| La
Jornada
de México - 19 de Noviembre
de 2004
Cuatro
años más
Jorge
Camil
Mientras
celebraban la victoria, los fanáticos religiosos que religieron
a George W. Bush vociferaban eufóricos la consigna "¡cuatro
años más!", y acompasaban el ritmo de sus cánticos
con Biblias que blandían como si fuesen batutas. Al mismo tiempo,
fuera de Estados Unidos, gobernantes, diplomáticos, politólogos,
economistas y ciudadanos comunes sacudíamos la cabeza preguntándonos
incrédulos, "¿cuatro años más?"
Las predicciones para el cierre de
gobierno en caso de un segundo periodo siempre fueron muy pesimistas: más
inseguridad, posible expansión de la perversa teoría de guerra
preventiva, deterioro de la situación en Medio Oriente, beneficios
fiscales adicionales para las grandes corporaciones, déficit creciente
en las finanzas públicas, desempleo y menor crecimiento económico.
Lo que sucede es que al mantener la esperanza de una victoria demócrata
pocos analizamos detalladamente las consecuencias de la relección.
Ahora, cuando la pesadilla se ha convertido en realidad, los analistas
están divididos como el pueblo que votó el 2 de noviembre
pasado.
Las derechas, basadas en los antecedentes
históricos de algunos grandes presidentes, aseguran que el segundo
periodo presidencial siempre es mejor. Es del "legado histórico",
cuando los mandatarios, con la relección en la bolsa, recobran la
seguridad en sí mismos y se dedican a consolidar el programa de
gobierno que les permitirá ocupar su lugar en la historia. (Algunos
ponen de ejemplo a Franklin D. Roosevelt, Ronald Reagan y Bill Clinton,
estadistas que en su segundo periodo derrotaron, respectivamente, la depresión
económica, a la Unión Soviética y el déficit
crónico en las finanzas públicas.)
Las izquierdas, en cambio, con el
antecedente del primer periodo presidencial, aseguran que la grandeza histórica
es incompatible con el pragmatismo que sirve de leitmotiv a Karl
Rove, Dick Cheney, Condoleezza Rice y el propio Bush: el fin justifica
los medios. Por eso debemos esperar más de lo mismo, una repetición
de las políticas de gobierno que llevaron a Bush a la victoria:
jihad vs. born again christians, apoyo incondicional a Israel,
alter ego de Estados Unidos, escalamiento de la guerra en Irak y
una posible expansión de la guerra preventiva hacia Irán,
Cuba y Korea del Norte.
Además, en cuatro años
más, el presidente tendrá la oportunidad histórica
de renovar la Suprema Corte de Justicia, asegurando la mayoría de
ministros necesaria para garantizar los valores morales de los grupos evangélicos
que lo llevaron nuevamente al poder.
La renovación de la Corte
traería seguramente la penalización del aborto, la prohibición
del matrimonio entre homosexuales, la confirmación de las leyes
que suprimen los derechos humanos con excusa de la "guerra contra el terrorismo",
y la suspensión de la investigación científica con
células madres.
El entusiasmo con que la ultraderecha
festeja la relección indica que el problema tal vez no sea el presidente,
sino sus electores, para quienes la continuación de las políticas
nefastas de la actual administración, aunque impliquen profundizar
la división que está desestabilizando al país, sería
percibida como algo positivo, la plena realización del "legado histórico"
de George W. Bush.
Las consecuencias están a
la vista: dos semanas después de las elecciones Bush ha confirmado
a Condoleezza Rice, autora del plan original para invadir Irak, como secretaria
de Estado, y las fuerzas de ocupación libran una batalla encarnizada
para arrasar la resistencia sunita en Fallujah y Mosul. La Casa Blanca
afirma que está eliminando la madriguera de los terroristas que
impiden consolidar la democracia iraquí, aunque con ello aumente
sustancialmente la cifra de víctimas civiles, calculada en más
de 100 mil.
Dos días después de
la elección, apareció en Internet un nuevo mapamundi que
pinta de rojo (color del Partido Republicano) el mapa de Estados Unidos,
designándolo con el nuevo nombre de Tierra de Jesús. Bush
habrá ganado la elección con el tema de los valores morales,
pero está perdiendo la guerra, dice Frank Rich en The New York
Times. Parafraseando el enunciado que explicó la derrota de
Bush padre frente a Clinton ("¡es la economía, estúpido!"),
Rich cita al famoso escritor y periodista William Safire, quien afirmó
que en esta ocasión la frase debiera ser "¡es la cultura,
estúpido!".
No obstante los motivos de la relección,
los "valores morales" que prevalecen son la violencia (en cine y televisión),
la pornografía, las drogas, y el deterioro de la familia. Para algunos,
la campaña que regresó a Bush a la presidencia se inició
meses antes de la relección con la multa millonaria impuesta a la
televisora que mostró "accidentalmente" el seno de Janet Jackson
en el último Superbowl. Había que mostrar a un Bush más
papista que el Papa.
George Soros, el financiero que aportó
15 millones de dólares para derrotar a Bush, declaró algo
que resume todo: "creo que voy a ingresar a un monasterio..." |