El
candidato del Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría,
Tabaré Vázquez, será el próximo presidente
de Uruguay, de acuerdo con proyecciones dadas a conocer tras la jornada
electoral histórica realizada ayer en ese país del cono sur,
en la que la mayoría decidió sacar del poder a la oligarquía
bipartidista que lo ocupó durante más de un siglo y que,
hasta ahora, sólo se había retirado del gobierno para dejar
paso a una dictadura militar. Lo ocurrido ayer en la patria de Artigas
no debe verse como resultado arbitrario de una ruleta electoral -que a
eso se parecen muchas democracias latinoamericanas que han logrado realizar
comicios técnicamente impecables, o casi, pero en los cuales no
se ponen en juego alternativas políticas, económicas y sociales-,
sino como la culminación de una larga lucha cívica para poner
la institucionalidad del país al servicio de la sociedad, no de
los intereses financieros y comerciales nacionales y extranjeros.
El triunfo de Tabaré Vázquez
se plantea como el inicio de un proceso pacífico y legal de transformación
nacional profunda que empieza, al parecer, con buenas bases -como la mayoría
absoluta de que dispondrá en el Congreso- y al que cabe augurarle
el mejor de los destinos.
Además de Uruguay, Brasil,
Venezuela y Chile efectuaron también elecciones ayer, con resultados
contrastados. En Brasil, el gobernante Partido del Trabajo sufrió
un revés en Sao Paulo -la ciudad más grande y rica del país-,
donde al parecer el aspirante socialdemócrata José Serra
derrota a la candidata oficialista Marta Suplicy. Mientras tanto, en Chile,
donde se designará a 345 alcaldes y dos mil 144 concejales, la gobernante
Concertación de Partidos por la Democracia, del presidente Ricardo
Lagos, aventajaba sin problemas a la oposición de derecha. En Venezuela,
el holgado triunfo del oficialismo en los comicios para renovar 22 gubernaturas,
335 alcaldías y medio millar de diputados provinciales se vio opacado
por un elevado abstencionismo -más de 50 por ciento, según
resultados parciales- que parece reflejar la fatiga electoral de la ciudadanía
tras los muchos procesos comiciales a que ha sido convocada durante los
gobiernos de Hugo Chávez.
Al margen de los reveses experimentados
ayer por el gobernante PT brasileño, es claro que las jornadas comiciales
de ayer en cuatro países latinoamericanos confirman una tendencia
continental contraria a las derechas y a las oligarquías políticas
tradicionales y constituyen, además, una contrariedad para los designios
de Washington para la región. La coalición triunfadora en
Uruguay es partidaria de un alineamiento en la política exterior
del país con la de los líderes sudamericanos que buscan alternativas
al neoliberalismo y a la supeditación automática a Estados
Unidos: Luiz Inacio Lula da Silva, de Brasil; Ernesto Kirchner, de Argentina,
y Hugo Chávez, de Venezuela. Su triunfo planteará dificultades
adicionales para la concreción del Area de Libre Comercio de las
Américas (ALCA, por sus siglas en inglés) que Estados Unidos
pretende imponer a Latinoamérica e introducirá nuevos desafíos
a la hegemonía de la superpotencia en el subcontinente. La nueva
correlación de fuerzas en este hemisferio tendrá que ser
tomada muy en cuenta por el candidato que se imponga, en los comicios de
mañana, en el vecino país del norte.
Por último, las primeras proyecciones
de las elecciones en Brasil constituyen una inequívoca señal
de alerta para el gobierno de Lula da Silva y para su partido, el cual
ha perdido respaldo popular a raíz de las inconsecuencias del programa
económico del presidente obrero, el cual no parece capaz, hasta
ahora, de articular sus audaces propuestas sociales -como el meritorio
programa Hambre Cero y su cruzada contra la esclavitud con estrategias
económicas de contenido popular y apartadas de las recetas del Consenso
de Washington.