Elecciones
y percepciones
Angel
Guerra Cabrera
Las elecciones
no siempre sirven para medir la inclinación de la opinión
pública hacia cuestiones medulares porque con frecuencia no se dan
las condiciones que permiten que esta se exprese. Depende de que alguna
de las opciones en pugna sea percibida como verdaderamente alternativa
por los electores, de que esta reciba el apoyo de un gran movimiento de
masas, del grado de conciencia política alcanzado por este y de
otros factores. Esta semana, por ejemplo, dos procesos comiciales marcaron
claramente la orientación de rebeldía antineoliberal prevaleciente
en amplios sectores del electorado en América Latina. Uno fue la
arrolladora victoria de los partidarios de Hugo Chávez -la novena
al hilo- sobre los candidatos que les disputaban gobernaciones y municipios.
La conquista de la Alcaldía Mayor de Caracas es uno de los saldos
importantes, dado su peso en la política venezolana. Otro es la
forma rotunda en que se impuso el Frente Amplio(FA) de Uruguay ante los
tradicionales partidos de la oligarquía, que gobernaban ese país
ininterrumpidamente desde hace más de siglo y medio. El FA se alzó
no sólo con la presidencia para Tabaré Vázquez sino
con mayoría en las dos cámaras del Legislativo.
En el caso venezolano la votación
a favor de los candidatos bolivarianos implica también otra muestra
más de fervorosa adhesión al rumbo antiimperialista seguido
por Chávez. En Uruguay se constata que más de la mitad del
país venció el miedo al dar su respaldo al FA(integrado por
casi la totalidad de la izquierda, incluidos ex tupamaros y comunistas)
y que un 60 por ciento de los electores se opusieron a la privatización
del agua, que también formaba parte de la consulta. Este dato no
es de menor importancia porque unido a los que se han producido en otras
consultas semejantes, habla de una sólida cultura política
de los uruguayos –incluso los que no votan por el FA- opuesta a la privatización
de las empresas públicas, justamente lo contrario al credo neoliberal.
Es pertinente recordar que Uruguay es un país pequeño, pero
ejerce en América Latina, y particularmente en su cono sur, una
influencia cultural y política que desborda su extensión
territorial, demografía y producto interno bruto. El FA va a gobernar
en un contexto favorable a la integración regional, con Argentina,
Paraguay y Brasil abogando por un MERCOSUR fortalecido y ampliado con Venezuela
en lugar del proyecto esclavizador del ALCA. Como es conocido, Caracas
brinda el mayor respaldo a las iniciativas de unidad latinoamericana.
Sin embargo, donde estará
la prueba de fuego para el gobierno de Tabaré Vázquez es
en lo interno. El programa con que llega el Frente Amplio no se propone
transformaciones sociales, sino más bien una mejor distribución
de la riqueza sobre la base de la recaudación fiscal. El problema
es que Uruguay es un país sumamente depauperado cuyos índices
sociales e infraestructura productiva han caído estrepitosamente
en los últimos años, como consecuencia de las políticas
neoliberales, y será muy difícil para el FA cumplir sus compromisos
de disminuir la pobreza y el desempleo al mismo tiempo que paga la enorme
deuda externa. Esto deja a Vázquez con muy limitada capacidad de
maniobra en principio en un país que carece de recursos naturales
estratégicos. Pero los programas no lo hacen todo y el desempeño
de un gobierno frenteamplista podría ir más allá del
programa electoral en dependencia de coyunturas internas e internacionales
en la lucha de clases, incluyendo la presión que reciba de sus bases.
Por lo pronto, tanto desde Venezuela como desde Uruguay -como anteriormente
desde Argentina, Brasil, Ecuador y Panamá- los votantes le han manifestado
al emperador de Washington su rechazo a las políticas de liberalización
económica y entrega del patrimonio nacional que han creado un desastre
humano sin precedentes en América Latina.
Algo que llama la atención
es la limpieza de ambos procesos electorales, en contrate con el de Estados
Unidos, que no deja de asombrarnos con un sistema comicial arcaico, hecho
a los trucos y chicanerías que ya no inspira un mínimo
de confianza ni a sus propios políticos e instituciones. Las noticias
sobre intentos de impedir votar a los negros y a otros presuntos electores
demócratas han estado presentes desde hace meses en la campaña
electoral del autoproclamado faro mundial de la libertad y la democracia,
convertido en realidad en republica bananera.
Angel
Guerra Cabrera
Columnista de La Jornada
de México
aguerra12@prodigy.net.mx
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