| Masiosare/La
Jornada de México - 31 de Octubre
de 2004
La nueva conquista española
Hacer
la América al estilo neoliberal
Luis
Hernández Navarro
La expresión "hacer la América"
se empleaba para aquellos que buscaban fortuna en el nuevo continente.
Hoy es sinónimo de enriquecerse o de forjarse una buena posición.
Eso es justo lo que han conseguido, en algo más de una década,
los intereses españoles en América Latina, a golpe de buenas
relaciones con elites políticas y económicas muchas veces
corruptas y enarbolando ya no la cruz y la espada, sino las banderas neoliberales.
La presencia española en América del Sur, sostiene el autor,
se ha vuelto complementaria, y, hasta cierto punto, sustituta de la tradicional
hegemonía estadunidense
RODRIGO RATO,director
gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), llegó a Buenos
Aires el último día de agosto a "poner orden en la economía
argentina". El país, le planteó al presidente Néstor
Kirchner, debía obtener un mayor superávit fiscal y destinar
más dinero al pago de la deuda. El mandatario le respondió:
"Ni lo piensen, ni lo sueñen."
"Fue un encuentro tenso –publicó
un día después el diario El Clarín–; el gobierno
se mostró inflexible en sus posturas y ellos también en las
suyas".
Rodrigo Rato conoce bien Iberoamérica.
"América Latina nos importa, dijo, son 400 millones de consumidores".
Vicepresidente segundo del gobierno y ministro de Economía del Reino
de España durante la presidencia de José María Aznar,
fue responsable de la privatización de empresas públicas
españolas como Telefónica, Repsol, Argentaria y Endesa, bien
posicionadas en Latinoamérica.
Madrileño de 55 años,
procedente de una familia acomodada de empresarios, doctor en economía
y diplomado por la Universidad de Berkeley, cerebro económico de
Aznar, el hoy jefe del FMI fue clave en la conquista de los mercados de
las antiguas provincias. Un apoyo incondicional para los inversionistas
de su país. El 21 de noviembre de 2002, cuando las dificultades
económicas del subcontinente y los levantamientos populares pusieron
en peligro la viabilidad de las compañías, Rato, entonces
ministro de Economía, reclamó "medidas urgentes" en apoyo
a las empresas ibéricas, donde pueden seguir representando "un papel
muy importante".
Las presiones ibéricas –vía
directa o a través del FMI– no son ninguna novedad en Argentina
desde la devaluación de la moneda de enero de 2002. A decir del
diario Página 12 (16 de marzo de 2004), "el presidente español
siempre avaló la mano dura del FMI con Argentina e hizo lobby,
cada vez que tuvo oportunidad, a favor de las empresas españolas
en el país, ya sea que reclamen un ajuste de las tarifas de servicios
públicos o las millonarias compensaciones en bonos por la devaluación
que entregó el Estado argentino a los bancos".
La visita de Rato a Argentina terminó,
días después, en un armisticio temporal. El FMI aceptó
(El País, 18 de septiembre de 2004) la petición del
gobierno de ese país de prorrogar el vencimiento de su deuda pública
valorada en mil millones de dólares hasta el próximo año.
Un pequeño gesto de distensión en una guerra cruenta entre
el organismo financiero multilateral y una nación saqueada y en
bancarrota. Guiño que, sin embargo, fue acompañado de una
nueva amenaza: de acuerdo con el dirigente del Fondo, el gobierno de Kirchner
debe alcanzar un acuerdo con los acreedores privados de la deuda externa
argentina. Curiosamente, una parte muy importante de los acreedores argentinos
son empresas españolas. Las mismas que llegaron al país de
la mano del entonces ministro de Economía de aquel país.
Lo que no ha terminado, ni de lejos,
es el pulso entre las compañías ibéricas y el gobierno
argentino. Las compañías eléctricas fueron sancionadas
por los recientes apagones, y el Senado argentino aprobó (El
País, 25 de octubre de 2004) una ley que impide a las empresas
de servicios cortar automáticamente el suministro a morosos sin
un acto previo de conciliación.
La reconquista
Rodrigo Rato no es el único
español en dar consejos a los políticos latinoamericanos.
La lista de los autodesignados gendarmes del neoliberalismo es larga. José
María Aznar, todavía presidente del gobierno español
cuando se realizó la cumbre de Santa Cruz el año pasado,
aprovechó la reunión para enseñar el cobre:
son necesarias –dijo– más privatizaciones, más disciplina
financiera, más apertura de mercados y más liberalización.
Que el modelo no funcione en Latinoamérica le tiene sin cuidado
al político hispano, pues trabaja bastante bien para las empresas
multinacionales: trasladaron a la metrópoli un billón de
dólares, sólo por concepto de pagos de intereses, ganancias
y derechos de autor. No importa que 209 millones de personas en la región
(42.2% de la población) vivan con ingresos por debajo de la línea
de pobreza.
José María Aznar y
Rodrigo Rato saben de lo que hablan. Los empresarios de su país
emprendieron desde hace 12 años la reconquista del nuevo mundo.
Sólo que en esta ocasión se armaron no con ballestas y armaduras,
sino con pesetas (euros) y relaciones con la corrupta elite política
que subastó los bienes de sus países. Compañías
estatales telefónicas, eléctricas, petroleras y de aviación
pasaron a manos de propietarios de la madre patria en un abrir y cerrar
de ojos.
Y lo de la reconquista no es una
afirmación gratuita. Apenas en agosto pasado, en un acto sobre el
12 de octubre, el cónsul español en la ciudad argentina de
Córdoba, Pablo Sánchez Terán, afirmó, justificando
el pasado para legitimar el presente, que "estarían mucho peor hoy
bajo el predominio de las civilizaciones indígenas (…) mucho peor
estarían o estaríamos bajo las civilizaciones incaicas, aztecas,
mapuches, sioux, apaches, que han sido idealizadas por historiadores y
antropólogos, cuando es bien conocida su división de castas
y su carácter imperialista y sanguinario" (El País,
14 de octubre de 2004).
En 1999 España se convirtió
en el mayor inversor directo en América Latina. Las inversiones
directas de este país en la región pasaron de 780 millones
de dólares en 1990 a 100 mil millones de euros en 2001, de los cuales
26 mil 281 millones se colocaron en Argentina, 26 mil 292 millones en Brasil,
9 mil 197 millones en México y 7 mil 816 millones en Chile. Desde
esa fecha han seguido incrementándose.
Las empresas ibéricas se ubicaron
en posiciones de liderazgo en la región, aun en mercados usualmente
dominados por Washington. En unos cuantos años compañías
de base nacional del sector financiero, de energía y comunicaciones
se transformaron, gracias a la reconquista española, en consorcios
trasnacionales. Los bancos Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) y Santander
Central Hispánico tomaron el control de un tercio de los activos
extranjeros en este territorio. Tan solo durante los primeros nueve meses
de 2004, BBVA duplicó sus ganancias en México: 580 millones
de euros (La Jornada, 26 de octubre de 2004).
La fiebre por posesionarse de nuevos
mercados hizo que en 1996 España se convirtiera en el sexto inversor
mundial, lo que no le impidió poner en práctica medidas proteccionistas,
como la de impedir que una empresa extranjera pública de otra nación
pueda adquirir compañías privadas españolas.
Muchos de los procesos de privatización
de empresas estatales latinoamericanas y concesiones de contratos han estado
llenos de irregularidades de todo tipo. Es el caso de la adquisición
de los yacimientos de la empresa YPF por Repsol en la provincia de Neuquén
(Argentina), en la que los bienes de la compañía fueron subvaluados.
Otro ejemplo de la corrupción es el papel jugado por la desaparecida
empresa española FOCOEX, en Argentina y Uruguay. Una comisión
investigadora del parlamento uruguayo demostró que esa compañía
concedió, a nombre del gobierno español, millones de dólares
al gobierno para la adquisición de bienes españoles. El gobierno
uruguayo debió realizar esta compra a través de un intermediario
particular, que cobró altas comisiones. Se adquirieron equipos inútiles
que nunca se utilizaron (Ricardo Daré, Las conflictivas relaciones
de España con América Latina).
Repsol puede ser considerada como
el buque insignia del nuevo capitalismo español en México.
Se trata de un moderno gigante petrolero nacido en un país prácticamente
sin petróleo: de los 68 millones de barriles equivalentes de petróleo
obtenidos en 1997 por la empresa, sólo un millón fue extraído
dentro del Estado español. Lo mismo sucedió con el gas. De
los 13 millones de producción total, sólo 800 mil barriles
se sacaron de allí.
Repsol nace en 1996 como resultado
de una iniciativa para integrar los dominios petroleros del Estado español
en un solo grupo empresarial. Creció en un mercado sin competencia.
Entre 1989 y 1997 se privatiza. En 1999 adquiere la compañía
argentina YPF. A partir de entonces se convierte en "la mayor compañía
española en cuanto a ingresos, la mayor compañía privada
del sector energético en Latinoamérica en términos
activos, y una de las diez mayores compañías petroleras del
mundo". En 2000 contaba con reservas de casi 5 mil millones de barriles.
En contra de lo ofrecido, muchas
de las adquisiciones españolas de empresas públicas ofrecieron
servicios de mala calidad, aumento en el costo de las tarifas y presiones
políticas indebidas sobre los gobiernos que han pretendido regularlas.
Por ello la opinión pública latinoamericana es negativa hacia
estas operaciones comerciales. De acuerdo con el sondeo Latinobarómetro
2003, 27% de los encuestados cree "que la inversión de capitales
españoles" ha sido poco o nada beneficiosa, y los más críticos
son de países donde las inversiones son más importantes;
77% de los entrevistados afirma que estaba más satisfecho con los
servicios que ofrecían las empresas privatizadas antes de que pasaran
a manos hispanas (El País, 7 de noviembre de 2003).
Es así como la empresa eléctrica
Unión FEMOSA es conocida en la Dominicana como "Unión Penosa",
y en Nicaragua como "Unión Mañosa" o "Unión Feroza".
En la encuesta Demos‘81 realizada en Dominicana, el 83% de los entrevistados
valoran el servicio eléctrico como malo o muy malo. La opinión
sobre este negocio era tan negativa, que tuvo que salir de ese país
en noviembre de 2003. Ciertamente, no todo ha sido "miel sobre hojuelas"
para las empresas ibéricas en América Latina. Región
afectada por fuertes convulsiones económicas y ciclos de inestabilidad
y recesión, el capital español ha respondido a ellos con
la disminución de los flujos de transferencias. Las filiales españolas
en Argentina perdieron, durante el año 2002, 83 % de su valor, pasando
de 15 mil millones de dólares a 2 mil 500 millones. No obstante,
un nuevo ciclo de exportación de capitales españoles en el
subcontinente se anuncia para los próximos meses. Según José
Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno, desde "el ámbito
empresarial se dan las condiciones para emprender una segunda oleada de
inversiones, protagonizada ahora por las empresas de tamaño mediano
y pequeño" (El País, 18 de septiembre de 2004). En
ello desempeñará un papel clave el posible acuerdo de libre
comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, que se firmaría
este mes de octubre y que fue pospuesto hasta 2005.
Parte de esta nueva cooperación
es la llegada del ministro de Defensa español, José Bono,
a Chile, junto con 43 empresarios de la industria militar, para venderle
armas a ese país. Chile es una de las naciones con mayor inversión
española directa: 8 mil 396 millones de euros.
El negocio de los populares
El 2 de julio de 2001, las revistas
del corazón españolas dieron cuenta del enlace civil entre
Juan Villalonga y Adriana Abascal, tras varios años de una atormentada
relación. Ella, ex Señorita Veracruz, última compañera
sentimental del Tigre Azcárraga, el magnate de Televisa,
y una de sus herederas. El, divorciado a raíz de su relación
con la mexicana, antiguo compañero de pupitre de José María
Aznar en el Colegio del Pilar y ex director de Telefónica, una de
las empresas claves en la recolonización española de América
Latina.
El temprano éxito empresarial
de Juan Villalonga es paradigmático de los cambios operados en la
madre patria a raíz del triunfo del Partido Popular (PP). Tras su
primera victoria electoral, esta fuerza construyó una densa red
de influencias económicas como las que ningún otro gobierno
previo desde Francisco Franco se había atrevido a organizar.
De acuerdo con Jesús Mota
(Aves de raPPiña), "fue una operación audaz y fraudulenta.
Aznar y Rato entregaron las cinco grandes empresas públicas españolas
–Telefónica, Endesa, Argentaria, Tabacalera (hoy Altadis) y Repsol–
a cinco hombres de su confianza personal –Juan Villalonga, Rodolfo Martín
Villa, Francisco González, César Alierta y Alfonso Cortina,
respectivamente– y después las empresas se pusieron en venta en
la Bolsa. El fraude político consistió en prolongar la presencia
de los cinco amigos después de la privatización. Para conseguirlo,
los presidentes nombrados por el gobierno recurrieron a un truco ingenioso.
Antes de la privatización nombraron consejeros independientes hasta
ocupar la mayoría de cada uno de los consejos de administración
de las cinco empresas; estos consejeros ratificaron después de la
privatización a los presidentes que los habían designado".
El caso es que los accionistas de
las cinco grandes resultaron expropiados en sus derechos políticos
por la maniobra del gobierno del PP. La expansión corporativa al
nuevo mundo permitió consolidar esta creciente influencia política.
Desde Telefónica, antes de
caer en desgracia, Juan Villalonga no sólo se dedicó a enamorar
a las nuevas Malinches, sino que forjó un verdadero imperio
informático, afín a la línea de comunicación
del gobierno. Entre sus incursiones mediáticas se encuentran, así
fuera temporalmente, asociaciones con Unisource, MCI-Worldcom, British
Telecom, El Mundo, el grupo Recoletos, Onda Cero Radio, Antena Trece
Televisión y varios más. Su coqueteo con el grupo Prisa,
cercano ideológicamente al opositor Partido Socialista Obrero Español
(PSOE) fue, sin embargo, decisivo en su caída.
Aunque varias de estas compañías
expandieron sus tentáculos hacia Latinoamérica, la presencia
española estuvo muy lejos de limitarse a una cuestión de
inversiones. Deseoso de jugar en las grandes ligas de la política
internacional, orgulloso de ocupar un lugar en el Olimpo junto a Bush,
Berlusconi y Blair, José María Aznar dejó de lado
el tradicional compromiso europeo de los gobiernos españoles, y
lo mismo invirtió dinero del Estado en la búsqueda del reconocimiento
de Washington, que apostó a hacer de su presencia en el nuevo continente
una pieza de su reposicionamiento geopolítico. El nuevo atlantismo
ibérico ofreció a la Casa Blanca sus buenos oficios en sus
antiguas colonias americanas para que acompañaran o justificaran
la aventura imperial de la Casa Blanca en Irak.
Muestra de esta actitud fue el papel
que la embajada española en Venezuela desempeñó en
el intento de golpe de Estado a Hugo Chávez. También lo fueron
el apoyo militar y diplomático al gobierno paramilitar de Alvaro
Uribe en Colombia, el envío de tropas a Haití –como parte
de una misión de la ONU– y la presión ilegítima hacia
aquellos gobiernos que han osado rechazar el incremento a las tarifas de
empresas españolas de servicios públicos.
La participación española
en apoyo al golpe de Estado contra Hugo Chávez ha sido convincentemente
explicada en un informe del partido Izquierda Unida. La conspiración,
entre otros objetivos, pretendía la privatización de Petróleos
de Venezuela en beneficio de una sociedad estadunidense vinculada al presidente
George Bush y a la española Repsol; vender la filial estadunidense
de Pdvsa, Citgo, al millonario Gustavo Cisneros y sus socios de Estados
Unidos, y suprimir la reserva del Estado venezolano sobre el subsuelo.
Muchos de los hilos del golpe se
movieron desde Madrid. Empresarios españoles (banqueros y Repsol)
organizaron una cooperacha de más de medio millón de dólares
para financiar protestas contra el presidente venezolano (José Manuel
Fernández, Investigación realizada por IU sobre La Participación
de España y Estados Unidos en el golpe de Estado en Venezuela).
No fueron casuales tampoco las declaraciones
realizadas por el ex presidente Felipe González, amigo de Cisneros,
en las que justificó el apoyo político al golpe de Estado
desde una crítica severa a Hugo Chávez, calificado de caudillo
y dictador.
El apoyo del gobierno ultraderechista
colombiano de Alvaro Uribe se materializó con la donación
de ocho aviones de combate Mirage F-1, helicópteros, lanchas patrulla,
un dragaminas, dos aviones de transporte de tropas y el uso de satélites
de observación y comunicación, para ayudar a la lucha contra
el narcotráfico y el terrorismo. Federico Trillo, titular español
de Defensa, afirmó que "la cooperación española con
Colombia se enmarca en la lucha contra el terrorismo sin importar de qué
organización se trate, pues las FARC, ETA o Al Qaeda, aunque no
tengan la misma ideología, tienen en común su sustancia principal".
(EFE, 28 de febrero de 2003).
Con mantón de Manila
Un pequeño escándalo
estalló durante 2003 en el mundo cultural mexicano. La casi desconocida
pintora Mónica Roibal ganó un concurso de la Secretaría
de Educación Pública (SEP) con una imagen de Emiliano Zapata,
en la que representaba al caudillo sureño más como un señorito
andaluz que como el dirigente de una revolución agraria. La artista
resultó ser esposa de Antonio Navalón, representante del
poderoso grupo Prisa en México e intermediario comercial ligado
a los más sonados escándalos de corrupción política
y financiera en España.
Al poco tiempo la comunidad artística
se encontró con un nuevo motivo de indignación. Sin ninguna
consideración sobre la calidad de su obra, el museo de San Ildefonso
expuso generosamente la muestra "El corazón sobre el asfalto" de
la misma artista.
Casi un año después,
entre el 20 de abril y el 15 de julio de 2004, Antonio Navalón,
ahora comentarista editorial de la barra de noticiarios de Joaquín
López Dóriga, organizó en la frontera norte de México
la exhibición "Tijuana, la Tercera Nación".
La historia no es solamente un ejemplo
más de tráfico de influencias, sino también de una
tendencia general en las relaciones entre ambos mundos. Desde la llegada
al poder del PP se han desarrollado múltiples programas para fortalecer
la cultura española en las regiones en las que tiene influencia.
En 2002, el 13% de la ayuda para desarrollo de la Agencia Española
de Cooperación Internacional (AECI) se concentró en este
rubro. Ninguna otra agencia en el mundo destina un monto similar a actividades
culturales.
Viajes, becas, premios artísticos
o literarios, conferencias y publicaciones se han convertido en formidable
instrumento de persuasión hacia las elites intelectuales latinoamericanas.
A pesar de que varios países del área tienen poderosas industrias
culturales y de entretenimiento (México, Brasil y Venezuela), la
realización del sueño de ser un autor conocido en el conjunto
del mundo hispanohablante depende, en mucho, de las redes editoriales,
universidades y prensa españolas.
Como ha explicado Juan Agulló
(Masiosare, 7 de julio de 2002), la Fundación Carolina (FC)
–ahora involucrada en múltiples escándalos– y su potente
programa de becas se han convertido en el laboratorio de la política
exterior de la derecha española. Creada en 2000 (en el quinto centenario
del nacimiento del rey Carlos V), la FC agrupa a las 24 multinacionales
más importantes de España.
Papel clave en este proyecto de hegemonía
cultural es el que desempeña el grupo Prisa, editora del prestigiado
diario El País, con un tiraje declarado de 445 mil 500 ejemplares
diarios, y de la revista Rolling Stone (en España). Periódicos,
libros, revistas, música, canales de radio y televisión son
terreno firme de esta empresa de comunicación. El consorcio posee
más de 400 emisoras de radio en España. Tiene derechos o
participaciones en seis editoras de libros, entre ellas, la poderosa Santillana.
Fuera de España posee periódicos, intereses de radio y revistas
en Bolivia. Maneja el 87% de Grupo Latino de Radio, que controla 300 emisoras
de radio en Panamá, Chile, Colombia y Costa Rica. Posee, además,
el 50% del grupo Radiópolis en México. En América
Latina cuenta con jugosos contratos de distribución de libros y
todo tipo de material escolar a cargo del erario público de varios
estados iberoamericanos. Esta editorial ha disfrutado de numerosos créditos
blandos y ganado licitaciones de la partida de Ayuda al Desarrollo
del Ministerio de Economía y de la Agencia Española de Desarrollo.
Como sucede a todas las metrópolis
coloniales, España se ha convertido, en la última década,
en destino de quienes padecen la reconquista. Más de 30% de los
extranjeros en ese país son latinoamericanos, y de ellos casi la
mitad son ecuatorianos, el principal grupo de inmigrantes por delante de
los marroquíes; 390 mil de ellos viven allí con papeles y
100 mil lo hacen sin documentos.
Hace ocho años vivían
en España poco más de medio millón de extranjeros;
actualmente el número supera los 2.6 millones, de los cuales 853
mil carecen de documentación en regla. Esta cifra no incluye los
miles de descendientes directos de españoles que consiguieron la
nacionalidad de sus padres y migraron.
Son importantes también las
comunidades de peruanos, colombianos y, desde hace tres años, de
argentinos. La resistencia a aceptarlos es grande. Según declaraciones
de la BBC, "la sociedad española no está preparada para recibir
esta gente".
Esos migrantes envían remesas
a sus familias regularmente. Las tres comunidades latino-caribeñas
más importantes en la madre patria, colombianos, ecuatorianos y
dominicanos, mandan a sus países de origen, anualmente, casi 707
millones de euros.
Una parte de estos migrantes son
mujeres que trabajan en la industria del sexo. Diversos estudios señalan
que 60 mil dominicanas y 75 mil brasileñas se prostituyen en Europa.
***
La presencia española en América
del Sur se ha vuelto complementaria, y, hasta cierto punto, sustituta de
la tradicional hegemonía estadunidense. La reconquista ibérica
llegó para quedarse. Los nuevos inversionistas vienen no sólo
a "hacer la América", sino a quedarse con ella. |