| Coletillas al Margen
Si pudiéramos
elegir: ni Bush ni Kerry
Carlos
Angulo Rivas
Las próximas
elecciones presidenciales en Estados Unidos es una contienda política
que concierne a la humanidad en su conjunto y no sólo a los ciudadanos
norteamericanos. Más todavía si Washington aspira a continuar
la política unilateral, de enseñar los dientes, fieros y
arrogantes, del poder, en la comunidad internacional. Así de simple,
porque la paz mundial se conecta con la actuación, mala o buena,
de esta superpotencia hegemónica del planeta en que nos ha tocado
vivir. En esta dirección, si los ciudadanos del mundo occidental
y cristiano, para no inclinar la balanza de resultados con creencias ideológicas
menos análogas, tuvieran la oportunidad de elegir, llegarían
a la conclusión indiscutible que ni George W. Bush ni John Kerry
reúnen los requisitos indispensables para comandar a la nación
más poderosa en lo económico, tecnológico y milit
ar.
Los tres debates presidenciales por
el trofeo de la Casa Blanca, independientemente de los asuntos propios,
de salud, educación, trabajo, impuestos y bienestar de la sociedad
norteamericana, no han podido eludir el gravísimo problema de la
aventura criminal del presidente Bush en Irak y Afganistán y por
extensión, por razón del apoyo risueño a los asesinatos
de Ariel Sharon, contra el pueblo palestino. Desde un principio la guerra
en Irak y la subsiguiente ocupación militar contó con el
rechazo de la comunidad internacional a una “coalición” fabricada
a propósito de controlar por completo la producción petrolífera
del medio oriente. En el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la
aventura criminal encabezada por Bush y Blair tuvo la resuelta oposición
de Francia, Alemania, Rusia y China; y en segundo nivel el de la mayoría
de los países mie mbros. Sin embargo, el ataque unilateral se inició,
en contra de la opinión mundial, el 20 de marzo del año pasado
con cerca de trescientos mil soldados desplegados para ejecutar la invasión
de Irak y la captura de Bagdad.
En el primer debate presidencial
el candidato demócrata John Kerry citó el error principal
de meterse en Irak como una aventura bélica que nada tenía
que ver con la declarada “guerra contra el terrorismo” a consecuencia de
los atentados del once de septiembre en New York, Washington y Pennsylvania.
Dejó asimismo en claro que tanto el gobierno de Bush como el de
Blair fabricaron información a fin de justificar una guerra pendiente,
en la mentalidad de ambos desde 1991, la guerra de papá George.
La falsa información, inflando los peligros del terrorismo internacional,
se refirió a la amenaza que significaba el régimen de Saddam
Hussein, poseedor de inmensos arsenales de “armas de destrucción
masiva”. Y aunque Bush sigue defendiendo el acierto de ir a la guerra contra
Irak, el veredicto final de todos los organismos de inteligencia y científicos,
i ncluido el del jefe de inspectores norteamericanos Charles Duelfer, se
han traído abajo el argumento principal de la justificación,
pues todos han declarado que no existieron evidencias de los programas
de “armas de destrucción masiva” ni biológicas, ni químicas,
ni nucleares imputados a Hussein. Y si bien John Kerry, usando el
idioma diplomático, no llamó farsante, embaucador o mentiroso
a Bush por lo que hizo, si dejó establecido que el presidente declaró
una guerra fuera del concierto internacional de las naciones, basándose
en intereses personales, políticos y electorales, descuidando el
lado más peligroso del terrorismo internacional con Osama Bin Landen
a la cabeza.
La seguridad mundial no cuenta
El seguimiento de cerca a la política
norteamericana desde el período final de la primera guerra del Golfo
hasta el inicio de la segunda, doce años después, nos lleva
a pensar que las sanciones de las Naciones Unidas del embargo económico,
el control de armas, las zonas de no vuelo, los bombardeos esporádicos
y petróleo por alimentos, aplicadas a Saddam Hussein fueron sólo
medidas de inmovilización para los sectores beligerantes del partido
republicano, que una vez en el poder premeditaron la invasión militar
total para cambiar el régimen, como lo hicieron en Grenada y Panamá.
Y esta mal llamada liberación a fin de instaurar un “gobierno democrático”
en palabras de Bush, cuya traducción real es la intervención
ilegal y descarada a un país soberano e independiente, ha incrementado
la crisis humanitaria hasta límites inconcebibles. Si las sancione
s aplicadas a Irak dejaron medio millón de niños muertos
según la UNICEF, los inclementes bombardeos y la destrucción
completa de ciudades, han dejado decenas de miles de muertos adicionales;
además del caos por la falta de alimentos, energía, agua
limpia, medicinas, viviendas y sanidad.
La guerra y ocupación de Irak,
graficada como ilegal en la reunión anual de la asamblea de todos
los países del mundo por Kofi Annan, Secretario General de la ONU,
ponen al descubierto no sólo las mentiras de George W. Bush y Tony
Blair sino la verdadera intención del partido republicano de arrogarse
el derecho de intervenir a cualquier país soberano si de por medio
se encuentra en peligro, aún a través de meras conjeturas,
la “seguridad interna” de Estados Unidos. Y decimos conjeturas porque el
presidente Bush, reclamando privilegios ejecutivos, se negó a entregar
al Comité de Inteligencia del Senado norteamericano, el sumario
de preguerra preparado por la Casa Blanca en base a las distorsiones del
informe de la CIA (New York Times, julio 13, 2004). Por otra parte, la
comisión investigadora de los ataques del once de septiembre, 2001,
francamen te contradijeron las afirmaciones de la administración
Bush – Cheney que quisieron vincular a Saddam Hussein con Bin Landen y
la red Al-Qaeda. Entonces nos preguntamos ¿qué acerca de
la seguridad del mundo? Bush dijo, en uno de los debates, en defensa de
sus errores sobre la guerra de Irak que “algunas veces en este mundo uno
tiene que tomar decisiones impopulares porque se piensa que son las correctas”
pero lo más grave es que él sigue adherido a ellas sabiendo
que son erróneas, inexactas y desatinadas.
No obstante, aparte de los tardíos
ataques y críticas de un fluctuante John Kerry alrededor de la guerra
de Irak, ambos candidatos durante los tres debates remarcaron únicamente
la necesidad de la seguridad interna de Estados Unidos, olvidando por completo
la seguridad del mundo; en otras palabras, la seguridad en la visión
de los dos, es un tema fundamental sólo para trescientos millones
de pobladores no para los seis mil millones que habitan el mundo. Panorama
nada halagador ante la falta absoluta de liderazgo o de estatura internacional,
y más grave aún si consideramos que la escalada de atentados
con coches bombas y otros métodos terroristas en Irak llevados a
cabo por la resistencia insurgente, son ni más ni menos que la base
de reclutamiento y expansión para la red Al-Qaeda de Osama Bin Landen
y otros grupos islámicos violentos. En esta pe rspectiva ni Bush
ni Kerry, si pudiéramos elegir como señalamos al principio
de esta nota; pero si son ellas dos las únicas opciones, el voto
del mundo occidental y cristiano se inclinaría diez a uno a favor
del demócrata John Kerry, quebrando la mentalidad “cow boy” de gran
parte del pueblo norteamericano representada de la mejor manera por la
dinastía Bush y el grupo bien afianzado de multimillonarios que
la rodea, los mismos que usan la guerra y usarán las guerras futuras
como parte de sus negocios; además, de utilizar el factor miedo
en los medios de comunicación que dominan, para vencer a como dé
lugar en las presentes elecciones. A como dé lugar como lo hicieron
el año 2000 designando a George W. Bush ganador de la contienda,
a través de los jueces supremos asociados a la dinastía.
Enviado por Cecilia
Tello |