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6 de Noviembre de 2004
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Latinoamérica de fiesta

Tabaré y el pueblo uruguayo
derrotaron al neoliberalismo

Carlos Aznárez
Resumen Latinoamericano
"A redoblar, a redoblar, que el presidente es Tabarë". Las calles de Montevideo, bullían de entusiasmo y emoción. La multitud se agitaba haciendo flamear al viento miles de banderas, en un maravilloso espectáculo que en vez de mostrar interminables leyendas o siglas tapándose unas con otras, lo que más primaba era la tricolor frenteamplista, que no por casualidad usa los mismos colores de la enseña del Libertador José Gervasio de Artigas: blanca, azul y roja.

El mismo espectáculo se repitió a lo largo y ancho de todo el territorio, incluso en aquellos feudos de la oligarquía, como Pocitos, Punta Gorda, o la mismísima Punta del Este, sin contar lugares claves de pensamiento blanco o colorado como Canelones o Durazno. Esta vez el aluvión de la izquierda no fue fácil de ocultar. No lo lograron ni los medios más recalcitrantemente oficialista.

El Frente Amplio coaligado con Encuentro Progresista y Nueva Mayoría triunfó por prepotencia de trabajo. Por tener esa humildad que más quisiéramos para nuestro atomizado campo popular. El concepto de que lo más importante es la unidad frente al enemigo común nunca se dejó de lado en estos treinta y pico de años que lleva en pie la coalición frenteamplista. Ya sobre ello habían trabajado los tupamaros cuando salieron de la cárcel. El propio Raúl Sendic (muy recordado en estos días) había escrito un importante y estratégico documento en aras del Frente Grande, donde pudieran caber todos los que estaban contra el capitalismo. También insistió en esa premisa el inolvidable general del pueblo, Liber Seregni, un hombre que más allá de que se pudiera coincidir con cada una de sus tácticas políticas, dejó el cuerpo en el terreno de batalla para imponer políticas de concenso, de democracia directa, de respeto hacia los que piensan diferente.

El Frente triunfó no por casualidad. Por un lado, porque el hartazgo de los uruguayos y uruguayas ante la catastrófica situación a la que condujeron al país los gobiernos neoliberales, habían puesto las cosas al "todo o nada", o como le gusta decir a José Pepe Mujica: es cuestión de "ahora o nunca". Si el Frente no hubiera ganado, seguramente se repetiría aquel recordado éxodo artiguista pero en dirección negativa. Muchos, muchísimos ­sobre todo  jóvenes- estaban dispuestos a hacer las valijas y marcharse a buscar esperanzas en otras tierras. Hubiera sido terrible.

Pero el Frente ganó, y lo hizo también porque tuvo coherencia todos estos años, y valentía para salvar las crisis internas sin romper la unidad de conjunto. Pero también, y esto es un elemento de primera categoría, porque transmitió bien el mensaje hacia los que serían sus principales artífices del triunfo:  los votantes, la militancia fiel, los de abajo. No prometió lo imposible, ni siquiera habló del socialismo ­con el que están comprometidos muchos de los partidos que integran la coalición- sino que se diseñó el discurso del patriotismo ante todo, y de los planes de emergencia para salir del pozo.
La calle entendió esto mejor que nadie y se puso en marcha una maquinaria militante que emociona. No quedó una pared sin las consignas del Frente. Los balcones de las casas jugaron en la campaña como nunca, ya que por donde se mirara, emergía el azul, blanco y rojo o la enseña nacional acompañada del número de alguna de las listas frentistas.

Más aún, Tabaré y su gente, y sobre todo ese imprescindible Pepe Mujica que tan bien se comunica con los más humildes y los más jóvenes, salieron a patear el país, casa por casa, pueblo por pueblo, como en su momento hizo Hugo Chávez en Venezuela. Y eso no una vez, sino en seis oportunidades en pocos meses. Explicando lo que se puede hacer, discutiendo con la base, hablando de la esperanza, pero también del sacrificio. De igual a igual, afianzando el compromiso para la pelea que empezará a partir del 1º de marzo próximo cuando Tabaré se hermane en un abrazo con Fidel y Chávez y con otros hermanos del continente.

Ahora, con el triunfo en la mochila, queda todo por hacer, pero la satisfacción de que un pueblo movilizado y con el nivel de conciencia necesario para entender quién es el enemigo principal y qué contradicciones estaban en juego, ha logrado derrumbar al tótem (o títere) local del neoliberalismo y de paso, ha dado un ejemplo al mundo al obtener un espectáculo éxito en el plebiscito en defensa del agua.

Uruguay está de fiesta y con ella todos los pueblos latinoamericanos que aceitan cada vez más los ejes de la locomotora de la Patria Grande. De aquí en más, vendrán, a no dudarlo, golpes bajos e intentos arteros de romper lo logrado hasta ahora, incluso ­también lo vaticinó Mujica- surgirán voces "por izquierda" criticando lo que todavía está por ponerse a rodar. Ni unos ni otros deberían desanimar a esos centenares de miles de uruguayos  -muchos de ellos residentes en Argentina- que en estos días pudimos observar extasiados y muchas veces lagrimeando, movilizándose en la calle, hermanándose en cada gesto, en cada consigna. Dando al mundo, como los venezolanos el pasado 18 de agosto, un ejemplo de cómo se empieza a construir la democracia participativa. A redoblar, como dice el cancionero del Frente. A redoblar, por la unidad de Latinoamérica contra el imperialismo.

2 de Noviembre de 2004

Carlos Aznárez
resumen@nodo50.org

 
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