| Página/12
de Argentina - 3 de Noviembre de 2004
La larga
marcha del Frente
Jorge
Rivas *
“En
mi país somos duros, el futuro lo dirá”, cantaba Alfredo
Zitarrosa cuando el terror de la dictadura militar se abatía sobre
el pueblo oriental con saña semejante a la que padecíamos
sus hermanos de la región. Fueron duros, en efecto, los uruguayos
que ya habían elegido el camino de la militancia por una sociedad
democrática y justa. Soportaron cárcel, persecuciones, exilios,
sin aflojar, sin bajarse de sus convicciones ni de su empeño, sin
abandonar su proyecto de consolidar la herramienta política que
llegado el día les permitiría alcanzar por fin el gobierno
del paisito. Fue duro el general del pueblo, Líber Seregni, que
había contribuido a fundar el Frente Amplio en 1971 y que fogoneó
la resistencia desde la prisión a lo largo de diez años.
Fueron inteligentes, también,
los uruguayos que habían optado por la causa popular. Entendieron
que el camino que debían recorrer era el de la unión en la
diversidad, el de la incesante y paciente acumulación de fuerzas,
el de la coherencia política. Su organización, el Frente,
ya convertido en un modelo admirado por el conjunto de las fuerzas progresistas
de América latina, ganó la intendencia de Montevideo cuando
se inauguraba la década de los ’90, terrible para los trabajadores
del mundo entero y también para sus expresiones políticas.
Sin embargo, la coalición consiguió en la gestión
municipal mantener su perfil ideológico, y empezó a crecer
desde la capital hacia el interior, que hasta entonces le había
sido renuente.
Consecuentes, los uruguayos que
ya adherían al Frente Amplio, y otros que aún no lo habían
hecho y que probablemente sí lo hicieron en las presidenciales del
domingo, rechazaron con su voto la privatización masiva de empresas
públicas en 1992, y en particular la de la Administración
Nacional de Combustibles a principios del año pasado. La existencia
de una izquierda fuerte, unida, coherente, flexible, democrática,
que discutía de igual a igual con el poder económico interpretando
fielmente a su pueblo, marcaba una diferencia clara a favor de los uruguayos
en una época en que el desmantelamiento de los Estados era la norma
en América del Sur.
Con una avalancha de votos, el Frente
Amplio acaba de completar ahora la larga marcha que emprendió hace
treinta y tres años. Para ello tuvo que aprender a abandonar todo
sectarismo, a interpretar cada vez a más uruguayos, a incluir, a
contener. Supieron los compañeros del Frente dirimir sus diferencias
preservando la coalición, supieron no depender de liderazgos más
o menos afortunados, supieron crecer sin urgencias. Por todo ello la izquierda
uruguaya está a punto de empezar a gobernar, indemne y pujante a
pesar de las sacudidas del camino, curtida por las batallas políticas,
humilde a pesar de la victoria. Su historia permite augurar otra exitosa
larga marcha.
* Presidente del bloque Socialista
de la Cámara de Diputados.
|