| La
Jornada de México - 17 de Noviembre
de 2004
¿Quién
mató a Margaret Hassan?
Robert
Fisk
Después
del dolor, el asombro, el corazón destrozado, la indignación
y la furia por el aparente asesinato de una mujer tan bondadosa y santa,
ésa es la pregunta que sus amigos -y, muy posiblemente, los insurgentes
iraquíes- deben de estarse haciendo.
Esta dama angloirlandesa tenía
pasaporte iraquí. Había vivido 30 años en Irak, dedicó
su vida al bienestar de los iraquíes necesitados. Detestaba las
sanciones de la ONU y se opuso a la invasión angloestadunidense.
Entonces, ¿quién mató a Margaret Hassan?
Desde luego quienes la conocimos
reflexionaremos en torno a las atroces implicaciones de la cinta de video
que, según cree el esposo de Margaret, es la evidencia de su muerte.
Si Margaret Hassan puede ser secuestrada y asesinada ¿cuánto
más hondo podemos caer en el abismo de Irak? Ya no quedan barreras
ni fronteras para la inmoralidad. ¿Cuánto vale ahora la inocencia
en la anarquía que hemos llevado a Irak? La respuesta es simple:
nada.
La recuerdo discutiendo con médicos
y conductores de camiones cuando se dio a la tarea de trasladar un cargamento
de medicinas para los niños iraquíes hospitalizados por cáncer,
donado por los lectores de The Independent, en 1998. Sonreía,
lisonjeaba y suplicaba para que las medicinas para la leucemia llegaran
a Basora y Mosul. Le habría desagradado que la llamaran ángel:
a Margaret no le gustaban las frases hechas. Aún en este momento
quisiera escribir: no le gustan las frases hechas. ¿De veras tenemos
derecho a decir que está muerta?
Hacia los burócratas y líderes
occidentales que este martes expresarán indignación y pena
por su muerte, ella no sentía sino desprecio.
Sí, sabía los riesgos
que corría. Margaret Hassan estaba muy consciente de que muchas
mujeres iraquíes han sido secuestradas, violadas, retenidas hasta
recibir un rescate o asesinadas por la mafia de Bagdad. Por ser ella occidental
-la primera mujer occidental que es secuestrada y asesinada- se nos olvida
cuántas mujeres iraquíes ya han sufrido este destino terrible.
Muy poco se informa sobre ellas en un mundo que cuenta los soldados estadunidenses
caídos, pero hace caso omiso de las víctimas mortales entre
quienes tienen piel más oscura, ojos más negros y religión
diferente, ésos a quienes proclamamos haber liberado.
Ahora recordemos los primeros videos.
Margaret Hassan llora. Margaret Hassan se desmaya y alguien le arroja agua
a la cara para volverla en sí, Margaret Hassan llora de nuevo, implora
que la Guardia Negra sea retirada de la cuenca del río Eufrates.
Al fondo de estas terribles imágenes no había las acostumbradas
banderas islámicas. No estaban los usuales hombres armados y encapuchados.
No había citas del Corán.
Y cuando hacia Fallujah y Ramadi
se filtró la advertencia de que el solo hecho de secuestrar a Margaret
Hassan era casi un acto de herejía, los grupos de resistencia en
Fallujah en su conjunto -y el mensaje que emitieron era totalmente genuino-
exigieron su liberación.
Lo mismo hizo, increíblemente,
Abu Musab Zarqawi, el hombre de Al Qaeda a quien Estados Unidos acusa falsamente
de encabezar la insurrección iraquí, pero quien en definitiva
sí está involucrado en el secuestro y decapitación
de extranjeros.
Otras mujeres secuestradas -las dos
trabajadoras humanitarias italianas, por ejemplo- fueron liberadas tan
pronto sus captores reconocieron su inocencia. Pero no ocurrió así
con Margaret Hassan, quien hablaba árabe con fluidez y podía
explicar en el idioma de sus captores el trabajo que realizaba.
Este año surgió un
misterioso video: hombres armados prometían atrapar a Zarqawi, a
quien acusaban de ser "anti iraquí", en tanto se referían
con cortesía al ejército de ocupación como "las fuerzas
de coalición". Pronto se bautizó a este video como "la cinta
de Allawi". Es decir, con el nombre del ex agente CIA y ex miembro de Baaz
a quien los estadunidenses nombraron "primer ministro interino" de Irak.
El mismo Allawi que anunció con desparpajo que no murieron civiles
en Fallujah.
Así que si alguien dudaba
de la naturaleza asesina de los insurgentes ¿qué mejor prueba
de su perversidad que mostrar la evidencia del asesinato de Margaret Hassan?¿Qué
manera más inescrupulosa puede existir de demostrar al mundo que
Estados Unidos y el ejército de hojalata de Allawi luchan contra
el "mal" en Fallujah y otras ciudades iraquíes que están
bajo control de los enemigos de Washington?
No, desde luego no podemos decir
que Allawi está involucrado en la muerte de Margaret Hassan, aunque
sin duda habría detestado sus opiniones políticas. No porque
toda Bagdad crea que el "primer ministro interino" ejecutó a siete
prisioneros en la comisaría de Amariya justo antes de asumir el
poder -cosa que él niega- debe sugerirse que haya tenido algo que
ver en hecho tan terrible.
Sin embargo, alguien debe responder
a esta pregunta: ¿quién mató a Margaret Hassan?
©The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
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