conciencia de que "ahora sí".
Es la frase que más se repite. No podemos fallar. Hay que terminar
con una situación agobiante para muchos y con el dominio de los
viejos partidos. Esto no da para más. Hay que cambiar. La coalición
de izquierda EP-FA-NM encarna esa voluntad de cambio que siente como necesidad
imperiosa la gran mayoría de la sociedad.
En algunos casos se insiste en mantener
una actitud cautelosa y no prometer que los grandes problemas que aquejan
a vastos sectores de la población (en primer término la falta
de trabajo) se resolverán de la noche a la mañana. Eso es
cierto. Pero creo que el acento debe ponerse en que, desde el pique, y
dando cumplimiento a las medidas contenidas en el plan de emergencia, el
nuevo gobierno comenzará a dar pasos decididos en la solución
de los problemas más agudos. Esto se notará desde el principio
y reviste un gran valor en sí mismo. Pero sobre todo, definirá
un rumbo y una perspectiva, un camino a recorrer junto al pueblo y sus
organizaciones, ensayando las vías del diálogo y la concertación
para llegar a acuerdos fecundos.
Eso será así, me parece,
porque nunca la izquierda elaboró de una manera tan precisa y minuciosa
sus grandes directrices programáticas. Es con esas credenciales
que se presenta hoy ante la ciudadanía. Fueron años de intenso
trabajo de equipos de técnicos, dirigentes políticos, militantes
de organizaciones sociales, que desde la Comisión Integrada de Programa
analizaron en todas las direcciones el estado del país y los caminos
de las soluciones. Las orientaciones fundamentales se discutieron a fondo
y se aprobaron en un Congreso a fin del año pasado, cuyas resoluciones
nos obligan a todos. Se pusieron antes y después a consideración
de la multiplicidad de organizaciones de la sociedad civil, con espíritu
amplio, sin ninguna restricción. De allí salieron las pautas
básicas de las tareas a emprender en relación al Uruguay
productivo, social, innovador, cultural, integrado a la región y
al mundo. Eso es lo que está en debate hoy ante la ciudadanía,
y no los viejos cucos que se desempolvan de los armarios con naftalina,
demostrativos de que sus impulsores carecen de toda idea constructiva sobre
el porvenir del país. Están atados a un pasado muerto.
Ahora bien. Para que esta perspectiva
se instale a partir del 31 se necesitan votos. ¿Cuántos votos?
Cuando se plantea el tema se piensa de inmediato en superar a los blancos
y colorados juntos, más el Partido Independiente y otros grupos
menores. Eso es necesario, pero no suficiente. No alcanza. Hay que llegar
a la mitad más uno de todos los votos emitidos. Esto no hay que
perderlo de vista, y colocar nuestro esfuerzo colectivo a la altura de
esta meta.
La reforma constitucional que introdujo
el balotaje y entró a regir en las elecciones pasadas (y que impidió
que Tabaré Vázquez fuera ungido presidente aunque obtuviera
la mayoría relativa, como candidato del partido más votado),
dio la siguiente nueva redacción al artículo 151 de la Constitución.
"El Presidente y el Vicepresidente de la República serán
elegidos conjunta y directamente por el Cuerpo Electoral por mayoría
absoluta de votantes". Se ve que los blancos y colorados que pergeñaron
la fórmula las pensaron todas. No dejaron el menor resquicio, sino
que impusieron las condiciones máximas. Con esa redacción
(que no sé si fue advertida por los legisladores de la oposición,
o no tuvieron fuerza para revertirla) los votos en blanco pasan a integrar
el caudal opuesto a la mayoría.
Y también tratarán
sin duda de incluir en el mazo a los votos anulados, aunque éstos
en realidad no existen como tales y no debieran ser contabilizados. A toda
esta sumatoria de sufragios deberá enfrentar y superar la votación
del EP-FA-NM.
Se dice que los compatriotas que
están viniendo y vendrán del exterior podrán sumar
a la izquierda uno o dos puntos porcentuales.
Es posible. Pero creo que haríamos
bien en no incluirlos en el cálculo primario, y dejarlos como reaseguro.
Y proponernos ganar con los votos de acá, alcanzar la presidencia
y la vicepresidencia, la mayoría absoluta en cada Cámara
e incluso (dado el descalabro de los colorados, que lanzaron su campaña
cenagosa para alcanzar una votación de dos dígitos) diputados
en cada uno o por lo menos en la gran mayoría de los departamentos.
De donde se deduce que no hay tarea
más importante para cada uno de nosotros que hablar, convencer y
recomendar el voto por la izquierda a todos en nuestro radio de acción,
para dotar al gobierno que nazca de la más sólida base de
apoyo. Así tendremos la alegría de contribuir a un logro
que quedará en la historia: el nacimiento en Uruguay de un gobierno
progresista y de izquierda. La cosa es ahora, en la primera vuelta.
Publicado en La República
el 24 de Octubre de 2004
Niko
Schvarz
nikomar@adinet.com.uy
* Publicista uruguayo, miembro
de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente
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