| Brecha
de Uruguay - 22 de Octubre de 2004
Entre la república y el
imperio
Modelo
de elección
El primer martes de noviembre
unos 110 millones de ciudadanos concurrirán a votar en un país
donde no existe la credencial cívica única.
Jorge
A Bañales - Desde Washington
Los padrones son variados, los distritos
electorales se han manipulado para que se asegure la reelección
de quienes ahora están en el Congreso, y los métodos de votación
diferentes en los 50 estados probarán tecnologías novedosas
y sospechosas que no dejan documentación del voto emitido. Así
se elegirá al próximo presidente en Estados Unidos.
La Organización para la Seguridad
y la Cooperación en Europa (OSCE) ha seleccionado a 60 observadores
de 25 países que vigilarán el desarrollo de los comicios
en una docena de los 50 estados de la Unión, después del
embrollo de las elecciones de 2000 resuelto por adjudicación del
Tribunal Supremo de Justicia a contrapelo de la voluntad ciudadana.
Estados Unidos, que durante décadas
ha pontificado sobre la limpieza y equidad de las elecciones en todo el
mundo, tiene en realidad un sistema electoral anticuado y complejo, vulnerable
a todo tipo de fraudes y a errores sin mala intención. Cualquier
país que en las últimas dos décadas haya salido de
guerras civiles y haya estructurado un sistema electoral moderno -como
El Salvador, Nicaragua o Guatemala- tiene métodos de registro de
votantes, certificación de identidades, depuración del padrón,
depósito de sufragios y escrutinio más avanzados y creíbles
que los de cientos de condados en Estados Unidos.
Durante una visita en setiembre pasado
una comisión de observadores de la OSCE expresó su preocupación
por numerosos aspectos del proceso electoral estadounidense, y en especial
por la introducción este año de nuevas tecnologías,
como las pantallas de computadora donde el ciudadano expresa su voluntad
tocando una pantalla. En muchos de esos mecanismos de voto digital no queda
documentación en papel. Los observadores también dijeron
que les preocupaban las tácticas de intimidación de votantes
en algunas regiones, y el hecho de que en otras muchos votantes legítimos
han sido borrados del padrón.
Entre los observadores que enviará
la OSCE a partir del 30 de octubre se cuentan Leonid Ivanchenko, un ex
miembro del Partido Comunista de Rusia expulsado en setiembre del parlamento
ruso, la Duma, junto con dos de sus camaradas porque fundaron un partido
comunista rival del de la planta. También vendrá Jean Claude
Lefort, miembro de la Asamblea Nacional de Francia, donde representa al
Partido Comunista. La lista es interesante, y un poco bochornosa si se
tiene en cuenta que vendrán a vigilar las elecciones de Estados
Unidos funcionarios de Albania, Bulgaria, Estonia, Hungría, Kazajastán,
Malta, Mónaco, Polonia, Belarus, Rumania y Turquía, entre
otros.
PAÍS GRANDE, MIRE USTED. En
parte la complejidad de la jornada electoral del 2 de noviembre deriva
del hecho de que éste es un país de más de 290 millones
de personas que, en el mismo día, elegirá un presidente,
dos tercios del Senado, todos los miembros de la Cámara de Representantes,
gobernadores de varios estados y legislaturas estatales, y además
votarán por cientos de iniciativas ciudadanas en plebiscitos locales.
Lo cual suena como una gran fiesta
de la democracia. Y lo es, con peculiaridades.
De hecho, aunque el Senado tiene
100 miembros y la Cámara de Representantes tiene 435, los distritos
electorales que representan, modificados cada diez años de acuerdo
con los resultados del censo, se han estructurado de manera tal que prácticamente
todos los actuales legisladores tienen asegurada la reelección.
Y, dado que el Partido Republicano tiene mayoría en ambas cámaras,
es probable que la conserve después del 2 de noviembre.
Desde que en 1994 el Partido Republicano
ganó la mayoría en la Cámara de Representantes, ha
aplicado la "aplanadora" al mejor estilo unipartidista: los proyectos de
ley que otrora se elaboran en el toma y daca de la componenda política
en los comités con los demócratas, ahora se redactan a puertas
cerradas, se traen a votación y se aprueban. Los republicanos han
cerrado sus puertas a sindicatos, grupos ambientalistas y organizaciones
de derechos civiles, y las han abierto a los cabilderos de las grandes
corporaciones que, en muchos casos, no sólo discuten en contubernio
los proyectos de ley sino que los traen redactados.
Esta acción unilateral de
los republicanos se acentuó desde que en las elecciones de 2000
se aseguraron la mayoría en el Senado.
El proceso gradual por el cual la
república ha entrado en crepúsculo cuando amanece el imperio,
ha ido apartando gradualmente al ciudadano común, al votante de
cuya soberanía supuestamente depende toda autoridad, y ha ido concentrando
el poder en el partido de gobierno y, gracias al mesianismo de George W
Bush, en el titular del poder ejecutivo.
Los ciudadanos en Estados Unidos
no votan directamente por un presidente, sino que su voto en cada estado
decide la adjudicación de delegados a un colegio electoral de 537
miembros. Tampoco existe la representación proporcional: el candidato
presidencial que gana en un estado se lleva todos los delegados al Colegio
Electoral, aunque su victoria sea por un voto. Así, en 2000, aunque
el demócrata Al Gore recibió 50.996.117 votos, y el republicano
Bush tuvo 50.456.163, el fallo del Tribunal Supremo de Justicia le adjudicó
a Bush los 27 delegados de Florida para un total de 271. Gore se quedó
con 266.
La concentración de poder
hacia arriba tiene, además, la ayuda del concepto de partidos políticos
en Estados Unidos: no se trata de organizaciones jerárquicas con
una línea ideológica y dirigentes que son elegidos, se perpetúan
o son suplantados por rivales. Los partidos políticos son corrientes
de opinión que siguen a un caudillo provisional. El mecanismo apropiado
para que un "caudillo fuerte" que, como Bush, se cree inspirado por Dios,
actúe con menosprecio del Congreso y desprecio por su propio partido
una vez que le haya servido en el trámite electoral.
PREPARADOS. Los problemas que podrían
multiplicarse y explotar después de que se cierre la votación
el 2 de noviembre, ya han tenido anticipos: al abrirse esta semana el sufragio
ausentista -el que pueden emitir los ciudadanos que no se hallan a la fecha
de elección en el distrito electoral en el cual están registrados-
se pudo comprobar el nivel de fallas que tienen las nuevas computadoras.
Y justamente en Florida, es más, justamente en el condado Orange
que estuvo en el centro de la tramoya de hace cuatro años.
Por otra parte, en casi todos los
estados ha sido notable el incremento del registro de nuevos votantes porque,
al parecer, la guerra en Irak y la incertidumbre económica han motivado
a más ciudadanos. Y junto con el flujo de nuevos votantes han surgido
denuncias, aquí y allá, de maniobras intimidatorias y destrucción
selectiva de registros. En Nevada, por ejemplo, una empresa privada contratada
por el Partido Republicano para una campaña de registro de votantes
ha sido acusada de destruir los registros de quienes se declararon demócratas.
(A la hora de registrarse para votar el ciudadano puede declarar el partido
que apoya o puede declararse independiente.)
Debbie López, directora del
Proyecto Voto Latino en Arizona, dijo que ha tenido noticias de que "hay
un esfuerzo organizado para estimular a que individuos armados concurran
a los puestos de votación y exijan a los votantes que parecen latinos
que muestren su identificación antes de que puedan sufragar".
En Orlando, Florida, el gobierno
envió a funcionarios armados de la Policía Electoral del
estado para que interrogaran a votantes ancianos negros en una supuesta
investigación de las irregularidades en la elección de alcalde
de esa ciudad en marzo de 2003. De hecho, la presencia de los agentes armados,
vestidos de civil, puede haber intimidado a numerosos votantes negros que,
en sus largas vidas, han aprendido que con "the man" uno no se mete.
En todo el país las autoridades
estatales han preparado sus oficinas electorales, y los partidos políticos
están equipando sus pelotones de abogados a la espera de las querellas
y confusiones que surgirán tanto por lo reñido de la contienda
entre Bush y el demócrata John Kerry como por el ineficiente sistema
de votación.
"En este ciclo electoral siguen sin
solución numerosos problemas, y muchos de ellos afectan desproporcionadamente
a las comunidades negras e hispanas", dijo William Boone, profesor de ciencias
políticas en la Universidad Clark de Atlanta (Georgia). "Uno de
los problemas mayores es el confuso poncho de retazos de reglas y regulaciones
sobre la restauración del derecho de voto a ex criminales. Otro
problema es el poncho de retazos de los sistemas de registro de votantes
y la práctica de depuración de los padrones. En algunos estados
hubo votantes que fueron quitados del padrón por no haber votado
en unos pocos ciclos electorales, algo que puede haber ocurrido si el votante
no encontró un candidato que le interesara. Mucha gente jamás
se enteró de que fue quitada del padrón y descubrirá
el 2 de noviembre que no puede votar."
Por su parte Melissa Harris Lacewell,
profesora del Centro para el Estudio de Raza, Política y Cultura
en la Universidad de Chicago, opinó que "el colegio electoral es
el mecanismo más eficaz de exclusión de la voluntad del electorado
en el sistema político de Estados Unidos".
"Grupos enteros de votantes han quedado
excluidos simplemente porque viven cerca de grandes grupos de personas
que son de diferente etnia", agregó. "Por ejemplo, los negros están
concentrados en estados que son de mayoría republicana. Los partidos,
candidatos y plataformas no se ocupan de sus intereses. El colegio electoral
hace que, de hecho, el voto negro sea mayormente irrelevante en la elección
presidencial. Todos los estados en los cuales la población negra
excede el 25 por ciento del total son de mayoría republicana, con
la excepción de Maryland. Esto significa que ni los republicanos
ni los demócratas tienen que ocuparse del voto de los negros porque
ya está cautivo y silenciado por republicanos sureños."
Y en este ciclo la aritmética
del Colegio Electoral ha contribuido a otra vuelta en la exclusión
de la voluntad política de las mayorías en todo el país:
los estrategas de los dos partidos ya han calculado cuáles estados
tienen mayoría republicana o demócrata, y han concentrado
sus campañas en una docena de estados "indecisos". Que ni siquiera
tienen por qué ser los mayores y, por lo tanto, con las delegaciones
más numerosas al Colegio Electoral. En la práctica esto significa
que California, que por su población tiene 55 delegados, Texas con
sus 34, o Nueva York con sus 31 no son tan cruciales para el resultado
de esta elección, como lo son Ohio con 20, Missouri con 11 o Iowa
con 7. Los estrategas han calculado que California y Nueva York serán
demócratas y Texas republicano. En cambio Ohio, Missouri e Iowa
se cuentan en la docena de indecisos.
Pero, tal vez, la exclusión
última y definitiva de la voluntad republicana de los estadounidenses
la da el hecho de que sólo dos candidatos han reunido los cientos
de millones de dólares que requiere una campaña, y los dos
representan apenas matices de un propósito común: el imperio
naciente. |