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19 de Noviembre de 2004
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La Jornada de México - 19 de Noviembre de 2004

Lecciones de Fallujah

Gilberto López y Rivas
La propaganda de los medios de comunicación al servicio de la maquinaria bélica de Estados Unidos destaca la toma de Fallujah como un triunfo más en la "lucha contra el terrorismo". Sin embargo, para millones de personas en el mundo entero Fallujah se ha convertido en el símbolo de la resistencia popular contra el poderío y la tecnología militar del imperialismo estadunidense. 

A pesar de la absoluta superioridad de fuego aéreo, artillería, tanques, visión nocturna, apoyo satelital, equipos defensivos y ofensivos de última generación para el soldado de infantería, infinita capacidad logística de municiones, alimentación, combustible, unidades médico-sanitarias, y no obstante la brutalidad que se ha ejercido por igual contra combatientes y población civil, la insurgencia iraquí ha infligido numerosas bajas a las fuerzas invasoras entre muertos, heridos y prisioneros, ha atacado paralelamente e inclusive se ha posesionado de sectores importantes de ciudades en la geografía iraquí (Ramada, Samarra, Latifiyah, Kirkuk, Mosul) y zonas enteras de Bagdad, pero sobre todo ha demostrado que la insurgencia continuará ejerciendo su derecho a resistir la ocupación extranjera con todos los medios a su alcance. Si el propósito de la ofensiva contra Fallujah era la "pacificación" rumbo al proceso electoral de 2005, el resultado de la ofensiva estadunidense no puede ser más adverso. 

Nuevamente en la batalla de Fallujah, las fuerzas de ocupación violaron las leyes internacionales establecidas a partir del Tribunal de Nuremberg en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y en las Convenciones que de ella se derivan. Los estadunidenses bombardearon indiscriminadamente blancos civiles, destruyendo casas, edificios públicos, mezquitas, escuelas y medios de trasporte, cortaron agua y electricidad e impidieron la llegada de auxilio médico y alimentos a la población; prohibieron el uso de ambulancias, atacaron hospitales y unidades médicas identificadas como tales, ejecutaron civiles desarmados e inclusive uno de estos crímenes fue observado por millones de espectadores en televisión. Asimismo, impidieron la huida de miles de refugiados de las zonas de combate, deteniendo a todos los hombres en edad militar, a pesar de que dieron negativo en las pruebas de Harrison, violando así las normas de guerra internacionales. Fallujah, equiparada como la Gernika contemporánea, hace ostensible al mundo entero el significado de libertad y democracia que Estados Unidos enarbola en su lucha contra el "terrorismo": ciudades arrasadas, miles de muertos, heridos y desplazados entre la población civil, y el agravamiento abrupto y generalizado de las condiciones económicas, sociales y políticas del pueblo de Irak. 

Fallujah muestra cómo el colaboracionismo con las fuerzas ocupantes lleva al "gobierno provisional" a la aberración de "solicitar" el aniquilamiento de sus compatriotas, considerados "terroristas" automáticamente. La conducta del seudo primer ministro Iyad Allawi, quien anuncia con una sonrisa la victoria de las fuerzas de Estados Unidos y asume la responsabilidad de "ordenar" la captura de un hospital y negar el ingreso de ayuda médica a la ciudad en ruinas, deja al descubierto la catadura moral de los traidores a la patria y la ausencia de los más elementales principios de solidaridad con los habitantes de su país de origen. Fallujah hace más comprensible la política especialmente enérgica de la insurgencia contra el colaboracionismo. En Irak no hay lugar para terceras posiciones: en un lado están quienes resisten la ocupación; en el otro, los ocupantes.

El 25 por ciento de los 2 mil soldados iraquíes de la llamada Guardia Nacional, que Estados Unidos pretendió utilizar en Falluyah, no se presentó para la batalla y muchos fueron muertos, heridos o hechos prisioneros, y exhibidos por la insurgencia en medios independientes de comunicación. Por informaciones de un académico kurdo que recientemente estuvo en Irak sabemos que la insurgencia ha penetrado el llamado gobierno provisional, las fuerzas de seguridad y todo el aparato castrense y policial reclutado por los ocupantes, contando con información permanente sobre las acciones del ejército de ocupación y sus cómplices locales. 

Los testimonios del pueblo de Irak ante la barbarie del ataque sobre Fallujah y la heroica resistencia de los combatientes debieran preocupar profundamente al grupo gobernante de Estados Unidos y a los ciudadanos de ese país que mayoritariamente votaron a favor de la continuación de una guerra neocolonial que ha ocasionado más de 100 mil muertos iraquíes. Sobre todo porque muchos analistas independientes, algunos estadunidenses, auguran mayor profundización del movimiento de resistencia contra las fuerzas ocupantes, que ya ha causado más de mil muertos y miles de heridos entre los soldados estadunidenses, algunos de los cuales al regresar a su país han pasado a engrosar las filas de quienes se oponen a esa guerra y denuncian su carácter criminal, como Mike Hoffman, uno de los fundadores de la organización de Veteranos de Irak en contra de la Guerra (IVAW, por sus siglas en inglés). Lamentablemente, los fantasmas de Fallujah recorrerán los hogares de Estados Unidos como ayer los de Vietnam. Para entonces, será demasiado tarde arrepentirse de haber votado en favor de un criminal de guerra para un segundo mandato en la presidencia de Estados Unidos.

 
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