Página/12
en Uruguay Desde Montevideo
Fueron 33 años esperando esas
12 palabras. A las 10 de la noche Tabaré Vázquez salió
al balcón del Hotel Presidente y las dijo: “Festejen, uruguayos,
festejen, que la victoria es de ustedes. Gracias, muchas gracias”. La coalición
de la izquierda y el centroizquierda del Uruguay estaba ganando la Presidencia
en la primera vuelta en un triunfo histórico y aplastante que coronó
una construcción iniciada en 1971. La plaza Independencia explotó
en un festejo que a la medianoche seguía, interminable, en el centro
y en los barrios, con sonido de tamboriles y ritmo de candombe.
“Y ya lo ve, y ya lo ve, es presidente
Tabaré”, cantaba la gente envuelta en las banderas azules, blancas
y rojas de la coalición Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva
Mayoría.
También gritaba “Uruguay”,
con las sílabas bien marcadas, como en la cancha. Y “Soy del Frente/
soy del Frente/ del Frente yo soy”.
Por supuesto, figuró otra
consigna: “El pueblo/ unido/ jamás será vencido”.
En algunos parlantes de la avenida
18 de Julio, combinación de Corrientes y Avenida de Mayo, se escuchaba,
como en una letanía, a Mercedes Sosa cantando “cambia, todo cambia”.
También había parlantes con canciones de Los Olimareños
y otros con la voz de Alfredo Zitarrosa. Las letras, las consignas y las
músicas eran iguales o parecidas a las que se escuchan en actos
o recitales de la Argentina. La diferencia es que, en Uruguay, no forman
parte del folklore político o de una simple tradición cultural.
Se convirtieron en poder local primero en Montevideo en 1990 y ganaron
el gobierno nacional, que encabezarán desde el 1° de marzo por
el triunfo aplastante de ayer.
El comando electoral de Tabaré
recibió los primeros números a las cuatro de la tarde, cuando
faltaban tres horas y media de votación. Una encuesta telefónica
de mil casos realizada por la empresa Mori le daba un 51,3 por ciento de
votos con un 6 por ciento que no había contestado el sondeo. Si,
como es habitual, se tomase en cuenta que ese último porcentaje
votara en la misma proporción que el resto, debería agregarse
alrededor de un 3 por ciento al 51,3. Daba un 54,6. Con un margen de error
del 2,6, en el peor de los casos el Frente estaba obteniendo el 52 por
ciento de los votos, cuando sólo necesitaba el 50 por ciento más
un voto para ser gobierno sin necesidad de segunda vuelta. Después
la consultora agregó otros 500 casos, y la cifra subió un
1 por ciento más. Y con las primeras informaciones de los fiscales
propios no les quedó ninguna duda no sólo a los dirigentes
de la coalición sino a los otros dos candidatos, el colorado Guillermo
Stirling y al blanco Jorge Larrañaga: el Frente no sacaría
menos del 51 o el 52 por ciento.
Poco antes de las once de la noche
Vázquez volvió al balcón. Recordó al general
Líber Seregni y de nuevo pidió, cada vez más sonriente
debajo de su pelo cano peinado al jopo, enfundado en un saco azul con pantalón
gris y corbata también azul, que los uruguayos “festejen, festejen”.
Ya sonaba a complicidad con los miles que estaban ahí abajo y habían
empezado a hacerlo el sábado a la mañana, recorriendo Uruguay
a fuerza de bocinazos.
El senador Danilo Astori, ya designado
ministro de Economía, anunció irónicamente que la
historia seguirá hoy al mediodía. “Habrá un breve
descanso matinal que se va a imponer por la vía de los hechos”,
dijo. A esa altura los uruguayos ya disfrutaban del fin de la doble veda,
la que impedía beber alcohol y la que no los dejaba estallar porque
todavía podían tener alguna lejana sospecha de que la segunda
vuelta era posible.
En la plaza, Jorge, de 22 años,
contó a Página/12 que vende tarjetas de teléfono y
que votó por primera vez. Puso una boleta del Frente porque,dijo,
“estamos podridos de estar así”. A saber: “Somos tres gatos locos
y estamos cagados de hambre”.
A su lado, Natalia, 19, estudiante
de Arquitectura, zapatillas rojas y movimiento de candombe perpetuo, dijo
que ninguno de los dos era militante del Frente Amplio. “Militantes no,
votantes”, informó.
–¿Y qué hacen envueltos
en banderas?
–Lo que pasa es que el Frente es
un sentimiento, loco –dijo Jorge como en la cancha.
También dejó una idea
de por qué la alegría era interminable:
–Si yo lo siento como hubiera esperado
este triunfo más de 30 años, imaginate toda esa gente –dijo
mirando a los de cuarenta y tantos, los únicos con memoria política
propia para haber experimentado la espera en carne propia.
José Mujica, ex tupamaro,
hoy senador, posible ministro de la Producción, tiene 70. Le preguntaron
si ahora, después del triunfo, iba a descansar. Vale la pena reproducir
su respuesta entera, porque pinta bien a este político práctico
con frases camperas y una obsesión a lo Lula por decir las cosas
con mucha sencillez: “No, no, yo no descanso. Yo duermo de parado. Me comí
un montón de años de cana y a las dos horas, cuando salí,
ya estaba militando. Como ahora. No sé lo que se viene. Se viene
un ventarrón. Yo sé que es mucho más fácil
soñar que poder construir, y seguramente que en nuestro horizonte
hay futuras frustraciones. Pero no voy a traicionar a mi pueblo. Lo poco
o mucho que me quede lo voy a poner. Y cuando no pueda más me moriré
o me acostaré abajo de un árbol. Soy un viejo antiguo: no
voy a permitir maricones que lagrimeen al lado mío. Los pobres piden
poco. Pero piden. Lo primero es comida para los gurises que tienen anemia,
porque después nos van a costar más”.
A la coalición las cosas
se le presentan fáciles en términos de instrumentos institucionales.
Según las proyecciones estadísticas, que los cómputos
definitivos deberán confirmar, en el Senado el Frente tendrá
16 escaños sobre 30, y podrá sumar al vice Nin Novoa en eventual
caso de empate. En la Cámara baja, sobre 99 diputados la izquierda
tiene asegurados 52, contra 35 blancos y 10 colorados. Los 99 se completan
con dos todavía en duda. El nuevo presidente tendrá mayoría
en las dos cámaras, cosa que sucede por primera vez en 38 años.
No llega a los dos tercios que le permitirían, por ejemplo, designar
ya mismo a los directivos de los organismos de control, que de esta manera
deberán ser consensuados con la oposición, en especial los
blancos.
“Logramos una votación excepcional
que el partido no registraba desde 1989”, dijo Jorge Larrañaga,
que habló de la justicia social y la libertad “para compatriotas
de todos los pagos”. “Al país, lo que necesite; al gobierno, lo
que merezca, como dijo Wilson Ferreira Aldunate”, citó Larrañaga.
No está claro si esas palabras
y la actitud de Larrañaga de visitar anoche mismo a Tabaré
(ver aparte) representa el comienzo de un sistema de cooperación
especial.
El obstáculo para esa tendencia,
si es que en ambas fuerzas hay dirigentes imaginándola, es que las
elecciones para presidente y legisladores están desdobladas de las
departamentales (Uruguay es unitario y tiene intendencias, no Estados)
y los blancos estarían obligados a competir para no diluirse en
el interior, donde son más fuertes que en Montevideo.
El gran fiasco de las elecciones
son los colorados, que gobernaron Uruguay durante casi toda su historia,
en alternancia o a veces en alianza con los blancos. Es la peor situación
de uno de los dos partidos en los últimos 170 años, y tal
vez el final del bipartidismo o el comienzo de un bipartidismo nuevo, entre
la izquierda y los blancos.
A la medianoche el languideciente
Jorge Batlle, que pasará a la historia con esta derrota colorada,
llamó a Vázquez para acordar una entrevistaentre sus colaboradores
para el arranque de la larga transición de cuatro meses. Con sólo
el 9 por ciento de los votos escrutados, la coalición de izquierda
había cumplido uno de sus pronósticos: “Que se van, se van”,
decían sus candidatos en la campaña. Se fueron.