| La
Jornada de México - 17 de Noviembre
de 2004
La ley
de la tortura: Alberto Gonzales
Alejandro
Nadal
El nuevo
procurador general de los Estados Unidos, Alberto Gonzales, (se pronuncia
Ayl-ber'tou Goun-zay-leis), hijo de inmigrantes mexicanos, tiene un negro
historial. En él, se entrecruzan la ambición, el servilismo
y la ignorancia de las tradiciones más importantes en la vida jurídica.
Ahora sus acciones y omisiones amenazan con destruir siglos de evolución
del derecho internacional. Veamos la historia.
La mañana del 18 de junio
de 1997, el gobernador de Texas, George W. Bush, firmó el "memorando
de petición de clemencia" que le había preparado su asesor
legal, Alberto Gonzales. Al calce, marcó con una cruz el espacio
junto a la palabra "denegada". Ese memorando presentaba al gobernador la
petición de clemencia del ciudadano mexicano Irineo Tristán
Montoya, condenado a muerte por homicidio. Pero el memorando de clemencia
omitía mencionar que se había incurrido en una violación
del derecho internacional: el inculpado sufrió un largo interrogatorio
policial sin contar con la presencia de un abogado, ni con la asistencia
del consulado mexicano, y hasta se le hicieron firmar textos en inglés,
idioma que desconocía. El mismo Departamento de Estado admitió
que esto violaba el derecho internacional, sin embargo, Montoya fue ejecutado
ese día.
El consejero legal Alberto Gonzales
era el encargado de preparar los "memoranda de clemencia", documentos breves
con una síntesis de cada caso para que el gobernador tomara la decisión
final sobre la sentencia: conmutar a cadena perpetua o rechazar la petición
del prisionero. No eran escritos para el público, pero hace unos
meses un analista legal pudo examinarlos. Se trata de documentos que omiten
mencionar la existencia de circunstancias atenuantes, asesoría legal
defectuosa, conflicto de intereses y hasta evidencias de inocencia. El
texto de estos documentos revela un fuerte sesgo para que el gobernador
denegara la petición de clemencia. Con razón durante la gestión
de Bush en Texas hubo 152 ejecuciones.
George W. Bush ha dicho que antes
de decidir si conmutaba o no una pena de muerte, se preguntaba si se habían
agotado las "cuestiones legales". Si así era, la ejecución
se llevaba a cabo. Esto es ilógico: por definición la clemencia
se sitúa en un espacio que no es el de las "cuestiones legales"
y lleva el derecho y la política a una encrucijada con la ética.
Como Gonzales omitía mencionar las circunstancias atenuantes y la
duda razonable, la fase de petición de clemencia resultaba una burla.
En plena "guerra contra el terrorismo"y
como asesor legal en la Casa Blanca, Gonzales declaró obsoleta y
"pintoresca" la Convención de Ginebra. Elaboró el dictamen
por el cual Estados Unidos declaró unilateralmente que dicho instrumento
no se aplicaba a los miembros de al-Qaeda, ni al Talibán de Afganistán.
Asimismo, desempeñó un papel clave en la decisión
de utilizar la base de Guantánamo como centro penitenciario mundial
pretendiendo quedar así fuera del alcance de las leyes y tribunales
estadounidenses. En un fallo histórico, la Suprema Corte de Justicia
de Estados Unidos rechazó esa interpretación en el caso Rasul
vs. Bush en junio de este año.
Quizás lo más grave
es la posición de Gonzales respecto a la tortura. Un memorando de
agosto de 2002, preparado por el Departamento de Justicia para la oficina
de Alberto Gonzales en la Casa Blanca, y avalado por él mismo, señala
que el presidente tiene la facultad extra-constitucional de declarar nulas
las Convenciones de Ginebra y aún el capítulo 118 de la Ley
federal estadounidense sobre crímenes de guerra por el hecho de
ser el jefe de las fuerzas armadas. En síntesis, las Convenciones
de Ginebra consagran el derecho de los prisioneros luego de un conflicto
armado a un trato humanitario, a no ser sometidos a interrogatorios coercitivos
y a ser repatriados después del conflicto.
Un segundo memorando elaborado por
asesores legales del Pentágono y aprobado por Gonzales, establece
que la persona que lleva a cabo un interrogatorio es culpable de tortura
sólo si actúa con el "propósito expreso de infligir
dolor o sufrimiento severo en una persona bajo su custodia o control físico".
Así se abrió la puerta a interrogatorios en los cuales habría
dolor y sufrimiento, pero sin el elemento intencional no se configuraría
el delito de tortura. El mismo texto señala que "hay muchas técnicas
(de interrogación) que implican un trato inhumano, cruel y degradante
pero no producen dolor o sufrimiento en la intensidad necesaria para caer
dentro de la definición de tortura".
El consejo legal de Alberto Gonzales
fue clave en el camino a Abu Ghraib. Se dice que Bush, Cheney y Rumsfeld
no ordenaron directamente las torturas de la infame prisión. Pero
la asesoría jurídica de Alberto Gonzales preparó el
terreno para una política y un ambiente que haría de la tortura
una práctica generalizada y tolerable. En el fondo, el consejo de
Gonzales es el abandono del derecho.
Es con Gonzales y Condoleeza Rice,
que Fox y Derbez pretenden negociar un acuerdo migratorio. El asunto de
las balas de goma del patético canciller mexicano adquiere una nueva
dimensión dado el historial de Gonzales. |