| Página/12
de Argentina - 2 de Noviembre de 2004
El voto de los emigrados fue decisivo
y será clave en el futuro
del Frente Amplio
La izquierda
tiene un tanque de reserva
Las cifras finales, que darían
al Frente Amplio alrededor de un punto por encima del 50 por ciento, confirmarán
que los uruguayos residentes en la Argentina garantizaron el triunfo de
la izquierda sin necesidad de la segunda vuelta que los inquietaba.
Luis
Bruschtein
El voto de los uruguayos
que viven en la Argentina y cruzaron el Río de la Plata fue la clave
final para garantizar el triunfo del Frente Amplio. Pero el fenómeno
será todavía más importante en el futuro, y marcará
un aspecto decisivo para Uruguay. En el exterior viven alrededor de 700
mil uruguayos con edad para votar, que son la tercera parte del padrón
actual. Hoy no pueden votar en los consulados. Tienen que viajar. Como
el Frente cambiará este régimen electoral, se asegurará
un tanque de reserva que mejorará notablemente su capacidad de gobernar.
Con una población de alrededor
de 3.200.000 habitantes, Uruguay tiene un padrón de dos millones
y medio. El uno por ciento de los votos son entre 20 mil y 25 mil votos.
La cifra oscila al pasar del porcentaje al número absoluto. El domingo,
el total de votos escrutados fue de 2.228.645. El uno por ciento fue de
22.864 sufragios.
Solo en la Argentina viven 300 mil
uruguayos, muchos de ellos emigrados políticos de la dictadura que
comenzó en 1973, muchos emigrados económicos, la mayoría
simpatizante de la coalición Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva
Mayoría.
En el exterior en total viven por
lo menos dos millones. Como mínimo la mitad podría votar
si viviera en Uruguay, y podría hacerlo si cambiara el régimen
que hoy impide votar de dos maneras:
- Por un lado, directamente no permite
sufragar en consulados.
- Por otro, refuerza ese obstáculo
al obligar a los uruguayos a reempadronarse si no votaron en las últimas
elecciones. Si no, quedan fuera del padrón. Esa es la explicación
por la que de los 300 mil uruguayos residentes en la Argentina sólo
hubiera 40 mil en condiciones de votar. El resto no estaba en los padrones.
La cifra final todavía no
es clara, pero el equipo que organizó la larga marcha desde la Argentina
calcula que por lo menos cruzaron el río o dieron vuelta en auto
o micro unos 45 mil uruguayos. Es decir, más del 1 por ciento del
padrón.
Según el escrutinio definitivo,
ayer por la mañana al Frente le estaban faltando sólo 709
votos para evitar la segunda vuelta. Es una formalidad en parte porque
los partidos Nacional (blanco) y Colorado reconocieron el domingo mismo
la derrota y en parte porque faltan votos debido a que aún hay observados.
Con que sólo 710 de los 30 mil votos cuya suerte falta definir sean
frentistas, los requisitos quedarán cumplidos.
Así, la izquierda terminará
consiguiendo alrededor del 51 por ciento de los votos. La diferencia que
garantizó la tranquilidad de ganar en primera vuelta y conseguir
mayoría en ambas cámaras por primera vez en 38 años
vino, pues, del exterior, y en primer lugar de Buenos Aires y alrededores.
Esa misma mayoría es la que será la garantía del cambio
en la ley electoral. La izquierda ya tiene presentado el proyecto. Desde
el 1 de marzo, con la nueva gestión que comenzará cuando
asuma Tabaré Vázquez como presidente, sólo tendrá
que poner el proyecto de voto consular en el orden del día y levantar
la mano. No precisa de una mayoría especial de dos tercios, y el
voto en el exterior será un hecho gracias a que la izquierda ganó
16 senadores sobre 30 y 52 diputados sobre 99.
No parece, tampoco, un debate difícil.
Los conservadores de Julio María Sanguinetti podrían acusar
al Frente Amplio de que quiere aplastar a las minorías, pero debería
demostrar al mismo tiempo que son totalitarios Italia o los Estados Unidos,
países donde los ciudadanos votan aunque residan en el exterior.
“No puede ser que Uruguay sea uno
de los pocos países del mundo que no permita votar a sus ciudadanos
obligados a emigrar”, dijo a Página/12 Leonardo Nicolini, ex diputado
y senador suplente en la lista 609 del Frente Amplio que llevó como
titular a José “Pepe” Mujica. Nicolini fue miembro del comando electoral
y hace 20 años que participa de la organización de los votantes
en el exterior.
–En 1984 viajamos con el general
Líber Seregni a ver a Raúl Alfonsín para pedirle ayuda
–contó ayer a este diario.
–¿Qué pedían
ustedes?
–La posibilidad de que los uruguayos
tuvieran facilidades para viajar y emitir su voto. Me acuerdo que a Seregni
le salió el oficio. Nuestra idea era que 45 mil cruzaran y el general
me dijo que era “logísticamente imposible”. Pero por suerte fue.
–¿Cómo lo hicieron?
–En la reunión con Alfonsín
en Olivos le preguntamos si no podía dar asueto a los uruguayos
el viernes y el lunes. “Por supuesto”, nos dijo Alfonsín.
Este año, Nicolini acompañó
a Tabaré Vázquez a la reunión con el Presidente Néstor
Kirchner. Pidieron y obtuvieron lo mismo. El resto –el apoyo público
permanente a Vázquez por sobre las críticas que señalaban
que era una intromisión en los asuntos internos– ya lo había
decidido Kirchner por sí mismo. Un funcionario argentino que pidió
reserva de su nombre dijo en su momento que la decisión se había
tomado “por simpatía y por conveniencia”. La primera es obvia. La
segunda responde a la explicación de Kirchner según la cual
a la Argentina le conviene una región homogénea desde el
punto de vista político, algo que se estaría logrando aun
dentro de las distintas estrategias económicas con Chile, Brasil
e inclusive Bolivia.
Ningún uruguayo sabe exactamente
cuántos residentes en el exterior hay, y cuántos podrían
votar si se quitaran las restricciones. La forma que estudia el Frente
Amplio es un censo, que de hecho serviría para hacer un padrón
nuevo y legalmente puro.
Si el proceso se completa, como
parece seguro, Uruguay sumará a lo habitual en los países
de emigración, que es el drenaje de divisas de los que viven afuera,
una reserva permanente de votos de izquierda. Lo último surge de
estimar que los emigrados políticos son votantes automáticos
del Frente Amplio, y los emigrados económicos no votarían
a los colorados o los blancos que forzaron su destierro.
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