Latinoamérica - rodelu.net
9 de Noviembre de 2004
.
 
Coletillas al Margen

Aires innovadores desde el Atlántico

Carlos Angulo Rivas
A través de largos años los gobiernos y el poder del estado en América Latina han sido regidos por una “clase política” inmoral y corrupta, constituida hoy en día en oligarquías partidarias excluyentes. Sin contar a las dictaduras militares, la otra forma de mantener la hegemonía del poder estatal en manos de los mismos actores, la democracia o la delegación del poder soberano del pueblo en los representantes elegidos no ha funcionado en lo esencial ni en lo práctico. Las razones son muchas, pero una medular emerge de la historia política de nuestros países: la debilidad de las instituciones y su casi absoluta dependencia del poder centralizado. Y si bien los presidentes y los legisladores acceden al poder vía elecciones competitivas, el dominio total del Nación recae en la misma “clase política” y el gobierno se ejerce a través de la componenda y el ejercic io nebuloso del reparto canonjías y sinecuras entre los tutores del Estado como botín de captura y saqueo. En consecuencia, los derechos innatos de la población en lo social, en lo político y hasta en lo humanitario de los derechos civiles, conferidos en las constituciones liberales de cada país, se ven anulados en tanto la mayoría de los ciudadanos está excluida de la sociedad política y civil. De acuerdo a esta visión real, la defensa de la democracia por estos políticos de viejo cuño se convierte en una trampa, en un engaño programado en los calendarios electorales. 

Sin embargo, un nuevo despertar de los pueblos viene poniendo énfasis en una participación mucho más activa y conciente, cuyo efecto se percibe en el destroncamiento de las oligarquías partidarias tradicionales. El ciclo se inició cinco años atrás en Ecuador con la caída del presidente Jamil Mahuad, elemento corrupto depuesto por una acción de masas campesinas y de oficiales jóvenes del ejército; un paso fue dado, pero desgraciadamente el último elegido, Lucio Gutierrez, traicionó la causa y hoy su régimen se debate entre la vida y la muerte de la inestabilidad. La fuga del ciudadano japonés Alberto Fujimori, luego del fraude de su tercera elección en el Perú, también constituyó una acción de masas traicionada por el elegido Alejandro Toledo, quien por su vocación de servicio indiscutible a los designios de la Casa Blanca y la globalización, vista como un de creto internacional, es el presidente más impopular del continente, sostenido precariamente por los corruptos partidos tradicionales, igualmente sin sustento popular propio, y por los empresarios enriquecidos con la teoría neoliberal del “chorreo” que ni siquiera gotea. La defenestración en Argentina de Fernando de la Rúa es otro ejemplo de la acción participativa del pueblo. El neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada corrió la misma suerte y el presidente de reemplazo Carlos Meza es exigido por la movilización del pueblo boliviano hacia acciones nacionalistas de ruptura con los esquemas fosilizados y arcaicos de la inversión extranjera sin límites legales. 

La acción de las masas o las elecciones 

A la luz de los acontecimientos citados, se viene comprobando en Latinoamérica que el juego democrático tiene dos caminos efectivos en beneficio de sus pueblos, pero uno solo en cuanto a las perspectivas futuras de una reafirmación social justa y equitativa, éste es, la participación activa y vigilante de los ciudadanos. Una vía en vigencia es la acción de masas y la defenestración de gobiernos corruptos e ineficaces; la otra la elección de genuinos representantes defensores de sus intereses. Aquí no podemos dejar de mencionar la última elección habida en Uruguay, menos de celebrar el acontecimiento histórico de la elección del Frente Amplio – Encuentro Progresista con Tabaré Vásquez, como presidente de la república. La elección, en sí misma, de este líder socialista tiene un significado concluyente: la derrota de la oligarquía partidaria de los Blancos y Co lorados, partidos tradicionales putrefactos de la pequeña nación oriental; además este triunfo constituye el cierre de la costa atlántica sudamericana en un solo eje de coordinación política y económica. No olvidemos que poderosas naciones como Brasil (Lula) y Argentina (Kirtchner) rompieron, en su momento, con la hegemonía de los políticos tradicionales y lidian ahora nuevos destinos en sus tratos con organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco mundial y otros; líderes a los cuales se adelantó el presidente venezolano Hugo Chávez con la revolución bolivariana.

La destitución de la vieja “clase política” comprometida de raíz con la inmoralidad y la corrupción, instaura un paso vigoroso y fundamental en la recuperación de la verdadera democracia, pero no es suficiente; pues por un lado se necesita la consolidación del nuevo poder popular en todas las instituciones representativas de la sociedad o sea la continuidad del proceso de cambios hasta ensamblarlos en el mandato constitucional; y por el otro, el replanteamiento de la integración continental en términos de mercado ampliado a fin de contrarrestar los intereses imperialistas de la globalización encarada como la fórmula privilegiada de beneficiar sólo a las transnacionales y a los países industrializados. Beneficios exclusivos que niegan el desarrollo y la independencia de los países atrasados, condenándolos a la sumisión absoluta, a la pobreza y a la falta de e ducación, salud y trabajo. En esta dirección, el movimiento que llevó al poder a Hugo Chávez en Venezuela no sólo derrotó electoralmente a la vieja casta de políticos inmorales, sino también, a pesar del golpe de Estado y las intensas maniobras por ganar la revocatoria de su mandato, ha conseguido la consolidación política democrática. Las recientes elecciones en ese país, luego del revocatorio, ganado ampliamente por Chávez, han otorgado a ese poder del pueblo 19 de las 22 gobernaciones, inclusive la alcaldía de Caracas.

Los vientos políticos huracanados desde la costa Atlántica de América del Sur (Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina) necesariamente deben incorporar el triangulo andino de Bolivia, Perú y Ecuador, donde sus transitorias democracias comprometidas a intereses foráneos se caen a pedazos; corresponde a los pueblos de los citados países, de una manera u otra, destituir a la “clase política” compuesta de inmorales y corruptos; situación que obligaría a Chile a revisar su política internacional de constituirse, tal vez en la visión norteamericana de George W. Bush, en cabeza de playa de los intereses clásicos de la globalización. No por mera simpatía este país está incorporado al tratado de libre comercio con Estados Unidos y a la carrera armamentista de una ocasional “guerra preventiva”. 

Cuidado con George W. Bush 

El triunfo de Bush sobre Kerry, auspiciado por la mentira, no la de miente, miente, miente que algo queda, sino la mentira, descubierta y aceptada, como institución, es una pérdida de valores de terribles consecuencias a futuro. El inventor de las “guerras preventivas” no está contento con lo que nosotros celebramos, menos con movimientos de masas que desafían el orden “democrático” auspiciado y vendido por la Casa Blanca. El pasador de la costa atlántica con el triunfo de Tabaré Vásquez en Uruguay, lo tiene que haber puesto pensativo. 

En Latinoamérica existe una gran decepción por la democracia defendida y amparada por los caducos partidos tradicionales aliados a Estados Unidos, nadie da medio centavo por ella; justamente por eso los pueblos se ponen en marcha como en Ecuador, Bolivia, Perú, la propia Colombia pese a la guerra interna; y de esta forma notifican que el modelo neoliberal, ya aplicado en todos los países con rotundos fracasos, no sirve para acabar con la miseria y las enormes desigualdades.

Para un envalentonado Bush, la opción de Hugo Chávez es un mal ejemplo, peor aún tras el fracaso golpista auspiciado por la CIA y la contundente derrota de la oposición por sacarlo del poder a través de la millonaria campaña de la Casa Blanca apoyando la revocatoria de su mandato. Y es un pésimo ejemplo porque Bush teme el contagio de la revolución bolivariana hacia países similares como Ecuador, Colombia, Bolivia y Perú, contagio que desea evitar con nuevos planes para el hemisferio sur. El riesgo que la región se convierta en un escenario de violencia y caos no es una invención de suyo caprichosa; y si Kissinger, el secretario de Estado del presidente Nixon impulsó el golpe de estado de Pinochet contra los socialistas chilenos, eliminando su fuerza partidaria a través de las matanzas selectivas, las desapariciones forzadas, la tortura y el asesinato políti co, imponiéndose en los ejércitos latinoamericanos la Doctrina de la Seguridad Nacional, nada impide, en nuevas circunstancias y situaciones, planes y métodos remozados para contrarrestar la fuerza del socialismo que se inspira como un grito de liberación de los pueblos oprimidos. Doctrina de Seguridad Nacional como bien conocemos, que significó la ocupación militar de la Fuerza Armada en los territorios de sus propios países y muchas veces del gobierno ejercido por los generales y los altos oficiales uniformados. 

Complicada situación a tener en cuenta, sobre todo conociendo las aficiones del presidente George W. Bush por la aventura bélica de las “guerras preventivas” las que bien pueden buscar como pretexto a Cuba, Venezuela, Colombia y como ingreso al cono sur, Bolivia, a fin de entronizarse en la triple frontera de Paraguay, Argentina y Brasil.
 

9 de Noviembre de 2004

Enviado por Cecilia Tello

 
LATINOAMERICA