| Brecha
de Uruguay - 28 de Octubre de 2004
Con Tabaré Vázquez
(Parte I)
"Los
ojos en la utopía,
los
pies en la realidad"
En esta
entrevista concedida a BRECHA*, la primera en muchos años, el líder
del Frente Amplio se explaya sobre las características que puede
tener su gobierno y algunas de las medidas centrales que tomará.
Desde las políticas sociales hasta la relación con las Fuerzas
Armadas, pasando por la construcción de un "país productivo"
y las relaciones con los países de la región.
-La posibilidad de un gobierno de
izquierda ha generado una lógica "inflación de expectativas"
entre los sectores tradicionalmente postergados de la sociedad. ¿Cómo
se plantea administrarla?
-Nosotros lo hemos expresado lo más
claramente posible al presentar nuestras propuestas programáticas,
durante toda la campaña electoral e incluso ante la pregunta -que
algunos nos plantearon- de por qué no dar rienda suelta a las promesas:
nuestra propuesta estratégica de país conlleva un proceso
de cambios progresivos que a su vez implica una opción de prioridades.
En tal perspectiva, es obvio que no todas las expectativas existentes se
podrán satisfacer de inmediato. También es cierto que tenemos
plena confianza en la inteligencia, en la sensibilidad y el realismo de
toda la sociedad uruguaya.
Nuestra prioridad es atender lo que
no puede esperar. Y lo que no puede esperar es la condición de pobreza
e indigencia en que vive casi un tercio de la población del país.
Es allí donde aplicaremos las medidas más inmediatas a partir
del Plan de Emergencia y donde esperamos obtener buenos resultados a la
brevedad. Ya lo hemos dicho; un gobierno progresista que no encare esta
problemática en clave de atención a la emergencia social
y promoción de ciudadanía podrá ser gobierno, pero
no será progresista.
La segunda prioridad es el Uruguay
productivo y, consecuentemente, la instrumentación de políticas
favorables al impulso de la producción industrial, agropecuaria,
de servicios y tecnológica del país. De ello depende la buena
salud de la economía, la generación de buen empleo, la mejor
distribución de la riqueza, en fin, la posibilidad de que Uruguay
transite un camino de auténtico desarrollo productivo sostenible.
Y el tercer aspecto que atenderemos
de inmediato es el referido a la transparencia y eficiencia en la gestión
pública; la lucha implacable contra la corrupción -no sólo
hacia el pasado sino con la misma o mayor dureza hacia el futuro- y la
austeridad. Creo que todos nos llevaremos muchas sorpresas de todo lo que
se puede hacer en este sector y cuántos recursos pueden ahorrarse
y destinarse a cosas útiles. Y esa también será una
señal: un gobierno austero puede dialogar con la sociedad en su
conjunto en otras condiciones, con otra capacidad de hacerse escuchar.
Austeridad y participación directa y transparente de todos los actores,
esa será la base de nuestra relación con la sociedad y con
todos los sectores.
-Usted fue uno de los promotores
del proceso de descentralización que encaró el EP-FA en Montevideo.
Es probable que, apenas instalada en el gobierno nacional, la izquierda
reciba una avalancha de ofertas de colaboración de parte de grupos
sociales y hasta de particulares. ¿Se han previsto mecanismos para
canalizar ese deseo de participación? ¿Cómo se instrumentarían
en la práctica?
-La avalancha de ofertas sería
una buena señal, en una sociedad que no se siente escuchada. Naturalmente
que esa institucionalización exigirá representatividad, establecer
precisamente las normas y alcances de su funcionamiento y, sobre todo,
lo más importante: proponerse metas concretas y programas de trabajo
efectivos. El manejo de los tiempos es hoy un factor fundamental. Nadie
nos esperará.
Les agradezco que me recuerden esa
experiencia de descentralización. Fue inédita en el país
y ya es irreversible, lo que no significa que no sea perfectible ni que
pueda extenderse mecánicamente. La democracia, afortunadamente,
es una construcción colectiva y permanente.
Entre nuestras propuestas y compromisos
de gobierno está la descentralización. Que implica descentralizar
en el marco de un proyecto nacional de desarrollo productivo sostenible,
descentralizar para mejorar la eficacia de la acción estatal, descentralizar
recursos para que los departamentos no sean rehenes del gobierno nacional
de turno, promover la participación ciudadana, generar ciudadanía,
etcétera.
En ese marco hemos propuesto, por
citar algunos ejemplos, rescatar del cautiverio al que hoy están
sometidas por la OPP (Oficina de Planeamiento y Presupuesto) a la Unidad
de Desarrollo Municipal, la Comisión Sectorial de Descentralización
y el Fondo de Descentralización previsto por el artículo
298 de la Constitución de la República.
También, en materia de participación
ciudadana, hemos propuesto un plan estratégico de fomento a la misma,
la promoción de una ley básica de participación y
hasta la creación de un consejo ciudadano para el seguimiento de
los compromisos de gobierno. Ya que el poder existe, que lo tenga la gente.
-En una reciente entrevista concedida
a BRECHA el presidente de la Vertiente Artiguista, Enrique Rubio, habló
de la necesidad para la izquierda de pasar de un esquema de "clase contra
clase" a una "dinámica de actores y de derechos". Esa idea parece
compartida por buena parte del Frente. ¿Se impulsaría una
suerte de "pacto social"?
-El "pacto social" reconoce varias
inflexiones teóricas y experiencias prácticas cuyo análisis
trasciende largamente el marco de esta respuesta. Pero más allá
de ello, lo cierto es que un proyecto nacional de desarrollo productivo
sostenible, en esta etapa de la vida del país, afrontando la realidad
económica, social, que tenemos implica construir una base social
y política muy amplia. Reitero, no sólo una base política,
sino también social.
Si construir esa base social es un
pacto social, pues sí, buscamos ese acuerdo.
Pero también hemos hablado
en otras presentaciones que las sociedades democráticas tienen tensiones
y contradicciones, es parte de la propia esencia de la democracia, de lo
que se trata es que dentro del marco de las instituciones seamos capaces
de administrar esas contradicciones, esas diferencias de intereses, y resolverlas
en el marco de un proyecto de desarrollo y de un serio avance hacia la
justicia social.
Por eso, si ustedes revisan mis exposiciones
referidas a las propuestas y compromisos de gobierno del EP-FA-NM, constatarán
que reiteradamente he hecho referencia al "compromiso ciudadano por el
desarrollo productivo sostenible". No es casualidad ni es un recurso retórico;
es una propuesta y un compromiso de gobierno.
Creemos que ese compromiso ciudadano
ha de involucrar al gobierno, al sistema político en su conjunto,
a los sectores empresariales y productivos, y a los trabajadores. En el
marco de una estrategia de país ha de establecer objetivos y criterios
en materia de crecimiento económico, competitividad, empleo decente,
relaciones laborales, protección social, cohesión territorial,
sostenibilidad ambiental, integración regional, etcétera.
Lo que tiene que quedar claro es
que el corporativismo y los lobbies tendrán muy poca audiencia en
un gobierno progresista. Lo que les planteaba anteriormente sobre las formas
institucionales de participación es parte de nuestra respuesta.
-Últimamente la izquierda
y franjas del empresariado nacional han ido limando viejas asperezas. ¿Con
qué sectores del empresariado piensa usted que al FA-EP-NM le resulte
más fácil acordar?
-Con los empresarios que realmente
jueguen su papel de asumir riesgos, de invertir, de innovar, de generar
trabajo, que respeten el ambiente y que tengan una visión moderna
de las relaciones laborales y de su propia responsabilidad social.
Hay, en ese sentido, una gran potencialidad.
No es un problema sólo de relacionamiento de nuestro gobierno, es
un problema central para el país, esos son los empresarios que el
país necesita. Y así como hablamos en el encuentro mantenido
con los empresarios sobre la política económica, crediticia,
de apoyo a la innovación, de promoción de la innovación
tecnológica, también les hablamos claramente de sus responsabilidades
intransferibles.
-Desde otro ángulo social,
¿habrá una relación privilegiada con los sindicatos?
La experiencia de la administración frenteamplista montevideana
con ADEOM parece augurar por lo menos dificultades en ese plano, sobre
todo con los gremios del sector público, que además están
entre los más fuertes del país. En esa materia: ¿qué
cosas no haría, siendo presidente de la República, que sí
hizo siendo intendente de la capital?
-Hay una larga tradición de
sintonía entre la izquierda y el propio EP-FA con los trabajadores
en general y con los trabajadores organizados en particular. Es una seña
de identidad de la cual nos sentimos orgullosos.
Hemos realizado varios encuentros
para discutir y analizar el relacionamiento y también la independencia
del gobierno progresista y los sindicatos. Esa es una garantía para
ambos.
Las relaciones también y fundamentalmente
pasan por temas de contenidos, por definir el Uruguay que queremos y cómo
construirlo; pasan por un proyecto de desarrollo productivo con justicia
social, pasan por el trabajo decente, por las relaciones laborales y, sobre
todo, por articular políticas concretas que promuevan lo anterior.
Tal es el principal elemento de nuestra relación con los trabajadores
y con sus sindicatos.
Sabemos que el relacionamiento entre
un gobierno progresista y el movimiento sindical nunca es idílico,
conocemos la complejidad de las actuales circunstancias, pero somos optimistas
en esta materia. No solamente por lo que es, ha hecho, hace y propone hacer
el EP-FA-NM, sino también porque reconocemos en el movimiento sindical
uruguayo a un actor serio, honesto, con una fuerte tradición de
compromiso con las grandes causas nacionales, impulsor y participante de
iniciativas de amplia base social, por ejemplo para citar el último,
la Concertación. Así que somos optimistas.
Pero además, ¿acaso
toda la experiencia del relacionamiento entre el gobierno municipal de
Montevideo y ADEOM es mala? ¿Acaso no ha habido acuerdos y avances
importantes en la erradicación del clientelismo, el ingreso por
concurso, la calificación y la formación del personal, la
modernización de la carrera profesional y en particular la atención
a los sectores más sumergidos y que juegan un papel fundamental
en la sociedad? Por supuesto que hay mucho por hacer, pero lo que se ha
hecho no es poco.
-¿Qué características
tendría el Consejo Económico y Social que la izquierda plantea
convocar?
-Las que establecen los artículos
206 y 207 de la Constitución de la República. Honorario,
consultivo, integrado por distintos sectores de la sociedad que hacen a
la vida del país.
Además de cumplir con la Constitución,
será parte fundamental de nuestra política de institucionalización
de la participación de los diversos sectores sociales de la vida
económica y social del país.
Y esto se une al rol que debe asumir
el Parlamento nacional como instancia representativa de la voluntad ciudadana,
como ámbito para plantear y discutir los grandes temas del país
y legislar en consecuencia, como poder que controla la acción del
gobierno. En fin, la calidad de la democracia también se mide por
la calidad de su Parlamento.
-Lula llegó al gobierno de
Brasil prometiendo cinco grandes reformas para implementar en el primer
año y medio de gestión. ¿Cuáles serían
las primeras reformas que el EP-FA encararía en ese período?
* Las preguntas de este cuestionario
fueron elaboradas por un equipo de redacción de BRECHA con la intención
de entrevistar a Tabaré Vázquez, pero desde su secretaría
se nos informó que, debido a las urgencias de la agenda de campaña,
Vázquez respondería por escrito. En función del interés
que la nota tiene para los lectores BRECHA aceptó, excepcionalmente,
dicho criterio. |