Con
Hugo Cores
“Una
sensibilidad levantisca
que
debe estar presente”
Fabián
Werner, BRECHA *
El
Partido por la Victoria del Pueblo (pvp) es el único grupo frenteamplista
que acude en soledad a la elección del domingo. Para su líder,
ello se debe a sus particulares señas de identidad, que llevan al
grupo a plantear reivindicaciones propias, como la lucha contra la impunidad
y la reconstrucción de la memoria histórica.
—¿Cómo
se ubica el pvp dentro de la izquierda?
—Nos presentamos
con una lista, la 567, que no ha hecho acuerdos electorales con ningún
grupo. Aspiramos a tener representación parlamentaria desde el momento
que creemos que tenemos algo propio para decir, algunos temas que si bien
forman parte del acervo programático del Frente no siempre se levantan
con la insistencia necesaria ni se hace campaña en torno a ellos.
El segundo elemento es que, a diferencia de otros grupos del fa, creemos
en la interacción de sus grupos en la interna. Rescatamos el valor
de la unidad, las instancias de intercambio conjunto. Es algo a destacar
que en el fa hay procesos de elaboración colectiva y en ellos sentimos
que tenemos como pvp algo distinto que decir, con una tradición
propia, distinta a otras. Por supuesto que tenemos disposición a
acompañar el cumplimiento del programa, que Tabaré ha dicho
será la Biblia del gobierno en los próximos cinco años,
y también para colaborar con la gestión. Si se diera que
alguno de nosotros fuera convocado a integrar el elenco de gobierno, no
tenemos dudas en cuanto a eso.
Nosotros nos proponemos
bregar por una militancia permanente, de respaldo al programa, porque van
a surgir nuevas aristas, nuevas demandas, y pensamos que sería muy
positivo que el estímulo para las nuevas generaciones y la gente
que se reincorpora no se pierda. Un gobierno que se propone llevar adelante
un programa a contracorriente como éste precisa de movilización
políticamente organizada de acuerdo con un programa y con una estructura
orgánica.
Eso el gobierno
tendrá que aprovecharlo a partir del 1 de marzo, porque tendrá
que remar contra la corriente que predomina en el mundo, que es el neoliberalismo
duro y puro, y para ello hacen falta más brazos que los del elenco
gobernante.
—Más
allá de ese marco general de coincidencias con el resto de la izquierda,
¿cuáles son los elementos distintivos del pvp?
—Tenemos una sensibilidad
muy especial respecto a la subsistencia de la impunidad y del fenómeno
reciente que se dio en el gobierno de Jorge Batlle (que se precia de ser
tan liberal y tan constitucionalista), de ejercicio de una presión
descarada desde el Poder Ejecutivo hacia la justicia. El hecho de que se
impida el ingreso de los antropólogos forenses al predio del Batallón
13 es de una gravedad extrema, porque se está rompiendo el equilibrio
institucional del país y se está interviniendo en un ámbito
que la Constitución indica es propio de los fiscales y de los jueces.
Y no se trata de un tema menor sino de algo que tiene tremenda fuerza simbólica
para el pueblo uruguayo: quienes aspiran a entrar allí para confirmar
si hay indicios de remociones de tierra están buscando los restos
de héroes de la resistencia a la dictadura, como Elena Quinteros,
Julio Castro, Manuel Liberoff, Tassino, Bleier.
Otro importante
aspecto es el proyecto de país productivo, contrastado con el proyecto
de plaza financiera, paraíso de especuladores y de evasores. Pero
junto con eso ponemos el énfasis en la redistribución del
ingreso, en el aumento de los salarios, en el fuero sindical, en un Ministerio
de Trabajo que sea defensor de las leyes obreras, en los consejos de salarios.
Otro aspecto es
la reconstrucción de la memoria histórica, que es el dolor
pero también es la resistencia. En este país hubo durante
años decenas de miles de héroes que terminaron con sus huesos
en la cárcel y no hay registro mnemotécnico, escrito, que
reconstruya 11 o 12 años de presos permanentes, de gente que iba
presa por intentar organizar un sindicato o por escribir en una pared “Abajo
la dictadura” o “Libertad para Seregni”. Nos parece que merecería
un esfuerzo de la academia, de la prensa, de los partidos y también
del Estado, que tendrá que facilitar la reconstrucción de
la memoria.
—¿Estas
reivindicaciones tienen apoyo en otros sectores de la izquierda, o son
minoritarias?
—En el Congreso,
en el pvp no llegábamos a 40 delegados. Sin embargo, la moción
que nosotros impulsamos y que yo defendí recibió 400 votos,
contra 570 que recibió la otra. Nosotros sentimos que representamos
una sensibilidad que existe entre las bases comunistas, socialistas, del
mpp, que es una sensibilidad levantisca, crítica. Y nosotros hicimos
toda nuestra campaña en función de estos ejes, contra la
impunidad, contra el despojo que han sufrido los trabajadores, contra la
situación a la que ha sido sometida una parte de la población
en los asentamientos marginales y toda la cuestión de la democratización
de la sociedad y el Estado, los medios de comunicación (cómo
favorecen a unos y discriminan a otros) y hemos encontrado buen eco en
ese terreno. Y el domingo mediremos si estamos trillando por pensamientos
que son suscritos por muchos o por muy pocos. Sería bueno que esa
sensibilidad estuviera presente en la representación parlamentaria
del fa.
—¿Cómo
observan el proceso de agrupamiento por un lado de las fuerzas moderadas
y por otro lado la fragmentación de los sectores más radicales?
—Algunas tendencias
se han colocado en una posición que yo llamaría fronteriza,
con cierto hostigamiento hacia el fa, que nosotros no compartimos. En la
otra frontera los vemos poniendo menos énfasis en todo lo que nos
separa del país de los blancos y los colorados, pero pensamos que
es un proceso que no está decantado. Incluso hay nucleamientos que
son muy heterogéneos, listas que en algunos casos están lideradas
por auténticos dirigentes con trayectoria y estilo de izquierda,
y que sin embargo allí viene gente que ni siquiera es de extracción
frentista, que van a ingresar al Parlamento sin que veamos con claridad
su perfil, cuál va a ser su rol. Las alianzas muchas veces se hacen
con un sentido pragmático (que respetamos) para abaratar el costo
de un legislador, pero instalan también un factor de retraso en
el proceso de discusión.
—¿Y por
qué ese proceso se ha dado con más fuerza entre los sectores
moderados que en los que usted señalaba como con una actitud fronteriza
o radical?
—Bueno, se ha dado
un acuerdo electoral entre la Corriente de Izquierda, el 26 de Marzo, pero
creo que cuanto más a la izquierda del espectro electoral frenteamplista
nos encontramos, también hay mayores exigencias y son mayores las
dificultades para encontrar los puntos de acuerdo, ya que funcionan con
mucha fuerza cuestiones de principismo ideológico. Es posible también
que el crecimiento frentista termine creando espacios más nítidos
con zonas de confluencia.
—A la luz de
las discrepancias que ha planteado el pvp con el senador Danilo Astori,
¿cómo visualizan la futura política económica
del gobierno del fa?
—La decisión
de Tabaré de asignar a Astori la conducción económica
nos tomó por sorpresa, pero declaraciones posteriores pusieron las
cosas en su lugar. Tanto Astori como Tabaré sostuvieron enfáticamente
que de lo que se trata es de aplicar estrictamente lo resuelto en el Congreso
Héctor Rodríguez, donde para nosotros tuvo mucho valor el
trabajo del economista de la Vertiente Artiguista Carlos Viera. Compartimos
lo que él dice en cuanto a que Uruguay no podrá pagar la
deuda a costa del hambre de sus niños, ni hipotecando las posibilidades
de crecimiento económico. Si se cumple con lo resuelto por el Congreso
(que resuelve cosas generales, luego la vida de gobierno nos va a orientar)
vamos a cinchar junto con el fa para que las dificultades que surjan se
puedan resolver de manera unitaria. Y confiamos en el papel de la conducción
de Tabaré, en su palabra empeñada en cuanto al Plan de Emergencia
y en un líder que tiene capacidad de indignación frente a
la injusticia. Sabemos que los planes económicos serán puestos
al servicio de la solución de los problemas sociales.
—Otra discrepancia
que ha sostenido el pvp con distintos sectores del fa tiene que ver con
la ley de caducidad. ¿La solución del tema de los desaparecidos
pasa por el cumplimiento del artículo 4, como se resolvió
en el Congreso y fue planteado por los sectores mayoritarios, o además
pasa por otro lado?
—Para aplicar el
artículo 4 el gobierno tiene que decidir qué delito está
comprendido en la ley de caducidad. Nosotros pensamos que hay crímenes
que no están comprendidos en ella, por su calidad de delitos permanentes.
En ese caso hay que dejar actuar a la justicia, y proporcionarle los elementos
de información que están en poder del Ministerio de Defensa
o el del Interior a efectos de que ella actúe con todos sus atributos
y reconociendo todos los derechos que tiene toda persona acusada, en función
del principio de que todos somos iguales ante la ley. En segundo lugar,
pensamos que hay que dejar de poner trabas a las investigaciones que ya
están iniciadas y que obviamente no están comprendidas en
la ley de caducidad. No lo está la situación de Juan Carlos
Blanco, o el caso de la nieta de Juan Gelman, y esos son pasos simbólicos
de una enorme importancia. Precisamos que se disipe el clima de intimidación
que existe sobre los testigos. En el caso del general Óscar Pereyra,
el Centro Militar no puede desafiliarlo e impulsar un tribunal de honor
ante el Ministerio de Defensa Nacional para un ciudadano que denunció
la violación de derechos humanos. El Centro Militar viola la Constitución
porque la inmensa mayoría de sus integrantes está en actividad,
y ellos están asumiendo actitudes políticas que convienen
al Foro Batllista. Y siguen creando un clima de intimidación para
que la gente que tiene algo para decir sobre las cosas que ocurrieron hace
30 o 35 años no las diga. También es una vergüenza lo
que ocurre en el caso del asesinato del científico chileno Eugenio
Berríos, que hace nueve años que está postergado y
que no está comprendido en la ley de caducidad. Y sobre eso hay
que realizar movimientos que son de estricto cumplimiento de la Constitución
y la ley. Movimientos simbólicos, austeros, despojados, pero que
llamen al orden, porque no se puede participar de una posdata de la operación
Cóndor (como fue el asesinato de Berríos) y seguir en actividad,
al mando de tropa. Eso es una incrustación del terrorismo de Estado
en las instituciones democráticas en una zona especialmente sensible
como son las Fuerzas Armadas.
Publicado el
28 de octubre de 2004