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21 de Octubre de 2004
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el Periódico de Catalunya - 21 de Octubre de 2004

Solos ante la gripe

• Los ancianos hacen cola en EEUU en plena alarma social ante la escasez de vacunas antigripales

Jesse Jackson *
Al amanecer, los ancianos hacen cola ante las farmacias de todo EEUU. Van con sus bastones y andadores, sus sillas de ruedas, sus bombonas de oxígeno. Los más preparados llevan incluso sus tumbonas. Algunos van acompañados por sus hijos o hijas. Una mujer murió al sufrir un colapso mientras esperaba. Esperan conseguir una vacuna contra la gripe. Una vacuna antigripal no es un lujo para los más jóvenes, los enfermos y los ancianos. Puede llegar a ser una cuestión de vida o muerte.
Pero ahora corren peligro. EEUU perdió la mitad de su suministro de vacunas cuando se suspendió la licencia de una filial británica de la compañía Chiron porque se temía que estuvieran contaminadas. Muchos médicos se encontraron con que era imposible conseguir la vacuna; no había forma de que las farmacias cubrieran la demanda. Ahora los médicos están alarmados. El sistema hospitalario está al límite, con y un número creciente de no asegurados que llenan las salas de urgencias. La escasez de enfermeras ya es grave. Los médicos deben resolver qué hacer. Los administradores de los hospitales ponen el grito en el cielo porque la Administración no ha hecho nada para ayudar a resolver esta emergencia.

EL PRESIDENTE Bush advierte de que el sistema de salud pública conduce al racionamiento, pero las vacunas están controladas por las redes de distribución privada y éstas ya han iniciado el racionamiento, subiendo espectacularmente los precios. Med Stat, una firma de distribución, ha multiplicado por 10 el precio en respuesta a un pedido urgente de una farmacia de Kansas City que quería las vacunas para los pacientes de una clínica. El Centro Federal para el Control de Enfermedades ha pedido que los fármacos sólo se distribuyan entre las personas consideradas vulnerables, pero no tiene poder para regular los precios o controlar su distribución.
Al igual que en Irak, Bush elude toda responsabilidad por el desastre. Nadie es culpable, dice su Administración, de la externalización de las vacunaciones de EEUU. La campaña del presidente da bandazos ideológicos y no soluciones. Lo cierto es que a las farmacéuticas no les gustan las vacunas porque el margen de beneficios es muy exiguo, la demanda varía según la gravedad de la epidemia gripal y el Gobierno no prevé compras garantizadas. Prefieren los medicamentos que se venden en las tiendas con franquicia, pues pueden obtener los máximos beneficios.
¿Por qué están en peligro nuestros jóvenes, ancianos y enfermos? Hay una razón ineludible: durante años, EEUU ha empobrecido a su sistema de salud pública y ha paralizado los poderes de sus agencias de sanidad pública. Esta Administración, rehén de las compañías aseguradoras y farmacéuticas, es particularmente negligente con la salud pública, incluso pese al 11-S y a la nueva prioridad en la seguridad nacional.
Es por ello que los hospitales andan tan cortos de dinero y no pueden ocuparse con facilidad de una epidemia de gripe. Que nadie ha prestado atención al hecho de que dependíamos de dos compañías farmacéuticas. Que la interrupción del suministro en el 2000 no condujo a acción de saneamiento alguna de la Administración de Bush. Que la Federal Drug Administration sólo confió en las garantías que daban las empresas de que su producto era seguro. Que nadie ha hecho ni tan sólo planes rudimentarios para ocuparse de la próxima crisis sanitaria.
Todo el mundo debería ser consciente de la angustia de nuestros ancianos. Es el resultado de descuidar los sistemas de seguridad compartida y dejar que los individuos asuman el riesgo. Del mismo modo, el plan de privatización de la Seguridad Social del presidente, que recorta los beneficios garantizados y crea cuentas de riesgo individual, llevará a más ancianos a la miseria. Sus cuentas de ahorros médicos harán que los enfermos y los ancianos tengan que soportar más costes. Sus rebajas de impuestos para los sectores de mayor poder adquisitivo dejan a los trabajadores una mayor cuota fiscal mientras padecen recortes en servicios vitales como el de salud pública.

BUSH Y CHENEY quieren desmantelar los sistemas de seguridad compartida que proporcionan cierta protección a los estadounidenses y reemplazarlos por el riesgo individual. Nos dejan solos ante el peligro. Pero a los estadounidenses que no son ricos les va mucho mejor compartir los riesgos que enfrentarse a ellos en solitario. Esto se refleja en la popularidad de la Seguridad Social y en la necesidad vital de un sistema serio de salud pública. Ahí reside la elección del 2 de noviembre; no simplemente entre Kerry y Bush, sino entre seguridad compartida o riesgo individual. Los ancianos que ahora hacen cola en todo EEUU comprenden lo importante que puede ser esta decisión.

* Pastor baptista y excandidato demócrata a la presidencia de EEUU
© Tribune Media Services
Traducción De Xavier Nerín

 
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